Con Hasan en Gaza: Azar y cine como un país

En el cine del director palestino Kamal Aljafari el azar dio lugar una y otra vez a historias de película. Tal es el caso también del nuevo film que acaba de estrenar en Alemania: Con Hasan en Gaza. Una road-movie a la búsqueda de un amigo del que no se tiene siquiera una dirección. Un film con la potencia de la vida y de la poesía.

El azar marcó el cine de Kamal Aljafari desde sus inicios. Uno puede pensar que esto siempre es así cuando se trabaja con found footage, material fílmico que ya existe y se recicla, se interviene, se resignifica convirtiéndolo en una nueva película. Pero aún allí hay espacio para una pregunta, como señalaba Saleh Dabbah, moderador de la masterclass de Aljafari en el festival berlinés Alfilm 2025: ¿es el realizador el que encuentra la imagen? ¿O es la imagen la que encuentra al realizador? En el cine de Aljafari el azar dio lugar una y otra vez a historias de película.

Azar I – El sabotaje

Trabajaba en su segunda producción, Port of memory (2009), cuando lo invitan a Londres a presentar su opera prima: The roof/ El techo. Cuando entra a su habitación en el hotel, lo espera, como solía hacerse en otras épocas, el televisor encendido con el mensaje: Welcome, Mr. Aljafari. Una sensación perturbadora lo invade, cambia de canal y se va duchar. Cuando regresa a la habitación, ve que el film que están pasando es un film que reconoce, pero que no ha visto antes: Delta Force, protagonizado por Chuck Norris. Es que la película fue filmada en los años 80 enteramente en Israel, en Jaffa, la ciudad de su familia palestina del lado materno, y donde él creció.

Aljafari «borra» a los actores que están en el primer plano y se concentra en lo que quiere ver: su ciudad, su historia, su gente. Ese gesto que tendrá como espectador se convertirá, gracias a la tecnología digital, en el gesto-intervención y principio creativo de su film Port of memory y luego de Recollection (2015). Irónicamente el escenario exótico de films de acción se convierte en el archivo de las imágenes de cómo era una ciudad. Da cuenta de su vida y existencia. Aljafari descubre allí, señala, el potencial liberador y político que reside en trabajar, reinterpretar y tomar posesión de las imágenes a través del sabotaje.

Azar II – El coleccionista pandémico

En 1965 se crea en Beirut, Líbano, el Centro de Investigación Palestina / Palestine Research Centre (PRC), con el propósito de conservar documentos culturales de la historia de Palestina y su lucha política. El archivo incluía una colección de material fotográfico y fílmico. Por azar Aljafari se entera muchos años después, a través de un amigo que le comparte un artículo del New York Times de 1983, de que en 1982 Israel bombardeó el edificio donde se encontraba este archivo y saqueó gran parte del material. Todo intento de Aljafari de acceder a este choca contra la negativa de las autoridades israelíes a cederlo. Otra forma más de la colonización. Sin embargo, con la pandemia sucede algo inesperado.

¿Qué hacer en tiempos de pandemia? En estos tiempos se crean muchos portales israelíes que comienzan a difundir este material para investigadores y espectadores. Kamal Aljafari se pasa dos años grabando todo lo que se transmite. Aun cuando se implementan sistemas para impedirlo. Aljafari crea así su propio archivo del archivo. Estas imágenes que se habían mantenido escondidas en los archivos de Israel –imágenes luego intervenidas, editadas– serán la base de su film A Fidai film (2024). Una contranarrativa documental y experimental de la pérdida y la resistencia. Premio de la sección Burning Lights del festival Visions du Réel, una sección dedicada a las formas más audaces de la no ficción creativa.

Azar III – El olvido

En julio de 2024, el director quiere digitalizar las imágenes de su primer film The roof, el que filmó en 2004 en Palestina. Al buscar los videos, se topa con tres MiniDVs, uno de ellos con la inscripción en árabe: «Con Hasan en Gaza». No recuerda en absoluto qué son. Cuando el técnico pone el video en el reproductor, se engancha la cinta, por lo que debe esperar al día siguiente para ver de qué se trata. Al principio no recuerda haber filmado esas imágenes, pero reconoce su voz… Son las imágenes que grabó en dos días, el 1 y 2 de noviembre de 2001, cuando pudo viajar a Gaza por última vez –a partir de 2006 ya no estuvo permitido– y su contacto-guía y acompañante fue Hasan. Ellas se convertirán en su nuevo film. «El film que nunca rodé», dirá.

«Para Palestina el cine es un país» (Kamal Aljafari)

Con Hasan en Gaza (2025) está hecha de estos tres miniDVs. Es una road-movie. Son imágenes de un viaje desde el norte al sur de Gaza. 24 años atrás. En taxis, que también son taxis compartidos. Kamal Aljafari viaja con Hasan. Y filma todo el tiempo, sin pausa: filma como se vive la vida misma. Lleva una pequeña cámara que cuando no filma él, le pasa a Hasan. Cada uno con su estilo. Hasan ama el zoom. «Como si quisiera acercarse y llegar a la verdad», dice KA.

Allí está la vida, están los mercados ajetreados, la abundancia y los colores de las frutas y verduras, el tránsito, el mar, los pescadores, los niños en la playa, las sonrisas, las conversaciones espontáneas, los edificios, los comercios, los niños que piden siempre: «Sácame una foto, fotógrafo», las mujeres que muestran el misil incrustado en el techo de la sala de su casa; los hombres en el café que dicen: «Filma a los desocupados»; más adelante los hombres que van en fila a conchavarse para hacer trabajos para las fuerzas de ocupación israelíes –solo voces que hablan por altoparlante desde edificios en ruinas en barrios demolidos; enfrente: una casa de colonos, rodeada de alambradas en máxima seguridad. Allí está el aeropuerto de Gaza: Gaza todavía tiene un aeropuerto. Allí está el apartamento de Hasan, desde cuya ventana todas las noches se viven los disparos enfrentados de las fuerzas israelíes y la resistencia. Allí está la familia de Hasan, en imágenes amateurs, íntimas filmadas por él mismo.

Un joven KA emprende un viaje por Gaza a la búsqueda de alguien que conoció unos años atrás y de quien no tiene siquiera una dirección. Y finalmente son todos aquellos con los que se va encontrando los protagonistas de este film.

Las imágenes tienen la espontaneidad, la inmediatez, la cercanía de lo que se filma al paso, cámara en mano. Aljafari no trabaja aquí con la abstracción estética experimental de otros de sus films. Aquí opta por usar el material sin intervenir, sin editar, en orden cronológico. También sin incorporar referencias actuales a Gaza. «Sabemos sobre Gaza, no es necesario», señala. Y si bien el relato del film traza un arco que une dos momentos: la primera y la segunda Intifada, en una historia que se irá develando, tampoco lo hace a nivel de datos históricos, sino aportando una dimensión poético-metafórica.

Con talento y dominio lo que hace Aljafari es enmarcar sutilmente las imágenes recobradas y surcarlas a través «del lenguaje universal de la música», como señala. Es que: «Volveremos a ver lo que ya no se puede ver. La oscuridad lo envuelve todo ahora», escribe en correspondencia. Y así los videos comienzan con la imagen del check point donde se encuentra por primera vez con Hasan, pero el film no: el film comienza con la pantalla en negro y el pathos de una potente banda sonora. Y cierra con un texto escrito, autobiográfico, que terminará de cerrar el arco de un relato que tiene como escena inicial una cárcel, que ya se ha convertido en metáfora de un destino -que Con Hasan en Gaza deja ver que no es nuevo-, y de un territorio.

Cuando el genocidio se trasmite en directo, cuando las imágenes de la destrucción de Gaza inundan las redes y alcanzarían para llenar museos enteros, como señala Aljafari, Con Hasan en Gaza consigue dar cuenta de la catástrofe a través de las imágenes de la vida. De lo arrasado. De lo que ya no existe. Pero al mismo tiempo sigue existiendo en ellas. Y resuena en la poesía de las canciones populares que las surcan: «Regresaré a mi juventud/ cuando éramos felices», canta la voz en el atardecer sobre el mar. «Soy la voz del prisionero/ te llamo desde los exilios de la tierra.» «Sé fuerte con el tiempo si nos traiciona / tenemos que regresar», dice otra canción.

Trailer aquí

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claudia baricco

(isa.kar.wai) - Un cine real o virtual es el living de mi casa. Los libros son mi otro hemisferio. En un mundo donde todo es político. Latitud: B y B – Buenos Aires-Berlín, dos ciudades de contrastes.

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