Pobreza teatral en Berlín (en español)

Aviso. Este artículo ofrece fundamentalmente apreciaciones subjetivas basadas en observaciones. Su objetivo es impulsar el teatro en español en Berlín, y quizá, de paso, en toda Alemania. Son observaciones individuales que comparto aquí por primera vez. Defenderé que hay una evidente, parcialmente inexplicable y muy preocupante pobreza escénica en español en la capital alemana, y me centraré en las ofertas de teatro de texto. Dicho esto, empecemos por el principio.

Dos tipos de propuestas escénicas

Y es que la oferta escénica en español en la capital permite hacer una primera gran distinción. Tenemos, por un lado, las propuestas de bajo coste en términos de producción y que se centran principalmente en hacer reír al público: el teatro de improvisación y la comedia de monólogo o stand up. El primero está excelentemente representado por Berlin Es Impro, con el español Gonzalo Piñán al frente, una propuesta que es mucho más que un grupo de teatro, puesto que incluye una escuela de improvisación y continuos contactos con otros idiomas, y del que hemos hecho seguimiento en esta revista; la segunda tiene dos no menos excelentes representantes en Las comadres, con las mexicanas Paulina Lara Franco y Ayla Merino (colaboran habitualmente con Berlin Es Impro), y Berlín en español, con el igualmente mexicano Chadmax, quien también incluye invitados de habla hispana en sus espectáculos. Utiliza estas propuestas algunos recursos teatrales y narrativos, y precisan de algunas técnicas mínimas de manejo de la voz. Son espectáculos muy efectivos que crean un sentimiento de comunidad muy interesante, y que agrupan a hispanohablantes de casi todas las variedades dialectales, aunque el punto del humor esté muy marcado por modismos e idiosincrasia nacional: qué le sorprende a un mexicano de Berlín o a un español o a un venezolano. Aunque el teatro de improvisación y la comedia de monólogo generan tipologías textuales diferentes, y la segunda admite cierto grado de narratividad dramática mientras el primero se apega más a la situación interactiva de personajes con cierto grado de cliché social, las agrupo por su bajo coste en términos de producción, como decía más arriba, así como por la poca inversión en tiempo de ensayos que precisan. Los hemos tratado en otros artículos, tanto la comedia, como el teatro de improvisación, y son dos formatos que han podido mantenerse en relativa buena salud escénica y continuidad en los últimos años, hasta el punto que han permitido que vengan a Berlín (y a Alemania en general) otros humoristas que practiquen ese tipo de espectáculo, en especial la Stand up: hace algún tiempo nos visitó la mexicana Mónica Escobedo, entrevistada por Paulina Lara; también la argentina Erica Rivas con un monólogo fantástico basado en la novela de Ariana Harwicz; igualmente el presentador español David Broncano; o los argentinos Ariel Aguirre e Iván Moschner; y próximamente vendrán a Alemania el comediante venezolano Laureano Márquez y la humorista colombiana Alejandra Azcárate. Es decir, en Berlín existe un gran público necesitado de más teatro.

Miembros de Berlin Es Impro

En este artículo vamos a tratar el otro teatro, el que requiere una concepción que puede plasmarse en un texto publicable, con autoría o no, y supone una planificación, una producción, unos ensayos, una puesta en escena meditada, un teatro que no suele centrarse en hacer pasar un rato divertido al espectador-consumidor.

Efervescencia creativa en español

En los últimos años hemos sido testigos de una creciente efervescencia de la producción literaria en español en Alemania, y la revista Desbandada no ha sido ajena a ese proceso. La hemos seguido de cerca, la hemos fotografiado, la hemos elogiado, la hemos analizado, y no la hemos  cartografiado porque eso ya lo hizo mucho mejor, al menos para la capital del país, Barrio Berlín, aunque sí estamos intentando reunir a quienes escriben es español en este país en nuestra página Escribimos en español.

Desde antes estábamos ya, junto a otras publicaciones como Alba, o Lado Berlín, publicando algunas de las numerosas producciones literarias que se van dando en Alemania en español, en poesía y narrativa fundamentalmente. Hemos seguido la pista a autores residentes en el país, y a otros que han venido de visita; a organizaciones como la Latinale, el mencionado Barrio Berlín o el Festival Siesta; a instituciones como los centros del Instituto Cervantes en Alemania (Berlín, Bremen, Hamburgo, Fráncfort y Múnich), el Instituto Iberoamericano o algunas embajadas de países de habla hispana (Argentina, Perú, Ecuador, México, España). Hemos estado cerca de espacios como la librería Bartleby&Co, la librería La Escalera, el espacio cultural y librería Andenbuch, el Salón Berlinés, el Probador de Poesía, Haus für Poesie, Lettrétage o el Literarisches Colloquium cuando esos espacios culturales alemanes presentan a algún autor hispanohablante. Hemos estados atentos a eventos, a festivales de literatura, a presentaciones de libros, a lecturas, a talleres de escritura, y otras celebraciones como saraos hispanopoéticos, encuentros hispanopoéticos o híbridos de poesía, música y escenificación como festival de poesía performática como el antes nombrado Festival Siesta, que también es una editorial como la editorial Abrazos o Ilíada ediciones. Nos hemos acercado a esas editoriales, a las revistas que se hacen en Alemania en español, y a cuanta iniciativa editorial o colectivo, como Material o como La grieta, ha caído bajo la cobertura de nuestras antenas siempre atentas a lo que sucede. Nombro solo algunos espacios presentes en Berlín, consciente de que hay mucho más en el resto del país.

La cubana Ares Marrero durante su intervención en el festival Barrio Berlín.

También hemos intentado descifrar las claves de lo que se escribe en español en esta ciudad, o al menos de lo que se escribe en poesía y en narrativa. La pregunta, en todo caso, es más que obvia: ¿Qué pasa con los otros lenguajes literarios? Y en especial, ¿qué pasa con el teatro?

Muy escasa producción dramática en español

La producción dramática en español en Berlín es profundamente deficitaria, pobre, insuficiente, nada destacable. Aún diría más, es un goteo que solo crea insatisfacción. ¿Cómo puede ser que haya tantas y tantos poetas, tantas y tantos narradores, y tantos talleres de poesía o de narrativa, y tantas lecturas de poesía o de narrativa, y tanto público en las presentaciones de poesía o de narrativa que continuamente ofrecen los espacios culturales de la ciudad, y que no haya autores de teatro, y no se ofrezcan apenas espectáculos teatrales sobre textos escritos en la ciudad? No me cabe duda de que hay un público ansioso de ver teatro tanto como lo hay de escuchar poesía o asistir a una sesión de stand up o de impro. Un teatro que, como la poesía o la narrativa, hable de aquello que dejamos, de “nuestros países”, como dice un buen amigo mexicano, o de lo inmediato, de nuestro día a día en el espacio y tiempo de la migración.

La comparación es, en todo caso, cuanto menos, injusta. El producto teatral es el resultado de un trabajo colectivo, mientras que la poesía o la narrativa son labores individuales, generadas más o menos en soledad. La obra dramática requiere no solo la construcción del texto, sino su puesta en escena, y en este análisis no se puede desligar una de otra, mientras que la puesta en escena es clave solo en un tipo de poesía, la poesía performática de la ecuatoterrestre Elsye Suquilanda o la del chileno Felipe Sáez de Riquelme. En otro caso es solo un plus que se agradece, pero no es consustancial de la creación poética o de la narrativa. De hecho, no contamos con una narrativa performática, si es que ello existe en algún sitio. Finalmente, la obra dramática necesita un espacio con unas condiciones específicas, mientras que la poesía o la narrativa solo necesitan unas cuantas páginas más o menos bien encuadernadas para transmitirse, es lo mínimo, y a veces ni eso, si lo podemos compartir de manera digital. Un aporte audiovisual es de agradecer y puede amplificar o enriquecer el texto -o echarlo a perder-, pero no es algo en lo que piense un autor de poesía o de relato breve o de novela. No le preocupa, en el momento de la creación, dónde se va a producir la lectura, con qué luz, en qué ambientación, y si la acústica va a ser la apropiada, o la hora en que tiene lugar, o si el cartel anunciador atraerá a suficiente gente para que se dé la magia del teatro. La lectura, como la escritura, se realiza, en principio, o así está en la cabeza del creador, de forma individual. No cabe duda de que la lectura en grupo enriquece la recepción del texto, lo llena de connotaciones afectivas que la lectura individual no tiene, y es de hecho la manera más habitual de consumir poesía hecha en el país, o en la ciudad, pues la distribución y venta de libros escritos y publicados aquí es una de las asignaturas pendientes en el mundo hispanohablante. Pregunten, si no, a las librerías. Sea como sea, el teatro no tiene esa manera de llegar al público.

La palabra público es la más precisa en este sentido: la poesía o la narrativa tiene público en sentido metafórico, en realidad tienen lectores, solo el teatro requiere público en sentido estricto. Y esto dificulta la producción teatral en español en el país, como lo dificulta en muchos de los países hispanohablantes de los que procedemos, pero en mucha mayor medida.

Salón de actos del Instituto Cervantes de Berlín, sin público.

Así, pues, para que haya teatro en español en Berlín, y en Alemania en general, tiene que haber autores que escriban en español sobre nuestros temas; unos grupos, colectivos o compañías dispuestos a levantar una puesta en escena; un espacio escénico apropiado con capacidad de convocatoria; y la perspectiva de cierta continuidad. Este último punto merece un momento de atención, porque es algo que comparten muchas propuestas escénicas vinculadas al espacio de la migración, pero a veces también lo sufren los espectáculos en la lengua mayoritaria del país, el alemán: cinco o seis meses de duro trabajo conducen a dos o, a la sumo, tres funciones. ¿Cómo puede ser eso posible? Lo vemos en el teatro, lo vemos en la danza, e incluso en la música. Es muy dañino y muy cansado dedicar tanto esfuerzo, tiempo y talento para dos días de representación, a lo sumo tres. ¿Exagero? Creo que no.

En lo que era la Alemania occidental ha habido tradicionalmente algunos grupos de teatro en español que han podido subsistir gracias a las bolsas de emigración hispanohablante concentradas en ciertas zonas.  Eso ha permitido que se organicen festivales de teatro en español como ¡Adelante! (2024), Bambalinas (Colonia, 2023), y especialmente Bululú, la muestra de teatro aficionado organizado por Compañía del Sur. Hay más iniciativas teatrales en español en el territorio alemán. Este artículo no pretende describirlas todas, sino apuntar algunos aspectos que me parecen importantes.

En comparación con la poesía o la narrativa…

Una de las primeras publicaciones sobre teatro en español en Berlín en DESBANDADA trataba la puesta en escena de La muerte y la doncella, del chileno Ariel Dorfman, que el director barcelonés Jordi Robles llevó al Theater in Delphi, cine reconvertido en teatro. Eso fue en junio de 2019, hace ahora 6 años. Hubo, si no recuerdo mal, dos funciones. Luego el mismo Jordi Robles levantó Federico maricón, en el salón de actos del Instituto Cervantes de Berlín: también dos o tres funciones. ¿Cómo se puede hacer ese despliegue de talento y recursos para solo dos funciones? ¿No es frustrante para el director, para el iluminador, para el productor, y no digamos para las actrices y los actores?

En definitiva: es perfectamente comprensible que el teatro en español en Berlín sea pobre, insuficiente, y hasta frustrante, dado lo intermitente de su presencia. Las circunstancias no son propicias y los recursos son precarios, aunque existe un público potencial ávido de dramaturgia en su idioma. Y sobre todo, ávido de una dramaturgia en la que verse reflejado, que le devuelva una voz como colectivo, que haga la función que tiene el teatro en cualquier grupo social.

¿Es comprensible que no haya autores de textos dramáticos cuando hay tantos poetas y narradores?

Tenemos al alemán Klaus S. Neumann, que escribió una obra en español, Alaña. No sabemos si se ha llevado a escena, pero a la revista no ha llegado nada más.

Hace poco nos llegó la información de Marie Alvarez, dramaturga argentina, licenciada en teatro (UNC) y diplomada en dramaturgia (UBA/CC Paco Urondo). Migró a Berlín en 2022 gracias a una beca del International Forum (Theatertreffen). Sus textos ganaron varios concursos y están publicados en Argentina, también tiene una obra traducida y publicada en Berlín, desconocemos si se ha llevado a escena.

Si analizamos la pequeña oferta teatral de los últimos años vemos que, claramente, hay dos tendencia. Hay grupos que generan texto y dramaturgia propios, como Aquí Theater, iniciativa comandada por un colectivo en el que destaco a Lorena Valdenegro, quien previamente había dirigido La chancla migrante. Ella misma nos cuenta que están ultimando su próxima propuesta, El amor no es turismo, que se estrenará el 25 de septiembre en la Ballhaus de la Prinzenallee. Pronto daremos debida cuenta. Anticipamos, además, algo que ella nos cuenta, y es que tienen una obra nueva en dos formatos distintos: para este año, una versión más breve llamada Cuerpo Testigo (pensada para octubre), y para el próximo año en su formato ampliado llamado Narrativas del Tiempo. “Este será ya un convenio duradero con el teatro, quizás eso es algo bueno… Pienso que lo que hace especial estas nuevas creaciones son la inclusión de las comunidades en el proceso de investigación creativa.”, nos ha contado.

UN momento de «Marta», del colectivo AquiTheater.

También lo ha hecho en algunas ocasiones Gonzalo Piñán, el impulsor de Berlin Es Impro, iniciativa que lleva más de 10 años en la capital alemana. En dos ocasiones, la segunda en Friedrichshain en 2024, hemos asistido a la puesta en escena de su obra  Tres historias de Madrid, inspirada en la relación entre Lorca, Buñuel y Dalí en la época de la Residencia de estudiantes de Madrid. Podemos discutir si Buñuel tuvo alguna vez ese punto conflictivo con la homosexualidad de su amigo Lorca o con la ambigüedad sexual de su amigo Dalí, en lo que yo diría que es un anacronismo -aparte de Berlín, ninguna ciudad de la Europa de entreguerras hablaba a las claras de la homosexualidad, ni tenían conciencia y un lenguaje para tratar el tema, como parecen hacer en la obra de Gonzalo-, pero eso no le quita mérito al esfuerzo y el talento para levantar la obra con dos excelentes actores, junto al propio Gonzalo, como son Eneko Sanz, quien había participado con Jordi Robles en La muerte y la doncella, y David Sánchez. Antes tuvo una participación muy brillante con un texto breve, Paz y muerte, también propio, en el espectáculo Naturaleza pixelada, en febrero de 2022. Recientemente ha participado en una lectura dramatizada de varios fragmentos del texto de Alonso Trenado “La belleza de matar bien a papá” en la librería y espacio cultural Andenbuch. ¿Está preparando algo actualmente? En todo caso, Gonzalo, es muy poco.

Otra de las autoras de la que esperamos obra próximamente es la cubana Maria del Carmen Ares Marrero, quien además escribe poesía -su poemario se llama Berlinario, y fue editado en Ilíada ediciones por el también cubano Amir Valle. Su pieza se llama Invulnerable, es teatro de texto, teatro realista, y trata de una mujer como ella, una cubana que llegó a Berlín cuando aún había dos Alemanias, y cómo fue perseguida por el régimen de su propio país. La obra la está preparando con la actriz, también cubana, María Magdalena González Atao, quien fue impulsó, junto a Luis, un local mítico en el subsuelo del Kreuzberg hispanohablante: La Cueva. Por allí pasaron grupos de música de increíble calidad. Una verdadera pena que se perdiera ese espacio.

Actrices y actores

Hablando de actores y de actrices de teatro, ¿con qué talento contamos en la ciudad de Berlín? Ya hemos nombrado a uno de los actores con los que trabajó Jordi Robles, los otros dos eran el mexicano Alberto Wolf y la chilena Marianne Zahn, quien cuenta con una portentosa vis cómica. Marianne produjo y dirigió hace tiempo un corto sobre desaparecidos en su país llamado Relatos ciegos. No vamos a incluir en este artículo la producción cinematográfica en español en Berlín, pero no debemos perderla de vista, porque incluiría a creadoras como Verónica Isola, de quien esperamos ver pronto su cortometraje en torno a Carlos Gardel. ¿Qué hay en general de los directores de escena?

Las propuestas escénicas del mexicano Omar Guadarrama están en la periferia del teatro de texto, de ahí su interés. En 2024 participó, junto a Samanta Pizarro y Adam Arhelger, en un espectáculo que lleva al escenario los poemas del libro República del excremento de Miroslava Rosales. La compañía teatral La Perra Alegría fue quien gestionó y realizó todo el trabajo de la producción de este proyecto, Omar participó como co-dramaturgo y actor invitado. Poco después el mismo Omar trajo a la embajada de su país en Berlín la performance “REC/PAUSE”, en el que “resignifica fragmentos de canciones, materiales, palabras y gestos de personas originarias del continente americano que cruzan el territorio de México con el objetivo de llegar a los Estados Unidos, así como de aquellas otras que migran a varias naciones del mundo hacia Europa”. Ojalá pueda traer a la capital el poemario de Miroslava. Otro autor que ofrece obra propia en formatos no exclusivamente textuales es Cristian Javier Castaño, que cuenta con algunas obras estrenadas en Argentina y en Alemania. Quiero nombrar a Adriana Barrera, actriz, educadora, e impulsora junto a la española Lili Prieto y a la también mexicana Sonia Garduño de Peters, del Festival de Cuentacuentos y actriz, así como a propuestas que aún conozco poco, como Ina Durand, de Teatro en una maleta, y actrices con talento que están haciendo una pausa, por ejemplo para criar a su hijo, como la española Adela Bravo Sauras. Si conocen más propuestas, iniciativas, grupos o colectivos teatrales presentes en Alemania, no duden en hacérnoslo saber, mediante un comentario o un mensaje de correo.

Frente a esas propuestas, el que corresponde a un teatro con texto propio -aunque no trate temas vinculados al espacio y tiempo de la migración-, y el que corresponde a formatos híbridos o experimentales, tanto en su producción como en su puesta en escena, están las propuestas que trabajan con textos ajenos no vinculados específicamente con la realidad que compartimos.

De izquierda a derecha: Ana Carbia, Sergio Goñi y Felipe Orobón, miembros de tallercito.

El español Felipe Orobón es un ejemplo de productor / director / actor teatral, aun que él no se presenta de esa guisa, tallercitro, es, con sus propias palabras, «un colectivo que se reúne en torno a proyectos comunes -siempre relacionados con la realidad política y cultural- y que trabaja desde la base y con dirección grupal», y en el que participan actores como la propia Adriana Barrera, Ana Carbia o Sergio Goñi. Ponen en escena textos ajenos que no fueron generados por ellos, como hace el también colectivo teatral AquiTheater, o por autores residente en la ciudad, y no se vinculan expresamente con la realidad que compartimos, sino que plantean universales como la identidad fragmentaria -o quizá deberíamos decir líquida-, el paso por los campos de concentración -el espectáculo actual-, o el absurdo de la guerra. Tallercito levanta obras a partir de textos que no son dramáticos en origen, y que ellos dramatizan, como hicieron con la poesía en Resistencia y rimas, con Las ciudades invisibles, de Italo Calvino, o el recopilatorio de cuentos de Julio Cortazar en Los que nunca mueren. También se atreve con obras del teatro alemán traducido al español, como en Ascensor a otra dimensión, basado en el texto de Heiner Müller, aquí se pueden ver algunas imágenes. Llevaron al escenario el cuento Mi vida con la ola, de Octavio Paz, del que hicimos este reportaje original de la revista Desbandada. Su repertorio cuenta con unos catorce espectáculos.

Su última obra en el momento de la publicación de este artículo se llama Gemütlich, y se ofreció en el Instituto Cervantes de Berlín los días 25 y 26 de junio de 2025. Como ellos mismos cuentan, se trata de un homenaje a los españoles presos en los campos nazis, y está basada en un pasaje del libro autobiográfico de Jorge Semprún El largo viaje. (Por cierto la Embajada de España tiene una pequeña exposición dedicada al escritor español y su terrible experiencia carcelaria). Después de las experiencias anteriores, llenas de talento actoral, pero a veces deficientes en otras áreas, vemos que esta vez Felipe nos ha impresionado muy positivamente con un texto muy exigente en lo emocional y en lo intelectual por su referencia al 80 aniversario de la liberación de los campos nazis.

¿Por qué en el Instituto Cervantes? El nuevo director del centro, Ignacio Martínez-Castignani, se ha propuesto abrir los espacios a iniciativas artísticas, además de otros proyectos centrados en temas como la arquitectura. Organizado en forma de ciclos, la propuesta cultural de la institución española se dirige, además de hacia la poesía o la narrativa, hacia las artes plásticas, la música, la danza, y, muy novedosamente, el teatro. Un teatro que se va a estar ofreciendo en español y en alemán, y cuya primera representación es justamente la obra de tallercito, un nuevo aporte a los eventos en torno a los 80 años del fin de la II Guerra Mundial y la liberación de los campos de concentración y de los campos de trabajo durante esa época de la historia de Europa. De ahí la elección del texto de Jorge Semprún, quien estuvo detenido en el campo de Buchenwald, y quien contó su experiencia en el arriba nombrado El largo viaje. Estaremos atentos a las nuevas representaciones del ciclo que Felipe Orobón y su equipo inauguran el 25 de mayo.

Concluyendo

Hay muy poco teatro en español en Alemania, demasiado poco, desproporcionadamente poco. Por eso, aprovechemos el poco que hay, vayamos al teatro, y hagamos saber que nos interesa ir al teatro en español a quienes pueden remediar esta precariedad -instituciones, directores, productores, autores, actrices y actores, músicos, iluminadores, dramaturgos, críticos teatrales…-, y que pongan todos los recursos necesarios para revertir la situación.

Momento de la obra Mi vida con la ola, inspirada en la obra homónima de Octavio Paz. Grupo Tallercito

Gemütlich

  • Drama en un acto, a partir de un texto de Jorge Semprún.
  • Adaptación: Ignacio del Moral
  • Escenificación y actuación: Tallercito de Berlín
  • Dirección colectiva

Uno de los capítulos más definitorios de los años de apogeo del nazismo en plena Guerra Mundial es el de los españoles deportados a campos alemanes. Entre 1940 y 1943, las autoridades francesas enviaron a casi diez mil exiliados republicanos españoles a los Lager de trabajo forzoso y exterminio humano en Alemania. Si bien el destino de los internados en los campos de Mauthausen y Buchenwald está relativamente bien documentado y ha avanzado bastante la publicación de experiencias biográficas concretas, en el campo de Sachsenhausen, situado en las cercanías de Berlín, la memoria de los presos españoles continúa hasta hoy prácticamente desvanecida. 

A nuestro juicio, se trata de un claro caso de ninguneo histórico, un “silencio atronador”, si se consideran los años de terrible lucha de aquellos hombres para sobrevivir bajo el cínico lema del campo (Arbeit macht frei), más el hecho de que sufrieran al final uno de los gestos más crueles de la barbarie nacionalsocialista, las llamadas “Marchas de la muerte” (ante la proximidad de las tropas aliadas, las SS evacuaron el campo y obligaron a miles de presos desnutridos y extenuados a caminar hasta el Báltico en condiciones invernales), y la presencia entre ellos de un ex-Primer Ministro de la República española:  Francisco Largo Caballero. 

Creemos conveniente por estas y otras razones hacer por fin un homenaje teatral conmemorativo a estas víctimas españolas del nazismo.

Recordar la barbarie es ayudar a evitarla 

Walter Benjamin

Aún sigue fértil el vientre / del cual aquello salió

Bertolt Brecht

Como saben los aficionados a la escena, representar los desastres de la historia, la crueldad o lo inhumano, y llegar realmente al espectador con ello, es todo un reto: resulta demasiado tentador caer en una denuncia banal y moralizadora, que precisamente por serlo acomoda al espectador en su butaca, reconforta su identidad al impartirle una sencilla lección sobre monstruos siempre ajenos (“qué malos eran ellos”) y, en definitiva, produce un simple pasatiempo autocomplaciente. Justo lo contrario al efecto removedor de conciencias a que aspira el buen teatro. No en vano abundan entre grandes dramaturgos los textos de reflexión sobre el asunto -Véase entre otros un resumen de los mejores textos escénicos y una excelente reflexión sobre este tema en: Juan Mayorga: La representación teatral del holocausto, texto cedido al Tallercito amablemente por el autor-.

Pero, aunque un relativo periodo de paz haya sonreído a Europa desde 1945, los riesgos de tiranía y de barbarie continúan agazapados en las entrañas de la sociedad. Nuestra democracia formal, subordinada a la lucha a muerte por el beneficio, puede fácilmente dar paso – o lo está dando ya – a populismos, discursos de odio, neofascismos, racismos o xenofobias sin escrúpulos. El hombre, “ese extraño experimento entre ángel y bestia” (H. Müller), sigue siendo un ser capaz de albergar tanto luces como sombras y de oscilar permanentemente entre lo humano y lo monstruoso.

Por otro lado, eso hace más actual que nunca el esfuerzo por aprender de la historia, también de la más lóbrega. Tras varias décadas ofreciendo en Berlín teatro español comprometido con su tiempo, en el Tallercito pensamos que exponer lo que los hombres poseemos de inhumano, ese potencial que la guerra y la barbarie dejan al descubierto dentro de nosotros, sigue siendo una de las misiones esenciales de las tablas.

Desde esa reflexión, hemos elegido como homenaje escénico a los españoles internados por el nazismo en Sachsenhausen un texto de Jorge Semprún que narra la liberación del campo de Buchenwald, aún lleno de resonancias actuales: una situación y unos diálogos entre algunos personajes de su novela El largo viaje, adaptados a petición nuestra para la escena por Ignacio del Moral, un conocido guionista y dramaturgo español. 

Nuestra labor escénica dará lugar a una serie de representaciones durante el verano de 2025 en Berlín, quizás también en Ravensbrück y Oranienburg, la ciudad sede del Memorial de Sachsenhausen, coincidiendo con el aniversario del término de la II Guerra Mundial y de la liberación del campo. Ofrecemos asimismo a las entidades culturales españolas o de presencia española en Berlín (Instituto Cervantes, escuelas) la posibilidad de presentar el acto en sus respectivos locales.

©Texto proporcionado por tallercito.

Iñaki Tarrés

Vivo en Berlín. Escribo en español sobre literatura, arte, educación. Soy editor en Desbandada. Hago muchas de las fotografías que uso en los artículos que edito. Me interesa contribuir a crear comunidad en torno al idioma común en este país, Alemania, y soy consciente de que la revista llega a todo el mundo.

Un comentario sobre “Pobreza teatral en Berlín (en español)

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