Berlinale 2025: La Cache (o la ternura al resguardo)

Una de las películas que entusiasmó en la competencia oficial de la Berlinale de este año fue La cache /The safe house. Mientras esperamos que se estrene en nuestros países, compartimos una reseña de este film basado libremente en la novela homónima, ya traducida al español bajo el título Un lugar donde esconderse (Ed. Siruela).

La Cache (Francia, Suiza, Luxemburgo, 2025), del suizo Lionel Baier, podría haber sido una película sobre las revueltas de mayo del ‘68 en París. También podría haber sido sobre el Holocausto en la Francia ocupada. Pero en mi opinión, usa ambas referencias como punto de partida para contar otra cosa.

Basada en la novela homónima de Christophe Boltanski, la historia transcurre en mayo del ‘68, cuando una familia judía se encierra en su casa mientras el caos social sacude París. Sin embargo, la película no pone el foco en lo que pasa en las calles, sino en lo que sucede puertas adentro de la casa en la Rue de Grenelle: las dinámicas familiares, los traumas sin resolver, el peso del legado y las dificultades de una generación atrapada entre el pasado y el presente.

Todo se narra desde la perspectiva del nieto (el propio Christophe, interpretado por Ethan Chimienti, aunque los personajes solo son identificados por su parentesco). Obligado a quedarse en casa mientras sus padres salen a protestar, el chico pasa los días con su abuelo (Michel Blanc, en su papel póstumo); su abuela (Dominique Reymond), que se niega a ser llamada “abuela”; sus dos tíos (William Behil y Aurélien Gabrielli), un artista sin rumbo y un lingüista con ansias intelectuales; y su bisabuela (Liliane Rovère), la matriarca de la familia, quien pasa sus días fumando, escuchando música clásica y recordando sus tiempos como bailarina de ballet en Odesa.

Afuera, el caos. Adentro, apenas un eco de lo que ocurre llega a través de la televisión o de los relatos de los padres. En esa especie de fortaleza («La tristeza no tiene lugar aquí, se queda afuera.» le dice la abuela), el gran dilema parece ser la existencia (o no) de un gato escondido bajo las escaleras, en lo que el niño cree ciegamente. Hasta que una visita inesperada –e incluso inverosímil, según admite el narrador– irrumpe.

Lionel Baier © Ulysse del Drago / Bande à part films

La Cache es autoconsciente, ilustrativa, exagerada. “¿Te molesta quedarte una noche más? Acá estamos haciendo historia”, le dice el padre al niño, marcando ese tono casi mítico con el que se narran los hechos. Desde la secuencia inicial, la voz en off deja en claro que lo que veremos es una reconstrucción subjetiva de los recuerdos de un niño, lo que le da libertad para jugar con cierta vaguedad argumental. En la puesta en escena, Baier se permite jugar: pantallas divididas, cambios de color, viajes en auto con un fondo claramente proyectado. Todo expone, sin disimulo, el artificio del cine. La película transita, casi de escena a escena, entre lo cómico y lo dramático, con una estética y un humor que recuerdan tanto a Wes Anderson como a Jean-Luc Godard.

En conferencia de prensa, Baier explicó que su intención era hacer una película sobre el Holocausto sin recurrir a la representación típica del nazismo, sin “disfrazar a los actores”, como él mismo dijo. Y aunque el tema está presente, sobre todo en la figura del abuelo, la historia trasciende ese marco. La Cache termina siendo un viaje a la infancia, a ese momento en el que el juego es la forma más natural de entender el mundo.

Los flashbacks a 1942, el estrés postraumático del abuelo –a partir de su necesidad por esconderse en un pequeño habitáculo en la casa, espacio que en el ‘68 es reabierto para ser usado–, y la melancolía de la bisabuela por su Odesa natal son los puntos más sólidos a la hora de retratar las vivencias de una familia judía en aquellos años. Sin embargo, Baier siempre se inclina hacia el humor, logrando que hasta un chiste sobre un saco con la estrella de David bordada funcione. Y creo que justamente ahí está la clave: ese enfoque tan judío de contar el trauma, de encontrar risa y emoción incluso en la mayor desgracia. El legado también atraviesa la historia, y queda claro cuando el nieto le promete a su bisabuela que algún día volverán juntos a Odesa.

Trailer subtitulado.

Imagen de portada: La cache © Véronique Kolber

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matiaskirjner

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