El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja) de México, ganadora del Premio a Mejor Película de la sección Perspectives del Jurado Oficial; Little trouble girls, de Eslovenia: Premio Fipresci a Mejor Película de la sección y la producción alemana Mit der Faust in die Welt schlagen / Punching the world (actualización al 22.02.25).
Perspectives, la nueva sección competitiva de la Berlinale, comenzó en esta edición del festival un poco como la hermanita menor. A diferencia de la Competencia Internacional no hay grandes nombres de directores o actores o actrices que la precedan. Muchos de sus realizadores son conocidos en sus países de origen, tienen una trayectoria en el cortometraje, pero aquí se trata de operas primas, de su debut en el largometraje, y de su lanzamiento a nivel internacional. Así como suele suceder en festivales de todo el mundo que los grandes nombres de la competencia internacional no siempre colmen las expectativas que suscitaron y secciones paralelas sorprendan, en estos pocos días iniciales de la Berlinale 75 Perspectives se ha ganado el respeto y el foco de atención. Con películas sólidas, muy bien hechas y que nos hacen entrar en sus mundos.
Tres de estas películas tienen como protagonistas a las nuevas generaciones, niños, adolescentes, jóvenes, y el proceso y el reto de crecer en este mundo que los adultos forjamos para ellos. No siempre para su bien. Te las presentamos.

© Odei Zabaleta
El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja) (México), dirigida por Ernesto Martínez Bucio
Son los años 90, el Papa Juan Pablo II está de visita en México. Los mexicanos apuntan con espejitos al cielo para recibir su bienaventuranza, y las niñas ya no quieren ser enfermeras o maestras, sino Papas cuando sean grandes. En la casa, cinco niños de pequeños a preadolescentes son suficiente revuelo, pero un día la madre, que es enfermera, titubea un instante delante de la entrada del hospital donde estará de guardia, y se va. ¿Es ella esa silueta que ingresó a la casa en la noche y dejó zapatos de regalo para los todos los niños, como dice esa abuela que también vive con ellos y entre sombras y ruidos extraños presiente la presencia del diablo? ¿O fue este? La abuela ya no hace más la señal de la cruz, pues cada vez que lo hace, dice, algo sale mal. La madre se ha ido, no es la primera vez. El padre saldrá a buscarla. Y no regresará tampoco.
En un excelente trabajo de dirección, notable en la naturalidad y cercanía con la que logra captar a esos cinco niños que ahora viven solos con esa abuela que oye voces y conversa con ellas, con una ágil cámara en mano; en planos cortos que pretenden captar siempre partes, nunca el todo, en una narrativa que se construye fragmentaria; con una fotografía insinuante que juega con sombras, reflejos, penumbras, con el fuera de foco y, conjugándose con ruidos inquietantes, va creando todo un clima, El diablo fuma… irá siguiendo la vida cotidiana en esa casa que se va aislando cada vez más del mundo exterior convertido en amenaza. Una vida cotidiana que es como una vida en situación de emergencia, toda una metáfora, donde hay que cargar cubos de agua porque se cortó el agua corriente, donde falla la electricidad. Una casa que como una casa tomada se cierra en barricada de los intrusos. Y también se llena de cintas para atrapar moscas e insectos porque el diablo, dice la abuela, es como esas moscas que cuando huelen la descomposición no importa cuanto las espantes, siempre vuelven.



© Odei Zabaleta
“Esta película no es una historia, sino varias. Desde que la escribimos, ha sido una exploración de la memoria, el amor, el miedo y la imaginación en la infancia”, señala el director sobre su trabajo junto con Karen Plata. Maravillosas y no sin toques de humor son las escenas en las que los hermanitos arman estrategia conjunta para convencer a los asistentes sociales de que todo está perfectamente en esa familia y no se los lleven. Pero hay una felicidad perdida en esas imágenes de video grabadas por la madre cantando con los niños, hay una enorme fragilidad en la delgada línea que separa allí la exaltación de la tristeza y la melancolía. «Diablo, dame una señal de tu presencia», pide el más pequeño no sin miedo frente a una vela encendida. Con esa señal, y la ofrenda que han hecho de lo que más quieren, quizá pueda hacerle cumplir su deseo: que regresen sus padres. El gran logro de El diablo fuma… es que consigue difuminar la delgada línea que separa lo real de lo irreal o de lo sobrenatural. Y quizá pueda ser quizá.
*Berlineses, próximas funciones: lunes 17, martes 18 y sábado 22 de febrero.

© SPOK Films
Little trouble girls (Eslovenia), dirigida por Urška Djukić
En Berlín conocemos a Urška Djukić por Granny’s Sexual Life / La vida sexual de la abuela, un cortometraje documental de animación que se proyectó en interfilm y ganó el premio al Mejor Cortometraje Europeo. La vida sexual de las mujeres eslovenas en la primera mitad del siglo XX en la voz de Vera, una mujer mayor: El placer femenino no existía, de eso no se hablaba, era pecado para la iglesia. –¿Orgasmo?! Ah, qué dices, no seas tonta. En su debut en el largometraje de ficción, la directora vuelve a explorar el mundo del deseo femenino, ahora en los tiempos actuales y para narrar un despertar, el de Lucía, una chica de 16 años que canta en un coro, de un colegio católico, sí, claro está. Música sacra, claro está. Y sí, entre imágenes de la virgen por doquier –hasta virgen fluo como velador– e historias de sacrificios de vírgenes, el pecado sigue existiendo.
Pero Little trouble girls es un film que escucha el susurro de la voz, el susurro de las hojas de los árboles, que se acerca a los cuerpos, a la piel, a una boca, al laberinto de una oreja, a un cuello, un ombligo. Los primeros y primerísimos planos por los que opta la cámara para narrar marcan el espacio limitado en el que se debe guardar la estricta formación en el coro y al mismo tiempo son lente de aumento de una sensorialidad que brota y liba, aunque sea con la mirada, en lo prohibido que atrae. Como en las imágenes de abejas libando en esas flores de pétalos henchidos que el film trae en un paralelo romántico-kitsch de la adolescencia y el despertar sexual. Y que contrastan al menos con el exterior de esa Lucía parca, tímida, encarnada por Jara Sofija Ostan en una muy buena actuación que es su debut y que la tiene prácticamente el film entero delante de la cámara: su rostro, sus miradas. Porque en el viaje de tres días que hace el coro de niñas a un convento de monjas ubicado en un pequeño pueblo en medio de una naturaleza en pleno estallido del verano, Lucía comenzará a ver y experimentar el mundo de otra manera. Ana María, una chica atrevida de la que se hace amiga, será su contrapartida y complemento, la que la inicie y desafíe. Los jóvenes trabajadores que bajo el sol del verano están haciendo obras en el convento, el objeto de sus primeras miradas.



© SPOK Films
Frente al corset de esos sacros cantos corales que se ensayan y ensayan y suenan tan artificiales como si no salieran de las voces de esas niñas, Little trouble girls trae la fuerza disruptiva de un deseo libre en su inocencia. El descubrimiento de la atracción, más allá del género. Y regocija porque es también la historia de una conquista: la de una misma. Para los no amantes de estos sacros cantos corales, es bueno saber que más allá de ellos, hay toda una vida, y que las uvas no deben ser ácidas ni amargas. «If you want me to/ I will be the one/ That is always good/ And you’ll love me too/ But you’ll never know/ What I feel inside«, canta Sonic Youth en Little trouble girl.
*Berlineses, próxima función: lunes 17 15:30 h.

© Flare Film / Chromosom Film
Mit der Faust in die Welt schlagen/ Punching the world (Alemania), dirigida por Constanze Klaue
Basada libremente en la novela del mismo título de Lukas Rietzschel, Mit der Faust in die Welt schlagen (Puñetazos contra el mundo) narra una historia de la Ostdeutsche Provinz, de la vida de un pueblo en el interior del Estado federado de Sajonia, ex Alemania del Este, en los alrededores de Hoyerswerda, en una zona también de población sorbia. Una historia que comienza en los años 2000, unos 10 años después de la reunificación alemana, y llega hasta el año 2015, el año que marcó un hito porque Alemania recibió a un gran flujo de refugiados. Constanze Klaue, nacida en 1985 en el ex Berlín Oriental, retoma un tema sobre el que siempre gira su obra, como en su corto LYCHEN 92, para contar una historia que sigue siendo una deuda pendiente dentro de las producciones alemanas: la de la vida de los entonces ya ex alemanes orientales en la ex RDA en los años tras la caída del Muro. Y también la de la radicalización de jovenes hacia la ultraderecha. «Un fenómeno actualmente ya a nivel europeo», comenta la directora.
«Esta es una historia de dos hermanos», Philipp (12) y Tobias (9) Tschornak, «y de una rabia que no hará más que crecer», se presenta la novela. La madre es enfermera, y hace todos los turnos noche que puede; el padre trabaja en la construcción. Viven en los monoblocs, los Plattenbauten, pero la nueva casa que están construyendo es el símbolo del progreso. De ese sueño de pertenecer al mundo del bienestar de la otra Alemania, uno de cuyos hitos es ir a Mallorca de veraneo. Los vecinos que ya han terminado su casa incluso han pasado a otra categoría: pasan las vacaciones en Menorca, nada de turismo alemán masivo y Ballerman (la playa de fiestas y borracheras desenfrenadas de turistas alemanes). La familia ni siquiera puede ir a Mallorca. Para muchos no son años color de rosa –y no lo serán tampoco para la familia de Philipp y Tobi–, sino años de plomo, en el sentido de Hölderlin, tiempos grises, de sueños incumplidos, de vidas rotas. Allí están la desocupación, el pasado en la Stasi, el alcohol, la falta de perspectivas, las bandas de jóvenes violentos en pueblos donde no pasa nada, la xenofobia. La nueva casa quedará sin terminar, el padre recaerá en el alcohol, la pareja y la familia se comenzarán a desintegrar. Philipp será el primero que busque un lugar de pertenencia entre esos jóvenes que a la Thomas Heise viven con la abuela y salen a atacar a familias turcas –o a sorbios, aunque ellos mismos lo sean. Años más tarde, en 2015, cuando la ex escuela de los hermanos ahora cerrada –probablemente, aunque el film no lo dice, por el gran éxodo de jóvenes de estas regiones, o por el abandono de estas desde instancias gubernamentales–, cuando se prepare para alojar a refugiados, la situación escalará.




© Flare Film / Chromosom Film
En una muy buena adaptación cinematográfica, con una excelente dirección y excelentes actuaciones, Mit der Faust in die Welt schlagen logra captar y dar cuenta con gran humanidad de esa tristesse de la Ostdeutsche Provinz, de ese sueño no hecho realidad. También de esa rabia. Sin hacer preguntas, sin explicar nada, contando la historia de una familia pero que es la historia de muchos. Una historia de gran actualidad hoy cuando, ante el avance de la ultraderecha, recién la política empieza a volcar la mirada sobre «el Este» de Alemania. Recién, a 30 años de la caída del Muro.
*Berlineses, próximas funciones: lunes 17, martes 18, jueves 20 y viernes 21 de febrero
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4 comentarios sobre “Berlinale 2025: «No tan niños como para no probar.» Premios a Mejor Film de la sección Perspectives”