Sumo, una de las bandas más emblemáticas del rock argentino, durante los preparativos y el desarrollo de un concierto histórico: la presentación de su último disco en el mítico Estadio Obras, registrado un par de meses antes de que muriera su líder, Luca Prodan. Un film dirigido por José Luis García. Se presenta en única proyección especial en Berlín el 2 de marzo.
“Esta noche, el show es un show al revés. A mí se me dio vuelta la vida…”, dice Luca Prodan al micrófono cuando el show está a punto de comenzar con la última canción de la lista. Sucede que Luca le había pedido a su amigo Rodrigo Espina que comenzara a grabar los shows de Sumo, porque estaba seguro que no iba a llegar vivo a fin de año.
Así comienza Fuck You! El ultimo recital, anunciando que estamos por presenciar una tragedia, en el aspecto griego de la misma. No es el último show porque la banda se separó, porque Luca dejó la música y se fue a vivir a las montañas (ni siquiera es verdaderamente el último show, el cual ocurriría luego en la cancha del Club Atlético Los Andes) ni nada por el estilo. Sucede que Luca va a morir dos meses después del show que estamos viendo, donde Sumo presentaba en el Estadio Obras su último disco After Chabón. Por eso, sus palabras en el escenario toman otro cariz, casi el de un réquiem anunciado. Luca lo sabe, quizás la banda lo intuye, pero el público no. Sin embargo, nosotros lo sabemos y el documental lo sabe. Somos todos cómplices curiosos de una noche en donde lo banal toma color icónico.
Aquella noche, el ya mencionado Rodrigo no podía ir a filmar así que llamó a un tal José Luis García para que lo cubra. “Vos seguilo a Luca”, fue la única instrucción, y José Luis cumplió al pie de la letra, sin saber con qué se iba a encontrar. Pasó a buscar a Prodan por su casa y fueron juntos en colectivo al show. Durante el resto de la noche, la cámara persigue a Luca a todos lados con su calidad VHS y colores saturados. Los zooms y aproximaciones incómodas tratan de colarse en todos los diálogos cubiertos por los barullos de las pruebas de sonido, diálogos ajenos y bares. En los momentos no musicales del documental, Luca y el director nos hacen sentir intrusos bienvenidos, polizontes que integran la lista de invitados. Un equilibrio agridulce.

No somos los únicos: mucha gente que rodea a Luca empieza a sentirse incomoda conque alguien ande filmando, e incluso lo verbaliza. “Dejá de filmarlo todo el tiempo”, “estos del video no sé qué se creen…” o “que están haciendo ¿un documental como Let’s spend the night together?”, como si Luca no lo hubiese contado a nadie más que a Espina. “Son mis amigos”, replica en un momento con su imborrable sonrisa de conductor televisivo, “No estoy haciendo esto para mi”.
El documental es un documento histórico por sobre todas las cosas. Quien llegara a verlo sin saber quien era Luca Prodan o bien Sumo se perderá algunos de los trasfondos mas importantes: la gloria de las apariciones en escenario de Tito Fargo y el Piojo Abalos (en ese entonces ex Redonditos de Ricota), las intervenciones de Daniel Siman (histórico iluminador de la banda) o que sea Timmy MacKern (el mánager de Sumo y quien rescató a Luca de la heroína) con quien sostenga diálogos exclusivamente en inglés.
Sin embargo, para aquellos desinformados, les espera ver un show de altísimo nivel musical. Mucho se hablaba de lo intransferible a palabras que era presenciar un show de Sumo: pues ahora quizás haya posibilidad de verlo. José Luis García se abre espacio lentamente en el show, desde estar en un rincón a casi un integrante más en el escenario. Tiene que vérselas con la espontaneidad: el show arranca con el último tema de la lista. La banda hace lo que quiere, musical y físicamente. De golpe hay una niña bailando en el escenario. De golpe se toca sentado en el piso. Es impredecible, pero siempre es rock de primera.
Y en el medio, o más bien en el centro, siempre Luca. En un momento, el público está efervescente y aparentemente incontrolable. Suben tres chicas y la audiencia comienza a los gritos, a lo que Luca pide que “nada de machismo”. Segundos después sube Andrés Calamaro, quien empieza a recibir coreadas de “P*to” por parte del público. “Se les fue al carajo el respeto”, dice Luca y controla al público con su carisma caótico y su sentido del humor. Si Luca se enoja, todos nos comportamos. Lo que sigue no es menos surreal: con el acordeón de Marcelo Albisur todos comienzan a cantar la tirolesa El pastor solitario (aquella de La Novicia Rebelde), solo que terminando las frases con “Fuck You!”
No hay narrador, solo testimonio. Nadie explica nada. Los diálogos aleatorios son solo eso, conversaciones que llenamos de simbología. No hay siquiera una intención de explicar la extraña importancia que Luca tuvo sobre el rock argentino y como lo absorbió para crear su propia criatura. Solo vemos un hombre cuyo hígado pareciera estar en perfecto estado gracias a estar gestando constantemente una economía de buen humor entre todos. “Yo hago lo que quiero, tuve esa suerte”, dice en una discusión en un bar con las chicas que luego subirían al escenario. “No tengo un planteo filosófico de por qué estar en el escenario o no (…) porque no arrastro problemas de la niñez.” La actitud es recia, pero dos segundos después le pide a la cámara que lo siga con su imperturbable sonrisa.

Lo más parecido a explicar quién fue Luca es un fragmento de una entrevista para Radio Nacional que la cámara presencia. Allí, junto al saxofonista Roberto Pettinato y un grabador del tamaño de un ladrillo, hablan sobre la pérdida de la esencia, de la facilidad de Luca para salir a la calle y de la farsa de la fama asfixiante. En esa escena Pettinatto funciona como un traductor innecesario, explicando o ampliando las breves respuestas de Luca, las cuales a veces parecen que respondieran algo que no fue preguntado. Pettinatto está dando una entrevista y Luca anda haciendo arte. Pero al final de la misma, Prodan es claro: pide respeto y amor. Punto.
Hay momentos musicales inéditamente magistrales, como Mañana en el Abasto o No tan distintos, así como la prueba de sonido de Estallando desde el océano o una versión más demoledora de lo habitual de Crua-Chan, que con el estilo caótico y sensible de García aumentan la sensación de estar allí. Cualquiera que tuviese solo una pequeña simpatía por la banda tendrá piel de gallina y a cualquier fanático puede rompérsele el corazón. La calidad del audio es intencionalmente cristalina y desprolija, no solo coherente con la estética visual del documental, sino porque así fue masterizada intencionalmente. Que todo se entienda, pero que no se pierda ese ruido y esa mugre que era parte vital del aura sonora de Sumo.
La proyección en Berlín está gestionada por Gonzalo Marinucci, músico veterano argentino que hace quince años sigue ejerciendo su profesión y la gestión cultural en Alemania. “Es un caso de migración al revés”, dice refiriéndose a Prodan, “porque Luca vino a recuperarse. Canta en inglés y todo, pero en vez de venir a matar a todos los que viven de la tierra e imponer su idea cristiana, vino a traer una bocanada de arte y colaborar en la transformación. Berlín y el mundo necesitan mucho de eso». Aunque no lo admite, luchó mucho para que el show fuese gratuito y hasta tuvo que poner dinero de su bolsillo para que fuese así. “Esto es underground”, continúa “un underground humano en contra de la ultraderecha y la industrialización. Lo que importa es poder dar la chance de que quien quiera verlo, pueda. Eso es cultura.”
Luego del show en Obras, de golpe toda la filmación se vuelve blanco y negro, sin explicación. La banda se va del escenario sudada y agotada. Luca dice que todo fue un fucking éxito. Alguien dice que al rollo de la cámara le queda una sola foto y que la única foto que falta es la de los Sumo hechos mierda. Al principio del show, antes de empezar el último tema de la lista, Luca repite lo que (según él) le dijo Borges a un punk en el tren de Londres. Fuck You!
El domingo 2 a las 16:00 hs se proyectará en forma libre y gratuita Fuck You! El último recital en B-Ware! Ladenkino (Gärtnerstr. 19, 10245 Berlin). Con la presencia del director Jose Luis García.

Julián Melone
Nacido en Buenos Aires en 1988. Actualmente forma parte de la agencia cooperativa de Noticias lavaca y colabora con Revista Desbandada. Formó parte de Dobandi Producciones y Gamera S.A.
Participó en medios que ya no se encuentran en Internet como Ludics, Rockomotora, Soles Digital Noticias, Frontera Musical y Ecléctica Radio On-Line, además de proyectos de divulgación. También fue tercerizado en grandes medios que todavía le deben un porcentaje de la paga, como Vorterix.
Todas las imágenes cortesía de ©Barakcine
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