Berlinale 2025: El mensaje. La película argentina que ganó el Oso de Plata

Cine argentino ganador del Oso de Plata Premio del Jurado. Compartimos conversaciones (polifónicas) de Berlinale con Iván Fund, director de El mensaje. (Actualización al 22.02.25)

Anika (Anika Kootz), una niña de 9 años, tiene el don de telepatía con los animales. El mensaje es el viaje en motorhome que va realizando por el interior argentino. Acompañada y representada por dos adultos, Roger (Marcelo Subiotto) y Miriam (Mara Bestelli), sus tutores, va ofreciendo por los pueblos los «trabajos» como médium de animales con los que se ganan la vida. ¿Una banda de estafadores? El viaje tiene también otro destino: visitar a la madre de Anika (Betania Capatto), internada en un hospital colonia de salud mental. Filmada en un esencial blanco y negro, El mensaje es road-movie y coming of age, pero también es un bello film de trazo simple y minimalista donde el mundo es, no sin humor, comunidad de seres de diversas especies, humanos y animales, y un film que en el viaje se va deslizando hacia su centro: los vínculos, los afectos, todo lo que llevamos dentro en nuestros silencios, el poder de sanar.

Iván, en los relatos muchas veces los personajes se transforman, pero en El mensaje, más allá del coming of age, del pasaje de una edad a otra de la niña protagonista, lo interesante es que se transforma la expectativa de los espectadores.  Cuando uno lee de qué trata la historia, cuando comienza la película, uno piensa en la típica historia de estafadores: dos adultos que van de pueblo a pueblo, trashumantes, llevando a la niña que tiene un don que uno no sabe bien qué es, ese don de la telepatía con animales vivos o muertos, pero luego va deslizándose hacia otra película. ¿Trabajaste con eso?

Iván Fund: Me encanta que lo menciones porque sí, es la propuesta, la idea es eso. Cuando uno empieza a ver los personajes y a articularlos, trata de que puedan expresarse de la mejor manera en la historia, pero no los define. Yo trato de no clausurarlos para nada, sino justamente de proponer al espectador que los vaya descubriendo. Así como uno va descubriendo a sus amigos, incluso con el paso del tiempo, y va encontrando facetas.

Siendo yo también el co-guionista y montajista de la película me interesó mucho articular una estructura dramática que respetara cierta linealidad, ciertos puntos de coming of age, pero que estuviera en una espiral donde lo que cambia es la manera en que uno los descubre. Como una suerte de sedimento que se va sumando y después uno dice: «Ah, estaba pasando esto».

Me interesa mucho entender el cine y los relatos desde ese punto de vista: como una experiencia en la que claramente lo primero que tenemos es una percepción, luego una emoción y recién al final de todo podemos empezar a tratar de articular en palabras qué es lo que pasó, o a ponerles nombre a las cosas.

Señalabas que los roles de los personajes a los que se llama por el nombre, Roger, Miriam, Anika y no se dice qué parentesco tienen entre sí, era algo que te interesaba dejar abierto, y que cuando Miriam decía en un momento que era la abuela, el espectador podía no creerle también. Yo no le creí. Y al principio de la película muchas veces no les creés.

Exacto, hay algo de esos puntos de vista que uno intenta articular que es particularmente trabajoso, porque en términos de coherencia y de lo que uno va construyendo con las imágenes tiene que funcionar para todas las versiones. O sea, si vos decidís que son solo unos estafadores, tiene que haber una coherencia y que finalmente funcione. Por el contrario, si vos creés que simplemente es un mundo mágico medio distópico en el que habitan y de verdad sucede, nada más que está un poco desgastado por la realidad argentina que lo enmarca, también tiene que funcionar.

Para mí se trata de las películas y el relato como un lugar que uno puede habitar y recorrer no necesariamente como una forma cerrada.

La película transmite mucho esta atmósfera. ¿Hubo un guion muy cerrado al comienzo y luego esto fue evolucionando a medida que ibas rodando?

Me gusta trabajar con un equipo muy reducido. Habremos sido unas 10 personas en total con cast and crew, para poder estar muy en sintonía y tener la capacidad de reacción con la urgencia que vaya necesitando la historia.

Yo co-escribí el guion con Martín Castagnet, con quien ya había trabajado en mi película anterior, Piedra Noche. Y es una cosa muy orgánica con el guion, con la música y con el mismo trabajo con los actores. Filmamos durante el día, a la noche yo monto y al otro día a la mañana vemos lo filmado. Para que todos puedan estar más o menos en sincro y sobre todo para entender dónde está pisando la historia.  A veces pasa que de lo que filmaste se desprende ya una emoción que hace que la escena que querías filmar luego ya se clausure.

Es tratar de estar atento a eso, es un proceso muy vivo. En ese sentido para mí el mundo de la infancia y el mundo del cine están absolutamente interconectados y conectados con esta idea del asombro, con lo que tenés enfrente y la curiosidad…  Y algo de ese movimiento tiene que estar en el equipo de trabajo, como que no hay una diferenciación tan concreta entre lo que va a pasar delante o detrás de cámara. De hecho en la película fue literal: estar todos en ese viaje, estar todos moviéndonos por esa ruta y que continuamente, desde lo mismo que fuera sucediendo en el rodaje, pudiera surgir material para la película.  Siempre está la esencia de las escenas, pero no quiere decir que vayan a estar determinadas por lo que se ha escrito.

La mujer es el vehículo narrativo en tus películas. En este caso vemos a Anika, que es una joven en ese punto medio entre la niñez y la preadolescencia, y que se encuentra también en un punto medio entre su mamá y su abuela

Sí, ella es ese pasaje, ese umbral entre la historia de su abuela y de su madre. Lo que de alguna manera ordena el relato fueron mis ganas de narrar el momento de la vida de un niño donde descubre que puede tomar las riendas de la situación y contener al adulto. Es el momento en el que ella se reconoce como parte de una historia y decide tomar cartas en el asunto y usar ese «don» que tiene para tratar de confortar, de sanar a su familia.

Está ese sedimento de historia que todos llevamos, de donde venimos, y cómo ciertas generaciones no tuvieron las herramientas que otras sí tienen. O no vivieron en el contexto que supo contener algunas cosas, como aquí el tema de la salud mental, y que las nuevas generaciones pueden metabolizar de una manera mucho más sana y resolver.

Hay algo de eso que me parece muy interesante en el personaje de Miriam, y es que, si uno elige pensar, de nuevo, que no sucede de verdad esa magia, que ella está forzando un personaje o está forzándose a creer en algo, probablemente tenga que ver con eso, con no poder aceptar algo de su propia historia, con no haber resuelto algo de su propia maternidad, de su propia forma de vincularse con su hija, con su nieta.

¿Ella cree o no?

Yo creo que uno puede tranquilamente entender que Miriam es una persona que necesita de esa estructura para sostenerse, porque si no, se le puede venir encima todo lo que no estuvo pudiendo resolver a lo largo de su vida. De alguna manera algo eso se sana cuando Anika le trae el mensaje. Es la primera vez que ellas tienen un contacto físico real. Y después pienso en uno de los 82 consejos que le da Gurdjieff a su hija.  Dice: «Si no la tienes, imita la fe». Entonces, hay algo de eso, de I want to believe, quiero creer, en el mejor de los sentidos.

Y es algo que define un poco a todos los personajes tal vez.  De hecho el personaje de Roger, que está un poco más desde el rol del testigo, podemos adivinar que es alguien que ya transitó un montón y que ha hecho un poco más las paces con las cosas que le tocaron, y lo vemos por momentos escuchando a los pájaros o prestando atención…  Yo digo que es como una fe rosselliniana, algo que tiene que ver un poco con esa idea del cine de Rossellini en una película como Francisco, juglar de Dios, celebratorio de la espiritualidad y lo trascendental que está inmanentemente en nosotros, en lo mundano. Es eso, es este vínculo que tenemos, y eso es tan trascendental como todo lo otro que uno quiera habilitar o creer.

Señalabas que los silencios fueron llegando solos a El mensaje, durante el rodaje. Esas tomas de los personajes despiertos cuando el mundo duerme, o con la mirada en la lejanía, atentos a algo que no vemos o que está en su interior. ¿Es soledad? ¿Es melancolía?

Para mí tiene que ver con ese concepto que usan los japoneses de mono no aware: una suerte de percepción melancólica de la existencia, de lo efímero del paso del tiempo. Algo que te remite a esa melancolía, pero que en ese mismo movimiento lo celebra, celebra eso: lo único, que es lo que tenés enfrente.

Como decía el amigo John Cassavetes, cuando las personas empiezan a decirse te amo es porque algo anda mal. Yo creo que hay un vínculo amoroso muy fuerte entre los personajes, de contención y de compañía, que está expresado en ese cotidiano despojado que habitan. Y que sí, para mí está conectado con una melancolía, o una cierta ternura melancólica, pero no lo veo así como una soledad que se le impone, por ejemplo, a Anika.

Anika está también siempre como en un limbo constante entre lo fantástico y lo real… 

Anika es una niña que está en ese umbral donde un niño está dejando de habitar el mundo absoluto de la fantasía y empezando a dejar que se empiece a filtrar algo de esa textura de la realidad más pedestre. A mí me interesaba tener esa indeterminación, que el estatuto de lo que está pasando no sea concreto. ¿Es real? ¿No es real? 

A mí me interesa la ficción no como lo contrario a la realidad, sino como una forma de interpelarla, de entenderla y expandirla, de expresarla sobre todo en sus contradicciones, en su complejidad, en sus tensiones.

En un mundo donde donde la conexión con los humanos es muy pobre, ¿nos tenemos que relacionar más con los animales? ¿Lo pensaste así para tu película?

Creo que esto viene de la propia mirada de la infancia, de esa conexión que los niños tienen naturalmente con los otros seres, con los animales y demás. Y después también hay algo concreto, que uno siente como que ya hoy, si ponés animales en una película, parece que estás haciendo ciencia ficción, porque realmente la ausencia total de vínculo con los animales que la modernidad y la mayoría de las sociedades contemporáneas tienen es muy fuerte.

Yo cuando era niño estaba rodeado de animales. De hecho la película se filmó en esos paisajes donde yo me crié. Entonces había algo de eso, de tratar de recuperar esa presencia de los animales y de abrir un poco este lío en el que estamos todos, compartiendo este mundo con esos seres también. Y reconocerlos y reconocernos a nosotros en ellos también.

Con respecto a la relación con los animales, a estos trabajos que se ofrecen, por un lado, hay un gran humor y todo un kitsch que hace al vínculo del humano con sus propias mascotas. La inscripción en la tumba en el cementerio de mascotas: «Tengo una cucha en el cielo». Por otro lado, a menudo te preguntás: ¿a quién están tratando? ¿Están tratando al animal o están tratando a su dueño?

Esa interconexión es total. Incluso aún más, no solo se habla de los dueños o de ese mundo que hay en cada casa o en cada caso, sino que también está esa cosa como de feedback donde a veces no se sabe si no es ella, Anika, la que se reconoce en lo que están diciendo los animales.  Ella o incluso Miriam.  Hay como una retroproyección que habla un poco de todos.

¿Cómo surgió esta idea de El mensaje?

Aparte de lo que te decía antes, me gustaba mucho la idea de alguien que tiene un don, un talento algo mágico especial, pero que en el contexto en el que está situado sirve para llegar a fin de mes, le sirve para ganar unas monedas.

Y por supuesto la historia de esa familia que se constituye, como yo digo, desde el acto de la presencia. Más allá del vínculo que pudiera atribuírsele a cada uno. Son los que están ahí, acompañándose literalmente en el camino.

Para finalizar: La decisión de filmar en blanco y negro.

El blanco y negro, cuando lo hablamos con Gustavo Schiaffino, el director de fotografía, en principio la idea fue responder a una necesidad expresiva de la película. Me interesaba que la historia aconteciera un poco en el mundo del cine. Por un lado, yo sabía que ibamos a estar pisando la realidad, de una manera casi documental, pero que, por otro lado, era una suerte de fábula cinematográfica. De ese mundo del cine, de ese imaginario que nos remite a las películas con las que nos educamos o que vimos, desde el cine americano hasta películas argentinas también… Luego viendo referencias, la fotografía de Bernard Plossu, el fotógrafo francés, eran todas en blanco y negro y había algo que gravitaba hacia esa sensibilidad.  Y en un momento Gustavo dijo: «El blanco y negro, la imagen eterna». Y ahí me convenció.

Y final, final: You were always on my mind. Nos vamos cantando de la película y seguimos cantando con los Pet Shop Boys You were always on my mind. ¿Cómo traducirías eso en el presente de la película? ¿»Te pienso siempre»?  ¿»Te llevo conmigo»?

Bueno, a ver, la traducción no sé, pero yo creo que es: Te llevo conmigo.

Muchas gracias, Iván. Y lo mejor para los premios.

Berlineses: Última proyección el domingo 23 de febrero 12:15 h.

Agradecemos a todas las otras voces que intervinieron en las conversaciones Berlinale con Iván Fund.

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claudia baricco

(isa.kar.wai) - Un cine real o virtual es el living de mi casa. Los libros son mi otro hemisferio. En un mundo donde todo es político. Latitud: B y B – Buenos Aires-Berlín, dos ciudades de contrastes.

5 comentarios sobre “Berlinale 2025: El mensaje. La película argentina que ganó el Oso de Plata

  1. Gracias por la nota, ahora sí que me entusiasmó la idea de verla! Más allá de las analogías de hablar con mascotas muertas… Yo extraño especialmente a dos divinos gatos que tuve pero, mal que me pese, hasta ahora solo pude comunicarme en sueños.

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