Humboldthain: Dormir a la sombra de un (bunker) fantasma

Desde la ventana de mi habitación del hotel de Berlín donde nos alojamos, bien al norte de la ciudad y pegado a la estación de Gesundbrunnen, una de las más concurridas de la ciudad, se veía un gran parque; boscoso y espeso, aún en el más crudo invierno.

Observando por las ventanas, ese gran espacio verde domina la vista. Se trata del parque Humboldthain, creado a mediados del siglo XIX como homenaje al gran naturalista Alfred Humboldt.

La historia de ese parque, bucólica hasta entonces, como casi cada rincón de la ciudad, cambiaría a partir de los años 40.

Pero hay algo más. Hoy en día, en el corazón de ese parque, se ve una especie de colina, una elevación del terreno, extraña, tosca y despareja, que no armoniza con el resto del paisaje. Esa elevación extraña parece una pústula infecta en el corazón de la naturaleza de aquel parque. Y es, en efecto, algo así.

Esa colina no es natural, no la talló la fuerza noble de la naturaleza. Se trata de una construcción humana.

Sobre esa colina antinatural de la que ya hablaremos se yergue una mole de cemento, fría y gigantesca, que parece un abandonado castillo. Ambos, aquella extraña colina y el gigantesco bloque de cemento que descansa sobre ella, parecen salidos de una historia de horror, con todos los condimentos para asustarnos. Se yerguen en medio de un sigilo espectral.

Los pájaros revolotean a su alrededor y jamás vi a ninguno posarse en ellos, como si el instinto los llevara lejos. Ambas estructuras parecen abrazarse al silencio, como si yacieran sobre un abismo, y no en un parque moderno en medio de una capital europea.

Esa mole que se ve, gris, ominosa, amenazante y sombría, fue, durante la Segunda Guerra Mundial, un gigantesco búnker construido por la Alemania nazi en los días más crudos del conflicto.

La ciudad de Berlín sufrió de manera continua bombardeos por parte de las fuerzas aéreas estadounidenses y británicas desde 1941.

Esos bombardeos fueron luego recrudeciendo, cayendo en todos los puntos cardinales de la capital alemana.  Para defender la ciudad de aquellos cruentos ataques de los aliados las autoridades nazis levantaron tres grandes búnkeres, en tres diferentes distritos de Berlín.

Mientras desempacábamos, estábamos ahora frente a uno de ellos, mirándolo de reojo, sintiendo su influjo cerca de nosotros.

Dejemos que la propia ciudad nos cuente esta increíble historia:

Dentro de las torres había también cañones, aptos para la defensa antiaérea.

Esa colinas junto a esa mole que tapa la vista, es lo que se ve, aún hoy, 70 años después, asomando sobre el horizonte con su extraña forma.

Única superviviente y testigo presencial de un pasado funesto, la torre de Humboldthain, la que yo veía cada mañana al despertarme, allí, frente a mis ojos, fantasmal, monstruosa, oscura y aterradora, a pesar de los repetidos intentos por dinamitarla y hacerla desaparecer, pervive aún hoy como un recuerdo vivo de la peor guerra de la historia. Es una sombra oscura que nos hipnotizaba desde la ventana de nuestro cuarto de hotel.

Rodeada de árboles despojados de sus hojas por el crudo invierno las colinas que la sostienen parecía vigilarnos con sigilo.

Dormir a su ominosa sombra es una sensación inquietante, como si sus miles de fantasmas te rodearan, como si estuvieras descansando a los pies de un monstruo.

En la oscuridad, al despertarme en las madrugadas, no podía reprimir un escalofrío al asomarme subrepticiamente por la ventana del hotel, mientras mi compañera dormía, y observar esa torre, oculta en el corazón de las tinieblas de la ciudad.

Los días que siguieron los pasamos en Berlín siempre a los pies de esa mole horripilante y gris.  Aunque nunca se lo dije a nadie, nunca estuve tranquilo: algo en lo profundo de mi conciencia se agitaba profundamente cada vez que la veía, casi al borde de mi ventana.

La Segunda Guerra Mundial terminó hace unos 80 años, pero está viva en Berlín, aún, y sus cicatrices, como esa torre del parque Humboldthain, demasiado presentes a cada paso. Esas sombras nos miran.

Todo está allí. El rostro de Berlín y su aire están cargados de las marcas del conflicto. Unas marcas que aún no se borran.

Imagen de portada: ©Archivo Berliner Unterwelten e.V. La torre de defensa antiárea y búnker en 1942 poco antes de finalizada su construcción. La asociación Berliner Unterwelten, ofrece visitas guiadas también en español.


Alejandro Eduardo Perdomo

Tengo 42 años, vivo en Buenos Aires y soy Profesor de Historia. Además soy técnico en turismo y me gusta viajar por el mundo. De mañana doy clases en un Instituto y por la tarde investigo en los archivos y escribo. 

Intenté mixturar estas dos pasiones en los tres libros que tengo publicados, titulados A un paso de María Antonieta (primera y segunda parte), donde cuento historias de Francia y de París, junto con mis impresiones al visitar esos lugares, y Reinas tristes de la historia de Europa, donde investigué sobre la vida de doce monarcas de todos los tiempos y sus vidas, pasiones y destinos. Actualmente estoy preparando otro libro titulado Misteriosa Europa, con enigmas sin resolver sobre la historia del Viejo Continente.  Algunos de mis relatos se pueden escuchar en forma de audiolibros en Soundcloud.

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Alejandro Eduardo Perdomo

Escribo mucho y enseño Historia. Viajo para aprender. 4 libros escritos sobre historia europea.

Un comentario sobre “Humboldthain: Dormir a la sombra de un (bunker) fantasma

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