Sara Hebe: rapear un mundo roto que nos rompe (24 septiembre)

Con versatilidad musical, pero sin perder el estilo callejero que la marcó desde el día uno. Con su actitud contracultural y su postura frontal vuelve la argentina Sara Hebe a Berlín. Negocionismo (2026) es indiscutiblemente su disco con beats más techno-dance hasta la fecha, los que, combinados con el rapeo desenvuelto y el lunfardo habitual de Sara Hebe, lo transforman en una pieza particular. Lo presenta el 24 de septiembre en el SO36. Julián Melone conversó con ella.

En un mundo de playlists donde predominan performers usando loops de fondo en subgéneros que han evolucionado desde el hip hop, la argentina Sara Hebe todavía logra destacarse orgánicamente. Primero, por su versatilidad musical a la hora de mezclar géneros musicales sin perder el estilo callejero que la marcó desde el día uno –y también, quizás por sobre todo, por su actitud contracultural, su postura frontal y la sensación unánime que deja en su audiencia: después de este recital, me voy a comer crudo al mundo.

“Hay mucha gente que está militando”, comenta Sara desde el otro lado de la pantalla, “ambientalistas, gente que se sube un barco e intenta frenar alguna acción militar o evitar pescas masivas, saqueos… hay gente que está en eso. Yo estoy haciendo mi parte que es ir a tocar.”

El deber de jugar

Durante su infancia –y un poco más tarde también– el juego preferido de Sara era hacer shows en la calle para su familia y vecinos. Era un mix de música, coreografías y sorteos, donde ponía a sus amigas a ser parte del show. Pero, como corresponde a cualquier niño, el juego era cosa seria: Sara se preocupaba porque todo saliera bien y no perder la atención de su audiencia. “Hoy sigo haciendo más o menos lo mismo”, dice con una sonrisa.

A medida que su carrera artística fue creciendo, su mensaje combativo fue mutando pero nunca menguando: discutiblemente, podría asegurarse que ha ido endureciéndose. Hoy no es una hipérbole declarar que la música de Sara, y ella como persona, son un faro de valores y, por ende, de luchas.

“Para mí está claro que no hay ninguna obligación, responsabilidad o un ‘deber ser’ para el artista que, por tener un micrófono y una amplificación de su voz, tenga que emitir explícitamente un posicionamiento ideológico”, comenta. “Sí es muy valorable e importante cuando lo hacen, pero no es algo que se le pueda exigir.”

Pero de la obligación a la necesidad hay un trecho importante. “Algunos no lo sentirán, otros no lo pensarán, qué sé yo…”, medita, “pero por cómo está la cosa, la verdad, creo que es importante el posicionamiento público de los artistas acerca de la política y los gobiernos”. “Tenemos que trascender este problemón de alguna otra manera, porque ya ni siquiera pareciera ser un tema de derechas e izquierdas, ¿viste? Quizás reconociéndonos entre nosotros y hablando, conociéndonos, saliendo de internet y recuperando un poco las charlas y las conversaciones –y recuperando así la realidad, de alguna manera.”

Luego reflexiona un segundo más interpelando su comentario anterior: “También pienso que la música no tiene por qué hablar explícitamente de las cuestiones sociales que están pasando y que nos están lastimando, atravesando a algunos pueblos y sobre todo a algunas personas”.

Esto es el puntapié perfecto para hablar de su último disco, Negocionismo (2026)

 “Yo puedo hacer este disco donde no estoy necesariamente hablando de los problemas sociales que acontecen de forma explícita porque lo vengo hablando desde casi siempre”, reconoce, “y busco no repetirme –o  al menos tratar de poetizar diferente y que no se note tanto. Me está saliendo decirlo de una manera distinta, más rara, que por ahí, cuando escuchás los temas, podés entenderlos o no –y no quiere decir que eso no funcione”. Y recapitula: “Serán los mismos temas, pero trato también de hacer alguna maravillita que sea expresarlo de una manera estética nueva y hacer canciones y no panfletos, ¿no?”

Un mundo roto capaz de rompernos

Pero, ¿de qué se puede hablar después de 7 álbums y toda una vida de hacer música?

En su carrera hay un germen ideológico importante, una posición política tácita que parte del hecho de mantenerse como artista independiente: no tiene una discográfica ni ningún aparato industrial exterior que la sostenga  –alguna vez ha tenido un booker o un manager que no duró, pero no mucho más– y los videoclips y giras se hacen a pulmón. Lo cierto es que la decisión fue tomándose un poco sola, ya que reconoce con honestidad que, si bien ella no fue a buscar discográficas, tampoco se le han acercado a querer editar sus trabajos. Confiesa al respecto: “Yo creo que en el momento en que empecé [mi carrera profesional] dije ciertas cosas de manera explícita que no son muy útiles para vender nada de lo que quiere vender un sello discográfico”, y luego esboza media sonrisa: “el tema es que a mí a veces me gustaría tener un support, ¿entendés?”. Y asegura que esto afectó su forma de expresarse: “Dentro del sistema [mainstream] y del circuito comercial se habla de cuestiones sociales de una manera, para mí, lavada y licuada. Es cierto que cualquier discurso se puede usar para vender, pero me parece que tiene que ver con cómo lo digas. Realmente con qué sentimiento, qué posicionamiento y desde qué escenarios”.

 “Negocionismo me llevó un año y pico de darle vueltas para hacerlo”, explica, “de hecho el disco comienza con un tema que se llama Saqueo, que habla de la pobreza, la riqueza y la acumulación de dinero y recursos; también habla de los recursos naturales… habla de todo un poco”, y después asegura con gravedad, “habla de lo que para mí es el mundo roto que nos rompe a su vez”.

Entre todas las horrendas preocupaciones que la rodean, la que hoy le ocupa más lugar en el corazón y la cabeza son la subasta de recursos naturales y tierras que el gobierno argentino realiza actualmente, así como la depredación ecológica a niveles globales. Ella menciona la derogación de la Ley de Glaciares, así como que, el día de la entrevista y a poco tiempo de que la noticia quede sepultada por el Mundial de Fútbol, se hablaba de cómo el río Paraná había sido concesionado por una empresa belga. De hecho, al hablar de esto y de los Data-Center establecidos en la Patagonia argentina, Sara no puede evitar quebrarse, perder la voz y soltar unas lágrimas.

Sin dejar que esto la frene, asegura: “En el fondo sabemos muy poco de lo mucho que nuestros recursos están vendidos… estos temas de ecocidio me conmueven mucho y me mueven como tema número uno para escribir. Siempre fui muy directa y Saqueo es justamente lo que estamos viviendo en este momento en Latinoamérica –algo que bueno, empezó hace 500 años, ¿no? Pero hoy está creciendo de manera abrupta: el saqueo se está transformando en ley”.

Luego se ríe agridulcemente mientras recupera la sonrisa que la caracteriza. “Me aflijo muchísimo, soy bastante insoportable. Me hago muchos problemas en la vida, y medio que tapo lo que me preocupa muchísimo preocupándome por otras cosas, como por ejemplo la plata: ¿cómo voy a hacer ahora que tengo una hija?” y luego resopla “El futuro, qué se yo…”

 “Pero”, dice reviviendo la chispa, “tenemos que ir para adelante sí o sí: hasta donde dé. Ahora creo que estamos atrapados en internet y se nos dificulta realmente hacer algo. Por eso hay que ir para adelante sin pensar tanto; siempre para adelante”.

Puras Wachas de Berlín

Negocionismo es indiscutiblemente su disco con beats más techno-dance hasta la fecha, los que, combinados con el rapeo desenvuelto y el lunfardo habitual de Sara, lo transforman en una pieza particular en una discografía ya de por sí bastante ecléctica.

Y, al parecer, Berlín fue determinante en el enfoque rítmico del álbum.

 “Cuando empecé a ir me apasioné con el techno y el house” recuerda. “Ramiro J, mi amigo productor, ya venía produciendo y escuchando esos géneros, e ir a Berlín –y también nos pasó en Italia– a los clubes a bailar nos conectó mucho. Ahora en Argentina también hay unas movidas re grosas de techno independiente, bien underground”.

 “Pero Alemania también es punk” se apresura a aclarar, “tiene una historia muy punk. O sea, sé que suena un poco snob decirlo, porque ahora a todo se le dice que es punk ‘¿viste tal cosa? es punk’, ‘ahora el punk es tal otra’… la verdad es que el punk es el punk y nada más”.

De chiquita quería conocer Europa y viajar y viajar. “Vas a viajar”, le aseguraba su mamá, como si supiera de antemano algo que nadie más sabía. Y lo cierto es que hoy Sara se encuentra regularmente con giras internacionales, no solo por Europa. Son giras bien obreras y de poco glamour: No hay hoteles y micros con empleados. Sino que duerme en casas de vecinos de lugares poco ortodoxos. Las giras de Sara son autogestivas hasta el último detalle, a tal punto que no recuerda cómo fueron sus últimas “vacaciones” sin trabajo. Y Berlín suele ser parada obligatoria.

No todo el mundo lo tiene presente, pero Sara es una veterana de giras en Alemania. No solo conoce Berlín, sino que ha atravesado todo el país germano actuando en shows organizados por diferentes grupos de defensa de derechos humanos, okupas y disidencias. Ella es muy cercana a otras habitué berlinesas, las Kumbia Queers, banda que reconoce como guía ideológica y artística, así como han sido madrinas del puntapié para su gestión de shows internacionales. Ella ve la gran aceptación que esta banda tuvo en los sectores under y parte del colectivo LGBTQ+ como una puerta importantísima para su proyección internacional. Las Kumbia Queers la presentaban y abrían camino cuando “Berlin no estaba de moda y no iba nadie”, recuerda Sara entre sonrisas.

 “Son una gran referencia para mí”, asegura en referencia a las KQ, “son amigas y un ícono, como se dice ahora. Son una referencia absoluta de lo que es el ‘Do It Yourself’ [N del E: “DIY” se traduce a “Hazlo tu mismo”, en referencia a la producción independiente autogestiva en todos los aspectos], así se manejan para hacer música y para cualquier creación, comunicarla y moverse por los escenarios del mundo, sean en festivales, salas de pueblitos o ciudades grandes, siempre autogestiva y punk”.

 “Lo loco es que cuando tocamos no sólo nos vienen a ver los latinos o hispanohablantes: hay un público antifascista que se prende con nuestra música.” Esta sorpresa agradable es la que le permitió a Sara proyectarse a lo largo de Alemania y Europa, independientemente del hecho de que muchos europeos hablen español como segunda o tercera lengua –ya que el rap en general y el uso de palabras propias de Argentina no transforman a la lírica de Sara en algo “accesible”.

 “Estoy segura de que muchos no nos entendían al 100% las letras; y más allá que fusionamos con cumbia –que a ellos les encanta flashear los ritmos latinos– y con punk, creo que, como tocamos en espacios de lucha antifascista, LGBTQ+ y okupas, compartimos los ideales y eso nos conecta.” Las giras DIY de Sara le permitieron quedarse en Bundesländern sin andar pensando en un cronograma cargado, generándole otro pulso y ritmo que le permitió conocer otra gente y las microrrealidades de todos los lugares donde performa.

“Eso me parece un gran valor, como te digo, transmitido por las Kumbia Queers: que haya un público que es de ahí, del lugar, y conocerlo. No te entenderá, pero disfruta y estamos juntos… siempre me gustaría quedarme más tiempo.”



Para contactar y escuchar a Sara Hebe:

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julianmelone

Nacido en Buenos Aires en 1988. Actualmente forma parte de la agencia cooperativa de Noticias lavaca y Revista Desbandada. Formó parte de Dobandi Producciones, Radio con Aguante y Gamera S.A. Participó en medios que ya no se encuentran en Internet como Ludics, Rockomotora, Soles Digital Noticias, Frontera Musical y Ecléctica Radio On-Line, además de proyectos de divulgación. También fue tercerizado en grandes medios que todavía le deben un porcentaje de la paga, como Vorterix.

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