¿Es posible aún escribir sobre Berlín? Una reseña crítica de Mateo Dieste sobre Berlín Ciudad Latente, conferencia del escritor argentino Alan Pauls en la Universidad Católica de Chile dentro del programa La ciudad y las palabras. Tal vez el comienzo de un rico debate, que a Desbandada, revista cultural berlinesa en español, nos interesa acompañar, ofreciendo desde ya derecho a réplica.
Por Mateo Dieste
«Otro texto sobre Berlín. Otro texto de escritor latinoamericano sobre Berlín. ¿Cuándo empezó esta manía, esta compulsión, esta peste? Sarmiento, Lucio V. Mansilla, Vlady Kociancich, Antonio Skármeta, Fabio Morábito, Luis Cháves, Mercedes Halfon, Washington Cucurto, Leticia Obeid, yo mismo. […] ¿Cuándo se detendrá esta fiebre, este vicio, este delirio?».
Así comienza Alan Pauls su charla del pasado 4 de abril en la Universidad Católica de Chile, titulada «Berlín: ciudad latente». Al escritor argentino le molesta que la gente escriba sobre la capital alemana. Más precisamente: le molesta que los escritores latinoamericanos —fundamentalmente aquellos que están de visita o residiendo temporalmente— se extrañen con Berlín y escriban desde esa extrañeza. ¿Por qué? Porque no reflexionan sobre su modo de relacionarse con Berlín. Esto es lo que él plantea: que escribimos sobre Berlín porque tenemos una «relación crítica» con esta ciudad y es allí, precisamente, donde reside su singularidad.
Al presentar una selección de autores que han escrito sobre Berlín, Pauls realiza el gesto vanguardista de querer superar una tradición literaria para buscar una renovación. De este modo, se ubica en una posición metaliteraria que prescinde de valorar las distintas perspectivas literarias sobre Berlín. Y, desde allí, se autoriza a tener la última palabra en una tradición que él pretende finalizar:
«A veces pienso que escribimos sobre Berlín con la esperanza, el anhelo secreto de estar escribiendo lo último que se escriba jamás sobre Berlín. El texto que ponga fin, por fin, definitivamente, a esta increíble vida: a esta posteridad terca, ciega, de la que Berlín lleva décadas enteras gozando […] ¿Qué diría un texto así, si existiera? ¿Qué diría sobre Berlín? O mejor dicho: ¿qué tendría que decir de Berlín para lograr su efecto? Para agotarla, para arrancarle hasta la última gota de todo lo que tiene que decir. En otras palabras: para callarla de una vez y para siempre, al menos para un escritor latinoamericano. Es un ejercicio, quizá, superfluo pero estimulante. A mí, en todo caso, es el tipo de desafío estéril que se me cruza por la cabeza siempre que escribo sobre Berlín, la ciudad en la que vivo desde hace cinco años».
La insistencia de Pauls en buscar un «texto final» sobre Berlín revela cierta miopía ante el incesante devenir de la ciudad y de la literatura misma. Berlín, como cualquier gran ciudad, es inagotable en su capacidad para inspirar historias. Cada generación de escritores, cada nueva oleada de inmigrantes, descubrirá y experimentará la ciudad de manera distinta, aportando nuevas capas de significado y contexto. La belleza de Berlín radica, precisamente, en su condición de ave fénix, es decir: en su capacidad para ser reescrita y reinterpretada una y otra vez.
Ahora bien: no queda del todo claro por qué le molesta tanto a Pauls la escritura sobre Berlín. ¿Acaso son los temas predominantes, los géneros empleados, el estilo y la perspectiva, el modo de concebir la ciudad? ¿O será todo al mismo tiempo? No lo sabemos porque Pauls no desarrolla nada de lo que sus predecesores han dicho sobre Berlín. Lo que sí sabemos es que sus propias observaciones sobre Berlín son imágenes trilladas. Habla de la impaciencia de la cajera del supermercado, de las cartas que envía el Estado a sus ciudadanos, de la poca luz en las calles, de los parias del metro, las bicicletas, las Stolpersteine, el Berghain. Se fascina al encontrar las cajas de cartón que llevan la leyenda zu verschenken (para regalar), porque las considera un símbolo de «hospitalidad desinteresada» —cuando en realidad son, muchas veces, basura no reciclable que los vecinos dejan tirada para que otros se deshagan de ella. Y destaca los vidrios de las botellas rotas que se encuentran por todo el piso de Berlín, porque, según Pauls, «son el valor de la relación crítica que tenemos con Berlín». Esta última observación, además, ya la hizo Pablo Cabrera Ferralis en su bello texto La ciudad de los cogotes quebrados (publicado en la revista digital Lado Berlín, 2018). Pero como Pauls no propone un diálogo sino un cambio arbitrario de tema («para callarla [a la Berlín literariamente mentada] de una vez y para siempre»), es comprensible que no le interese reconocer a quienes ya han pensado o visto lo mismo que él en la ciudad.
Pero hay más: las imágenes berlinesas de Alan Pauls son las mismas que proliferan en las conversaciones entre turistas y recién llegados, las que se reproducen en los memes paródicos de redes sociales, en los numerosos podcast y canales de TikTok o YouTube sobre la vida en la capital alemana, en revistas y blogs de residentes angloparlantes y, en fin, en el discurso mediático del «Berlin-Bashing». Entonces, la pregunta es: ¿qué aporta Alan Pauls al mentar literariamente a la ciudad? ¿Cuál es el motivo del hartazgo si él, como tantos escritores latinoamericanos que están de visita o residen temporalmente, repite los mismos estereotipos de Berlín?
El problema de fondo es que Alan Pauls no entiende que también se escribe sobre Berlín como inmigrante, como alguien que ya es parte de la ciudad y que no está de paso. Hay escritores latinoamericanos que no han estado becados por el DAAD, ni han tenido mecenas de ningún tipo, ni tampoco están haciendo un doctorado o viviendo de manera alternativa y bohemia. Carlos Cerda escribió su conmovedora novela Morir en Berlín (1993) cuando estaba exiliado en Berlín Oriental, Esther Andradi se hizo berlinesa escribiendo sobre Berlín pero sin dejar nunca de ser argentina. Y es a partir de la consideración de estos autores, es decir, de quienes no han hecho literatura de viaje, que se hace posible entablar un diálogo con la obra de un escritor alemán como David Wagner, quien ha escrito una maravillosa trilogía sobre Berlín por la cual se ha convertido en un Wahlberliner (berlinés por elección). En una palabra: escribir en tanto ciudadano de Berlín acorta distancias, supera la contemplación pasiva y traba un vínculo enriquecedor con el entorno. De allí que la tradición que construye artificialmente Alan Pauls se funde en el privilegio de quienes no son parte de la ciudad y, por lo tanto, se permiten el lujo de no entender —o ignorar— buena parte del mundo que los rodea.
Alan Pauls considera que escribir sobre Berlín es una manía, una compulsión, una peste; es una fiebre, un vicio y hasta un delirio que hay que superar. Para ello genera un discurso metaliterario sobre Berlín, invalidando a todos los que han elaborado un texto sobre esta ciudad, pero sin salirse de ese discurso. La razón de ello se justificaría por la necesidad de pensar sobre nuestra «relación crítica» con la ciudad. En consecuencia, la ciudad se vuelve un asunto de percepción intelectual, abstraída de su entorno y empobrecida en su monólogo, donde no hay casi intervención de la gente que la habita. Eso es lo que sucede cuando uno toma la palabra para hablar consigo mismo. Eso es lo que sucede cuando uno pretende hacer callar a los demás, sin saber lo que han dicho. Esto es lo que hay que combatir, a saber: el cosmopolitismo de los escritores latinoamericanos que, como Alan Pauls hablando desde la Universidad Católica de Chile, nos vienen a dar cátedra sobre cómo tenemos que escribir sobre Berlín.
Escribir sobre Berlín, entonces, no debería ser visto como una moda pasajera o una compulsión insustancial. Más bien, es una forma de participación activa en la narrativa colectiva de la ciudad, una manera de tejer las experiencias individuales en el tapiz más amplio de su historia y cultura. Esta participación no solo enriquece la literatura, sino que también fortalece la conexión entre la ciudad y sus habitantes, fomentando un sentido de comunidad y pertenencia.
En lugar de buscar un texto que ponga fin a la narrativa sobre Berlín, como quiere Alan Pauls, deberíamos celebrar la pluralidad de perspectivas y la diversidad de historias que continúan emergiendo de esta ciudad. Al hacerlo, reconocemos que la riqueza de Berlín no reside en su capacidad para ser definida de una vez por todas, sino en su inagotable potencial para ser descubierta, explorada y comprendida desde múltiples perspectivas.
Finalmente, los escritores latinoamericanos y de otras partes del mundo deberían sentirse libres de explorar y narrar sus experiencias en Berlín, sin temor a ser encasillados o desvalorizados. La literatura florece cuando se nutre de una variedad de voces y perspectivas, y Berlín, con su vibrante historia y su dinámica actual, ofrece un escenario ideal para este florecimiento. En lugar de buscar poner fin a la narrativa sobre Berlín, debemos fomentar una cultura literaria que abraza la diversidad y la continua reinterpretación de la ciudad que, aunque resulte incomprensible para el cosmopolitismo de algunos escritores latinoamericanos, ya es el hogar de muchos.
Alan Pauls, Berlín Ciudad Latente – conferencia completa Ver aquí.

Alan Pauls
(Buenos Aires, Argentina, 1959) es un escritor, periodista, crítico literario y guionista. Obtuvo fama internacional por su cuarta novela, El pasado, que ganó el Premio Herralde de Novela 2003 y fue llevada al cine en el filme homónimo por Héctor Babenco. Como crítico, «ha escrito algunas páginas definitivas sobre los más grandes escritores argentinos: Puig, Borges, Arlt, Mansilla». Ha sido profesor visitante en la Universidad de Harvard, docente de Teoría Literaria en la Universidad de Buenos Aires y periodista en el suplemento cultural del diario Página/12. Por sus novelas fue reconocido con el Premio Konex 2014. En 2022 publicó la novela La mitad fantasma y en 2021 el ensayo sobre la escritura Fallar otra vez. Sus novelas, ensayos y cuentos han sido traducidos a numerosos idiomas.

Mateo Dieste
(Montevideo, 1987) es Licenciado en Filosofía (Universidad Humboldt de Berlín) y Magíster en Historia Global (Universidad Libre de Berlín). Recientemente ha publicado Junando el siglo XXI. Una filosofía desde el ensayo y Los cuatro mundos del bandoneón. Breve ensayo contra el Tango, ambos en Editorial Abrazos. Otras textos suyos son: Carlos Vaz Ferreira: primer crítico del carácter colectivo uruguayo y Filosofía del Plata y otros ensayos. Es coautor del ensayo: Derecho civil de la sociedad de la aglomeración (2009). Fue columnista de tango en radio Emisora del Sur (94.7 FM Montevideo). Entre 2019-2020 dictó el seminario Thinking Globally the History of Philosophy en la Universidad Humboldt, primer curso en incorporar la perspectiva histórica global a la historia de la filosofía en esa casa de estudios. Ha colaborado con Revista Ñ (Argentina), semanario Brecha (Montevideo), DieTageszeitung (Alemania) y con la revista Lado Berlín, donde publicó la serie de crónicas Alltag: un glosario ausländisch. Reside en Berlín desde 2011.
Mateo Dieste es miembro del grupo Los Unbekannte. El 31 de agosto de 2024 en el Silent Garten de Rixdorf, en Berlín-Neukölln, presentan su nuevo libro, editado por la editorial Abrazos.
Imagen de portada: ©Alejandra López Organiza: Universidad Católica de Chile
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«En boca de Chaves, la primera persona suena menos como un alarde épico y más como la voz natural de una sensibilidad muy precisa, fiel a las minucias significativas, los rastros menores, los detalles».
La cita anterior es la reseña de Alan Pauls sobre la crónica berlinesa Vamos a tocar el agua del narrador y poeta costarricense Luis Chaves. Así suena la voz del compadreo, de la autoridad y del oficialismo, de la tinta de las plumas que pertenecen al círculo íntimo de la literatura en español. Alan Pauls omite a Chaves en su discurso, decide mirar a otro lado, y parece que no está harto del delirio de su coleguita. Quizá soporta la fiebre porque la editorial Los Tres Editores le ha deslizado un ibuprofeno en forma de billete.
El libro de Luis Chaves, como también reseñan otros escritores del círculo oficial, como Mercedes Cebrián y Fabián Casas, es una experiencia berlinesa que nos hace sentir parte de su familia. Y es cierto: de una familia boba y aburrida, un tanto provinciana. Chaves nos presenta una Berlín estereotipada, una postal kitsch para turistas. Nada de la cruda belleza que otros escritores han capturado: la ciudad como un organismo vivo, lleno de contrastes y contradicciones. Nada de la belleza de los envoltorios de hamburguesa que se abren por las mañanas como flores en las aceras, o de los niños que juegan a lanzarle la pelota a los perros de los yonquis en la Hertzbergplatz. Cosas que, para los escritores que no tenemos ningún mecenas y no nos hacemos pasar por bohemios, son el día a día y sobre las que no dejaremos de escribir, aunque al enfant terrible (ya entrado en años y vestido de niño como el Chavo del Ocho) ya no le dé la gana escuchar, y la razón sea que, en busca de esa historia final, es incapaz de sacar a pasear sus estrellas. El escritor puede elegir sobre qué escribe, pero no puede elegir lo que es capaz de hacer vivir.
Para muchos de nosotros, como para Mateo y los Unbekannten, supongo, Berlín no es el refugio de turno donde ganar fama y juntarse con la bolita de escritores que dominan la escena (sabemos sus nombres de memoria) en las dos únicas librerías en español de la ciudad y en el Instituto Cervantes. Esta es nuestra casa. Algunos de nosotros nos hemos quitado la venda de los ojos y vemos que no hay nada que ver. Es una especie de salvación.
Encuentro de gran valentía defender lo que crees, incluso si te encuentras solo. Y les saludo, Mateo y revista Desbandada, por alzar la voz contra un león; un león sin corazón como el del Mago de Oz, pero un león al fin, que tiene los dientes largos y merodea en manada. Ustedes tampoco están solos. Hay otro latir que se ha sincronizado con el suyo.
J. A. Menéndez-Conde
Creo que es una malinterpretación del texto de la conferencia, el no saber leer o en este caso, escuchar «entrelíneas», también denota un desconocimiento de la obra del escritor al que se ataca.. .No sé de dónde saca tanto encono el autor del artículo, ponerse «en contra» de alguien, ya de entrada no parece un llamado al diálogo, además «lo trillado» más bien me suena todo lo dicho en el cuerpo de este artículo. Bueno, el último libro de Mateo Dieste se titula «En contra del tango»…quizás sólo quiere estar en contra…
Saludos desde la librería andenbuch!
He escuchado el video de la charla y en algunos aspectos me ha parecido muy interesante. El ponente es sincero, pero tampoco es ninguna autoridad. Es sólo una opinión y puede haber gente que no lo vea así. Dieste expone de manera coherente su desacuerdo y me parece una opinión igual de respetable.
Sobre Berlín se ha escrito y se va a seguir escribiendo, y lo harán tanto los residentes como los que vienen para estar una temporada. Algunos son muy buenos, como David Wagner, y otros se repiten más que el ajo. Dentro de unos años se verá lo que aún podrá leerse. Y lo que es producto de una moda quedará tan obsoleto como el Spectrum o el Betamax. Aquí, en Londres y en Varsovia.
Por cierto, el libro de «Contra el tango», lo leí y no tiene nada que ver con el título. Es un homenaje al tango sin chovinismos, lo cual se agradece.
Un saludo desde Lichtenberg.
Gracias por tu comentario. Sería bueno saber quién escribe- solo figura „anónimo“.
Politicamente correcto solo lleva a la superficie..la real berlin esta en las calles.sucarios.dealers .sapos,y el circo mas desventajados camininado 24 horas al dia..asi que toma una silla y elige el barrio ..nada de marconadas de sentimientos aca el juego se llama…sin llorar..
Hola, agradecemos el comentario, pero figura como anónimo, no sabemos quién escribe. Si nos das un dato, lo publicamos. Gracias
Hola me gustó mucho el texto.
saludos desde Rufino.
Hola, me gustó mucho el texto.
Saludos desde Rufino.
Fan
Berlín nos hace escribir porque nos enfrenta con una soledad que no conocíamos (al menos, a los latinos). No entiendo la propuesta de Alan Pauls: propone que hay que dejar de escribir sobre Berlín con una charla de casi dos horas sobre Berlín. De todos modos, no sé si existe un canon de literatura latinoamericana sobre Berlín, canon que sí existe en lengua inglesa (como ejemplo se pueden citar las historias de Isherwood que están en todas las librerías de la ciudad, o las biografía de Bowie y su paso por Berlín en los 70s).