Pavella Coppola: poesía nómada

Pavella es una de las voces chilenas presentes en la antología recientemente presentada en el Instituto Cervantes, Voces periféricas, de la que ya hemos publicado dos artículos, y que nos ha dado pie para reflexionar sobre la poesía que se hace en español en este país. Para seguir con esa reflexión crítica, hemos propuesto a Pavella esta conversación sobre su poesía, en la que nos ha dado una primicia muy interesante: participará en la celebración del Día del Libro 2024 en el Instituto Cervantes de Berlín junto a otros tantos escritores en español residentes en Alemania.

Buenos días, estamos aquí en Berlín, en el restaurante El Colmado, cerca de Alexander Platz, al lado de la Rotes Rathaus, un día que hace sol pero fresco, para conversar de poesía con Pavella Coppola. Un gran tema de conversación. Tengo que decir que yo, personalmente, no te conocía, y creo que muchos poetas con los que he hablado con te conocen, al menos como poeta, así que la primera pregunta es inevitable: ¿te puedes presentar?

Soy Pavella Coppola Palacios. Soy de familia de emigrantes italianos y emigrantes sefardís españoles. Tuve la suerte de haber nacido en Chile. Soy una nómada. Creo que por esto también pocos me conocen. Estudié arte y teoría del arte en Leipzig. Mi padres fueron exiliados; eran tiempos de dictaduras en América latina, eran los tiempos donde todavía existía el muro. Luego regresé a Chile. Mi escritura como tal se inicia con mi nomadismo, es decir, hace rato; habla del cruce, de la interferencia de mi propio nomadismo y la palabra nómada. Luego, me traslado a varios otros países. Regreso a Alemania. Viví acá 14 años en mi primera estadía, hace 5 años que estoy nuevamente en estas tierras. Soy doctora en filosofía. Me dediqué muchos años a la academia, trabajé en la Universidad. He hecho clases de teoría del arte, de filosofía, de estética. Estudié arte en lo que era la antigua Universidad Carlos Marx, que hoy se llama Universidad de Leipzig.

O sea, que has vivido más tiempo fuera de Chile que en Chile.

No, viví más de 30 años en Chile. Volví de Alemania a Chile, luego estuve en Italia, pero viví mucho tiempo en Chile y me dediqué a la docencia académica, a la investigación en Chile. Y hace 5 años estoy aquí nuevamente en Alemania por razones familiares. Respecto a mi escritura, tengo muchas publicaciones, muchos ensayos. Si alguien me pregunta cómo me autodefino: soy un ensayista. Me gusta y acomoda el género del ensayo.

Y tu tema es el arte, la estética.

Creo que mi tema es la provocación que me resulta cualquier palabra, y desde ahí la reflexión que uno puede hacer. Transito entre la literatura, el arte, el urbanismo y las praxis cotidianas. Pensar y dar forma a ese pensar, por decirlo de algún modo. Últimamente me he concentrado en pensar el nomadismo, ensayar una suerte de pensamiento del nomadismo. Mi último trabajo al respecto se va a publicar prontamente; digamos que aún trabajo en ello, pero el grueso está concluido, ahora estoy corrigiendo y editando. Se trata de pensar el desplazamiento, más allá o más acá de lo que comprendemos como movimiento a secas. Más allá de los datos estadísticos y variables, sabemos que este nuestro mundo es un mundo donde todo se mueve, que la crisis emigratoria afecta una gran cantidad de países, a la par las insolentes injusticias y desigualdades, que las tecnologías nuevas permiten trabajar remoto, y que, por tanto, no sólo el lugar físico de quien trabaja varía, sino también las nociones respecto del tiempo. Un mundo en movimiento que se enfrenta a una concepción estática del mundo. A veces ambas visiones entran en crisis severas, en pugnas. Ahí radica una tensión que nos debe hacer pensar. Esa es mi presentación, van a ir saliendo más cosas en la medida que sigamos conversando.

La idea es hablar más de poesía que de filosofía. 

Por supuesto.

Pavella Coppola. Foto de William Reudinger

La palabra nómada te despierta una serie de contenidos que has volcado en tu poesía.

Así es. Tú eres filólogo, por lo tanto sabes que la poesía y la filosofía encuentran un nudo común en la ποίησις \poiesis\. Entonces, esta manera de ser también un transeúnte en la palabra poética o en la poesía, implica trabajar (digamos, pensar y sentir) el lugar que ocupa esa palabra sensible. Yo creo que ese es el ejercicio que hace todo poeta y todo aquél que hace de la escritura su cotidiano oficio. El tema de la poesía es un territorio bien interesante para practicarlo, y para hablar de ello.

En cuanto a identidad, ¿cómo defines la palabra nómada? ¿Cómo te defines en cuanto nómada? ¿El nómada es el que no tiene vínculos con la tierra?

El nómada es el trashumante, el que está siempre en movimiento. No es solamente un movimiento rectilíneo, en el sentido de moverse desde A hacia B. También hay un movimiento con la palabra. Yo puedo estar en el mismo domicilio durante 50 años, no haberme cambiado nunca, y, sin embargo, mi escritura es una escritura nómada.

Ya lo decía Kafka, no hace falta que salgas al mundo, abre la ventana y el mundo se te presentará.

Exacto. Entonces, el nomadismo es esa trashumancia, que me parece hermosa, como un gesto constante de agitación, y de revisión, y que lo hace también la poesía, omás aún , la escritura. La poesía tiene ese don y esa posibilidad de desarmar cualquier estructura y transformar esa palabra en nómada. En ese sentido, yo creo que lo nómada es justamente una suerte de… Cómo decirlo, quiero ser justa con las palabras…. Pensándolo en voz alta, se trata de una suerte de agitación, una suerte de deformación, de transgresión, de creación.

Entonces, no habría algo parecido a una especie de tradición poética en la que te reflejas.

Yo, personalmente, no. Pero sí tengo mis propios gustos y obsesiones, como cualquier poeta.

Pero eso es otro tema. Quiero decir que no te sientes inserta en una tradición chilena, porque la poesía chilena es una de las más potentes de América, evidentemente. En el mundo hispánico tiene una voz propia y es muy difícil ser chilena y no sentir que todos esos poetas chilenos viven en tu voz.

Sí. Esa es la tradición, tienes toda la razón.

Desde Huidobro a Parra, tanto los grandes poetas chilenos como las poetas chilenas.

Yo creo que uno de los territorios más potentes de Chile es justamente su palabra poética, su producción poética. Es similar a lo que sucede en Perú, son tradiciones fuertísimas. Si tú me me preguntas así y me llevas, digamos, a esa instancia, si me reconozco en una tradición, te diré que mi propia palabra poética es una palabra de tránsito. Y encuentra, quizás, en la voz de Pablo de Rokha, en la voz del propio Neruda, una fuerza que para mí es una fuerza telúrica y necesaria, una energía latente y voraz.

Esa es la palabra más usada por Pablo de Rokha: telúrico. Es un poeta fantástico por la visión que tiene del paisaje, del planeta, de la tierra. Y luego está su visión de la comida, que es un tema central en su poesía.

Yo creo que ahí hay dos líneas que son inamovibles, y que nos instalan en una suerte de tradición respecto a las estéticas y a lo poético. Es justamente esta línea más apolínea, o más dionisíaca, y de Rokha es un Dionisio en la tierra, que ganas de haberlo conocido…. Como ensayista y poeta , como mujer, considero que se trata de una palabra dura, drástica, por decirlo de alguna manera. Escribí hace un tiempo un ensayo sobre su poesía. En mi libro Boceto del desborde, hay otro ensayo más sobre Canto del macho anciano. Si mal no recuerdo también en otro libro mío que se llama Fragmentos para una literatura desbordada hay algunos asuntos sobre su escritura. En ambos textos  trabajo, justamente, el tema del desborde en de Rokha, del exceso, incluso tipográfico de sus libros. Ahí sí me reconozco. Esa fuerza me interesa mucho.

Además, Rokha tiene una parte de la ética del poeta: él se dedicaba a recorrer Chile con una maleta vendiendo poemas. Él nunca quiso entrar, digamos, en la poesía más…

Se distanció del establishment. 

Exacto, quería esta confrontación ética con el otro Pablo, la lucha de los dos Pablos. ¿Eso también te resulta atractivo? Él es el gran nómada dentro de Chile.

Sí, él es un nómada dentro de la tradición literaria chilena. Es más, yo creo que él es un outsider, un extraño, un trashumante. Se intenta encasillar a  de Rokha, y yo tengo la sensación que es como un pedazo de greda que no puedes dejar que se seque en ningún lado. Y esa libertad es la que a mí me provoca e interesa. Para mí es eso, o sea, un lugar donde la palabra no tiene esa frontera o esa etiqueta que , por de pronto, insistimos en resguardarla o poseerla. De Rokha es un pilar importantísimo de la poesía chilena.

Otro poeta con una fuerte implicación ética es Raúl Zurita, que es más contemporáneo. No sé si lo conoces personalmente.

Sí, conozco su extraordinaria obra, además de ser amigos. Yo diría que la escritura de Raúl es una escritura que trasciende, digamos la nomenclatura de una poesía regional. Si bien recoge lo propio, su voz se amplía hacia confines inconmensurables para ser universal, muy cercano a Neruda en ese sentido. En él hay una prosa poética tremenda, desbordada, muy dionisiaca, y, por cierto, muy política. Él es hoy un eje central de la poesía chilena y, me atrevo a decir, de la poesía contemporánea . Es sin duda uno de estos pilares de los que estamos nombrando, Huidobro, Parra, Neruda, Zurita, y Gabriela Mistral, obviamente.

Estamos hablando de la palabra nómada y de tu vinculación con la tradición chilena. ¿Lo contrario de nomadismo sería desarraigo? En el sentido de que el que está fuera o se siente nómada, o se siente desarraigado, desde nuestra perspectiva de poetas escribiendo en español fuera de un entorno hispanohablante.

Mira, yo creo que la posibilidad de pensarse como nómada es justamente resistirse a esa sensación un tanto melancólica y trágica del desarraigo. Sentirse en una escritura nómada implica que la escritura puede trasladarse a cualquier lugar. Absorbe aquello que le parece interesante como accidentes lingüísticos, incluso. Se deja permear, y no lo transforma en un purismo que lo haga sollozar. El desarraigo es una sensación, desde mi punto de vista, que pertenece mucho más a una manera de comprender la escritura, el arte, la vida, desde un padecer.

Victimista.

Algo así.: “Ay, pobrecito, yo que he perdido todo, yo que no vivo en mi lengua, yo que tengo que escribir mientras estoy comiendo una Bockwurst…” (Risas). En cambio, cuando tú insistes en que estás ( o estás siendo) en una escritura nómada, que tienes todas las fronteras abiertas, y que recoges aquello que te interesa y desechas aquello que no te interesa, es una posibilidad de obviar , o aniquilar conscientemente , esa victimización o padecimiento.Hay una libertad de elección que, a la misma vez, puede ser una tragedia, lo que no invalida, sino complejiza.

En relación con esta idea de poesía nómada está el tema de los mapas. Más que el paisaje, los mapas. ¿Tiene que ver con la idea de viaje, o tiene que ver con esta idea que tenía Borges del laberinto?

Claro, Borges es un ser que busca desde la construcción de una arquitectura laberíntica. De hecho, mi primer poemario se llamaba La buscadora. Mira, curioso, ¿eh? Estos mapas son ciertas caligrafías, ciertas grafías, que permiten observar esa tierra, esas sociologías, esas poéticas que uno va construyendo también. Siempre me han interesado los mapas.

El último libro de Pavella Coppola, fotografiado en El Colmado de Berlin-Mitte.

¿Qué simbolizan?

En realidad, los mapas son caminos, esos caminos que se hacen al andar como dice la canción… No son representaciones del mundo. No, no lo son, no. Son experiencias. 

En Borges hay un cuento que habla de un mapa de escala 1:1. Un cuento en el que la representación se superpone a la realidad. El mapa para ti no es una representación del mundo, del paisaje.

No. El mapa es una herramienta y también una experiencia que permiten caminar. Por supuesto que hay, digamos, una construcción representacional, es una grafía. Pero la relación que yo tengo con los mapas, un poco por razones obvias de mi experiencia de vida que te he contado, en el sentido de lo nómada, es que son una suerte de caminos que me permiten andar y desandar. Interesante la pregunta que me haces porque en realidad no me había detenido, lo he vivido más que nada. Ha sido una cosa más experiencial, más vívida que intelectual. Interesante. Me lo voy a llevar como tarea para la casa.

El hecho de verte como una poeta nómada, quizá es lo que elimina de tu poesía el tema de la memoria. No lo he visto. En la poesía que se siente a sí misma como desarraigo, el tema memoria es permanente, a veces, incluso, como una especie de losa, mientras que tú concibes una poesía más ágil, en movimiento, hacia delante.

Me parece muy interesante eso porque efectivamente me interesa mucho la inmanencia, el presente. Y la memoria está, por supuesto que está, es algo inevitable, somos memoria constante y la palabra es memoria, pero no es mi tema hoy, porque no creo en los desarraigos en el sentido de esa tragedia, de esa melancolía. Hoy no es el eje central de lo que escribo, aunque siempre lo rozo; algún tiempo lo fue.  Por supuesto que hay momentos de melancolía. En esa antología, Voces periféricas, hay un poema que yo escribí que se llama En Schlosspark, que es una revisión de una escena que viví.

En Schlosspark, poema de Pavella Coppola leído por la autora.

Este es un poema que nace justamente en el instante que íbamos caminando por Schlosspark y me llamó mucho la atención un asiento que tenía una plaquita con una inscripción que dice:

Für die Welt bist Du jemand, aber für mich bist Du die Welt

Ein Platz für Linda und Nicolai

¿Cuál es ese parque?

Es uno que está en Charlottenburg. Y la cosa es que este poema, a propósito de memoria, toma una escena concreta de una cosa tan vulgar y tan cotidiana como un banco con una pequeña placa incrustada con los nombres de dos personas que se amaron en algún momento. Es un poema pequeño que toma la escena y hace memoria. Por lo tanto, la memoria está siempre, este juego con la memoria, con el atrás, con el tiempo, inevitablemente está, yo diría, en cualquier ejercicio poético. No es un tema central en mis dos libros de poesía publicados, aunque inevitablemente hay pasajes por donde lo memorístico permea algún verso. Considero que la palabra poética sí está situada en un constante ejercicio memorístico, sin que se lo tome como una tarea programática.

Otro aspecto que veo que no tiene tanto peso en tu poesía es el valor de lo colectivo, tanto en el sentido del colectivo chileno como del colectivo universal. Ayer había una lectura de este poeta chileno que hay en España, Juan Ramón Silva. Se hablaba en este sentido universal del colectivo, en un sentido ético hacia lo universal, hacia el ser humano. Lo podemos rastrear en grandes poetas como Neruda, Huidobro, etcétera. En ti no hay esa necesidad de hablar del colectivo. El nómada es individual, solitario.

Hay una soledad ahí. Sí. Quizás porque hay una escritura fuertemente existencial que se levanta desde la propia experiencia.

No quiero decir individualista. La experiencia individual y no la experiencia colectiva.

Es la necesidad de hablar de una experiencia personal, quizás bastante autobiográfica. No desecha lo colectivo para nada, porque yo soy un animal político, yo creo en lo colectivo, pero mi escritura está más situada en la experiencia, en la posibilidad de dar forma a una experiencia personal.

Una última cosa que también echo de menos (parece que estoy definiendo tu poesía por lo que no tiene más que por lo que es), en tanto que eres una poeta mujer, sin embargo, es la experiencia corporal. En muchas poetas mujeres lo veo constantemente, es un tema central. En tu caso, no es así. ¿Es algo generacional, o es una decisión consciente…?

Me pasa lo siguiente. No “comulgo” con situar la poesía escrita por mujeres solamente en el área sensorial, corpórea, es decir, hacer una ridícula ecuación tal como “ palabra escrita por mujer = escritura del cuerpo”. 

Yo tampoco quiero decir eso, pero es un elemento muy fuerte en poetas que, además, ejercen cierto grado de feminismo en la poesía.

Me parece importante que exista, pero no es mi escritura, ni tampoco mi interés. Cualquier exceso se transforma en una debilidad. Entonces, de pronto, la escritura, la palabra misma, va quedando localizada. Un poco lo que le pasaba a José Donoso: siempre cuidó que su escritura no fuera definida como literatura de un escritor homosexual. Pensaba en la literatura como una estética universal, como algo que va más allá de cierta nomenclatura. Debía ser más amplia que un discurso cerrado. Personalmente creo, que a veces, algunas autoras suelen abordar el tema del cuerpo femenino no como una revisión crítica y necesaria, sino como un estándar que hay que cumplir, una suerte de deber ser. De pronto ciertas obsesiones o modas ahogan la palabra. Me parece importante que exista la escritura del cuerpo, la poesía escrita por mujeres que recompone, revisa y dignifica el cuerpo político de la mujer; hay unas poetas maravillosas a las que yo les tengo un respeto tremendo y admiro, pero yo en realidad me siento más una outsider. No estoy en ese registro, aunque quien sabe si algún día escriba sobre algo similar…

Sí, claro, volvemos al tema de Pablo de Rokha como modelo de actitud poética. Siguiendo con tu poesía, me parece bastante hermética, tengo que decir.

(En este momento de la entrevista se incorpora su marido, el poeta Sergio Ojeda Barías, con el que hablaremos más delante)

Yo no conocía las claves de tu poesía y, por tanto, no tenía las herramientas ni los conceptos para interpretarla. Los poemas los he leído tres, cuatro o cinco veces, buscando las claves sin tener otros referentes más que los que tenía la antología. ¿Aceptas que es una poesía hermética?

Sí. 

No es tan fácil entender lo que quieres decir y no es una poesía para sentir.

Uno no se instala en el ejercicio poético a decir “Mi poesía va a ser una poesía telúrica, hoy voy a escribir un poema sobre el cuerpo dolido”. No, eso resulta ser una caricatura. Utilizo la poesía como un ensayo. Me considero más una ensayista. Entonces, quizá esa suerte de hermetismo está situada en una palabra que está justo en la frontera entre la palabra poética y la idea que se ensaya, y desde ahí quizás se pueda volver todo un poco hermético. No sé si tú conoces al poeta chileno Humberto Díaz Casanueva. He escrito unos ensayos sobre él. Era filósofo y un gran poeta. Fue incluso alumno de Heidegger. Y un día conversando con Sergio, le decía que le dieron el Premio Nacional de Poesía en Chile porque en realidad nadie lo entendía.

(Risas)

Para curarse en salud, “se lo damos por si acaso es bueno”.

Volviendo a la primera pregunta de esta entrevista, dónde me reconozco, ahí también me reconozco. Y por eso me siento también un poco outsider.

Esta pregunta tiene que ver con el motivo por el que quería hablar contigo, que es la poesía que se hace en español en Berlín y en Alemania, y con los lugares donde se está leyendo y escuchando poesía. Una poesía como la tuya no se puede escuchar en público.

¿Por qué? 

Porque es hermética, porque hay que leerla tres o cuatro veces. Si me acercara a tu poesía solo auditivamente, vería cosas, pero me sentiría en un bosque sin caminos, y no entendería qué has querido decir, no podría entrar en este mundo. Es hermética, está cerrada. Tengo que hacer un trabajo intelectual extra para entrar, o de alguna forma para dejar que entre en mí.

Yo te puedo contradecir lo que acabas de decir. He realizado varios recitales, y un poeta, cuya propuesta me gusta mucho, Carlos Cociña, me dijo una vez a propósito de Mapa de Quirilluca, “tu poesía tiene el sonido del mar”.  Y con eso bastó. La poesía no es un producto acabado para ser comprendido a la primera. En el largo poema de Mapa de Quirilluca hay una cadencia. Quizás no se entienda el signo porque resulta –a la primera- impenetrable, quizás la palabra o la construcción de la metáfora que está ahí no es accesible a la primera, pero queda una sonoridad y queda una fuerza, por tanto hay una forma que exige al lector revisarla, profundizar, pensar, ser loco y acceder a esa invitación.

Lo que estamos diciendo es que es una poesía de contenido, no es una poesía para sentir, no es una poesía de imágenes visuales, aunque las tienen, y muy fuertes, sino que es una poesía para la que necesitas un esfuerzo intelectual para acceder a ella y esto auditivamente de una sola escuchada no se da.

A mí me interesa ese tipo de escritura. No me interesa la escritura fácil o dócil. Yo le exijo al que escucha poesía, le exijo al que lee literatura una revisión propia y una ejercicio también intelectual, no solamente sensorial. Sí, lo sensorial, por supuesto. Pero la literatura es más que eso desde mi punto de vista. Me interesa la literatura como un modo de pensar, de acceder o rozar o acercarse a esas esquinas que apenas divisamos, pero que están ahí y son parte de nuestras fragilidades y vida cotidiana.

Ahora mismo en Berlín, y en general en Alemania, hay muchas lecturas públicas de poesía. Puedes ir a una casi cada semana. Hay un sitio donde puedes ir a escuchar poesía. Yo voy bastantes veces y de vez en cuando salgo, me digo que no me acuerdo de ninguna metáfora, de lo que dijeron. Leen poesía para ser leída y releída, tú sola en tu casa, no para ser escuchada en un lugar público.

Sí, estoy de acuerdo, son instancias distintas.

Pero se está consumiendo poesía de esa manera. Hay mucha poesía que solo la puedes escuchar si vas a los eventos, no hay ninguna otra forma de acceso ni de distribución y difusión. Es que hay muy pocas publicaciones como la antología, y hay no hay ninguna revista de papel. ¿Cómo accedes a la poesía que se está escribiendo en Berlín y en Alemania en español?

A mí me parece muy interesante lo que estamos conversando. Tengo la sensación y, a veces la sospecha, que hay que reordenar, revisar, pues se da que se hace arte casi como una catarsis.Es decir, se cree que escribir o hacer cualquier tipo de arte, debiera constituirse en un ejercicio meramente íntimo y psicoterapéutico. Pero la poesía no es eso, desde mi punto de vista. A la poesía le exijo que salga del formato del simple diario de vida personal. Cuando te quedas en un formato creyendo que la escritura solamente sirve como un diario de vida personal para hablar de miedos y penas, subsumida al aspecto más personal, entonces, has olvidado cuál es la apertura que persigue el arte como tal.

De eso ya hablamos antes, yo me refería a otra cosa.

Sí, pero se complementa. 

Voy a centrar la pregunta. Me refiero, en concreto, a la poesía performática, la lectura como performance. Es algo que se está desarrollando, por ejemplo, el Festival siesta, con el chileno Felipe Riquelme, y el argentino Franco Marcucci a la cabeza. No sé si los conoces.

Sí, hemos coincidido en alguna lectura.

Entienden cierto grado de espectáculo en la poesía. Una propuesta muy interesante es que aparezca el poeta o la poeta con su traductor montando el show. El editor de Voces periféricas comentaba esta forma de difusión en su artículo. Es la que realmente tiene más éxito hoy en día y corresponde también a un momento en que lo presencial, por un lado, y lo heterodoxo frente al formato de difusión que es el libro, se está imponiendo porque hoy en día quién publica libros y quién distribuye libros de poesía. Llegas a los posibles receptores de la poesía mucho más a través de una poesía en forma de performance que a través del libro.

La performance es una estética y un género que a mí me parece importantísimo en un momento de agilidades tecnológicas, de circuitos tecnológicos, de un mundo muy visual. Y hay una plasticidad y una teatralidad que se impone porque es efectista. El arte está lleno de eso. O sea, el arte hoy sin la performance no funciona. O funciona para ciertos circuitos. Lo que están haciendo los poetas acá, donde juntan la palabra con la instalación performática, va dirigido al público que les interesa. Hay una puesta en escena que es interesante. No tiene nada que ver con lo que hago yo, obviamente, pero eso no significa que esté malo. Son instancias distintas, son lenguajes y territorios distintos.

¿Qué vinculación tienes tú con este movimiento que ha habido desde hace tres o cuatro años en Berlín y en Alemania?

No tengo ningún vínculo. Me han invitado, y estoy recién conociendo estos espacios. He estado en una lectura y me invitaron a participar en esta bella antología, pero es un campo que estoy recién conociendo. Me declaro absolutamente ignorante como para emitir un juicio respecto a lo que se está haciendo, pero es bien interesante el fenómeno.

¿Se ha traducido tu poesía al alemán?

Hace muchos años La buscadora en parte se tradujo.

¿Tú lees poseía en alemán?

Sí, y traduzco, además.

Lo que hablábamos con Timo es que son mundos aislados: la poesía en alemán, la poesía en español. Compartiendo el espacio, no hay conexiones.

Sí, mira, yo traduje a Andrés Morales, un poeta chileno, al alemán. Yo leo, soy bilingüe, leo en alemán, escribo en alemán, etcétera. A mí me parece que ese trabajo de traducción es un territorio maravilloso. No sé si los poetas de habla castellana, escriben en alemán, por ejemplo.

(en este momento interviene Sergio Ojeda)

¿Puedo hacer una precisión ahí? Creo que es importante. La tradición de la poesía chilena en particular, y gran parte de la tradición de la poesía latinoamericana, históricamente, se enlazó con el simbolismo francés. Estamos hablando de principios del siglo XX. Las vanguardias que se dieron en Chile, ni siquiera con España, porque España venía más atrás. Entonces, la poesía alemana se leyó en Chile bastante en traducciones al español. Yo me recuerdo, en época de estudiante, leíamos Höllderling, Goethe, Fichte, Rilke, Heine, leíamos a los grandes, pero la conexión que hubo de esa tradición fue fundamentalmente con el simbolismo francés. Eso dejó una impronta, y aunque vivas en Alemania y hagas el esfuerzo por leer en alemán, tú estás muy enganchado con esa vieja tradición que tiene más de un siglo que viene de Neruda, Huidobro, etc. La mayoría de los poetas que llegan aquí, a diferencia de Pavella, que es bilingüe y que estudió acá, llegan a aprender esta lengua. Yo tenía una idea de la poesía alemana, traducida al español, y cuando ella me leyó en alemán versos de Rilke o de Heine, era una maravilla la sonoridad del verso. El esfuerzo que había hecho el traductor sí era grande, y a lo mejor yo tuve la mala suerte de comprar traducciones malas. La sonoridad, la construcción del original, no tenía nada que ver con lo que yo pensaba de la poesía alemana.

(vuelve a hablar Pavella)

Volviendo a la poesía en castellano que he tenido la posibilidad de escuchar en Alemania, lo que escuché y lo que he visto y lo que recuerdo es que hay una revisión muy catártica, intimista.  Pero me tengo que informar mejor…. Es una primera impresión…

Vamos a dar una primicia que vamos a desarrollar más adelante. ¿Qué va a pasar el 23 de abril?

Ah, ¿qué va a pasar el 23 de abril en el Instituto Cervantes de Berlín?

Esto no es aún oficial.

En el Instituto Cervantes el 23 de abril, hay una invitación para los escritores que trabajamos en castellano, para celebrar el Día del libro. Estoy muy agradecida de esa invitación y ahí seguiremos esta conversación.

¿En qué consiste lo que van a hacer el día 23 en el Instituto Cervantes de Berlín?

Lo que sé es que vamos a conversar y vamos a leer. Vamos a hacer una presentación de nuestras obras, y lo que se pueda dar en una conversación abierta y colectiva. Creo que conversar es clave. Mira esta entrevista que acabas de hacer. Es clave que alguien lea y alguien diga “tu poesía es hermética”. Para mí es una maravilla, porque deja la tarea de seguir reflexionando y a mí me encanta pensar, me dedico a eso.

Te agradezco todas las respuestas. Y le voy a hacer un par de preguntas a Sergio, aprovechando que se ha colado en la entrevista.

Sí, por supuesto.

Pavella Coppola y Sergio Ojeda en el restaurante El Colmado de Berlin-Mitte.

¿Puedes presentarte? ¿Tú también participas el 23 de abril?

Sí, yo también participo el 23, me había escrito Pizzi primero, y después me llegó la invitación oficial del Instituto Cervantes. Muy agradecido, muy contento, buena instancia para poder mostrar lo que uno está haciendo, y para tejer redes, lazos importantes entre poetas. Me llamo Sergio Ojeda, soy un poeta chileno de la generación de los 80, que empezó a publicar a fines de los 90, y sus primeros libros recién en los 2000. Crecimos en dictadura, yo tenía 8 años cuando empezó la dictadura, y cuando se fue esa pesadilla ya era un joven adulto de veintitantos años, viví los 14 años de dictadura. Gran parte de mi poesía primaria estuvo marcada por eso.

¿Viviste la dictadura allá?

¡En Chile! Yo vivo mi segunda experiencia fuera de Chile, yo vivo cinco años ya aquí en Berlín, y me vine porque a mi esposa le salió un trabajo acá.

(Interviene Pavella, con humor)

Es un buen esposo.

(Risas)

Entonces, yo llegué acá, era todo nuevo para mí, pues yo había estado acá de turista. Tuve que lidiar con aprender alemán, con trabajar…

Y sigues escribiendo y publicando en Chile.

Sí, acabo de publicar en Chile en enero, y publiqué un libro que se llama Berlín. Algunos poemas están ahí, en la antología. Y Berlín lo escribí pensando en eso, en un paisaje interno, digamos. Es un nombre medio engañoso porque usted puede pensar que va a hablar de las calles, de los lugares, etcétera. Creo que tres veces se menciona la palabra en el libro. Es el pasaje interior, lo que ha ocurrido con una persona que llega a Berlín, ni siquiera Alemania, digo yo, y descubre otro mundo, otras posibilidades. Era un libro que yo venía trabajando desde Chile, pero acá se modificó. Después tuve la suerte de conocer a Timo Berger, nos hicimos muy amigos, y él me fue invitando a cosas. He ido conociendo el grupo de los chilenos, y también he estado leyendo a argentinos, colombianos…

¿Te ha sorprendido que haya tanto poeta y tanto escritor en español aquí en Alemania?

Sí, es una escena grande, sí, y compleja.

Distintas generaciones, distintos grupos.

Yo soy un hombre de casi sesenta años y he leído con gente que tiene veintitantos, lo que parece bien.

El propio Timo Berger es de otra generación.

El Timo tiene diez años menos que yo. Ha sido un gran articulado, hay que decir. Ha hecho trabajo de joyería, y muy bueno. Con la Latinale, con la librería Andenbuch, con el Salón Berlinés que lleva Pepe Pizzi, donde se hacen cosas frecuentemente. En mi opinión se está cuajando algo que va para bien, la antología va a ayudar mucho, Voces periféricas, porque instala una escena. Y creo que tenemos que seguir juntándonos, seguir armando proyectos, seguir armando cosas porque creo que estamos en un momento de dispersión, el grupo es grande, aparecen por todos lados. Va a llegar un momento en que se ordene, obviamente no se va a ordenar todo.

¿Qué necesitaría esa escena para articularse?

Una editorial que editara libros bilingües.

Ya la hay, tenemos la Editorial Siesta.

No la conozco. Entonces, potenciar esas editoriales, corrijo, potenciar al máximo las editoriales. Que sean bilingües los libros, insisto.

¿Una revista?

Una revista, sí.

¿Un espacio fijo?

Entonces, si la editorial ya está, entonces hay que potenciarla. El libro es fundamental, no solo en español y no solo en alemán, que vayan el poema en español en una hoja y en alemán en la otra, así se difunde mejor y se hacen los lazos con los alemanes y con la escena.

¿El espacio tiene que ser un espacio institucional?

No sé si no sé si necesariamente. Yo creo que el Instituto Cervantes ayuda pero podría hacer muchas más cosas en ese sentido, muchas más de las que hace.

¿Y las otras embajadas? ¿No tendrían que implicarse más en la poesía?

Lo que pasa es que las embajadas están sujeta a otros intereses, lo sé por el caso de la embajada chilena. No hay ni siquiera un agregado cultural, sino que hay como un encargado de cultura al que lo único que le interesa es sacar ciertas cosas.

Es otra cosa.

Pero hay que ir a todos lados para que esa escena logre los resultados. Llega un momento en que esta escena dispersa y grande se tiene que afinar.

El otro problema es que es un colectivo muy nómada.

Claro.

Cambia cada dos o tres años. No hay no hay continuidad.

Yo estuve leyendo escenas como esta que hay en Estados Unidos. ¿Qué han hecho? Hay que aprender también de Nueva York y de otros lados. Se han consolidado exactamente.

No sé si se puede comparar.

Pero bueno, son experiencias.

¿Conoces la gran revista de poesía en español de Nueva York? Nueva York Poetry Review. Es una tremenda revista digital de poesía.

Hay que aspirar a esas cosas, ¿por qué no? Lo que hicieron fue estos pilares que habíamos dicho, una editorial, una revista buena…

Y una crítica buena.

Claro, el crítico es el que va, nos guste o no nos guste, ordenando el escenario, es valioso para los poetas. Si no, volvemos a la dispersión: todo son poeta, todos escriben…

Todos pueden ser poetas, pero dame las claves.

Exactamente, a eso voy.

El crítico es el que lee, y los lee a todos. Porque los poetas, ¿se leen entre ellos?

Pocazo. Uno lee cuando en una lectura alguna cosa te deja resonancia, y ahí lo voy a buscar, pero en general, como no todos te dejan resonancia, nadie te lee y tú no lees a nadie.

Bueno, vamos a tener que retomar esta conversación en algún momento, quizá el 23 de abril en el Instituto Cervantes.

(Interviene Pavella Coppola, esta vez)

Sería muy interesante, muy interesante. 

Así que muchas gracias a los dos. Y a ver si conseguimos aglutinar a las y los poetas de Berlín.


Iñaki Tarrés

Vivo en Berlín. Escribo en español sobre literatura, arte, educación. Soy editor en Desbandada. Hago muchas de las fotografías que uso en los artículos que edito. Me interesa contribuir a crear comunidad en torno al idioma común en este país, Alemania, y soy consciente de que la revista llega a todo el mundo.

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