Carolina Brown en Berlín

Carolina Brown es una autora chilena residente en Berlín. Ha publicado en su país natal varias novelas y libros de cuentos, el último es Principio de incertidumbre (Planeta Chile, 2024), del que vamos a hablar en esta conversación, además de otros temas como su vida en Berlín y sus orígenes como escritora. El encuentro tuvo lugar en un café de Berlín-Mitte en el verano de 2026. Esta publicación incluye algunos fragmentos de sus cuentos leídos por ella misma, con permiso de la editorial Planeta.


¿Puedes presentarte tú misma como escritora?

A ver, ¡qué difícil! Mi nombre es Carolina Brown, tengo 42 años, soy chilena, de Santiago, vivo hace cuatro años en Berlín, y yo creo que cuando vine a Berlín me convertí en otra persona. Para bien y para mal, porque, sí, la experiencia de migrar es una cosa media cataclísmica.

Pero no era tu primera experiencia de migración.

No, yo migré antes a Barcelona, durante el COVID. Siempre había querido vivir afuera. Vengo de una familia que es migrante. Todas las generaciones antes que yo han vivido en otros lados y siempre tuve ese bichito de salir de Chile, de ver el mundo. Durante el COVID estaba trabajando mucho online y me lo podía permitir. Entonces me fui primero a Barcelona con la excusa de un máster, que también era una manera de tener una rutina, de anclarme a algo. Y ahí migrar no me costó nada, no me costó nada hacerme amigos, me sentía muy cómoda en el idioma y en la ciudad. Tengo hasta el día de hoy dos grandes amigas en Barcelona, una es chilena, pero llegó ahí muy de pequeña, y la otra es colombiana. En cambio, venir acá me costó mucho. Por primera vez me sentí en un mundo muy extraño. Me costó mucho el carácter de la gente, me costó mucho el clima, me costó mucho esta honestidad sin filtro, que a veces yo creo que a los latinoamericanos nos parece un poco mala onda. Me costó también la ciudad. Berlín es una ciudad apasionante, pero no es una ciudad amable, y eso pienso que también me costó.

La falta del mar, viniendo de Barcelona.

Claro, echaba de menos el mar, echaba de menos la comida, echaba de menos las terrazas, y acá me llamó mucho la atención que a la gente la encontré un poco acusete, como que siempre quieren explicarte las reglas para que tú sigas las reglas. Eso me pareció invasivo, pero después me fui encontrando con otras cosas y ahora te diría que tengo un par de amigos alemanes que quiero mucho, pero al principio choqué con la cultura alemana. Quizás la tenía medio idealizada a través de la filosofía, y la literatura y me vine a encontrar con una cosa era muy dura. Y me costó.

Tú la conocías de Chile, allá hay mucho alemán.

Sí, yo tengo muchos amigos chileno-alemanes. Pero eso también es otra cosa. Fue muy loco, pero creo que ya me aberliné.

¿Por qué viniste? ¿O mejor por qué te fuiste quedando?

Me fui quedando porque no tenía ganas de volver a Chile todavía, sentía que me faltaba terreno por explorar. En Barcelona no encontré trabajo a largo plazo para quedarme una vez que se terminó el máster, y aquí sí se me fueron dando oportunidades de poder alargar mi estadía y terminé encontrando un trabajo estable y me pude quedar.

¿Qué relación tienes con el ambiente literario en español de Berlín?

Tengo relación con varios escritores de la escena de la escritora latinoamericana en Berlín: Douglas Pompeu, Timo Berger y Laura Haber de la revista Alba; Yuan Ovando de Material, con su compañero, Juan Ignacio Chávez; Isabel Mellado; Tomás Cohen y Enrique Winter, que está en Colonia; a Patricia Cerda también la conozco muy bien. Hago un taller en la librería Bartleby, que tiene mucha actividad.

¿Pavella Coppola y Sergio Ojeda?

A ella no la conozco. A él creo que lo conocí en la casa de Patricia Cerda.

No vas a eventos, presentaciones, lecturas…

Mira, ahora voy mucho menos porque estoy trabajando en horario vespertino y estoy con clases de alemán. La vida me ha chupado un poco y no tengo tanto tiempo, desgraciadamente, como antes. Este año he tenido un montón de compromisos laborales y estoy robándole horas al día para terminar una novela. En todo caso, es impresionante la actividad literaria de la ciudad, es una de las razones por las cuales la escogí cuando me fui de Barcelona, porque muchas de las escritoras que yo admiraba habían pasado o vivían acá. Estoy pensando por ejemplo en Fernanda Melchor o en Samanta Schweblin, me parecía que había aquí una actividad importante. Yo misma tenía muchos amigos artistas acá, quizás no eran escritores, pero son músicos, fotógrafos y de otras disciplinas. Y porque claro, mis alternativas laborales eran mejores y es una ciudad en el centro de Europa donde es relativamente barato vivir, aunque cada vez menos, pero si uno compara Berlín con Londres o París… yo no podría vivir en esos lugares. Y la verdad es que me sorprende porque en Berlín todos los días hay algo que hacer, hay algún evento, además hay publicaciones, se genera material editorial. Hay editoriales en español asentadas en Berlín, que publican en español.

¿Hablas alemán?

Ahora sí, aprendí acá. Creo que es un poco ingenuo pretender vivir de verdad en un país donde no hablas el idioma, porque te falta la mitad. Yo creo que Berlín es muy generosa en ese sentido, porque puedes hablar en inglés, puedes hablar en español, podrías hablar en turco, podrías hablar en un montón de idiomas, y hay mucha gente que te va a entender. Pero me parece que para de verdad vivir en un país y experimentarlo, tienes que hablar el idioma, porque en el idioma está el carácter, hay una psicología, hay una idiosincrasia de la gente que está ahí.

Es también una cuestión de actitud: o vivir en el entorno, o vivir ajena al entorno, en tus burbujas impermeables.

Yo siento que ahí los alemanes también perciben ese esfuerzo, lo agradecen y su actitud hacia ti cambia cuando ven que estás tratando de aprender y de integrarte.


Chuparle la sangre a Eulogia Domínguez. Fragmento.

Como escritora, ¿cómo te presentarías?

Como te decía antes de empezar la entrevista, yo creo que estoy en una etapa media de transición, quizás. Menos ingenua. En este momento, sería más fácil presentarme como lectora que como escritora.

Preséntate como lectora.

Soy una lectora muy promiscua. Leo de todo, me interesan casi todos los géneros. Leo mucho en inglés y también en español. Estoy empezando a leer en alemán, aunque más bien libros para niños. Me interesa toda clase de literatura y venirme a Europa me abrió la puerta también a autores que quizás en Chile no son muy conocidos En Chile tenemos una larga tradición muy fuerte de literatura latinoamericana que se conoce muy bien. Estamos muy influenciados por la literatura norteamericana también, y quizás por los grandes nombres del canon europeo, pero acá me vine a encontrar con otra gente, Estoy pensando, por ejemplo, en Cărtărescu, en otras figuras a las que no hay tanto acceso, o no lo había cuando yo vivía en Chile. Entonces me he encontrado con otro mundo.

¿Cómo eres como lectora? ¿Cómo lees?

Desordenadamente también. Puedo estar leyendo cuatro libros a la vez, sin ningún problema. Si un libro me agarra, no lo suelto y puedo leer hasta caminando o en el metro. Leo mucho en el transporte público, sobre todo en invierno, porque las distancias en esta ciudad son grandes. Leo mucho antes de dormir o a veces antes de desayunar.

¿Qué buscas? ¿Qué proyectas sobre el texto?

Yo te diría que me interesa más la psicología de los personajes que la acción. Me interesan mucho las voces. Cómo se expresa esa conciencia. Habitar la conciencia de otro. Y me interesa mucho también la parte técnica. Muchas veces paro o me devuelvo en un pasaje para ver cómo el autor hizo algo. Me interesa cómo se arma el ejercicio de contar, en qué orden cuentas, cómo son las perspectivas que eliges para hacerlo. Te diría también que soy una lectora que raya todos los libros.

¿Tienes buen oído para las voces?

Yo creo que sí. A veces leo en voz alta también. Cuando escribo mis diálogos, después los leo en voz alta, los actúo para que me suenen naturales, para que me suenen bien.

¿Has llegado a dictar un cuento?

No. Y todavía escribo mucho a mano, no el cuento en sí, pero tomo notas. Generalmente cada novela o cada proyecto de libro tiene un cuaderno, y en ese cuaderno voy anotando observaciones, cosas que saco de otras partes, citas. Necesito el vínculo con esa parte manual, pese a que no podría escribir un cuento completamente a mano. Pero no podría tampoco dictar un cuento. Pienso en ello, y me resulta sumamente incómodo. Necesito ver las letras.

Hemos pasado de la lectora a la escritora sin transición. ¿La manera de leer es la manera de escribir?

Son dos caras de la misma moneda, a nadie se le ocurriría preguntarle a un músico si escucha o no música, por ejemplo.

Hay una gran acusación general en España hacia los escritores que se dice que no leen, sobre todo los jóvenes, aunque es imposible leerlo todo.

Yo me acuerdo que en la universidad tenía un profesor que era un poco zafado, y decía “yo sufro porque nunca voy a poder leerme todo”. Yo te diría que esa sospecha sobre los escritores siempre está, al menos sobre cierta clase de escritores.

Volviendo a la cuestión anterior, ¿aquello que buscas en la lectura es lo que luego proyectas en la escritura?

Sí. Yo considero que es imposible escribir bien si no lees, porque simplemente te estás cortando del contexto, pero a veces también leo para perderme, para desaparecer, igual que mucha gente va al cine o tiene un videojuego. Y a veces leo para estudiar cómo esta autora hizo algo. Hay distintas metas dependiendo del libro, de mi ánimo.

¿Esperas que tus lectores se pierdan en la lectura tal y como tú a veces te pierdes?

Cuando yo empecé a escribir pensaba muy poco en el lector, y esto me parece que es propio de escritores más jóvenes. Estaba muy interesada en entender ciertas cosas del mundo que me parecían misteriosas, en particular cómo funciona el contacto humano. En mis libros siempre hay gente que quiere conectar con otro y no lo logra. Ahí hay una inquietud mía sobre la incomunicación, y probablemente tiene que ver también con algo que siempre me ha atormentado, que es una de las razones por las cuales estudié literatura, y es que el lenguaje no alcanza. Creo que estamos todos solos en nuestras cabezas y el lenguaje no alcanza realmente para hablar de la realidad. Siempre nos quedamos cortos.


Antropoceno. Fragmento

¿Qué es la realidad?

Algo que pensamos que es común, pero en verdad está dentro de nosotros.

La realidad está dentro de nosotros.

No sé cómo explicarlo bien, quizás me van a faltar las palabras y acá vamos a tener que editar harto. Pienso que vivimos de alguna manera en un mundo compartido, ¿no es cierto?, tú y yo estamos sentados en esta mesa y todo, pero la manera que tenemos de relacionarnos con esta realidad es a través del lenguaje y a través de nuestro cerebro. O sea, hay una parte que es compartida y hay una parte que es completamente individual. Me apasiona la perspectiva, el mismo suceso puede ser visto desde dos encuadres distintos, y son sucesos diferentes y a veces no hay punto común y a veces hay fricción. Eso siempre me ha parecido sumamente interesante. Ahora, mientras más experiencia tengo en el oficio de escribir más pienso en el lector. O sea, ha ido cambiando el foco desde mí, desde lo que yo quiero explorar, hacia el otro, cómo lo va a recibir. Eso tiene que ver con madurar.

La comunicación entre personas también es la comunicación entre el escritor y el lector. Si dices que la comunicación no es posible…

La comunicación total, quería decir.

…tampoco lo es el escritor y lector. Al lector siempre le va a faltar algo de lo que está leyendo.

Pero eso es maravilloso porque él lo completa.

Entonces no hay comunicación.

Es que hay y no hay al mismo tiempo, creo que el cuento que yo me imagino en mi cabeza nunca va a ser exactamente el cuento que tú lees, aunque las palabras sean las mismas. Hay un punto común y hay otro punto en que no coincidimos. Ese ser y no ser, ese vaivén que puede ser más o menos, me parece interesante.

La lectura no es un acto comunicativo, sino un acto creativo.

Yo lo creo, sí.

Tú provocas cosas que no sabes qué forma van a tener en el lector.

Exacto.

No te preocupa, digamos, la coincidencia entre lo que tú mandas y lo que se genera después.

Yo creo que yo no mando nada.

Escribes un cuento con una estructura, una voz, unas palabras que llegan al lector. Y luego ya él hace lo que quiere.

Claro, porque una vez que el cuento sale ya no es mío.

Todo esto tiene que ver con el proceso creativo. Tú inicias algo, y la manera como lo inicies tendrá que ver con lo que esperas o supones  que va a suceder del otro lado.

Claro. O sea, yo quiero contar algo, lógicamente quiero contarlo lo mejor posible, lógicamente quiero contarlo lo más fidedignamente posible a esa idea que tengo en la cabeza, pero al mismo tiempo acepto que esa exactitud de lo que yo quiero contar nunca va a llegar a ser exactamente así en la cabeza del otro, y ese vacío, ese espacio que hay, es lo que me interesa.

¿Por dónde empiezas?

De mil maneras distintas. Cada cuento tiene su propio origen. A veces es algo que alguien me contó, a veces es una noticia que viene al diario, a veces es una sensación, una imagen, una película, una experiencia personal. Puede venir de cualquier lado, pero generalmente es una idea, un pensamiento, una sensación, que se queda conmigo y va creciendo y echando raíces. Yo soy el tipo de escritora que piensa mucho antes de sentarse a escribir. Puedo estar dos semanas, tres semanas, cuatro semanas rumiando el cuento: mientras lavo los platos y mientras paso la aspiradora y mientras mando mails en el trabajo, estoy pensando en esto. De repente esa idea se asienta, se queda quieta, y me digo “Esto lo quiero contar de esta forma, así, más o menos con este narrador, más o menos en este orden”, y ahí me siento a escribir.

¿No haces un plan previo, no tomas notas, haces fichas?

No hago fichas. Tomo notas de una manera muy desordenada y generalmente a veces vuelvo a ellas, a veces no. Por eso me gusta escribir a mano, porque me acuerdo mucho mejor. Yo creo que mi memoria tiene algo visual, porque cuando escribo las cosas a mano las retengo en mi cabeza, y generalmente me hago un plan pero muy simple. Escribo cuando ya siento la idea ya tiene una forma dentro de mí y cuando yo puedo impostar esos personajes, habitarlos, como un ejercicio medio esquizofrénico. Cuando ya sé cómo va a ser ese personaje, me lo imagino, me imagino cómo habla, me imagino un poco cómo se siente, ahí me siento a escribir.

¿Surgen muchas cosas imprevistas en el momento de la escritura?

Surgen, pero no tantas como pensaría.

Lo tienes muy madurado antes de ponerte a escribir.

Sí, porque yo soy una persona muy ansiosa. Si me siento sin un plan o sin esa cosa en mi cabeza, no avanzo.

¿Tienes el final en la cabeza?

No siempre. Para las novelas nunca tengo el final. Yo te diría que en general, en los cuentos ya tengo el final, y hay veces en que parto por el final, no siempre. Y a veces pasan cosas inesperadas, a veces no, y a veces simplemente son como golpes de timón. Mientras más conozco al personaje y su situación me digo, por ejemplo, si sería normal que se pidiera un capuchino, si sería más normal que hiciera esto otro. Voy ajustando, pero eso pasa en la medida que lo voy conociendo.

¿Entiendes el cuento como un engranaje en el sentido que hablaban Cortázar u Horacio Quiroga?

Sí. Lo entiendo como un engranaje, como una máquina, y en ese sentido también a lo Hemingway, esconder lo que más se pueda, y ojalá ese cuento funcione como un crisol: una situación muy acotada en el tiempo, que me explique exactamente quién es ese personaje y que sirva como una especie de resumen o muestra de quién realmente es ese personaje y qué hace en el mundo.

Con engranaje me refería a que todas las piezas tengan sentido y que no haya nada que no tiene que ver con todo, tiene que estar ahí bien medido, en su sitio.

Sí, para mí sí. Generalmente edito mucho y borro mucho.

¿No somos un poco esclavos de esa idea del cuento?

Pero a mí me gusta, me funciona, me acomoda, me entretiene también. Yo creo que hay ahí un juego de armar estas piezas.

¿Cuáles son tus referentes como cuentistas?

Cuentistas como Chejov, Hemingway, María Luisa Bombal, Horacio Quiroga, diría que esos son los que se me vienen a la mente. Y ya más modernos, a Samanta Schweblin y a Mariana Enríquez las he leído un montón.

¿Son referentes más formales, de contenido, éticos?

Yo diría que formales en un momento sí, sobre todo la Bombal, que la leí a los quince años y tuve una impresión muy intensa. En Chile se lee en el colegio. Yo todavía me acuerdo exactamente qué estaba haciendo y dónde estaba la primera vez que la leí, porque fue como una cachetada, no se parecía a nada de lo que había leído antes y sobre todo desde una sensibilidad tan de mujer, eso también me pareció maravilloso. Me impresionó mucho de adolescente y cada cierto rato la vuelvo a leer. Hay algo en Bombal que me marcó mucho y es la relación con el paisaje, eso no está tan presente en Principio de incertidumbre pero sí en mis otros libros. En Chile hay una relación muy fuerte con nuestro paisaje.

Fíjate lo que pasa en la poesía, por ejemplo con Pablo de Rokha. El valor del paisaje en su poesía es impresionante.

Yo creo que eso es algo que está en nuestra identidad nacional. No hay ningún chileno que te vaya a decir alguna vez que el paisaje de Chile es feo, todo lo contrario. Es orgullo nacional. En Chile hace años hay una pérdida muy fuerte de la confianza en las instituciones y en las autoridades, en los discursos y a medida que vamos perdiendo esos referentes, el paisaje permanece como un ancla a ciertas ideas que tienen que ver con quién soy yo, de dónde vengo. El paisaje a mí también me parece como el último lugar de misterio frente a la vida moderna.

El paisaje te da para la poesía, pero para la narrativa, menos.

No estoy de acuerdo. Cuando chica leía mucha literatura victoriana, porque tenía un abuelo que me mandaba libros de fuera, y aparecía una relación casi simbiótica, o a veces de contrapunto, del individuo con el paisaje y eso era fundamental para la historia.

¿Hay una tradición de cuentistas chilenos?

Hay una tradición muy fuerte en un género que tal vez yo no engancho mucho, que es el realismo y el criollismo. Estoy pensando en Manuel Rojas, que tiene un montón de cuentos; en Baldomero Lillo , con sus cuentos como deterministas; en Marta Brunet, que tiene un cuento maravilloso que se llama La piedra callada, un cuento muy lindo en el que aparece el habla del campo chileno. Hay una tradición, pero yo siempre traté de despegarme un poco del realismo y eso tiene que ver con mis intereses personales.

¿Cómo construyes una voz? Cada cuento del libro es una voz diferente.

Estas son cosas que tengo más en el inconsciente, pero en Principio de incertidumbre me interesaba que cada cuento tuviese un narrador distinto. Hay cuentos donde hay alguien contándole algo a alguien y lo interpela, estoy pensando en El Tótem, por ejemplo, o en Antropoceno, ahí la voz está interpelando a un otro, que puede estar o no dentro. O sea, hay una imagen de ese lector dentro del texto, implícito. Yo te diría que parto por el personaje, incluso si es el narrador, ese narrador tiene cierta configuración, tiene emociones, hay narradores que son muy rabiosos, hay otros que están medio derrotados. Estoy pensando en la voz que narra Selección natural, que es un cuento sobre algoritmos, que tiene esta cosa determinista, fría, psicópata. Entonces, parto configurando esa psicología: ¿Qué quiere? ¿Para qué está haciendo esto? ¿Para qué me está contando esto? Es una pregunta que muchas veces me hago. ¿Quiere sacar algo? ¿A quién se lo está contando y por qué? Parto por imaginarme esa voz como una persona, cómo sería, cómo ocuparía el mundo, no sé, cómo habitaría el espacio.

¿Y la oyes hablar?

Sí, a veces sí, pienso qué palabras ocuparía. Este libro en particular nació en la pandemia y está dialogando…

Luego hablamos del libro, ahora estamos hablando de forma más genérica. ¿Los temas te surgen de forma aleatoria, o tienes tus temas?

Yo creo que un tema siempre ha sido la incomunicación, o la imposibilidad de conectar o la imposibilidad de comunión. Me lo dijo una vez mi traductora, y después empecé a verlo en todos los libros. Otro tema es el de mujeres que tienen trayectorias de vida un poco extrañas, o profesiones extrañas, o deseos extraños, o no se están comportando como se supone que deberían comportarse. En el primer cuento hay una escolar donde todas las jerarquías de poder se subvierten. Eso siempre me ha interesado mucho. Sí, la gente que vive en un espacio medio liminal de la sociedad, o que tienen dobles vidas. Yo diría que eso ha sido siempre una veta.

En ese primer cuento en el que una chica se mete en la casa de la influencer para hacerse una foto, como lector, siento la extrañeza, no se me presenta esa situación como algo, desde el principio noto que hay algo raro. Parece que partes de una realidad compartida con el lector pero el comportamiento es extraño dentro de una realidad que sería la misma que tú tienes y el lector también.

No sé sí te entiendo bien.

Tú no escribes realismo mágico, escribes realismo. Lo que no quieres escribir es lo que en España se llama costumbrismo, que en Chile es criollismo. Tú eres una escritora urbana.

Sí.

Tu realidad es la misma realidad de Santiago, Berlín, Barcelona, Madrid.

Sí, hay ciudades que aparecen acá que podrían ser cualquiera.

Desde ese punto de vista escribes de forma realista.

Claro, pero también creo que la realidad tiene, en estos cuentos, un componente que es amenazante o fuera de lo común.

Las relaciones de causa y efecto son las que conocemos todo el mundo, no las que pueden aparecer, por ejemplo, en los cuentos de Borges.

Sí. Yo creo que en general son cuentos bastante apegados a las leyes de la física, del tiempo, del espacio. Diría que simplemente la realidad se vuelve algo inquietante o un poco fuera de lo común, tal vez, pero siguen siendo como plausibles, verosímiles.

Son muy largos tus cuentos, creo, pero mantienes muy bien el tono. Yo me imagino que hay una cantidad de reescritura ahí impresionante. Además, es una lectura exigente.

Nunca habría pensado mis cuentos como largos. Por ejemplo, Antropoceno sí lo considero un cuento largo, pero hay muchos otros que los encuentro cortos, pero claro, qué es largo, qué es corto. Mira, hay harta reescritura, yo te diría que sí, en algunos mucho más que en otros que salieron muy fáciles, y me sorprendieron lo fácil que salieron. Antropoceno, por ejemplo, que es el más largo, fue un cuento muy fácil de escribir, creo que yo estaba muy en sintonía con lo que quería decir ahí, una reflexión sobre el mercado laboral que le ha tocado a mi generación. Hay otros que me fueron muy complejos. El tótem fue un cuento muy difícil, me tomó casi ocho meses, fundamentalmente porque en algún momento me dije que no estaba funcionando, lo tiré a la basura, lo empecé a escribir en inglés y en inglés encontré el tono y después eso lo volví a pasar a español. Yo creo que es muy cierto eso que dicen que uno cuando habla otros idiomas cambia un poco, porque yo creo que la Carolina que habla en español y es latinoamericana puede ser un poco más melancólica y un poco más dulce que la Carolina que habla en inglés, que definitivamente es bastante maligna. Tiene esa veta como negra.

Justamente El tótem empieza con Bolaño, y no lo has nombrado antes.

Es el gran referente de mi generación. Las putas asesinas, tremendo libro.

Yo anoté esto junto al cuento: “¿A quién le cuenta la historia?”. Eres muy consciente de este tema.

La interpelación. Por ejemplo, la chica de Antropoceno está hablando con un pingüino, y esta mujer está hablando con su consolador.

¿En serio?

Por eso dice “Ya casi terminamos y tu batería está a punto de agotarse”.

Podría estar hablando por el móvil.

Hay otra parte donde le dice que no se enojes pero que hay un modelo nuevo con ondas sónicas. Son cosas muy pequeñas, no quiero que se note a la primera.

¿Crees que si lo lee una mujer, lo pilla?

Hay una persona que lo ha pillado, y varias personas que no lo han pillado.

O sea, que no es solamente una voz, sino que hay un interlocutor en algún sitio. Este libro es el último que publicaste.

Sí, es del 2024.

¿Es el mejor, el resultado de todo un proceso?

Yo creo que sí.

Todos son temas chilenos. No hay nada ubicado ni en Barcelona ni en Berlín.

Este libro tiene una génesis que es bastante personal, todos los cuentos están hablando con libros que han sido parte de mi canon personal. En pandemia me fue imposible leer cosas nuevas, porque estaba muy estresada, pensaba que nos íbamos todos a morir. Fue antes de viajar a Barcelona, estaba en Chile, me quedé sin trabajo, todas las noticias eran horribles, nadie sabía lo que iba a pasar. Me acuerdo de estar sentada tratando de leer un libro de Ariana Harwicz y no entender nada, y volver atrás y adelante. Entonces me empecé a releer libros que habían sido muy importantes para mi canon personal. Me releí 1984, por ejemplo, que es del que habla No estaban diseñados para ser amados; Chuparle la sangre a Eulogia Dominga, obviamente habla de la figura del vampiro; Homeostasis, habla con Frankenstein; El Tótem con Bolaño, lógicamente. Dolor Fantasma habla con El Vi, un cuento de Gogol y con Otra Vuelta de Tuerca; Selección natural habla con El corazón de las tinieblas; y Antropoceno habla con las películas de zombis que siempre han sido para mí un escape. Mi idea era, de alguna manera, y esto me empecé a dar cuenta después, que estaba hablando con estos libros que habían sido tan importantes para mí, y no era necesariamente una reescritura, pero sí había una idea que venía de ahí y se elaboraba desde mi contexto. Siento que es mi libro más metaliterario, por así decirlo, porque estoy hablando de una conversación que empecé a los seis años cuando aprendí a leer.

Menos en El Tótem, en ninguno está esa referencia metaliteraria. Tampoco está en la introducción, ni en la solapa. Eso no está en ningún sitio.

No, porque es algo personal. Siento que era necesario para mí en el armado del texto y en el concepto del libro, pero no siento que sea necesario para el lector. Creo que el lector puede disfrutar el libro sin saberlo.

Es parte del proceso creativo. Si es el final de una época, ¿qué pasa ahora?

Estoy escribiendo una novela. Mi trayectoria se ha dado así, creo que tiene que ver también por cómo trabajo, he publicado cuento – novela – cuento – novela. Ahora toca novela. Además, en general siempre te presionan para que escribas novelas, porque a las novelas tiende a irles mejor que al cuento. Una novela es una carrera muy de fondo, a mí nunca me toma menos de tres años terminarla, y cuando la odio y no quiero verla, la meto en un cajón y me pongo a escribir cuentos, y por eso yo creo que van tan a la par. La novela nueva tiene que ver con la migración, tiene que ver con Alemania. Son dos personajes que migran en distintos momentos de la vida, una es una mujer vietnamita que llega a Alemania siendo muy pequeña, y la otra es una mujer latinoamericana que llega pasados los 40. Son dos perspectivas de la migración y hay mucho de aprender y vivir en otros idiomas. Es un libro que tiene que ver con el paisaje del alemán. Yo tuve suerte porque en mi casa en Chile hablábamos en español, pero mi papá venía de una familia inglesa y me hablaba mucho en inglés, yo leía mucho en inglés y fui a un colegio inglés. No recuerdo haber aprendido inglés porque empecé desde muy pequeña. La experiencia de adulta de aprender un idioma de cero ha sido algo a la vez maravilloso, aterrador, frustrante. Además, un idioma como el alemán, que es tan específico y que tiene estas estructuras en que las comas van en lugares absolutamente precisos y no se pueden mover de ahí, y el verbo va en cierto lugar en la oración y no se puede mover de ahí. Me pareció, cuando llegué a Alemania, que estaba en un bosque de noche y no tenía linterna. Ahora me impresiona ver lo mucho que puedo moverme en otro idioma, obviamente no podría tener esta conversación en alemán, pero me las arreglo bastante bien, y ha sido relativamente rápido si uno piensa en lo complejo que es. Me maravilla el cerebro humano, de verdad.

El choque con la lengua es uno de los temas más típicos de la emigración en Alemania, frente a la emigración en Francia o en Inglaterra. Escritores como Cortázar en París, o Cabrera Infante en Londres, no lo tematizan. En Alemania se tematiza mucho conflicto lingüístico, por ejemplo Esther Andradi o Fabio Morábito o los becados de la DAAD.

A mí me parece que es imposible no hacerlo, tiene que ver con la cultura, la idiosincrasia, la manera de ver el mundo. Están juntos. 

Proyectamos una experiencia migratoria en el roce con el idioma y no en otras cosas. Hay muchos otros temas pero el idioma parece que aglutina todo lo demás.

Es la manera en la que te comunicas con el resto. Yo acá por primera vez me sentí marciana, y eso que venimos de un acervo sociocultural más o menos similar, y aun así me pareció por primera vez que yo era un marciano.

Esto es parte de la novela, en las dos mujeres.

Sí. Además tienen viajes inversos, porque una está en la cima del éxito y, de alguna manera, no está contenta en ese lugar, está profundamente frustrada, y la otra está en un momento vital muy malo donde ha perdido todo y está tratando de reubicarse. Van en viajes cruzados.

Es importante que sean mujeres.Es lo que me sale natural. Creo que en algún momento elegir protagonistas mujeres sí tenía que ver con que sentía, sobre todo cuando estaba en la universidad, que las mujeres estábamos sub representadas en el canon. Me aburrían mucho los roles a los que parecían condenados los personajes de mujeres. Ahora es un lugar donde estoy cómoda, pero si alguna vez me dan ganas de escribir un hombre, voy a escribir un hombre. A mis mujeres hay gente que las considera muy masculinas, pero también me parece que es algo altamente debatible.


Homeostasis. Fragmento

¿Puedes contarme un poco sobre la edición de este libro? Tú ya tenías el manuscrito, lo mandaste a Seix Barral…

Yo estoy con Planeta Chile hace más de diez años. Casi toda mi obra, salvo mi primer libro de cuentos, está en Planeta, y la verdad es que tengo el mismo editor desde el 2017. Es alguien con quien yo me siento muy cómoda, tenemos mucha afinidad, me conoce mucho, hay mucha confianza. Y en general, creo que también soy un poco neurótica, me cuesta soltar las cosas, las entrego cuando están muy pulidas. Entonces, tampoco hay un proceso de edición tan largo. En la novela que estoy escribiendo ahora ha sido un poco distinto porque me he ido atrasando por temas vitales y hemos tenido más trabajo, pero en Principio de incertidumbre hicimos solo algunos cambios, hablamos del orden, en lo que mi agente me dio como unos tips muy buenos. Siempre trato de ordenar los cuentos con algún criterio que muchas veces es un misterio para el lector porque me lo guardo. Por ejemplo, Rudas tiene un criterio geográfico de Norte a Sur, que es como uno concibe Chile en un mapa o como uno se imagina de pequeño que recorre Chile. En el agua, que fue mi primer libro de cuentos, tiene un orden cronológico: pese a que son puros protagonistas distintos, puse a los más jóvenes primero y de alguna manera eso produce como un efecto de eco, como que podría ser el mismo protagonista que va creciendo, pero no. Y en Principio de incertidumbre también van ordenados en el tiempo.

¿En el orden como los escribiste?

No. Los cuentos van de lo más contemporáneo a lo más futurista. El último cuento sucede en 2045

¿Y la portada?

Me la sugirió Planeta. Sale la peluca de Homeostasis, el cabello que una de las protagonistas llama “La Criatura”, está Bolaño, ahí, y están los pingüinos.

Lo primero que uno ve es que falta la cara. Me parece muy sugerente. Claro, hoy en día la portada es la mitad de la venta.

Está muy fuerte eso. Uno llega a la librería y el mesón de novedades es una cosa tan grande que no alcanzas a ver los estantes. Tiene que entrar por los ojos.

Se distribuye solamente en Chile, Argentina y Uruguay.

Sí, bueno, esto los lectores no lo saben, pero en general las grandes casas editoriales funcionan como sedes separadas. Planeta Chile no es lo mismo que Planeta España, no es lo mismo que Planeta México, por ejemplo, y cada una tiene sus propias redes de distribución y ámbitos de influencia. Yo estoy en Seix Barral Chile, que pertenece al Planeta Chile, por eso mi libro no se encuentra en Barcelona. Esta manera de operar también hace que para los escritores latinoamericanos sea difícil entrar a España, porque además España sigue siendo de alguna manera la puerta de entrada para toda Europa, hay un cuello de botella gigante, porque hay escritores de todos los países latinoamericanos tratando de entrar a España y, lógicamente, las editoriales españolas no van a publicar a puros latinoamericanos porque también tienen un montón de escritores locales a los que les interesa promover.

¿Tú podrías publicarlo en otra editorial en España?

Sí, pero es muy difícil entrar, sobre todo con cuentos.

Nosotros intentaremos que se conozca en Alemania.

Lo agradezco. Este libro ganó un premio bastante importante el año pasado, que es el premio a la  Mejor Obra Literaria del Ministerio de Las Culturas de Chile. Ganó en la categoría Cuento. Ahora salió una segunda edición.

Muchas gracias, Caro, por esta fantástica conversación, y quedamos atentos a la próxima novela que tratará de Berlín.


El libro se puede adquirir a través de las librerías de Berlín: Andenbuch, Bartleby & Co.


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Iñaki Tarrés

Vivo en Berlín. Escribo en español sobre literatura, arte, educación. Soy editor en Desbandada. Hago muchas de las fotografías que uso en los artículos que edito. Me interesa contribuir a crear comunidad en torno al idioma común en este país, Alemania, y soy consciente de que la revista llega a todo el mundo.

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