Una entrevista con la escritora chilena radicada en Berlín Patricia Cerda, quien publicó el libro Lucila sobre el último viaje de Gabriela Mistral a Chile en 1954. A raíz de que se cumplen 80 años del Nobel, el miércoles 19 de noviembre a las 18:00 participará en el Instituto Iberoamericano / Ibero-Amerikanisches Institut de Berlín en una conversación sobre la poeta chilena, evento que ella misma le propuso a la institución cultural alemana, de la que también hablamos en la entrevista.
Buenos días, Patricia. Estamos en el Instituto Iberoamericano para hablar de esta institución, de su actividad literaria en Berlín, y en especial de Gabriela Mistral y de tu novela sobre esta poeta chilena. Antes de entrar en materia, ¿podrías presentarte para los lectores que no te conozcan?
Sí, bueno, muchas veces me han preguntado quién soy aquí en Alemania y yo digo que soy una mestiza del Biobío, y eso hay que explicarlo, ¿verdad? Biobío es un río, fue el límite sur del imperio español durante la época colonial.
Y de la Capitanía General de Chile.
Claro, después empezaba el territorio mapuche. Yo vengo de la zona de frontera, eso significa yo soy una mestiza. Ahí fue la guerra de Arauco, su escenario.
Guerra que reflejas en una de tus novela Ercilla y las contradicciones del imperio.
Sí, y también en Mestiza. Está muy presente en mi literatura. Mestiza, ambientada en el siglo XVII en Chile y Sevilla, habla de la guerra de Arauco y de las raíces de la historia chilena, y en el fondo estoy hablando de mis propias raíces, por eso digo que yo soy una mestiza del Biobío. Soy una escritora chilena que vive en Berlín desde el 86, llevo más de la mitad de mi vida en Alemania.
Antes de la caída del muro.
Yo llegué tres años antes y también eso me mereció una novela, Luz en Berlín. Es interesante la pregunta, yo me veo como una persona que vive entre dos mundos. O sea, soy esencialmente chilena, pero al mismo tiempo he ensanchado mi horizonte cultural con nada menos que la cultura alemana, la filosofía alemana, la lengua alemana, que respecto mucho, y a la que le debo mucho también.

¿Te consideras migrante?
No, fíjate. Se asocia a migrante con otra cosa, con un ser desvalido, con una persona que necesita algo. Quiero citar aquí a Violeta Parra, cuando ella fue por primera vez a París en el año 65. La invitaron primero a Polonia, a un festival de la juventud, esas invitaciones que hacía la Unión Soviética. Después llegó a París y dijo que ella no venía a aprender nada, sino que venía a enseñar. No es que yo me vea en ese nivel, pero entiendo que el migrante es una persona que aporta, no solamente que recibe. Podría ser una migrante, pero la verdad es que yo me veo como una chilena que vive en Berlín, así simplemente.
Hablas alemán, y tu familia es también mestiza.
Claro. Mi ex marido es alemán, mis hijas son chileno-alemanas, su lengua materna es casi más el alemán porque conmigo aprendieron español, el castellano, pero en el colegio con sus amigas, etcétera, siempre han hablado en alemán. Los hijos se sienten muy orgullosas de hablar dos idiomas como lengua materna. Nosotros lo tuvimos que aprender, yo, por lo menos, con 25 años, a ellas le llegó con la leche materna.
Cuando llegaste a Berlín el colectivo chileno era muy especial, había todavía mucha gente que había salido como exiliada después del golpe, muchos volvieron, estoy pensando en Skármeta, en especial, e incluso en Sepúlveda, luego cambió mucho. ¿Cómo ha evolucionado el colectivo chileno en Berlín?
Bueno, mira, yo llegaba, y los chilenos volvían. Para mí fue muy especial porque en Chile teníamos como una visión de los exiliados. Para nosotros eran privilegiados porque habían podido escaparse de la dictadura, y escaparse de la dictadura era escaparse de la muerte. Por otro lado, habían recibido todos esos apoyos y estaban nutriéndose de la cultura europea. Yo los envidiaba, la verdad. Solamente dejando aparte esa parte positiva empezamos a ver como lo pasaron, la nostalgia. Isabel Parra hablaba un poco de eso en sus composiciones y en las canciones que escuchábamos.
Yo, la verdad, no es que me haya acercado mucho a la colonia latinoamericana. Vine gracias a una beca que incluía un curso de alemán, Deutsch als Fremdsprache. Ahí me encontré con gente de todo el mundo. Era súper interesante. Tenía un amigo chino, una compañera egipcia, habían 2 españolas, uno de Puerto Rico, y no había ningún chileno. Era un crisol maravilloso y eso eran mis amigos, la verdad. Hablábamos lo que sea. Los que hablábamos castellano, por supuesto que nos reuníamos más. Yo aprendí a hacer tortilla española con las españolas, ponte tú. Y aprendí también cuáles eran los estereotipos que había aquí en Alemania respecto a nosotros, los latinoamericanos. Cuando llegábamos atrasados, por ejemplo, decían “a la latinoamericana”, y cosas así. Me gustó mucho un ambiente, que estaba recién naciendo, latino en Berlín amurallado en torno a la salsa. Había un local que se llamaba Salsa, en la Wielandstr. 13 de Charlottenburg, lo describo en mi novela. Pero la verdad es que, más allá de eso, yo me encontraba poco con latinoamericanos. No elegía a la gente por su nacionalidad, sino que la elegía por lo que yo me podían nutrir. Por lo que podíamos darnos mutuamente.
No tuviste este descubrimiento de Latinoamérica, de mucha gente que sale de allá y viene a Europa, y se encuentra que efectivamente existe cierto mundo latinoamericano.
Lo que yo vi fue la visión que se tenía de América Latina, que por supuesto no era completa, era una visión construida, armada, a partir de la música, de la literatura, de lo que contaban los exiliados, por supuesto, porque cada uno tenía su visión. Yo respeté mucho ese interés que mostraban, sobre todo la izquierda alemana, por América Latina. Si tú hablabas sobre Chile tenías que contar cosas terribles, y a mí no me habían pasado cosas terribles, pero yo sabía que pasaban cosas terribles.
¿En Chile no lo habías vivido?
Yo me cuidaba mucho. Tenía 12 años cuando fue el golpe de estado, si hubiera tenido más edad, seguramente hubiera sido otra cosa, pero yo era una niña. A veces me investigaban, pero no podían encontrar nada. Yo no estaba en ninguna célula ni nada, y a eso agrégale que era miedosa. O sea, yo sabía lo que te hacían, no me parecía que valiera la pena, sinceramente, y pensé que el aporte podía ser otro. El aporte podía ser eso, la literatura, la investigación. En el fondo va a haber un aporte intelectual, no activista. Esa ha sido siempre mi línea, y lo sigue siendo.




Eso es importante tenerlo claro, la postura que tiene uno en un entorno, en ese momento, tan politizado. Durante tu llegada a Alemania, ¿conociste el Instituto Iberoamericano desde el principio?
Lo primero que hice fue venir acá. No lo podía creer, estaba todo acá. Y además, acuérdate que yo venía del Chile de Pinochet, donde estaba censurado todo, ni siquiera Isabel Allende se podía encontrar.
En el Instituto Iberoamericano hay documentos que no existen en Latinoamérica, como el fondo Quesada. Hay documentos del siglo XVIII y XIX que se salvaron porque están aquí.
Uno de esos documentos son las cartas de amor que le envió Carmen Arrigada, al pintor viajero alemán Juan Mauricio Rugendas, y que yo que yo tomé de base para escribir la novela sobre ellos dos. Para mí, esta es mi segunda casa. De hecho, déjame decirte que vivo a media cuadra. Siempre me vas a ver aquí investigando. O vengo a buscar mis libros y me voy. Ahora estoy terminando una novela sobre los años ochenta en Chile, y una de las documentaciones que necesito, y que me inspiran mucho, son las revistas que se publicaron en esa época, las revistas de la oposición. Están todas aquí, y las estoy revisando.
No sólo eso, sino que además el acceso es muy fácil. No hay que presentar una acreditación de investigadora, como en la Biblioteca Nacional en España. Es un acceso muy directo. ¿No te da la sensación de que podría ser la versión bibliográfica, digamos, de un tipo de neocolonialismo, cultural, como se le puede achacar a los grandes museos europeos?
No, pero es que esto nos salva. No, yo lo veo muy diferente. No me he ocupado mucho de las otras instituciones que tú mencionas, pero hay una aproximación diferente. Ellos quieren que los latinoamericanos lo utilicen, que vengan para acá a investigar. De hecho, yo he conocido a tanta gente aquí, a chilenos que vienen a investigar, que yo conocía de nombre y que me interesaban, y nos hemos hecho amigos aquí. O sea, es como el templo de los investigadores sobre Iberoamérica.

En este contexto vas a hacer una presentación. ¿Qué es exactamente?
Gabriela Mistral, nuestra poeta Premio Nobel, recibió ese premio el año 1945. Este año se cumplen ochenta años. A propósito de eso propuse a la Ibero, como decimos popularmente, y les pareció muy buena la idea, hacer una velada dedicada a ella, porque yo, además, el año pasado publiqué una novela, que se llama Lucila, que es sobre Gabriela Mistral, su último viaje a Chile en 1954, donde hay también una retrospectiva de su vida y una interpretación mía de ella. Es una ficción interpretativa. Ese va a ser el evento del 19 de noviembre a las seis de la tarde, en una conversación con la profesora Susanne Klengel, que ha estudiado también a Gabriela Mistral. Yo creo que es la persona en Alemania que mejor la conoce. Así que estoy muy contenta por ese evento.
Es una conversación con ella.
Sobre Gabriela Mistral, pero también a partir de mi novela, cómo la he abordado yo, cuáles son las imágenes que quiero representar, etc. No va a ser la información que está en Wikipedia. Yo me doy cuenta, cuando he ido a alguna parte y he hablado con la gente, de que se saben cosas muy estereotipadas de Gabriela Mistral, y mi visión de ella es muy diferente.
¿Se van a leer textos de Gabriela Mistral?
No, vamos simplemente a conversar sobre la figura.
¿Qué imagen se tiene en Chile todavía? Hay una imagen oficial porque está integrada en la en el sistema educativo.
Es que ha habido muchas imágenes oficiales, eso es lo interesante. Primero está la imagen que ella se forjó de sí misma, o sea, de la verdadera Gabriela Mistral en vida, y ella murió el 57. Era la gran latinoamericana, por eso recibió el premio Nobel. Era la voz en Europa de América Latina, pero no solamente porque era una de las pocas que se destacó, sino que porque ella hizo mucho por dar a conocer la cultura latinoamericana en Europa durante sus estadías en Francia y España. Ella era una gran columnista, escribía en diarios y revistas, sobre todo españoles, y latinoamericanos. En los años 30 escribía mucho en el periódico El Mundo y en el semanario El Sol, por ejemplo. Y era asidua columnista de Repertorio Americano, de El Tiempo, etc.
Independientemente de la tendencia política del diario.
Ella era librepensadora, siempre defendió su independencia, era una no alineada, se definía como socialista cristiana. En la época en que los socialistas se definían como marxistas, era declarada anticomunista, pero también antifascista. O sea, nadie la podía clasificar. La invitaban a todas partes y en cualquier reunión era la que brillaba, la que subía el nivel. Tenía un carisma social increíble. Además era una sabia con atisbos de genialidad. Pero en el momento que se murió, se olvidaron de ella, entre otras cosas porque en Chile surge la Unidad Popular, este movimiento de izquierda marxista.
Desde el marxismo empezaron a atacarla.
A olvidarla, no a atacarla, porque era difícil atacarla. Y también a tergiversarla: que ella era conservadora, que era fome, una palabra muy chilena que significa algo así como lúgubre, sin gracia. Que hacía una poesía ultracatólica, lo cual tampoco corresponde a la realidad, la Inquisición la hubiera condenado. Ella no se definía como católica, sino que como cristiana, y tenía mucha influencia del budismo y de la teosofía. Hay una tergiversación de su vida privada también, con lo que se la olvida a ella, y al mismo tiempo empiezan a ensalzar a Pablo Neruda, quien contaba con el lobby estalinista. Ya no la publicaban.
Es como lo que hacían los romanos, la damnatio memoriae.
Eso es, pero sutilmente, el ensalzado era Neruda. Después vino la dictadura, y la instrumentalizó, con esa visión que te estoy diciendo, le quitaron los derechos a su heredera, Doris Dana. Lo que está pasando ahora es que se está reviviendo la verdadera Gabriela Mistral, y ese es mi aporte con esta novela. Hay también un deseo apropiarse de ella, por ejemplo por parte de la comunidad LGTB. Quieren también verla como una lesbiana que nunca se declaró porque no se atrevió. Yo no estoy de acuerdo con eso. Ella se enamoraba de hombres y de mujeres. Lo que sabemos de su vida sentimental lo sabemos por las cartas. A ella le encantaba enamorarse, y cuando se enamoraba parecía una poeta mística, profunda, autoauscultante, y dice unas frases y unas honestidades realmente conmovedoras.
Todo eso no se publicaba, se quedaba siempre en el ámbito íntimo, privado.
Lo que sabemos son las cartas que fueron apareciendo después y que fueron siendo publicadas. Los primeros son poemas. Los Sonetos de la muerte, con los que ella se consagró en Chile, primero, y después en toda América Latina, son, en el fondo, cartas que ella le escribe al suicida Romelio Ureta, que fue su primer amor, digámoslo así. Y están escritos en tú. Le dice Del nicho helado en que los hombres te pusieron, / te bajaré a la tierra humilde y soleada. / Que he de dormirme en ella los hombres no supieron, / y que hemos de soñar sobre la misma almohada. etcétera. Ahí tenemos el primer enamoramiento. Después se enamoró de un poeta que se llama Manuel Magallanes Moure, cuatro o cinco años después, y a él le escribió durante nueve años cartas apasionadísimas. No lo quería conocer personalmente, le decía “Tú no vas a querer a una mujer fea”. Yo pienso que tiene que haber más de eso, pero se perdió, y las otras cartas que tenemos son las que le escribió a Doris Dana en la última etapa de su vida, que fue su último amor. Esto fue a partir del 48, cuando ella era una consagrada. Mistral hacía muchas cosas: ella escribía poesía, escribía columnas, era cónsul de Chile, embajadora en la ONU, se ocupaba de los derechos humanos y de los derechos de las mujeres en particular.
Entonces sí hay motivos para reivindicarla como feminista.
Eso es una cosa, y lesbiana es otra. No era ideología, sino que ella era una mujer muy mística de sentido común, trascendentalista. Sus opiniones nunca venían de algún libro. Ella se armaba su propia síntesis, y eso era lo interesante. Cuando tú tienes una ideología es porque has leído algo que te impresionó y va bien con tu carácter, y lo absorbes y lo complementas. Yo creo que en el caso de ella era más bien la experiencia, la genialidad, también una cierta visión. Además, que las síntesis que ella hacía eran síntesis muy completas, porque su acervo cultural comenzaba 2000 años antes de Cristo, y terminaba en la actualidad. Ella manejaba muchísima información.
Resaltas mucho el lado espiritual de ella, y no tanto su activismo social.
Era una mística. No, activista social no, nunca quiso que la vieran así.
Lo digo porque el feminismo consiste, entre otras cosas, en ese activismo y en la lucha por el cambio social.
Cuando a ella le preguntaban si era feminista decía que no, y no le gustaba. Yo lo retomo en la novela, porque me parece de casi falta de respeto que tú le preguntes algo así a una mujer que va por el mundo siendo un ejemplo de mujer, que sale adelante, porque ella viene de la nada, o sea, tenía cuarto básico, esos son sus estudios, el resto es autodidacta.
¿Cómo se convirtió en maestra?
Bueno, estamos en Chile en el año 1905, 1906. En un Chile en que no hay maestros rurales y la que sabe más, la que entiende más, le enseña a los otros. Es maestra en un pueblo en el Valle del Elqui. Ella viene de Monte Grande, y después la familia se fue a vivir a La Serena. En un pueblito cerca de La Serena fue maestra rural en dos escuelitas porque no había otros maestros. Después se lo reconocieron y pudo dar una prueba para ser profesora normalista. Es un camino muy autodidacta. Ella se hizo sola, entonces después viene una mujer de la élite, a la que le han dado todo en bandeja, y que sigue siendo una mantenida, y le pregunta a Gabriela si es una feminista. ¿Te fijas que es una falta de respeto? Claro que ella había escrito artículos muy conmovedores y muy leídos sobre los derechos de las mujeres, pero hay preguntas que ofenden.
¿Por qué en la novela has utilizado su nombre original?
Ella se llamaba Lucila Godoy Alcayaga, y la novela trata de su último viaje a Chile cuando ella va a despedirse, el año 54.
¿Dónde estaba viviendo en ese momento?
Ella vivía en Estados Unidos, en Nueva Jersey, con Doris Dana. Dana era una mujer muy atractiva, profesora de latín en la universidad. Tiene que haber sido una muy bonita relación. Claro, ella se fue de Chile en el año 1922, y no volvió más a vivir a su país. Volvió por algún tiempo de visita. El año 1925 volvió por algunos meses, y el año 1938 por algunas semanas, y el 54, viaje del que trata la novela, por algunos días. Esa era su relación física con Chile, muy lejana. No así la relación espiritual. Claro que en ese tiempo viajar era más difícil.
¿Ni siquiera después del Nobel, cuando ya era una escritora reconocida, volvió a Chile?
No, ella tenía muchos problemas con la intelectualidad chilena, otro tema de la novela. La gente que la respetaba estaba afuera. No había gente a su altura en Chile, eso estaba clarísimo. En su último viaje, ella se reencuentra con la niña que fue, porque la parte más importante de ese viaje es la visita a su patria chica, como ella llamaba al valle de Elqui,, que era la tierra que alimentaba también su poesía. Es un reencuentro con Lucila, con la niña que ella fue, consigo misma.
Cada proyecto literario bueno, diría yo, tiene como punto de partida una imagen. Cuando yo supe que quería escribir sobre Gabriela Mistral, busqué esa imagen, y para mí fueron tres mujeres en el valle del Elqui, que eran Lucila Godoy, la futura poeta, su hermana mayor, que se llamaba Emelina, y su madre, Petronila. Las tres vivían solas, el padre las había abandonado y eran mantenidas por la hermana mayor de Lucila, por Emelina, que era maestra rural, a la que ella le dedicó el poema La maestra rural. Entonces ellas estaban en la pedagogía, las tres sobreviviendo. Para mí, esa imagen de esas tres mujeres a principios del siglo XX en el valle del Elqui es la imagen misma de la dignidad. Así lo vi, y eso recorre toda la novela.
¿Qué tiene de ti esa imagen?
Por supuesto que mucho. Yo creo que una cierta fortaleza. Están mis raíces mestizas. Está la sororidad.
¿El pueblo del que procedes cerca del Biobío?
Eso no, yo soy de una ciudad, mi relación, lamentablemente, con el campo, con la tierra, es otra, eso no lo tuve, lo lamento. Pero sí la fortaleza de poder salir adelante en un ambiente no necesariamente amistoso, y a ratos adverso, declaradamente adverso.
¿Por eso hay que salir de Chile?
Yo lo único que quería era irme de Chile, tengo que decirlo, y ella seguramente también. De hecho yo tampoco he vuelto a vivir a Chile, pero yo he vuelto con mis libros, que los chilenos aceptan, y los leen.
Esa imagen que dispara la novela, ¿se mantiene, se transforma a lo largo del proceso de construcción de la novela, o luego la dejas para seguir con el desarrollo de la novela? Bueno, ¿cómo construyes la novela?
A partir de esa imagen, yo tengo que ver cómo ella se reencuentra con esas tres mujeres. Lo que tú me estás preguntando es algo misterioso que uno mismo no puede explicar.
Hay una parte grande de investigación.
Por supuesto, hay una parte práctica. Lo primero fue leer todo lo que ella había escrito. Tampoco son tantos libros. Sus poemarios, las cartas, sus artículos más importantes que están todos reunidos, menos mal, en seis volúmenes, que están aquí en la Biblioteca del Ibero. Después me fui a Chile y estuve en el valle del Elqui un mes completo hablando con las personas que la conocieron. Tuve la suerte de entrevistar a una mujer de 92 años que tenía 25 años cuando Gabriela Mistral llegó en el 54, y con ella revisé fotos. Ella me contó quiénes eran las personas que estaban en torno a ella.
¿Fue importante ese viaje para construir la novela?
Importantísimo. Sin eso, imposible.
Estar allá rompe la distancia necesaria para mantener la construcción de una novela que no mistifique al personaje. ¿No?
No. Lo que pasa es que el paisaje es fundamental en la novela, en Lucila, porque es un paisaje muy místico. Son cerros enormes, hay uno de ellos que ahora se llama Gabriela Mistral, y tienen diferentes colores, los tonos son más ocre, o a veces más plomizos, depende el mineral que tengan, porque es una zona con mucho mineral. Abajo tenemos el río Elqui y los oasis verdes.. Es un lugar donde hoy día viven muchos artistas. Es muy inspirador. Es caro, en parte exclusivo.
Es un lugar gentrificado.
Absolutamente, pero es que no podía ser de otra manera. Hay una ruta Gabriela Mistral, etcétera. Yo tuve la suerte de que una persona me ofreció un hotel precioso, rodeado de parrones, de duraznos, con árboles frutales, entre los cerros, hasta piscina tenía. Un lugar pequeñito, eso que llaman hotel boutique, una casa antigua de la época de Gabriela Mistral. Fue el lugar ideal para terminar de escribir la novela.
¿Escribes mientras vas investigando, o esperas a completar el proceso para empezar a escribir?
Voy tomando nota de lo que me sirve y dónde lo puedo poner y cómo se va a ver, pero el proceso nunca termina. Durante la escritura seguía leyendo cosas y encontraba otras que a lo mejor las agregaba, o a lo mejor me había equivocado en alguna fecha, o aparecía una persona que me parecía importante mencionar.
¿Y todo aquello que no sabes, todo aquello que tiene una novela, diálogos, descripciones, escenas de las que no tienes información?
Esa es la parte que me toca inventar a mí. Y tengo mucha fe en que puedo hacerlo.
Es una época que tú no has vivido.
Por eso fui allí.
¿Qué actitud tienes con eso que tú aportas?
Lo que yo no he vivido es un tiempo que no conozco y al que me quiero acercar. ¿Y cómo me acerco a ese tiempo? Yo soy una escritora de novela histórica, pero la novela es inclasificable. Es una novela sobre Gabriela Mistral, pero como escribo novela histórica y conozco los métodos de investigación para la novela histórica, sé que es muy importante ambientarse en la sensibilidad de otro tiempo. No me costó tanto ambientarme en la sensibilidad del la primera mitad del siglo XX. Yo nací en la segunda mitad, pero tampoco soy la más joven, o sea, todavía estaba viva esa gente.
¿Te ponías, por ejemplo, en el papel de tus padres, que pudieron ser contemporáneos de Gabriela Mistral?
No, ella nació en 1889, era más bien de mis abuelos, pero ese mundo yo lo conocí de alguna manera, lo alcancé a olfatear. Así que en ese sentido no me costó tanto. Yo leí todos los libros, las influencias de ella cuando decía que tal o cual cosa. Por ejemplo, me acerqué a Rubén Darío, leí su obra completa, o de Amado Nervo. Todo el modernismo.
Volviendo a la pregunta, ¿cuál es tu aporte?
El aporte mío es, al final, esa síntesis que se da en el momento que yo estoy escribiendo. Son esas ideas que vienen solas, son esos puzzles que se arman en mi mente, esas frases que llegan, y que, al fin y al cabo, es mi construcción, lo que yo construyo. Para cualquier escritor o escritora, es muy difícil explicar lo que pasa en ese momento. Tiene que ver también con una decisión, lo que quieres contar por que lo consideras importante de rescatar. Muchas veces no hay mucha resonancia en los textos de algunos escritores que a lo mejor pueden escribir muy bien. Muchas veces falta la intuición de lo que realmente importa, o sea, de lo que realmente es significativo. Esa decisión, para mí, es central.
La novela está escrita en tercera persona.
Sí, claro, hay una narradora ahí.
¿Y si lo hubieras escrito en primera persona?
Yo, a Gabriela Mistral, jamás. Es una decisión que yo no tomo. A ver si la puedo explicar. Yo creo que yo soy una escritora de ego bajo. Si es que yo tengo algún éxito literario, es por eso. A los lectores no les gustan los escritores egocéntricos. Esto no es algo estratégico relacionado con que yo quiera cuidar mi imagen de escritora, es algo más visceral. Es algo así como que sería faltarle el respeto a ella, sería como abocarme a algo que no me corresponde. Mucho mejor pedirle que me adopte como discípula, que me enseñe y que me dé impulsos existenciales y literarios. Mucho mejor que tomar su lugar, porque ahí no voy a aprender nada de ella.
¿Y por qué no, entonces, contar desde un personaje de la propia historia como una antigua alumna que cuenta la historia?
Yo me escondí en la narradora.
La narradora omnisciente, ¿es una posición más fácil?
No creas, porque esta narradora tiene que tener un punto de vista interpretativo.
Como narradora omnisciente mantienes una distancia que te deja a salvo.
No, mi narradora no tiene mucha distancia. Ella está muy cerca de su personaje. De otro modo hubiera sido una novela histórica si tú quieres algo así.
Estoy pensando en la gran novela histórica que es Memorias de Adriano, donde Marguerite Yourcenar cuenta desde el propio Adriano. Ella sí tomó esta decisión de narrar en primera persona, de convertirse en el emperador.
Sí, esa es una gran novela, claro. Yo sí he escrito novelas históricas donde hay una primera persona. Mestiza, es en primera persona y ella habla con los lectores. Claro que he escrito novelas históricas en primera persona, en esta novela tomé la decisión de no hacerlo.
¿Cuáles serían tus referentes dentro de la novela histórica?
Memorias de Adriano es una. Me gusta mucho Miguel Otero Silva. Yo creo que en América Latina la mejor novela histórica es Lope de Aguirre, príncipe de la Libertad. La he leído como tres veces. Yo creo que son las dos grandes novela histórica. Te cuento que yo no leo mucha novela histórica porque normalmente son muy malas.
Es un género que se ha comercializado demasiado.
Es un género que te puede llevar a lo trivial y yo rehuyo la trivialidad y el estereotipo, mi proyecto es otro. Mi proyecto es, allí donde no sabemos, donde no entendemos, donde hay lagunas, ir a reinterpretar desde el siglo XXI. Ese es mi proyecto.


Vamos a volver a Berlín y a la narrativa que se escribe desde aquí. Tú escribiste una novela, muy al principio, sobre este tema, al que nunca más volviste. Últimamente te has ido acercando a estos ambientes literarios de la ciudad después de un tiempo sin mucho este contacto con este mundo. Has podido escuchar algo de lo que se escribe en Berlín. ¿Conoces otros escritores que viven en Berlín en español?
La más conocida es Samantha Schweblin, que tiene una prosa bastante especial, muy reconocida. A ella le ha ido estupendamente. Con ella tuve una vez también una lectura. Conozco a Esther Andradi también. Una muy buena amiga es Sonia Solarte, que escribe poesía. Está Carolina Brown, que también es amiga mía, chilena, escribe cuentos, y con quien también he hecho presentaciones.

¿Conoces a Pavella Coppola, igualmente chilena, y a su marido, Sergio Ojeda?
Claro que sí. Pavella escribe más poesía y ensayo. Justamente Sergio va a hacer una presentación en Salón Berlinés el uno de diciembre y yo lo voy a presentar. Antes estaré ahí mismo, el lunes 24 de este mes de noviembre, presentando Violeta & Nicanor, acompañada en canciones por Sonia Solarte.
¿Cómo ves la narrativa que se escribe en Berlín?
La verdad es que puedo decir poco. A mí sí me interesaría, por ejemplo, leer una buena novela ambientada en los círculos latinoamericanos de Berlín. Yo traté de escribirla con Luz en Berlín, ahí los latinoamericanos son los protagonistas pero lo que pasa ahí es que cae el muro de Berlín. Yo pienso que esta es una ciudad muy interesante, en la que pasan muchas cosas. Y es una ciudad muy acogedora para los latinoamericanos.
Te influye en la narrativa.
Absolutamente, por eso sería interesante leer una novela sobre esto, tiene su radiación especial, también por la historia, que la vives caminando por la calle, aquí empezó y terminó el siglo XX. No es una ciudad snob, es una ciudad que rechaza lo snob. Es honesta, es directa. Me acuerdo que había un alcalde, Klaus Wowereit, que fue el primero que dijo que él era homosexual y que eso estaba bien así, y después decía que Berlín era pobre pero sexy. Y yo creo que es así, Berlín es sexy. Las noches de Berlín son maravillosas. Ahora, si quieres, participas, y si no quieres, no lo haces, porque no es invasiva, tú puedes vivir aquí como jubilada tranquila, y de hecho eso yo creo que va a ser mi vida, más o menos.
Te quedas en Berlín.
Yo me he ido a veces por dos o tres meses, y lo echo de menos, y vuelvo. Me encuentro con amigos que dicen que no les gusta, y yo les digo que cómo que no les gusta si esto es el paraíso.
Por ahora no ha influido de forma explícita en tu escritura.
Ha influido como ha influido la cultura alemana. Yo empecé a escribir aquí en Berlín. Yo en Chile no sería escritora.
No eres la primera que lo dice. Recuerdo que Luisa Reyes Retana decía algo parecido. Ella decía que Berlín le dio la distancia necesaria para escribir sobre México.
Interesante, puede ser también.
¿Estar en Berlín te dio la distancia necesaria para escribir sobre Gabriela Mistral, aparte de la facilidad de acceso a las fuentes de información?
Sí, la distancia permite escribir de otra manera, seguramente. Lo que pasa es que yo viví un tiempo fuera de Berlín, yo viví en Múnich, y los aportes de Berlín han sido siempre cuando estoy aquí y puedo venir a la biblioteca. Yo necesito leer e investigar mucho, me gusta conocer el contexto. Yo hablaría de aportes de Alemania. Yo lo formularía de esta manera: El hecho de venirme a vivir a Alemania, el hecho de aprender otro idioma, de conocer más a fondo otra cultura, de absorverla en forma selectiva, me abrió el horizonte de tal manera que me cambió la perspectiva. No es la distancia, sino que a lo mejor yo diría una cierta madurez que da vivir en la civilización. Me cambió la perspectiva, y esa nueva perspectiva es lo interesantepara mis lectores chilenos y latinoamericanos. ¿Por qué? Porque la que escribe es unachilena que viene de allí y los conoce. No es una europea que viene a hacer como que sabe algo de América Latina, sino una que se formó ahí, que se fue de ahí con 25 años, cuando estaba hecha y derecha. Solamente que esto de irse y de seguir pensando y reflexionando y leyendo desde acá, y siempre con la mirada hacia América Latina, le cambió la visión y ese nuevo enfoque les interesa.
No la habrías podido desarrollar allá.
No, porque yo soy, en ese sentido, bastante modesta y clara. Para escribir y decir lo que mismo que dice la otra gente, pero con otras palabras, los mismos lugares comunes, las mismas trivialidades, mejor no escribo.
Llevamos un buen rato hablando, muchísimas gracias por todas estas reflexiones. Nos vemos de nuevo en el Instituto Iberoamericano de Berlín el miércoles 19 de noviembre a las 18:00. Espero que sea un éxito.
Muchas gracias a ustedes también.

Patricia Cerda nació en Concepción en 1961. Desde 1986 reside en Alemania. Es doctorada en Historia en la Universidad Libre de Berlín. Ha sido docente de Historia Latinoamericana en la misma universidad y de Comunicación Intercultural en la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich. Es escritora, historiadora y ensayista. El 2013 publicó el volumen de cuentos Entre mundos. Uno de esos relatos fue traducido al alemán y publicado en la antología Literatura chilena emergente de la Revista Alba (Berlín, 2015). En el 2016 publicó las novelas históricas
Mestiza y Rugendas. Patricia Cerda aborda, en sus ficciones, la memoria cultural chilena y latinoamericana. Otros títulos de la escritora chilena son: Luz en Berlín (2019), Bajo la cruz del sur (2020), Las infames (2021), Ercilla y las contradicciones del imperio.
Fuente: PlanetaLibros.
Nota de la edición: Las fotografías de la escritora Patricia Cerda fueron realizadas en el Instituto Iberoamericano de Berlín, el 4 de noviembre de 2025.
Próxima actividad cultural de Patricia Cerda en Berlín
- 16/11/2025, a las 18:00 en el el Instituto Iberoamericano / Ibero-Amerikanisches Institut de Berlín: Lucila: Un homenaje a Gabriela Mistral. Charla sobre Gabriela Mistral con Susanne Klengel.

- 24/11/2025, a las 19:00 en el Salón Berlinés (Großgörschenstr. 6, 10827 Berlín-Schöneberg) presenta su novela Violeta & Nicanor, acompañada en canciones de Violeta Parra por Sonia Solarte.
- 01/12/2025, a las 19:00 en el Salón Berlinés, (Großgörschenstr. 6, 10827 Berlín-Schöneberg) presenta a Sergio Ojeda Barias y su libro BERLÍN.
¡Liberémonos del algoritmo! Si te gustó este artículo, te pedimos que te suscribas a la revista para recibir notificaciones de los nuevos artículos en tu propio correo electrónico. Te animamos además a dejar un comentario.

