Las inconfundibles Kumbia Queers de Buenos Aires vuelven a estar de gira por Europa. Con su personalísimo tropi-punk, el que trae ese crossover entre cumbia villera y punk. Tocan el 5 de octubre en Leipzig y el 6 de octubre en Berlín en el SO36. Conversamos con ellas.
“A mí lo que me preocupa es la segmentación”, asegura Juana Chang de Kumbia Queers, después de un durísimo ir y venir de intentar combinar horarios para conversar un poco sobre su nuevo show en Berlín. Así es la vida del laburante.
Las KQ son ya habitués de visitar Alemania, un fenómeno que puede llamar la atención a primera vista. “La verdad que hay lugares que te emocionan más que otros”, comenta Juana, justificando la repitencia de recitales en el país germano. “Creo que a nosotras particularmente Berlín –y yo creo que también Colonia, Hamburgo, Leipzig– son lugares a los que nos encanta volver, donde ya sentimos que somos como un poco parte del lugar.”
Recuerda de una de sus visitas a Berlín, pasar por una farmacia para comprar aceite que ayude a su garganta. “Entonces la farmacéutica me dice: ‘Bueno, te lo puedo traer para el lunes’. Y le digo: ‘No, pasa que yo el sábado tengo que cantar’ –y me responde: ‘Pero si cantas el martes’ –‘¿Y cómo sabés si canto el martes? ¿Qué onda?’. Y dice: ‘Porque voy ahí’. (risas) Es gracioso porque eso no nos pasa en Argentina, ahí no somos famosas. Y la verdad que son cosas que, qué sé yo, espiritualmente te hacen bien. Son divertidas y la verdad que solamente nos pasan en Berlín.”
“Es una apuesta grande”, plantea como contrapeso, “cada vez que planeamos una gira es una apuesta enorme. Ni hablemos de que los costos también se multiplicaron, así como lamentablemente se multiplicaron los precios de las entradas… Eso es algo que nosotras, desde nuestro humilde lado, tratamos de combatir.”
Juana tiene una impresión que intenta no transformar en un dogma sino repetidamente cerciorarse de que se trata solo de una impresión personal: que en Alemania hay una fragmentación social. Los turcos se juntan con los turcos, los alemanes se juntan con los alemanes y las luchas sociales no parecen compartir bandera. “Pero hay algo que sucede cuando nosotras tocamos: convergen un montón de universos”, asegura, “desde un universo universitario o muy alemán, hasta gente de toda Latinoamérica. Y en eso que proponemos, hacerles sentir que hay otros mundos posibles. Y la verdad que te dan ganas de seguir haciéndolo porque nos lo agradecen un montón y porque además a nosotras nos encanta.”
En el papel, las KQ son una premisa ultra-seductora para la idiosincracia berlinesa. Ellas se definen como tropi-punk, uniendo influencias del mundo cumbiero (que tanto disfrutan bailar los berlineses) y la ferocidad punk (probablemente Top 3 de los géneros más populares de la capital alemana, junto con la música electrónica y la familia del hip-hop).
“Nosotras tenemos una manera muy particular de hacer la cumbia, donde se notan nuestras raíces roqueras o punk”, trata de explicar, “el punk siempre fue más abiertamente antisistema, antifascista… Creo que se nota en nuestra pisada escénica y en la forma que tenemos de tocar los instrumentos”.
Cierto es también que en una etapa fueron producidas por Pablo Lezcano, uno de los íconos de la cumbia villera, y quien ha declarado que lo que más quería era llevar el punk a la cumbia. Ese crossover ideal generó el clásico ‘La Gran Estafa del Tropipunk’ (2010). “Tampoco somos músicas académicas”, continúa, “tenemos acercamiento mucho más punk –no solo en términos musicales, sino actitudinales. Y si bien lo hacemos con todo el amor, el respeto y la curiosidad por la cumbia, nos sale con otra pisada. Aunque intentemos hacer el contratiempo suavecito, somos muy boom boom (risas), somos todas brutas”.
Pero además, hay una claridad combativa antifascista e inclusiva, que no solo puede verse en las letras sino en la música –pero a quien eso le parezca un poco esotérico de afirmar, solo basta con seguir sus acciones y autogestión. “Lo de funcionar como cooperativa está fuera de discusión”, decreta, “es así desde el momento uno y va desde las autorías al merchandising, a la repartición de roles. Todas terminamos teniendo participación en la venta de remeras.”
Eso no significa que no hayan pasado por el mainstream: “Cuando salió el primer disco, que fue un suceso inesperado, vino Sony”, recuerda, pero se toma una pausa. “No, de hecho firmamos con Warner… La verdad que sinceramente ya ni me acuerdo con quién firmamos nuestro segundo disco (risas). Pero, obviamente, a la hora de hacer el tercer disco no le fuimos a decir a Warner –o a Sony–: ‘Tenemos otro disco’. No porque hubiéramos quedado en contrato, sino porque al toque nos dimos cuenta de que no era por ahí. Tampoco nos quejamos de eso ni nos sentimos estafadas por la multinacional, ni mucho menos. Eso igual jamás se mezcló con la forma cooperativa de la banda. Una cosa no quita la otra.”
Si bien las KQ son veteranas del mundo del rock, este proyecto está a punto de soplar 20 velitas, y todavía lo disfrutan. “Por suerte no lo hacemos todos los días” sonríe, “y eso también mantiene un poco el espíritu. Eso ayuda.

En ese sentido, la pausa pandémica obligatoria les permitió darse cuenta de que descansar de la intensidad proyectual tenía beneficios. “También nos sirvió para descansar, para volver a valorar y para volver a conectarnos con lo que es encontrarse con la gente”, recuerda, “abrazarse con la gente, hacer música en vivo… nos dio un montón de fuerza y creo que también nos volvió a convencer de que lo que más nos gustaba hacer, además de estar sin hacer nada, era juntarnos a tocar y a divertirnos. Y bueno, como dije, en especial, tocar en vivo.”
Recordando un poco la carrera, un salto en el tiempo le genera una sonrisa inmediata. “Me mencionás los tiempos de Macri”, responde, “y eso fue la época de la explosión feminista también –de alguna manera. Y eso exacerbó todo por mil. Fue realmente increíble.”
Como toda verdadera laburante del mundo artístico, recuerda con cariño cosas que no necesariamente aparecen en los resúmenes de la época. “Yo, cuando empecé a tocar, no conocía chicas que tocaran”, recuerda. “Me costó años conocer mujeres músicas. Y hoy vas a muchos de los escenarios y de las salas que tenemos y tienen técnicas de sonido, sonidistas, plomos, directoras de salas. Eso también cambió un montón toda la percepción y la perspectiva. Y ni hablar de la explosión de bandas de chicas que hay de todos los estilos. Pensar que en esa época tuvo que haber hasta una ley para que a nosotras –en Argentina por lo menos– se nos incluyera en los festivales. Vos leías la grilla de los festivales más importantes de la Argentina y no había una sola mujer tocando. Ya ni hablemos de una banda de chicas: no había una solista tampoco.”
El feminismo es y fue –y probablemente, como todo movimiento revolucionario, será– una discusión constante. “A nosotras nos invitaron al festival de Palazzo [Cosquín Rock] un año y tuvimos un debate interno durante un año sobre si queríamos o no queríamos ir. Algunas chicas de la banda no querían ir y otras decíamos que teníamos que ocupar esos espacios. Por más de que era un festival importante, al que viaja gente de toda Argentina. Era un hecho cultural. Al final fuimos y lo pasamos rebién. Pero fue un debate interno, de asamblea: éramos tres que decíamos ‘Vamos’ y dos que decían ‘No, de ninguna manera, no hay que ir’.”

Juana recuerda su posición al respecto: “Yo siempre soy más de ir a los lugares, a lo sumo de no volver. Ante la invitación, en general, siempre sí. Y después ya sé si me sentí bien –y si nos hicieron sentir bien, volvemos; y si no, chau, nos vemos. Pero por lo menos hablamos por la experiencia.”
Y la experiencia les dice que se sienten parte del universo de Kreuzberg y Neukölln, y lo que apodan la “fauna” del SO36 que apodaron como “el gallito dorado”. “Creo que eso es algo que nos hace bien, que nos reconforta”, asegura con una sonrisa. “Por eso también siempre, siempre que estamos en Berlín, estamos todas dando vueltas por ahí, encontrándonos entre nosotras también. Es eso: la ciudad que te emociona.”

CONCIERTO: 6 octubre SO36 Oranienstraße 190 (10999) BERLIN Einlass: 19:00. Beginn: 20:00
TICKETS: aquí
Para contactar y escuchar a Kumbia Queers: https://kumbiaqueers.com.ar/
Imagen de portada: ©inmensidadesfotografia
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