La dignidad de la mentira, una novela de Joachim Zelter

Con brillante humor e ironía, al ritmo vertiginoso de una prosa que se potencia en avalancha, en la novela del autor alemán Joachim Zelter el mejor nieto de esa abuela que se nutre de él, el niño precoz y modelo, descubrirá que la mentira es su mejor aliada. Y se irá convirtiendo en un monstruo freak –con la pasta de esos personajes inolvidables.

La nueva mini editorial berlinesa guacamayo san acaba de publicar la novela traducida al español. E invita el 14 de diciembre (nueva fecha) a su presentación en Berlín. Conversamos con su autor.

Él es todo para su abuela y ella es todo para él. Y ya de pequeño comprobará que no es la verdad sino la mentira su mejor aliada. Y como la abuela tiene grandes aspiraciones habrá que ir lejos. Cuando su ilustre vecino, el filósofo Martin Heidegger, lo acepte como discípulo, el niño que miente que sabe leer y escribir… Y cuando la vida y las noticias de la radio sean tan poco emocionantes, él comenzará a reemplazar las emisiones por sus propias cintas grabadas. Desde el sótano, detrás de una puerta de acero, él hablará ante el micrófono… Y dirá Alemania. Y dirá el mundo. Solo para ella.

Herr Zelter, ¿cuál fue la primera experiencia que le hizo dudar de la verdad?

Ya de niño me di cuenta muy pronto de que los adultos mienten mucho, al menos no se dicen la verdad, o si se la dijeran, entonces vivirían a menudo en un grave conflicto.

Ibsen habla mucho de las mentiras de la sociedad burguesa. Toda una gama de diferentes niveles de mentiras dominan por completo esta sociedad burguesa, de la que yo también vengo. Están las mentiras de vida, en las que la gente se engaña a sí misma sobre su propia vida; las mentiras por necesidad, las mentiras en las relaciones… Y creo que cuanto más se construye una sociedad así sobre altos ideales, más mendaz tiene por fuerza que ser. Es inevitable, ya no se puede evitar mentir.

En su novela La dignidad de la mentira el protagonista alega a favor de ella que ninguna guerra se ha librado en nombre de la mentira, cuando en nombre de la verdad, tantas… En nombre de la mentira jamás se ha perseguido, torturado, asesinado a nadie…

Exacto. Hay un filósofo, Heinz von Foerster, que dijo una vez que la verdad es el invento de un mentiroso. Y Oscar Wilde escribió en Dorian Gray: The way of truth is the way of paradoxes, el camino de la verdad es siempre el camino de las paradojas.

Otro filósofo, Hans Vahinger, dijo una vez que la verdad es solo el error más oportuno y conveniente. Es decir, todos cometemos errores y la verdad es sólo un cierto tipo de error, y este puede ser oportuno y conveniente; pero no hay nada como la verdad absoluta.

Nietzsche es ciertamente el gran maestro del cuestionamiento de la verdad. Para Nietzsche, las verdades son ilusiones de las que uno se ha olvidado que son ilusiones. Y según Nietzsche, lo contrario de la verdad no es la mentira, sino el prejuicio. Y la mayoría de la gente vive en medio de prejuicios y creencias y ni siquiera se da cuenta de que son prejuicios y creencias. Así que, en realidad, el mentiroso siempre está más cerca de la verdad que la gente que parece decir siempre la verdad.

En The decay of lying/La decadencia de la mentira Oscar Wilde escribe que, en realidad, life imitates art, la vida imita al arte. Este es también un postulado del protagonista de la novela…

Sí, y es algo que creo totalmente. Para mí eso de la mímesis del arte, de decir que el arte refleja la vida, es completamente ridículo. Porque se pone el arte al servicio de algo que no es arte. Y entonces su tarea es reflejar la verdad, las verdades religiosas y las verdades sociales. Y Oscar Wilde pone de cabeza todo esto y dice que, en realidad, la niebla de Londres no es más que una invención de los pintores que la inventaron.

En algún lugar de La decadencia de la mentira se dice más exactamente que we always carry out the whims and fancies of some distant novelist in the past, que nosotros siempre materializamos caprichos y fantasías de algún lejano novelista del pasado. Que no hacemos más que llevar a cabo lo que algún novelista del pasado ya ha escrito.

Yo creo que toda ficción que se pone en el mundo, toda obra de arte, no solo tiene un efecto sobre el mundo exterior, sobre la realidad, sino que, por supuesto, también puede estructurar y cambiar la realidad, para bien o para mal.

Y esta idea de Oscar Wilde puede sonar muy absurda y extraña, pero creo que hay una verdad muy, muy profunda detrás de ella, en esta inversión de la mímesis.

¿Cuál fue la emoción que lo impulsó a escribir esta novela?

Me pasé cinco años escribiendo mi tesis doctoral. El título era: «Ficción significante y verdad. Estudios sobre cuestiones epistemológicas y estéticas del concepto de ficción en el contexto de la historia europea de las ideas y de la historia literaria inglesa“.  Terminé y obtuve el doctorado, pero me di cuenta de que nadie lo entendería y que a nadie le interesaría un libro así.

Lo que más me movió entonces fue querer reescribirlo para que incluso los niños pudieran entenderlo o para que incluso los niños pudieran escribir ellos mismos estas ideas. Y por eso era muy importante para mí tener un protagonista que todavía es un niño y cuenta la historia desde una perspectiva infantil, que ni siquiera sabe leer ni escribir todavía, que es analfabeto.

Y que lo seguirá siendo aún de adulto aunque dé clases en la universidad… Bueno, pero eso es otro tema que ya descubrirán los lectores. Volviendo a nuestra charla, esta no es en realidad una novela escrita, sino hablada. ¿Es usted acaso más bien un locu-scritor?

Sí, así es, la novela son grabaciones de cintas habladas. Y yo más bien diría que soy un Sprechsteller y no un Schriftsteller,  un novelista fonocéntrico y no logocéntrico. No creo que se pueda escribir nada que no se haya dicho primero en voz alta. Mi enfoque es siempre escribir como si lo estuviera diciendo en voz alta.

En la novela el protagonista crea a medida para su abuela su propia ficción de la realidad, y la graba y se la hace escuchar como emitida por la radio. ¿Crear esta ficción solo es una ficción?

Puedo decir que de niño yo mismo practiqué esa ficcionalización del mundo. Puede sonar absurdo en la novela, pero es relativamente fácil de hacer.

De hecho, falseé partidos de fútbol cuando estaba en el internado, solo para ver cómo eran las reacciones de mis compañeros. Disponía de medios muy sencillos, una grabadora de cassettes y una segunda grabadora de cassettes con ovaciones de conciertos de música pop. Y grababa esas aclamaciones de los conciertos de pop como aclamaciones de goles, y así. Y siempre dejaba perder a los clubes favoritos de mis amigos. Hacía que un gran club como el Bayern de Múnich perdiera contra algún club aficionado con mucha mala suerte. Y entonces el mundo entero se derrumbaba para ellos.

Es muy difícil falsificar realidades en televisión, con los medios visuales, pero con la radio solo se requieren unas pocas cosas. Y hay ejemplos como el de Orson Welles con los marcianos. Una obra radiofónica y al cabo de una hora los oyentes creen que los marcianos han aterrizado. Es muy interesante.

La dignidad de la mentira, más allá de adoptar efectivamente en un momento este formato, tiene un ritmo en su prosa, un juego con los tonos, con la melodía, con la ironía, con los giros y remates que hace que se disfrute tanto leyéndola en voz alta que nos trae una impronta teatral.

Sí, el teatro me marcó desde joven. De estudiante formé parte del grupo de teatro angloirlandés de Tübingen. Y sólo representábamos autores irlandeses. Desde Goldsmith, Sheridan hasta Beckett. Porque casi todos los llamados grandes autores ingleses no son en realidad ingleses, sino irlandeses. Como el mismo Oscar Wilde.

Y en este grupo de teatro siempre había dos tipos de actores. Estaban los que habían vivido mucho tiempo en Irlanda, con acento irlandés. Pero también en estas obras irlandesas, los villanos son en realidad todos de Inglaterra, los arrogantes ingleses. Y necesitaban gente que tuviera acento inglés. Y por eso siempre me elegían para estos papeles.

Y para mí, Oscar Wilde fue una experiencia clave. Hicimos La importancia de llamarse Ernesto hace 30 años. Tuve un gran papel allí. Todavía hoy me sé la obra de memoria. Oscar Wilde es para mí un paradigma absoluto del arte, la escritura y el lenguaje. Tiene una gran profundidad filosófica, y ni siquiera te das cuenta, por la gran ligereza y el humor.

¿Y qué es para usted el humor? ¿Siente que su jornada de trabajo ya está completa cuando se ha reído a carcajadas mientras escribe?

Lo que pasa es que donde yo me río, el público a menudo no se ríe en absoluto. Porque todo escritor tiene una hipótesis de lo que es divertido, pero esta hipótesis no se corresponde necesariamente con la realidad. Algún crítico escribió alguna vez sobre mí que soy como el Buster Keaton de la deconstrucción.

En otras palabras, a veces yo mismo no encuentro las cosas muy graciosas. Pero a la gente que lo oye le hace gracia. Y lo que a mí me hace gracia, a otros no. Yo soy más bien así que no me río mucho en la vida. Y en realidad sólo me río en el proceso de escritura cuando las situaciones son completamente absurdas.

Yo orientaría mi risa más en la línea de Kafka. Donde uno también se lo puede tomar con una seriedad terrible y sagrada, pero que en realidad en cualquier momento vira hacia lo ridículo y lo grotesco.

Y yo no diría humor, sino más bien lo cómico. Y esto es también una reacción a una sociedad como la alemana, que en realidad tiene problemas con el humor. En el mundo literario un texto que invita a la risa es inmediatamente visto como de segunda o tercera clase. No se le da el mismo estatus que a un texto muy serio. Yo tomé una decisión muy consciente de apostar por lo cómico, también como forma de provocación.

En teoría literaria existe la hermosa frase de que la tragedia apela a las emociones, pero la comedia apela a la razón. En lo cómico hay muchos elementos cognitivos. En La risa, Henri Bergson, el filósofo francés, dice que la risa es siempre un correctivo social. Se puede castigar a la gente de forma represiva y decir que algo no se puede hacer. O se puede utilizar la risa para incorporar una corrección, para mostrar a todo el mundo que algo en esta sociedad no está bien, que hay una discrepancia, que es absurdo.

¿Y de qué trata esta novela? ¿Puede contarle brevemente al lector de qué trata sin revelar demasiado?

Se trata simplemente de un nieto que, por alguna razón, vive con su abuela y no con su madre. Y esta abuela es ambiciosa a más no poder. Ambos están solos. La abuela está sola y el nieto está solo. Y el nieto siempre se las arregla para llenar el vacío de la abuela con historias extrañas, que empiezan en un formato pequeño, sobre las cosas que le pasan cuando va de compras, y luego estas historias se hacen cada vez más grandes.

Al principio, historias propias, personales sobre lo bien que sabe leer…, incluso llega a ser doctorando de Heidegger a los 5 años… Pero en algún momento se da cuenta de que estas mentiras no son suficientes y que tienen que hacerse más grandes. Y que incluso tienen que adquirir una dimensión social global.

Y entonces, en 1974, se celebra el Mundial de Fútbol en el que la República Federal de Alemania pierde contra la RDA. Y eso es tan malo para la abuela que al nieto se le ocurre entonces simular todos los demás partidos, ser él mismo el relator. Y así Alemania se convierte en Campeón del Mundo.

Y la abuela se queda tan prendada de estas enormes ficciones que el nieto sigue mintiendo y las mentiras se hacen cada vez más grandes. Luego viene la reunificación alemana… En otras palabras, lo que se vive como verdad en la historia alemana resulta ser en esta novela la invención de un analfabeto.

De forma muy divertida, esta es también la novela de los filósofos. Allí están las ideas de Montaigne, la poética de Aristóteles aplicada al fútbol, Nietzsche, y están Heidegger, Husserl, que son o han sido vecinos. La esposa de Husserl sigue pasando en su Mercedes descapotable…

El hecho es que Heidegger realmente vivía en Freiburg, donde nací, y mi abuela vivía allí también. Y Heidegger solía pasear por el barrio donde vivíamos. Hace unos años, todavía se llamaba Heideggerweg. Por supuesto, todo cambió debido a la implicación de Heidegger en el Tercer Reich. Pero Heidegger todavía era un filósofo plenamente establecido en los años setenta. En toda la filosofía de la Alemania Occidental de posguerra se respiraba el espíritu de Heidegger.

Y Husserl, su predecesor en Freiburg, también era de allí, pero luego tuvo que dejar la universidad. Y su esposa, la señora Husserl, solía conducir efectivamente por Freiburg en un Mercedes.

Y luego también incorporé a Heidegger en mi novela como muchos otros autores, como Arnold Stadler, a quien aprecio mucho y en cuyas novelas Heidegger también aparece todo el tiempo. Era casi un running gag, un chiste recurrente en ellas.

Mi punto es simplemente mostrar que también hay un gesto burgués respecto a la formación en Alemania y que la formación se celebra más allá de toda medida. Y que esta celebración de la formación también tiene mucho de mentira y de ridículo. Pasé mucho tiempo en la universidad y en algún momento me pareció ridículo ese pathos, ese alarde, eso de autodefinirse por la educación que uno tiene y que en realidad no educa nada.

Una vez describí la universidad como una institución necrófila dedicada a evitar errores, donde todo lo grande, especialmente la literatura, el esplendor y la magia de la literatura, es luego asesinado en una tesis doctoral o transformado en algo completamente aburrido, irrelevante, desamorado.

Y entonces simplemente, en una exageración completamente bizarra, cambié el contexto y envié allí al nieto, que ni siquiera sabe leer ni escribir todavía, que finge ser ciego y se sienta en el seminario doctoral de Heidegger.

Porque cómicamente es el mejor lugar para dormir…

Sí, exactamente. Porque es muy aburrido. No necesitas drogas psicotrópicas. Muy, muy agradable.

Y la abuela odia la filosofía, odia a los filósofos en realidad. Y también odia las mentiras.

Sí, exactamente. Pero esa es la paradoja. Por un lado, es adicta a las mentiras, pero odia las mentiras. En realidad ella sospecha todo el tiempo que le están mintiendo. Pero eso no es un problema. Creo que la mentira es mayor cuando más se alega la verdad.

Hay una hermosa paradoja en la filosofía griega: Epiménides de Creta afirma que todos los cretenses mienten. Y en esta frase se hace evidente toda la paradoja. Si un cretense afirma que todos los cretenses mienten, la frase no se sostiene, porque al menos una persona no miente. Pero si una persona no miente, la frase tampoco es válida.

O está mintiendo con esta afirmación, pero entonces la afirmación tampoco es correcta. En otras palabras, cuanto más te ocupas de la verdad, más te das cuenta de que la verdad es muy frágil y muy paradójica.

Y también hay libros con teorías de la verdad como el de Puntel, un filósofo alemán. Existen alrededor de 300 diferentes teorías de la verdad, es decir, modelos de verdad o conceptos de verdad. A grandes rasgos, hay modelos empíricos de la verdad que dicen que si yo digo «un árbol» y veo un árbol ahí fuera, entonces es una forma de verdad. Luego hay modelos de coherencia que dicen que si digo 2 más 2 y eso da como resultado 4, eso es lógica matemática.

Y luego hay modelos discursivos que dicen que cuando las personas confían unas en otras y se hablan de manera recta y sincera, eso también es una forma de verdad. Porque, por ejemplo, la palabra inglesa truth procede en realidad de trust, que es una forma de confianza. En otras palabras, no existe una verdad absoluta o una verdad única, eso es la mayor mentira, sino que hay diferentes tipos de verdad.

Y esto es lo que realmente preocupa a la filosofía. Cuanto más intenta aprehender lo que es la verdad, más difícil resulta y más incomprensible se vuelve. Y esto se aplica a todo en la vida.

Oscar Wilde dijo una hermosa frase: The truth is rarely pure and never simple. Modern life would be very tedious if it were either and literature a complete impossibility.  La verdad rara vez es pura y nunca es sencilla. La vida moderna sería muy tediosa si fuera cualquiera de las dos cosas y la literatura, una completa imposibilidad.

En el siglo XIX, Oscar Wilde y Nietzsche deconstruyeron en grado sumo esta idea de la verdad. Y es con este espíritu que escribí La dignidad de la mentira.

Muchas gracias, Herr Zelter.

*Continuará: Próximamente La dignidad de la mentira, Goodbye, Lenin, la ficción y la sociedad de la posverdad

Joachim Zelter, La dignidad de la mentira, novela, guacamayo san, Berlín, 2024 ( 256 pág.) Trad. Claudia Baricco.


Joachim Zelter (Freiburg, Alemania)

estudió Ciencia Política y Literatura Inglesa en Tübingen y Yale e inició la esperada carrera de docente universitario. Tribulaciones de tesis de doctorado lo llevaron, sin embargo, a convencerse de que su camino era otro: la escritura. Así inicia una obra donde el humor, la ironía, la sátira política y lo tragicómico son marca de fábrica. Entre sus novelas cuentan Briefe aus Amerika (Cartas desde los EE.UU.), una novela posmoderna sobre el (mal) sueño americano; Schule der Arbeitslosen (Escuela de Desocupados), distopía sobre un campo de coaching radical para desempleados; untertan, adaptación del clásico de Heinrich Mann El súbdito; Die Verabschiebung (La despe-deportación) y Professor Lear. Im Feld es la novela de una obsesión: el ciclismo de carrera. Der Ministerpräsident fue nominada al Deutscher Buchpreis. Autor de obras de teatro y adaptaciones escénicas de su prosa, ha sido traducido al italiano, al francés, al turco. La novela La dignidad de la mentira es su primera obra traducida al español.

Imagen de portada: © Carolina Giovagnoli


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claudia baricco

(isa.kar.wai) - Un cine real o virtual es el living de mi casa. Los libros son mi otro hemisferio. En un mundo donde todo es político. Latitud: B y B – Buenos Aires-Berlín, dos ciudades de contrastes.

8 comentarios sobre “La dignidad de la mentira, una novela de Joachim Zelter”

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