Luces de invierno

Una novela en euskera sobre Berlín de Irati Elorrieta

Una novela sobre el día a día, una de las expresiones más repetidas por Irati en esta entrevista, una entrevista llena de pequeños silencios que no se pueden transcribir, que hemos hecho al alimón Luis Miguel Fernandez y yo. ¿Cuántos temas nos quedaron por preguntar? ¿Cuántas lecturas nos ofrece la novela? ¿Cuántas vivencias se proyectan sobre estas vivencias? Cada uno la suya. Estas son las de Irati y las de las personas que pueblan su mundo, sea cotidiano o imaginario, o mejor: imaginado. A través de todas las grietas que ha dejado el tiempo en la realidad, en el día a día.

-Bueno, pues te voy a contar cómo llegué a tu libro. Estaba en Barcelona, descubrí una librería fantástica, y uno de los libros que compré fue el tuyo porque vi la imagen de la autora y la del zorro en la portada, me gusta el título también, leí la contraportada y la primera página, que siempre lo hago. Entonces dije, “este libro lo tengo que comprar, lo tengo que leer”, porque me siento identificado y porque habla de algo que yo conozco bien.  Aparte soy un enamorado de la ciudad de Berlín desde que la descubrí en el año 95. Y compré el libro, lo leí en primavera, y le dije a Iñaki, “mira, he descubierto un libro que va sobre esta ciudad, va sobre personas migradas, y me parece un libro muy interesante. Deduje que tú vivías aquí, pensé que a lo mejor podíamos localizar a la autora, además es un libro premiado, y originalmente escrito en euskera, es decir, un cúmulo de cosas extraordinariamente interesantes. Así urgió la idea de contactarte y entrevistarte. Y aquí estamos sentados, en el bar Pförtner de tu barrio.

-Como no sabíamos cómo dar contigo, le pregunté a Izaskun Gracia, que intuíamos que te debía conocer. Así que ahí va la primera pregunta: ¿puedes presentarte?

-Ay, presentarme. ¿Cómo me presento? (se ríe) Pues llevo más de la mitad de mi vida ya viviendo en Berlín. Vine del País Vasco en el 99 como estudiante, sin saber a dónde iba. (una pausa) Y una cosa llevó a la otra y aquí me quedé. Yo había estudiado comunicación audiovisual, no tenía ninguna ambición de trabajar de eso tampoco… No me estoy presentando, estoy contando cómo llegué a Berlín, pero supongo que mi llegar a Berlín y mi vivir en Berlín es una parte muy importante en quién soy.

-De hecho la novela va de eso.

-La novela también va de eso: qué significa llegar a una ciudad y construir un día a día, una red de relaciones, ir descubriendo la ciudad y agrandando el mapa en el que te mueves y en el que vives.

-Entonces desde el 99 has vivido todo el tiempo en Berlín.

-He estado un par de veces trabajando en el País Vasco porque a veces era muy difícil la financiación y surgía algo para poder ir a trabajar y estar unos meses, y luego vivir de ello el doble del tiempo.

-Esta es una de las preguntas que hemos negociado entre Luismi y yo. ¿Cuánto hay de autobiográfico en la novela? Una pregunta muy típica, pero no quiero que suene típica. Esta pregunta tiene mucho que ver con las demás preguntas. Porque la novela, muy resumidamente, va de dos mujeres que llegan a Berlín juntas desde París.

-Bueno, primero viene una, y cierto tiempo después viene la otra.

-Su conexión común se establece en París, que en buena parte de la novela tiene un peso interesante e importante. Esta relación ya construida en París llega a Berlín, pero tú nunca habías vivido en París.

-La novela tiene mucho de autobiográfico, pero tiene mucho de ficción también. Yo creo que para el lector o para la lectora, pues no es posible saber qué parte es autobiográfica, y qué no. Pero mis vivencias y las vivencia de la gente que conozco están en la novela. Mi fuente de información, digamos, es mi día a día. No solo mi biografía, sino también la biografía de la gente con la que me relaciono. Pero sí, la fuente de información para crear la novela es el día a día. Y también mi día a día.

-Por eso está escrita en presente. Es muy inmediata, y como no está en pasado, no da la sensación de un hilo conductor gramatical, como si dijéramos, sino que todo está ahí, en ese momento, en pequeñas circunstancias, en pequeñas situaciones, que no se explican sino que se van presentando, ¿tiene algo que ver con tu forma de vivir Berlín?

Algunas zonas de Wedding que aparecen en la novela.

-Pues no lo había pensado nunca así. Yo empecé a escribir (una pausa) en pasado. (otra pausa) Y en un momento, no me funcionaba. Y probé a ponerlo en presente, me sentía más a gusto, me funcionaba mejor. Yo lo había unido más a que como vengo de audiovisuales, y tengo mucho de ver cine, pues la novela tiene algo de guion, de película, el ponerlo en presente, porque si tú escribes un guion, pones la escena, hacen esto, hacen aquello, pero no te pones a contar en pasado. Cuando hice esa prueba de pasar todo lo que tenía en pasado, a presente, me sentí más cómoda, me facilitaba también contar el pasado y ponerlo como realmente en pasado.

-Surgió de forma natural.

-Bueno, fue una prueba que hice y a mí me funcionó. No hice la reflexión de que mi forma de vivir el hora podía ser una de las razones. Lo veía más como escenas, es un relato que fluye por escenas, y me funcionaba mejor que las escenas estén escritas en presente.

-De hecho cada capítulo es una escena. Uno lo va uniendo en su cabeza intentando crear al personaje, porque tú no se lo das hecho.

-Se va construyendo con las escenas. Creo que tiene algo fílmico, el contar así, lo había unido siempre a mis estudios, mis intereses, mis obsesiones, no sé. Me parece importante que el texto deje espacios para los lectores. Para crear a los personajes, para asociar, para recordar…

-¿Cuál de las dos mujeres es la protagonista?

Fragmento del capítulo nº. 27 de Luces de invierno, leído por la autora.

-Yo creo que es Añés.

-Lo discutíamos mucho, cuando comentábamos la novela.

-Para mí era también clarísimo.

-Yo creo que he tirado de Añés. Es una novela muy coral porque hay muchos personajes, las dos amigas son protagonistas, o más exactamente la intensa amistad entre ellas, la amistad es uno d elos temas centrales de la novela, aunque por otro lado es cierto que el hilo conductor es Añés. Lo que pasa es que Añés necesita de Marta para contarse. O sea, la relación con Marta es necesaria para contar a Añés. De hecho hay gente que dice que las dos amigas son como una persona.

-Aunque su forma de vivir Berlín es muy diferente, ellas son muy diferentes, ¿no? No es como el haz y el envés de algo, no sé si se terminan de compenetrar tanto: su relación con la sociedad alemana, su relación con el cuerpo, su relación con el pasado…

-Es que yo creo que (una pausa). Cuando la gente me dice a veces que las dos protagonistas es como si fuese una persona puesta en dos personajes, yo entiendo esa lectura, porque creo que he trabajado así. Nadie es de una manera o de otra, o sea, a veces reaccionamos así, y a veces reaccionamos de otra manera. Las estrategias que usamos no siempre son las mismas, tenemos algo de esto, y algo de esto.

El río Panke, más bien un riachuelo canalizado, que atraviesa todo el barrio.

Fragmento del capítulo nº. 27 de Luces de invierno, leído por la autora.

-Pero tampoco corresponden al típico esquema literario de personaje doble. El ejemplo más representativo es el de don Quijote y Sancho que el autor define como personaje emparejado, dependen uno del otro para su creación y desarrollo, evolucionan a través de la influencia mutua. Hay cierto grado de independencia entre ellas como personajes, no solo desde el punto de vista existencial, por ejemplo una tiene un hijo y la otra no. Y en especial Marta no parece saber nada de la relación de Añés con Esteban. Eso permite que al final tomen caminos no del todo paralelos.

-No son complementarias, digamos, pero sí funcionan de espejo la una de la otra. Son como dos versiones de lo que uno podría ser. Por ejemplo, las dos han vivido una relación de pareja llamémosla tóxica, y la forma de reaccionar ante ello, de analizarlo, de reflexionar sobre ello, y de tomar decisiones es diferente. Una, en cuanto se da cuenta de la relación que está viviendo, Añés, hace las maletas y se larga, pero ha estado durante mucho tiempo sin darse cuenta de dónde estaba. En el momento en que se da cuenta, entra la acción, digamos. La otra, en cambio, desde muy al principio sabe que está en una relación que le está haciendo daño, y no se va. Son dos opciones, dos versiones.

-Hay un comentario que me gustaría que explicara Luismi cuando me habló de la novela. ¿Tú te acuerdas de lo que me dijiste? Que es una novela muy femenina.

-Sí, es un punto de vista… No que la novela sea muy femenina, igual no lo dije así. La perspectiva es totalmente femenina. De hecho, una cuestión que se me plantea aquí es que la sensación que tengo con los hombres que describes en la novela son un poco arquetípicos. Hay varios que merecen una pregunta, pero enlazamos aquí cuando hablamos de la relación tóxica de Marta, ¿no? El alemán este por el cual ella viene a Berlín y la deja embarazada, ¿es una experiencia tuya personal? Porque tiene rasgos que he identificado yo también en las personas germánicas. Pero solo tiene rasgos negativos. Y la pregunta es, ¿representa lo negativo de la sociedad alemana?

-Entiendo la pregunta porque es algo que me preocupaba con el personaje de Martin y con la pareja que tiene Añés en París. Soy incapaz de verles algo positivo, y me preocupaba eso. Pero es que decidí que hay otros personajes masculinos que tienen muchísimas características positivas, entonces me permití tener dos personajes que tienen una masculinidad muy negativa y sí es arquetípica y sí que los he conocido, los he tenido cerca. Decidí que esos los dejaba así, porque había otros personajes masculinos que tenían otras características. Entiendo que pueda quedar un poco cojo eso.

-Es una licencia.

-Era incapaz de darles otros rasgos.

-Cuando vi el personaje de Martin vi todo lo negativo que identifico en la sociedad alemana.

-Otro personaje alemán es Kai. Es otro tipo de hombre.

-¿Lasse también es alemán?

-No es alemán, pero es también otro tipo de hombre. Es danés, está afincado en Berlín, y no tiene nada que ver con el personaje de Martin.

-¿Cuánto tiempo te llevó escribir la novela? Leí al final todos los agradecimientos, me sorprendió que hubiera tanta gente implicada en la novela. Da la sensación de que fue un proceso bastante largo.

-Sí.

-¿También fue un proceso emocionalmente largo, emocionalmente complejo?

-Sí. Bueno, estuve, desde que empecé con los primeros personajes, las primeras notas, hasta que terminó, pues unos diez años.

-¡Diez años!

-Sí. Claro que hay un proceso emocional mío personal. Cuando salió la novela me preguntaban “¿cómo es que has estado tantos años sin escribir?” Lo que pasa es que, a ver, cuando empecé a escribir esto acababa de ser madre. Cuando la gente dice que es difícil compaginar trabajo y vida personal, si además quieres escribir, pues es muy difícil de integrarlo en el resto. Escribía cuando tenía tiempo, estaba unas semanas con el texto, el material va al cajón y se podía tirar meses en el cajón, mi vida no da para estar escribiendo, no estaba diez años escribiendo todos los días, evidentemente, pero sigue rodando en la cabeza todo lo que veo. Yo nunca abandoné a los personajes ni las historias, estaban siempre, pero sentarme a escribir, pues no podía, por periodos bastante largos. Entonces, claro, cuando lo sacaba del cajón, necesitaba mucho tiempo para entrar otra vez en la escritura. Me dije, “¡cómo me he metido en una novela!” Una novela necesita muchísima inversión, mi vida no daba para eso.

-Es una novela larga, además.

-Hasta que llegó un momento en que me harté  me dije, “tengo que terminar con esto”. Y ahí sí es cuando me puse dos años a solo eso.

-Y luego lo que es la propia historia, sucede en un invierno.

-Sí. (risas)

-El espacio temporal que abarca es un invierno.

-Los académicos no sé cómo lo miran, la historia ocurre en un invierno, pero el arco de lo que se cuenta es mucho grande.

-Claro, las referencias de la memoria es uno de los temas que queremos plantear, pero lo que está en presente es un invierno.

Donde antiguamente estaba Marienbad (no es el balneario de la película de Alain Resnais, pero tiene el mismo nombre), actualmente esa parte lleva el nombre de Luisenbad.

Fragmento del capítulo nº. 27 de Luces de invierno, leído por la autora.

-Una curiosidad, ¿por qué invierno? Es una pregunta que me he hecho, porque el invierno alemán es extraordinariamente oscuro y extraordinariamente triste.

-Es lo que más acorde va con la situación que está viviendo Añes, ¿no?, de crisis, de desorientación, de estar perdida, y además es invierno, es una época en Berlín en que hay menos vida en la calle, hay menos vida social, es una época la que uno tiende igual a quedarse más en casa. En la novela hay como un movimiento oscilante entre quedarse en casa como un erizo, y momentos en los que sale a buscar contacto. Para contar eso me pega mejor el invierno, lo que más acorde va con esa situación. Creo que el invierno berlinés es una época en la que uno se queda mucho en casa en aislamiento, que cuesta salir, y con la primavera parece todo más fácil.

-Enlazando con esto, hay algo que me ha llamado mucho la atención y que te quería preguntar que es la concepción del tiempo. Iñaki, como es filólogo, se fija en estos detalles, que está escrito todo en presente, a mí no me ha llamado especialmente la atención, pero el pasado tiene un peso tremendo, y yo no sé si tu concepción del tiempo se encarna en un personaje que me parece fascinante, porque está ausente pero en realidad está siempre presente, que es Esteban. Hay una frase de Xuan, que también es un fascinante, que habla del tiempo, la de que ellos consideran en Vietnam, o en Asia, que los antepasados están sentados con ellos a la mesa. ¿Cuál es la concepción del tiempo que tienes tú y cuál es la que transmites aquí?

-(una pausa) Es uno de los temas de la novela, porque va de las relaciones entre personajes que conversan entre ellos, pero también otro de los temas es cómo los tiempos se relacionan y conversan entre ellos. Y los lugares también. Los lugares no están uno al lado del otro, sino uno dentro del otro. Y los tiempos no son uno después del otro, los tiempos también cohabitan. Tú eres historiador, sabes que el pasado está en el presente. Hay marcas del pasado y hay historias del pasado que viven en el presente. (una pausa larga) La narración siempre es lineal, en el sentido de que una frase siempre, visualmente, es lineal; una novela es lineal en el sentido de que empiezas aquí y terminas aquí. Pero el tiempo como lo vivimos yo creo que no es así. El intento es como, a pesar de que esto tenga un orden de principio a final, cómo hacer que las capas de tiempo cohabiten, que una deje ver a la otra.

-Entonces no se trataría de un ejercicio de memoria. Si los tiempos cohabitan, no es que los personajes recuerden, sino que siguen viviéndolo.

-Pero la memoria hace eso, ¿no? La memoria trae el pasado al presente, o sea, el momento que yo me estoy acordando de algo estoy trayendo algo del asado al ahora. Y si estoy en Berlín y me estoy acordando de algo que ha sucedido en otro lugar, ese lugar está aquí y ahora conmigo en Berlín.

-Ese es un ejercicio de la persona que recuerda, mientras que si dices que los tiempos cohabitan, es independiente de la persona que quiera o no quiera recordar. La memoria es una función individual del personaje, que los tiempos cohabiten estará por encima de lo que el personaje quiera. Una de las cosas que más hemos hablado es del  personaje de Esteban. Nos encanta. Porque es un no-personaje. Pero está ahí, continuamente, hasta el final. Y representa esa acumulación de tiempos que siguen su curso, o representa la memoria, o es el anclaje de Añes al pasado. Hay una escena casi al final que tiene que ver con eso de una manera fascinante. Añes sale del taller de Kai y va paseando por la nieve y llega a la casa de Lasse y ve una escena que no está sucediendo en el presente, ve a Marta ya con la niña nacida, pero no está sucediendo delante de ella. Es la misma sensación que tiene cuando habla con Esteban. De hecho en la misma escena está Esteban, el personaje ausente porque está muerto pero presente por fuerza del poder de Añes. 

-Sí, es una escena donde se superponen varias cosas. Se superpone el pasado, la ficción, la anticipación.

-Exacto, y ahí Añés es controlada por lo que le está pasando, en ese sentido no es memoria, diría yo.

-(una pausa larga) Esa escena en concreto la visualizo en el momento que la escribo, y es una superposición de tiempo que no son, que no han sido todavía, que podrían ser, o sea, es como que son diferentes niveles. La memoria y la ficción, para mí, no son como… no hay una, ¿cómo se dice?, Grenze, una línea divisoria. Y hay escena en las que se mezclan.

Pub irlandés Offside, en la Jülicher Straße., uno de los locales que frecuentan los personajes de Luces de invierno.

-Nos parece fascinante cómo consigues eso en la novela. Muy suave, muy poco a poco, sin explicarlo.

-A ver, la invención y el recordar van muy unidos. Y no intento separarlos, o sea, los dejo que se mezclen, porque lo vivo así. Muchas veces cuando recuerdas algo no sabes hasta qué punto sucedió así, o ya te lo están inventando, o lo has recordado así y es como si hubiese sucedido así.

-Yo al principio cuando leía las partes en las que Añes hace esto, pensé “son como estados alucinatorios”, y luego pensé, “igual me estoy equivocando”. No está planteado como estados alterados sino que realmente es el germen, o el motor, de la novela, ese estado en el que está Añés.

-Yo no lo planteo tampoco como un estado alucinatorio, lo planteo como un estado mental totalmente realista (una pausa). Y ese estado mental de Añés sí es el que va tirando del hilo, sí.

-Otro de los aspectos importantes es el hecho de que sucede en Berlín. Nos sorprendía que haya muy pocos personajes hispanos.

-Solo ellas dos, ¿no?

-¿Era lo que tú querías reflejar, el Berlín que tú querías reflejar, o era una opción literaria?

-Bueno, un poco ya lo has dicho tú antes de empezar esta conversación: hasta el 2009 con la crisis económica, no había tanto español como hay ahora. Entonces, en el momento en que esto está sucediendo, que es justo después, todavía no han llegado, que llegan justo después, digamos. Marta sí que trabaja en Camper y su jefa es Alicia, que es la única que podemos sospechar que también es española…

-Pero no refleja el mundo hispano que tenemos hoy en día, del que casi no podemos escapar, por otro lado.

-Yo no lo tengo. Es una época quizá en Berlín en la que todavía las relaciones que ellas van haciendo cuando llegan no necesariamente es tirando de una red de españoles que también lo está haciendo, aparte de Marta, que tiene una relación con esta Alicia que es la que le da el trabajo, ¿no?, que sí que puede ser como un gesto echar una mano a alguien que acaba de llegar, porque Marta está embarazada. No es una decisión que tomé, que no haya más españoles que ellas dos. No me interesaba que la red de ellas fuese de emigrantes españoles.

-Otro tema relacionado es que no hay mujeres alemanas, comentaba Luismi.

Kugelbahn, en la Grüntaler Straße, otro de los locales en los que Añes pasa las noches berlinesas.

-Es verdad, sí. ¿Hay alguna mujer alemana en la historia? Porque yo creo que no.

-Así con presencia importante, no. (una pausa) De hecho no me había dado cuenta.

-Me he dado cuenta hablando de esto, precisamente hablando de Martin y Kai, que son lo que yo llamo el rostro humano de Alemania y el rostro más inhumano de Alemania, esa dualidad que hay en este país. Y me ha llamado la atención que no hay mujeres alemanas.

-Esto es parte ya de mi biografía. En los primeros años, a mí me costó relacionarme con mujeres alemanas, luego ya no, pero en los primeros años la verdad es que no conseguí relaciones estrechas, íntimas, con mujeres alemanas.

-No eres la primera persona a la que le pasa.

-Lo has oído alguna vez.

-Sí, lo he oído, de muchas mujeres de fuera del ámbito germánico que han venido aquí. Yo quisiera pasar a otro de los grandes temas. Se ha hablado del tema. Hay otros dos temas que he analizado, y que creo que hay que hablar de ellos, ¿no? Uno de ellos es la emigración en sí, la experiencia de la emigración. Nosotros tres somos emigrantes, pero hay mucha gente que nunca ha vivido esto. Nosotros somos conscientes de algo que para nosotros es obvio, la emigración te cambia, y te cambia de raíz. Pero a veces no siempre para bien. He hablado con mucha gente. Para ti, independientemente de lo que reflejas en la novela, ¿qué aspectos son positivos y también cuáles son negativos de la experiencia migratoria?

-A ver, la experiencia migratoria tiene una característica que es que la persona migrante se relaciona con dos lugares. Tiene una relación muy personal, muy íntima, con dos lugares. Y esa relación tiene un punto de tensión. Esa tensión está siempre, de alguna manera, no te deshaces de ella, no es algo que desaparece, creo. Yo ya llevo más de veinte años viviendo aquí y creo que esa tensión entre los dos lugares de pertenencia se mantiene.

-Y hay que resolverla, esa tensión.

-Pues creo que es irresolvible. Creo que hay que aceptarla.

-Bueno, aceptarla es una forma de resolverla. La otra forma de verlo es el desarraigo. La imagen del desarraigo es que perdiste una de las dos.

-Sí.

-Lo que estás planteando es que mantenemos las dos.

-Eso es. Lo que planteo es no perderla, aceptar que están las dos, y que no es fácil a veces. Igual es algo muy personal, pero igual lo conocéis también: hay un sentimiento de culpa, no el sentimiento de haber perdido algo sino de haber dejado, a una gente que es importante para mí. No que he perdido algo, sino que he abandonado algo, con un sentimiento de culpa con el que hay que vivir, no sé. Y… ¿cuál era la pregunta? (risas)

-Sí, qué ves positivo y negativo.

Paseo de los cerezos: desde el Kugelbahn, pasando debajo de las vías del tren, dejando la S-Bahn a la derecha, hasta el puente de la Bornholmer Straße.

-Lo positivo, yo creo, el cambio de posicionamiento, ponerte en otro sitio te da una perspectiva nueva. Te da una distancia que duele, pero también te da una perspectiva nueva, te abre posibilidades que igual no hubieses tenido, te abre direcciones que igual no hubieses seguido sin la experiencia migrante. Te permite inventarte de nuevo. Te permite no ser lo que se espera que seas, sino lo que tú quieres ser. Te permite descubrirte, y descubrir qué quieres tú. Te da mucha libertad. (una pausa) Lo que pasa es que empiezas también con muchas desventajas. Empiezas sin saber el idioma; empiezas si tener una red de relaciones de la que puedes tirar cuando necesitas ayuda; o cuando estás buscando trabajo. Tienes la desventaja de que tienes, por ejemplo, unos estudios, un título, que a los alemanes les da igual. Tienes que demostrar quién eres porque empiezas de cero.

-Y dentro de eso, estamos hablando de Alemania, no estamos hablando de cualquier país. ¿Cómo estableces la relación con la cultura hegemónica, la lengua hegemónica? Has escrito una novela, has tenido que pasar por algún tipo de análisis o plantear cómo Marta y Añés viven el hecho de estar viviendo en una cultura que no es cualquier cultura, que es la cultura alemana. Una cosa que a mí me sorprendía, y creo que a Luismi también, es la presencia de París, la historia de París, la Comuna. Se habla mucho de ese momento de París. En el caso de Berlín no aparece tanto este trasfondo histórico. ¿Tiene que ver con ese enfrentamiento con la cultura alemana?

-Bueno, ellas acaban de llegar a Berlín, no tienen tampoco esa relación con la cultura alemana. Están aterrizando, así como hay otros personajes migrantes que ya están muy integrados, que son muy berlineses, como Xuan, como Lassen, ¿no? Ellas todavía no están ahí. Bueno, como la novela la he escrito durante tanto tiempo y no tenía un plan inicial de a dónde iba la novela sino que empecé y fui viendo a dónde me lleva, en un momento me doy cuenta de que tengo Berlín, de que tengo que vienen de París, que quiero contar un poco también su tiempo en París, y me doy cuenta de que yo conozco muy bien Berlín, pero que no conozco París. Entonces se me queda en un momento muy desbalanzada la novela. Hay un momento de la escritura en el que París no tiene cuerpo. Y me planteo, “¿tendré que ir a París a estar unas semanas escribiendo o qué?” Pero eso no tiene ningún sentido, porque en unas semanas nunca voy a conseguir darle a París el cuerpo que tiene Berlín en la novela. Entonces, voy tirando de los temas que a mí me interesan, que me obsesionan, y en la novela ya estaba la imagen de la caricatura en el piso de París, pero estaba sin más. Entonces empiezo a tirar de ahí, empiezo a leer, y de repente me sumerjo ahí y es una capa más que viene a la novela. Son temas que van surgiendo en el proceso de escritura, que me van interesando, que me van obsesionando, y voy tirando de esas obsesiones que van formando parte de la novela. Como el cine, yo he visto mucho cine francés y lo que conozco de París viene a través del cine. Entonces tengo que tirar de ahí, o tengo que tirar de lo que leo sobre la época de Napoleón III, sobre esa época en París, y de repente me tiro meses sumergida en lecturas, y hay una en concreto que me recuerda muchísimo a los años de Berlín de después del muro, que no he vivido yo, pero que me los han contado. Ese momento en que hay un vacío de poder en la ciudad y una gente que dice vamos a coger este espacio”, “a por ella”. Y el poder dice “¿cómo?”. Brutalmente a cortar esto, pero ya. Son cosas que en el proceso van surgiendo, son asociaciones de temas que a mí me van interesando y que van uniendo las cosas en la novela.

-Otro gran tema…

-…el desarraigo. Esto tiene que ver con las características negativas de la emigración. Nosotros vemos el desarraigo como algo negativo por regla general…

-¿Qué sería el desarraigo?

-Perder el vínculo.

-La gente no se siente ni de un sitio ni de otro. Algo que me han explicado personas que ha estado emigradas mucho tiempo. No eres de aquí, pero tampoco eres del otro lado. Si yo vuelvo a Castilla, ¿de dónde soy?, allí soy el alemán y aquí soy demasiado sureuropeo. Yo creo que es una forma de desarraigo. Y esto hay mucha gente a la que la hace muy infeliz, a mí personalmente no. Me hace relativamente feliz, en el sentido de que he encontrado mi lugar en el mundo. A mí ha habido gente que me ha dicho “esto es una tragedia”, porque pierdes tus raíces, por decirlo de alguna forma. Lo que te quería preguntar es, ¿el desarraigo no puede resultar algo positivo para formar una nueva identidad que esté lejos de -y lo voy a formular de forma política- los localismos que ahora mismo en Europa tienen un auge tremendo y que pasa a ser el problema del siglo XXI, o de esta parte del siglo XXI? Quizá esa idea de desarraigo como una nueva identidad diferente puede ser quizá la solución.

-(una pausa) Yo creo que hay cada más gente que tiene una experiencia migrante, cada vez más gente vie esa experiencia de desarraigo, de no pertenecer ni a uno ni a otro, o pertenecer a los dos. Yo creo que hay muchas formas de llevarlo, y habrá gente que sufre mucho, gente que consigue integrarlo en sí mismo… Yo creo que sí que es algo enriquecedor.

-La pregunta es si tiene una dimensión política.

-Creo que sí. Porque es una forma de superar discursos nacionalistas, como has dicho, localistas.

-O atávicos, si me apuras.

-(muchas pausas) Y creo que difumina un poco la idea de identidad nacional. La difumina porque la supera, la atraviesa.

-Al respecto, tengo una pregunta un poco más comprometedora, y la hago desde lo que tenemos en común por venir los dos del País Vasco. Cuando publicaste la novela en España, la publicaste primero en euskera, y luego traducida, porque la tradujiste tú, ¿no?

-Bueno, no solo yo, pero yo también. Hicimos el trabajo de traducción entre Jon Gerediaga, que es poeta y dramaturgo, y yo.

-Al llevar a España una novela escrita en euskera sobre Berlín, ¿no te devolvía un poco ese atavismo?

-Es que no me han devuelto nada, no he tenido reacciones.

-¿Y podría suceder que dijera, “una escritora vasca en Berlín”,  como catalogándote?

-Yo me veo también como una escritora vasca en Berlín. Podría escribir en alemán, no lo hago. En alemán hay escritores y escritoras que vienen de otros sitios y han decidido escribir en alemán. Yo no. No sé si alguna vez escribiré en alemán, pero mi lengua es el euskera. La lengua en la que me expreso escribiendo es el euskera, es mi lengua.

-Yo te entiendo, pero desde fuera, ¿crees que te podrían devolver esta proyección de localismo?

-La temática no es una temática localizada en el País Vasco con los conflictos del País Vasco, el conflicto político, no son los típicos temas vascos.

-Así que la lengua de la novela no la vincula a una tradición literaria tipo Obabakoak, etc. No te vinculas a lo que se está produciendo en euskera en el País Vasco, por el hecho de estar escrita en euskera

-No. Por la temática, no. En el planteamiento de la historia, no.

-Pues me parece muy interesante, porque sucede tanto en euskera como en catalán, desde fuera parece que todo lo que se escriba en catalán tiene que ser de tema catalanista, que es falso, claro, mucho de lo escrito en catalán no tiene que ver con el Proces. Pero la visión externa es que todo lo que está escrito en vasco tiene que tener que ver con el nacionalismo, porque si no, para qué lo escriben en euskera. Es una simplificación de una proyección.

-Yo creo que es importante que haya escritores vascos que escriban sobre el conflicto vasco, porque es importante contar las historias, porque en los medios es todo blanco y negro, y la literatura en vasco que escribe sobre el tema tiene muchos grises. Y esas historias hay que contarlas. Pero yo no soy la que puede contar esas historias. Yo tengo que contar las mías. En el País Vasco sí me han dicho, “pero, ¿por qué no escribes sobre lo de aquí?”. Está muy bien que haya gente que escribe sobre eso, y yo lo leo, y lo necesito, pero yo no puedo aportar nada a eso.

-Me parece fascinante que haya una novela sobre Berlín en vasco, y podría haberla en catalán y no la hay. O más historias sobre Londres o sobre París en euskera, y no las hay. Izaskun Gracia sí escribe en vasco.

-Escribe en vasco y en castellano.

-No habla directamente de la experiencia berlinesa, pero es otro ejemplo.

-Como te digo, he tenido este tipo de preguntas, pero en el ámbito vasco. Como que falta algo en la novela. Sin embargo, también hay lectores o lectoras que agradecen que se cuente en euskera algo que no tiene nada que ver con lo que se vive allí.

-Sin embargo, yo no estoy de acuerdo contigo. Yo creo que el País Vasco está muy presente en la novela.

-El País Vasco sí, pero no el conflicto vasco. Hay lectores y lectoras que agradecen que se cuente una historia que sucede en Berlín porque consiguen identificarse con la historia o con los personajes.

-Es que no hace falta, me parece a mí. El País Vasco es mucho más que el conflicto vasco. Las fiestas, los paseos por la playa, los acantilados, todo eso aparece en la novela. Todas las realidades tienen capas diferentes. Yo creo que de lo que quieres hablar es de otra cosa, es tu experiencia como mujer euskaldún en la emigración y eso está claro, está muy bien reflejado y creo que es fantástico que hayas escrito esta novela en tu lengua materna, porque se puede y se debe hablar de otras cosas. Y yo creo que esto es a lo que tú te referías. Que no tienes que escribir en gallego, vasco o catalán, y limitarte a temas locales.

-Yo creo que, aunque ha habido las dos reacciones, mayoritariamente ha sido bien acogido el hecho de que sea una temática menos habitual.

Gleimtunnel, entre Wedding y Prenzlauer Berg bajo lo que fue el Muro de Berlín.

-Cambiando un poco de tema. ¿Cómo ves Berlín actualmente después de trabajar la novela, de verla publicada? Has volcado mucho en la novela de tu experiencia de diez años.

-La novela está localizada en el 2009 / 2010. Ya han pasado desde entonces más de diez años y creo que Berlín está en otro sitio. Yo no lo vivo como que ha ido a bien, no. Por ejemplo, la situación de la vivienda ha cambiado muchísimo en estos diez años. Añes llega a Berlín y Marta le encuentra un piso súper barato, con una calefacción de carbón, que ahora es impensable encontrar. Encontrar un piso es la cosa más difícil que hay en este momento.

-Es el gran tema. Socialmente, hay más tensión, hay más incomunicación entre la gente. En la novela, los personajes se comunican, pero no forman red, no forman sociedad.

-¿No forman sociedad? Yo no lo veo así. Hay redes de relaciones de gente que se ayuda, que se escucha, que se preocupa por el otro.

-¿Eso todavía existe?

-Sí.

-Entonces, ¿en qué otro aspecto Berlín ha ido a peor, aparte de la vivienda, que es algo que influye en nuestra vida?

-Claro, influye en dónde vives o trabajas o en dónde organizas conciertos, como hace Kai, en que hay un espacio cultural no remunerado.

-Los lugares de organización social y cultural alternativos o espontáneos…

-Cada vez menos. Los espacios de encuentro se van perdiendo.

-Bueno, una pregunta que no te hemos hecho pero que creo que es obvia. Prácticamente toda la historia se desarrolla en este barrio, ¿no?

-Sí, una zona del barrio de Wedding. A ver, la novela tiene muchas capas, muchos temas, muchos tiempos y espacios, pero la narración centrar es muy reducida en el tiempo, porque es un invierno, y luego está el barrio, que está muy acotado. Las distancias son relativamente cortas, a todos lados llega caminando o paseando, no es una novela en la que los personajes se mueven por toda la ciudad. Es una característica de Berlín: es una ciudad muy grande, pero al final el radio de movimiento de uno en el día, que es donde se desarrolla la novela, es en el barrio normalmente, no es toda la ciudad.

-Eso refleja la estructura de todo el país: el país de federal, y Berlín…

-¡Es federal!

-No sé cómo lo vivís vosotros, pero mis amistades más cercanas viven más o menos en la misma zona, porque si no, no es abarcable, las dimensiones de Berlín son enormes.

-Bueno, Irati, gracias por las respuestas. Y espero que en Berlín se lea la novela, ya sea en euskera o en castellano. En euskera será más difícil distribuirla, imagino.

-Bueno, ya ha sido un milagro que hayáis encontrado esta novela y la hayáis comprado. Y tengo que agradecer al ilustrador, Kike de la Rubia, que haya hecho una ilustración con el zorro, que es un elemento importante en la historia.

Fragmento del capítulo nº. 27 de Luces de invierno, leído por la autora.


Irati Elorrieta. (País Vasco, 1979) reside en Berlín-Wedding y es escritora en euskera. Debutó con una novela compuesta de relatos, Burbuilak (Alberdania, 2008), que está traducida al castellano, Burbujas (Alberdania, 2011). Neguko argiak (Pamiela, 2018) recibió el Premio Euskadi de Literatura 2019, publicado en castellano como  Luces de invierno (2021), en Galaxia Gutenberg, traducida por Jon Gerediaga y la propia Irati Elorrieta. Disponible en la librería Andenbuch de Berlín-Kreuzberg.


Luis Miguel Fernández López. Nacido a orillas del Pisuerga en el ya lejano año de 1976, es profesor de Historia y Lengua Española en un instituto de educación secundaria en Berlín. Apasionado de las artes, las letras y la política, escribe sesudos artículos de esta última disciplina cuando tiene ocasión.


De los fragmentos de Luces de Invierno, © Irati Elorrieta, 2022 . Publicación acordada con Galaxia Gutenberg S.L., a quien agradecemos el permiso.

Revista Desbandada

Un comentario sobre “Luces de invierno

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