alfawwára, nuevo álbum de Deliriô: rock andaluz desde Berlín

“El flamenco tiene muchos palos, muchas variedades –y no todos son tristes. Pero incluso algunos que parecen alegres tienen cierta negrura. Es una música que viene casi de la esclavitud –entonces, en espíritu, el rock andaluz también tiene eso, una conexión con los problemas del mundo: problemas muy primitivos que el flamenco siempre consigue sacar. Al igual que el rock o el blues, el flamenco es visceral y su origen es la opresión a los desahuciados de la sociedad.”

Allí está Deliriô, tratando de darle color al invierno berlinés, hablando de las raíces que los llevaron a editar su disco debut alfawwára.

En la mesa se encuentran tres de sus integrantes: Bea, Ezequiel y Rafa. Hay café recién hecho de por medio y se van pasando la voz continuamente. “Somos un colectivo”, aseguran, “como hay colectivos de inmigrantes y de otras cosas, nuestro espacio es el ensayo y el escenario”. Y eso se nota en las respuestas, donde están más preocupados por mirarse entre sí y asegurar que todas las voces tengan algún tipo de consenso, o bien, en caso de no acordar, que se escuche lo que otro tiene para decir.

Deliriô finalmente ha editado su esperado primer álbum. Probablemente algunos berlineses se han cruzado con sus integrantes en el Tempelhofer Feld, cuando el colectivo de flamenco de la ciudad pone unas tablas y arma improvisaciones y tocadas en conjunto. Este punto de encuentro no solo ayudó a comunicar a españoles (y particularmente andaluces), sino a muchos curiosos que se vieron seducidos por las buenas vibras de los encuentros, las ganas de comunicarse y compartir, y el talento de muchos de los artistas involucrados. Pues allí fue donde se conocieron los integrantes de Deliriô y donde se plantó la semilla que hoy ha germinado como banda, siempre alimentada por el placer del encontrarse con un alma creativa en común, lejos de su primera casa.

Jaca negra, luna grande,
y aceitunas en mi alforja.
Aunque sepa los caminos
yo nunca llegaré…
Flores blancas, todo en balde,
y una lágrima en su copa.
Cielo bajo, su destino:
no volver a ver Córdoba.
Córdoba, Córdoba, lejana y sola

Córdoba (cançión der hinete)

Sin embargo, a pesar de que venimos hablando de flamenco, Deliriô no es eso, sino que se identifica como rock andaluz. Así se definen y así lo viven. ¿Pero por qué?

“Es una discusión ongoing” aseguran, “¿es ‘rock andaluz’ esto? Quizás si estuviéramos en Andalucía no nos definiríamos así. No somos Triana –y si dices ‘rock andaluz’ en España pues se esperan a Burrito Kachimba. Pero también es cierto que si escuchas nuestro disco, encuentras las letras, el habla y la cadencia musical con espíritu andaluz. Es nuestra manera de quizás encontrar una identidad propia para nosotros mismos aquí en Berlín, ¿no? Es nuestro espacio. Y que se nos reconozca también. Como estamos fuera de nuestra tierra, entonces hay una necesidad de identificarnos».

Lo cierto es que su álbum debut alfawwára no entra fácilmente en los tags modernos que tratan de resumir en dos palabras todo un sonido para comodidad del espectador. Es cierto, la categoría de rock es indiscutible, pero tampoco pueden negarse todos los condimentos que le dan una sólida identidad. Con un sonido áspero pero nítido, casi de garaje independiente moderno, va jugueteando con diferentes ritmos y planos. Hay beats más bailables, propios de una pista disco o una bailanta cumbiera, y pasajes más introspectivos con cambios de clima propios de géneros progresivos de los años 60, mezclados o interpuestos con rapeos multilingüísticos que derivan en vocalizaciones cantaoras.

Sin embargo, lo que a primer impresión puede parecer una ensalada caótica, consigue construir una sola idea y sus partes no contrastan de forma chocante entre sí, sino que se sienten como dedos de una misma mano. Y por supuesto, siempre presente, una herencia flamenca en melodías, estructuras armónicas y cadencias propias de raíces andaluzas.

Admiten que los inicios del grupo comenzaron con zapadas e improvisaciones que no escapaban a los gustos comunes de Exquirla, Enrique Morente o El Niño de Elche con Toundra, pero la idea se fue ajustando cada vez más a la necesidad de expresarse.

“Al final el disco tú lo escuchas y se ve que no es es un solo cerebro dictando trece canciones”, comentan, “es una verdadera variedad, porque las diferentes personalidades y colores del grupo consiguen mostrarse”.

Las texturas navegan pasando por una dulce incomodidad a un poco de celebración encubierta. “Parece alegre, pero en realidad el flamenco es muy oscuro”, ríen.

Hoy, admiten, el flamenco y la música que de allí se desprende se ha profesionalizado y convertido en un arte culto, o bien en un entretenimiento exótico. No se necesita caminar demasiado por las calles de Berlín hasta encontrarse algún cartel de un show de “Noche de Flamenco” claramente apuntado al consumo estereotípico del turista: Deliriô busca desprenderse con éxito de ello.

Cuando participan en eventos como “Andaluces levantaos”, obviamente el público se compone mayormente por hispanoablantes; pero cuando se extienden en otros ámbitos, el público no es sólo de simpatía andaluza, sino que entusiasma a gente que no habla el idioma y que poco sabe o conoce del asunto: al parecer, también, hay un gancho especial con croatas. “Si vamos toda la vida escuchando música en inglés”, comentan con una sonrisa “¿por qué no escuchar música en español? Y puedes conectar con la música incluso cuando no entiendes la letra.”

Tanto el sonido como las temáticas que abordan las canciones comparten ese mix de sonar actual y atemporal al mismo tiempo. “Intentamos que los shows sean entretenidos, pero lo cierto es que estamos contando una historia”, confiesan dejando ver la homogeneidad narrativa dentro de la eclecticidad sonora.

Su canción suena tanto a una pena milenaria como a algo que podría salir de un artista callejero sobreviviendo en la calle de Berlín –y no te engañes, en la canción Outro no están quejándose “del puto wásap”, sino de un mal mucho mas viejo que no parece ceder. De la misma forma, cuando usan los versos de Federico García Lorca en Córdoba (canción del hinete) derivando en el track siguiente Interludio, hablan por sobre todo de la lejanía con su madre tierra.

“Y bueno, tiene que haber algo de tensión, porque nosotros también vivimos tensionados, ¿no?

En la emigración se vive un poco así, ¿no? Y vivimos en un mundo que ahora está muy tensionado, de final”. Y quizás ahí empieza también a mostrar la nariz una de las tantas justificaciones que Deliriô encuentra para autodefinirse como rock andaluz.

“El andaluz está un poco denigrado dentro de España”, concuerdan, “por ejemplo, en las series de televisión mainstream la persona que habla andaluz tiene siempre el peor trabajo: es el portero, es la limpiadora, etc; son muchos estigmas, sufrimos mucha glotofobia. O sea, por tu forma de hablar eres el el gracioso: ‘a ver, anda andaluz, cuéntame un chiste’. ¡Pero al mismo tiempo lo quieren españolizar! Es interesante, porque cuando arman los carteles turísticos al resto del mundo, de tal Visit Spain, te ponen el flamenco, ¿no? ¡Ah, pero el acento no! Entonces, somos una minoría dentro del país.”

Si bien hacer arte hoy día es en sí mismo un acto de rebeldía, aunque no lo digan, que Deliriô haga rock –un género globalizado, apto para todo el mundo y a prueba de fronteras– revalorizando la identidad que los hace quienes son, redobla dicho valor. Y debido a los conflictos que la propia España que los contiene dentro de sus fronteras les impone, la distancia les permite un poco más de libertad en autodefinirse de una forma que, ellos admiten, no harían en su propia tierra. Aquí, en Berlín, es un testimonio reivindicativo de divulgación involuntario.

“La brutalidad de la España profunda, con la opresión de la Iglesia, tiene un pasado negro que explotó a los pueblos con la desigualdad”, y luego ironizan, cómplices: “Antes de llevar ‘el progreso’ y ‘la civilización’ a Sudamérica; ya lo habían traído a Andalucía. Porque éramos los salvajes.”

Deliriô cuenta con ocho integrantes en escenario y seis de formación dura. Aseguran que si bien se encuentran en un buen momento con mucha inercia, como cualquier proyecto colectivo, los procesos han tenido que adaptarse a motor de muchas broncas y conflictos. Pero lo cierto es que dichas experiencias les ayudaron a congeniar a través de entender sus diferencias de edad, de trasfondos, de historias y de presentes. Pero más que nada a través del hecho de que no todos están en Berlín por los mismos motivos, no todos saben si quieren quedarse –incluso alguno asegura estar casi en contra de su placer– y nadie sabe qué va a ser de su futuro. Pero eso sí: Deliriô no está en duda, jamás.

El café sigue rotando y la charla deriva a otros caminos que tienen que ver más con la vida que con el arte –o sea, que tienen todo que ver. Y va siendo hora de terminar, porque es momento de ensayar, y ese espacio tiene la sacralidad del disfrute y la responsabilidad. Con el cansancio a cuestas y la ineludible alegría de hacer lo que les gusta, no importa cuanto pareciera tirar abajo un tema la conversación, o cuán gris y fría esté la calle durante el invierno berlinés más frío de los últimos 15 años: cuando Deliriô habla de su música y su mensaje, se renuevan las energías, los ojos brillan con juventud y la sonrisa es inevitable. Y se definen brevemente: “Esto es un poco nuestra pequeña revolución, si se puede llamarle así”.


Para contactar y escuchar a Deliriô:

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julianmelone

Nacido en Buenos Aires en 1988. Actualmente forma parte de la agencia cooperativa de Noticias lavaca y Revista Desbandada. Formó parte de Dobandi Producciones, Radio con Aguante y Gamera S.A. Participó en medios que ya no se encuentran en Internet como Ludics, Rockomotora, Soles Digital Noticias, Frontera Musical y Ecléctica Radio On-Line, además de proyectos de divulgación. También fue tercerizado en grandes medios que todavía le deben un porcentaje de la paga, como Vorterix.

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