Festival de cuentacuentos

El domingo 15.06.2025 tuvo lugar en el Instituto Cervantes de Berlín la ya 6ª edición del FESTIVAL BERLINÉS DE CUENTACUENTOS EN ESPAÑOL, una propuesta familiar que ha creado en la ciudad una firme tradición cuentera gracias a la persistencia, el tesón y el gran trabajo de sus organizadoras:  Lili Prieto, de la iniciativa «Colorín Colorado Berlín», Sonia Garduno de Peters, de la iniciativa «BerliCuentos-Sonia», y Adriana Barrera, de «Me lo contó un pajarito». Presentamos aquí un fragmento del trabajo de fin de Formación en Teatro y Pedagogía (Formación como Theaterpadagogin) de una de ellas, Adriana Barrera, quien profundiza en el valor pedagógico de los cuentos orales en niños en su primera infancia. Adriana es maestra en el programa de niños Cervantes Kinder del propio Instituto Cervantes.
Por Adriana Barrera

Imagen de portada: Luján Cordaro

Te cuento…

Érase una vez una gallinita roja que encontró un grano de trigo.

  • —¿Quién plantará este grano? —preguntó.
  • —Yo no —dijo el perro.
  • —Yo no —dijo el gato.
  • —Yo no —dijo el cerdo.
  • —Entonces lo haré yo —dijo la gallinita roja—. ¡Clo, clo!

Y plantó el grano de trigo y este creció muy alto.

  • —¿Quién cortará este trigo? —preguntó la gallinita roja.
  • —Yo no —dijo el perro.
  • —Yo no —dijo el gato.
  • —Yo no —dijo el cerdo.
  • —Entonces lo haré yo —dijo la gallinita roja—. ¡Clo, clo!

Y cortó el trigo.

  • —¿Quién llevará el trigo al molino para hacer la harina? —preguntó la gallinita roja.
  • —Yo no —dijo el perro.
  • —Yo no —dijo el gato.
  • —Yo no —dijo el cerdo.
  • —Entonces lo haré yo —dijo la gallinita roja—. ¡Clo, clo!

Llevó el trigo al molino y más tarde regresó con la harina.

—¿Quién amasará esta harina? —preguntó la gallinita roja.

—Yo no —dijo el perro.

—Yo no —dijo el gato.

—Yo no —dijo el cerdo.

—Entonces lo haré yo —dijo la gallinita roja—. ¡Clo, clo!

La gallinita amasó la harina y luego horneó el pan.

  • —¿Quién se comerá este pan? —preguntó la gallinita roja.
  • —Yo —dijo el perro.
  • —Yo —dijo el gato.
  • —Yo —dijo el cerdo.
  • —No, me lo comeré yo —dijo la gallinita roja—. ¡Clo, clo!

Y eso fue lo que hizo.


Sesión de clase de Adriana Barrera en el Instituto Cervantes.

Cuando era niña, mi abuela solía sentarse a la mesa a pelar y cortar verduras mientras me contaba anécdotas, leyendas o cuentos. Yo, frente a ella, realizaba tareas acordes a mi edad: pelaba tomates, limpiaba los frijoles o retiraba los granos negros del arroz. Cada historia tenía una intención, como cuando narraba “La gallinita roja”, y con su tono firme, pero amoroso, dejaba muy claro —aunque de forma sutil— la lección que quería sembrar en mi conciencia.

Con el tiempo, comprendí que esos cuentos no eran solo entretenimiento, sino verdaderas lecciones de vida, muchas de las cuales aún me acompañan. Pero quizás el mayor aprendizaje fue la forma lúdica y afectuosa con la que ella me enseñaba. Recuerdo, por ejemplo, cuando decíamos una mentirilla y mi abuela respondía con la historia de “Pedro y el lobo”, ese pastorcito que tantas veces mintió que, cuando finalmente llegó el verdadero peligro, nadie le creyó.

Años después, descubrí que también podía aprovechar el poder de los cuentos en mi labor como educadora en el jardín de niños, y más adelante como madre de Federico y Joaquín, dos niños que cada noche esperan un cuento como parte del ritual para ir a dormir.

Ya como pedagoga teatral, los cuentos se han convertido en mis mejores aliados para introducir a niños y niñas en el arte de la interpretación. No hay nada más fascinante para ellos que encontrarse con personajes con los que pueden identificarse, personajes llenos de virtudes, defectos, temores y sueños.

Muchas veces se piensa que es imposible enseñar a los más pequeños teoría dramática o estructuras narrativas complejas. Pero he comprobado que, con las herramientas adecuadas, sí es posible. En mis sesiones, después de hablar brevemente sobre qué es el teatro, les explico cómo se construye una historia, usando un lenguaje claro y ejemplos cercanos:

  • -Toda historia tiene un problema (algo que no está bien).
  • -Un inicio y un final.
  • -Y una solución (cómo se resuelve el problema).

A partir de ahí, ejemplificamos con cuentos clásicos que los niños ya conocen y aman, los cuales poseen una estructura dramática casi perfecta:

  • – ¡Caperucita Roja! El problema es que el lobo se la quiere comer.
  • – ¡Los tres cerditos! También el lobo quiere comérselos.

El entusiasmo crece. Los niños, emocionados, comienzan a compartir cuentos, a identificar estructuras narrativas, a analizar sin darse cuenta. Ese momento marca el inicio perfecto para introducir el siguiente paso: los personajes.

Aquí recurro a un recurso esencial: el trabajo de Vladimir Propp, folclorista ruso, quien en su obra La morfología del cuento identificó siete tipos fundamentales de personajes, o esferas de acción:

Antagonista: Se opone al héroe. Representa el conflicto. Ejemplo: un villano, un monstruo, un rival.

Donante: Le ofrece al héroe un objeto mágico o una ayuda esencial. Ejemplo: un hada, un anciano sabio, un animal mágico.

Ayudante: Acompaña y apoya al héroe. Ejemplo: un amigo fiel, un compañero de aventuras.

Personaje buscado y su padre:

-El personaje buscado es el objetivo de la misión (como una princesa o un tesoro).

-El padre suele ser una figura que impone pruebas o condiciones. Ejemplo: una princesa que espera ser rescatada y un rey que pone desafíos.

Emisor: Da inicio a la aventura. Es quien encarga la misión. Ejemplo: un mensajero, un sabio, alguien que necesita ayuda.

Héroe: Protagonista que asume el reto y transforma la situación. Ejemplo: cualquier personaje central que actúa con valentía.

Falso héroe: Pretende ser quien resuelve la historia, sin haber hecho el esfuerzo real. Ejemplo: un impostor, un mentiroso.

Una vez comprendidos estos roles, los niños suben al escenario motivados, dispuestos a crear, interpretar y dar vida a sus propios personajes y narrativas.

Teatro en educación preescolar: juego, cuerpo e imaginación

En el nivel preescolar, las sesiones de teatro no solo fortalecen competencias cognitivas, sino también aspectos emocionales y sociales. Ayudan a los niños y niñas a ganar confianza, autonomía y seguridad en sí mismos, acompañándolos en su desarrollo integral.

¿Y los más pequeños? Ellos encuentran un mundo fascinante en el juego de imitación. Les encanta interpretar animales: el ratón astuto, el perro juguetón, el león feroz, el mono travieso, el gato curioso. Para trabajar con ellos tengo siempre a mano una selección de cuentos clásicos que adaptamos y desmenuzamos para trabajar múltiples áreas del desarrollo.

Por ejemplo, con El flautista de Hamelin, los niños representan a los ratones hambrientos que devoran todo: el pan, la leche, los huevos… —“¡las manzanas!” dice uno, “¡las pizzas!” agrega otro—. Así continúan hasta que imaginan que se comen incluso los libros. En ese momento, saco papel de periódico y lo rasgamos como si fueran ratones destructores. Con esta actividad, pasamos de la palabra a la acción, mientras se desarrolla la motricidad fina, esencial para la escritura.

Otro favorito es el cuento de Los tres cerditos. Sofía, una niña de tres años en el jardín de Federico, con su dulce acento argentino me dice: “¡Vamos a jugar a los tres chanchitos!”. Ante la propuesta, el resto del grupo de las Oruguitas grita emocionado: “¡Sí, sí… los tres cerditos!”

Claro, a ellos les encanta interpretar al lobo que llega a destruir la casa de los cerditos, construida previamente por el resto del grupo con materiales diversos. Y lo mejor de todo es que todos corren y gritan despavoridos mientras juegan a las atrapadas. En este juego, además de identificarse con los personajes, el grupo trabaja cooperativamente: construyen juntos, se ayudan, se pasan piezas, discuten, se organizan. Mientras tanto, el lobo se esconde sigiloso y, cuando sopla para derribar la casa, no solo interpreta su papel, sino que ejercita sus pulmones y labios, lo que favorece el desarrollo del lenguaje. Y al correr y regular sus emociones en el juego, se fortalece también su autorregulación emocional.

Otro cuento que nos ha dado grandes momentos es Los siete cabritos y el lobo. Esta historia no solo atrapa a los niños con su trama, sino que nos permite trabajar el vocabulario de las partes de la casa —la puerta, la chimenea, el armario, la cocina— de forma lúdica. Además, es ideal para introducir temas importantes como la prevención de riesgos: qué hacer si alguien toca la puerta, la importancia de reconocer voces familiares o la de no confiar en las apariencias. Jugando, representando y repitiendo, los niños comprenden situaciones de peligro de manera segura y creativa.

Los cuentos clásicos y modernos son, sin duda, un recurso pedagógico valioso. Más allá de sus moralejas, ofrecen infinitas posibilidades para promover el desarrollo emocional, lingüístico, social y creativo de los niños y las niñas. Nos ayudan a mirar el mundo con otros ojos, a reconocer nuestras emociones en las de los personajes, a imaginar, a reír, a preguntarnos, a crear.

Imaginación, cuentos y desarrollo

Los cuentos clásicos y contemporáneos son herramientas pedagógicas de un valor incalculable. No solo por las enseñanzas que encierran, sino por su capacidad de inspirar, emocionar y transformar. Son puertas abiertas a mundos posibles, a emociones profundas, a juegos sin fin. A través de ellos, los niños descubren que pueden ser fuertes, curiosos, valientes o vulnerables; que equivocarse también es parte del camino, y que siempre hay una nueva oportunidad para volver a empezar.

En el teatro, los cuentos cobran una dimensión aún más poderosa: dejan de ser palabras para convertirse en cuerpo, voz, mirada y acción. Y ahí, sobre el escenario —aunque sea de cartón o hecho con cojines del rincón de lectura— los niños y las niñas descubren que pueden ser autores de sus propias historias. Que sus ideas valen. Que su voz cuenta.

Cada cuento representa una oportunidad para sembrar semillas: de creatividad, de lenguaje, de empatía, de autoestima. Lo mágico es que mientras juegan, ellos aprenden. Y mientras aprenden, sueñan. Y cuando sueñan, construyen un mundo mejor.

Pero te cuento…

Que detrás de cada cuento que comparto con mis alumnos y con mis hijos, late el recuerdo de aquella niña frente a su abuela, experimentando en la cocina y escuchando —sin saberlo aún— la sabiduría de una tradición oral que le enseñaría, con ternura y picardía, las lecciones más importantes de la vida. Y que hoy, en cada historia contada, en cada escenario improvisado, esa niña sigue viva, contando, soñando y enseñando, como lo hacía su abuela.


Adriana Barrera en el Instituto Cervantes.

Adriana Barrera es educadora infantil, actriz, pedagoga de teatro y cuentacuentos. Egresada de la carrera de Literatura Dramática y Teatro y profesora de Portugués como lengua extranjera por la UNAM (México), cursó estudios en Lengua y Cultura Portuguesas en la Universidade Clássica de Lisboa, gracias a una beca del Instituto Camões.

Ha trabajado para la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Camões, impartiendo clases de portugués y talleres de teatro. En 2017 obtuvo la certificación como educadora por el SPI-Stiftung y en 2022 concluyó su formación como Pedagoga de Teatro en la Otto Suhr Volkshochschule de Berlín.

Desde su llegada a Berlín en 2009, ha enfocado su carrera en el trabajo con el público infantil, dirigiendo piezas de teatro, ofreciendo sesiones de cuentacuentos y promoviendo el desarrollo del lenguaje en contextos bilingües. Es coorganizadora del Kindertheaterreihe (ciclo de teatro infantil bilingüe) y del Festival Berlinés de Cuentacuentos en español.

Fiesta de Día de los Muertos, Noviembre 2023.
Macario – Eine musikalische Erzählung für Kinder.
Foto: ©Stefanie Loos | Stiftung Humboldt Forum im Berliner Schloss

Es miembro activo de la asociación Calaca e.V., donde se desempeña como actriz y coordinadora del Familienfest en la tradicional Fiesta de Día de Muertos. Además, trabaja como pedagoga de teatro para los jardines de infancia tuKita, integrando el arte escénico en el desarrollo temprano de los niños.

Su experiencia como madre de dos niños y su labor educativa le han revelado una nueva vocación: fomentar la imaginación y el desarrollo lingüístico infantil a través del teatro, el juego y la narración. Inspirada por los cuentos que marcaron su infancia, Adriana crea espacios donde las palabras cobran vida y ayudan a los niños a soñar, imaginar y descubrir.


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Colaboradores de DESBANDADA

2 comentarios sobre “Festival de cuentacuentos

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