El Nikolaiviertel: un barrio suspendido en el tiempo

Aparece de pronto el Nikolaiviertel. De pronto y sin que lo esperes. En una ciudad tan indescifrable como Berlín, con la Torre de Televisión, la Fernsehturm en alemán, cibernética y extraña a pocos metros; con la Isla de los Museos también cerca, con el río Spree y los restos del Muro por allí, con el extraño edificio municipal berlinés, nada te prepara para que, sin aviso, aparezca un barrio medieval completo y silencioso en medio de ese rincón de la ciudad.

Como si concentrara todas las fuerzas enigmáticas y centrífugas de la ciudad, todas las fuerzas opuestas y todos los períodos históricos mezclados en pocas calles, como si el viento los hubiera juntado allí, sin orden aparente, ese barrio está, solo y casi abandonado por los turistas, a pocos metros de todo y, sin embargo, envuelto en una especie de isla silenciosa, rincón quieto de callejuelas extrañas. Nikolaiviertel es su nombre y contamos algo sobre él en el artículo anterior.

Se trata de un sitio importante.

Ese suelo, muchos metros por debajo, oculta de hecho el casco histórico habitado más antiguo de Berlín.

El Nikolaiviertel es la zona residencial primigenia de Berlín, su génesis y su origen. Su nombre se traduce como el «barrio de Nicolás» y recibe su nombre de la Nikolaikirche, la iglesia de San Nicolás, ubicada en su centro.

Nadie sabe muchas cosas sobre el origen de Berlín. No hay demasiados datos ni documentación. Pero como dice esta excelente fuente, sí hay, al menos, una certeza. Fue allí, en el Nikolaiviertel.

«Nadie sabe cuándo se fundó Berlín: la carta de la ciudad se perdió en un incendio en el centro en 1380. El primer documento que menciona la aldea de Cölln, la hermana de Berlín al otro lado del Spree, es de 1237, mientras que la primera referencia a Berlín data de 1244. Aunque quedan pocos registros de esa época, al menos se conserva una estructura: la Nikolaikirche. La basílica original no se parecía en nada a la iglesia de ladrillo rojo que se levanta allí hoy, pero parte de la mampostería se remonta alrededor de 1230.»

© Nikolaiviertel e.V. / VICAMEDIA UG – Nikolaiviertel

La  iglesia, verdadero corazón del Nikolaiviertel, tiene una historia increíble: aún está por allí, milagrosa superviviente de todas las tragedias de Berlín. De ella hablamos en el artículo anterior, que los invito a leer si no lo hicieron.

Pero hoy hablaremos del barrio que la acoge. Pasaron los siglos y el Nikolaiviertel siguió allí, creciendo, repleto de vida. Nada parecía turbarlo. Llegó el siglo XX y Berlín, extrañamente y a diferencia de otras ciudades –pensamos en París– quiso olvidar esta zona tan cara a su origen y los vaivenes de la política llevaron a descuidar el viejo barrio y hasta casi pensar en destruirlo, impunemente, sin más.

Los proyectos para su desguace se sucedieron; ninguno contempló que se estaba hablando del corazón original de esta ciudad irrepetible:

«Desde comienzos del siglo XX, en relación con la industrialización, el rápido crecimiento de la ciudad y el desarrollo del tráfico automotor hubo varias consideraciones sobre la ampliación de las calles del casco antiguo de Berlín. Esto llevó a numerosas demoliciones en la década de 1930. Entre otras cosas, el Mühlendamm fue ensanchado a 37 metros, y el Palacio Ephraim (Nota del editor: que luego fue reconstruido) junto con los edificios del puente Mühlendamm fueron demolidos por razones ideológicas del nacionalsocialismo.” 1

Pero algo quizás mágico sostenía al lugar y muchos de los proyectos se frenaron en la gris niebla de la burocracia estatal.

El barrio siguió existiendo, casi al margen del bullicio berlinés, faro silencioso en medio de una ciudad turbulenta por la que pasaron imperios, revueltas, repúblicas invasiones, y una Gran Guerra. Este rincón parecía, entonces como hoy, casi distante, como si nada de eso le hubiera importado demasiado.

“Hasta la Segunda Guerra Mundial, el barrio se caracterizaba por sus fondas, tiendas, fincas y sus talleres de artesanía. Artistas como Kleist, Hauptmann, Ibsen, Casanova, Strindberg o Lessing vivieron o se alojaron aquí.”2

Palais Ephraim, Nikolaiviertel ©Jörg Zägel, CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons

Pero la guerra no perdona. La Segunda Guerra Mundial no iba a perdonar al viejo barrio. Obviamente, el peor conflicto en la historia de la humanidad lo arrasó por completo y no hubo poesía o fuerza humana que lo salvara. Esos años dejaron una imagen conmovedora; nada quedó en pie de aquel rincón bucólico, sólo la vieja iglesia.

“Durante la Segunda Guerra Mundial, entre 1943 y 1945, todas las parcelas del Nikolaiviertel fueron destruidas, salvo cinco. La situación permaneció sin cambios hasta la década de 1980: los edificios dañados por la guerra habían sido demolidos y la Nikolaikirche se mantenía en ruinas en un barrio vacío.”3

Pero hoy el barrio ha vuelto. Y extrañamente, algo de todo ese espíritu bohemio y casi provincial queda hoy por la zona. La sensación es, sin embargo, extraña, como todas las que acompañan a los turistas que llegamos a Berlín.

Porque el Nikolaiviertel, aquel, al menos, no existe más; lo que vemos y lo que caminamos no es un vestigio medieval auténtico, sino una reconstrucción moderna.

Fue, de hecho, levantado en los años ochenta por la República Democrática Alemana, como un intento de devolverle a Berlín su corazón histórico, como un intento de reconstruir algo de lo que había sido arrasado por la guerra.

Las sensaciones al recorrerlo hoy son raras. Con esa ansia artificiosa que hoy en día tiene, la esencia medieval original ha perdido su pureza. El barrio no se “siente” auténtico y algo extraño se respira, como un injerto en el tiempo. Pero allí está, al fin y al cabo.  

Las fuentes coinciden en mostrar esta extraña disonancia temporal:

“¿Cuán viejo es el Nikolaiviertel realmente? En un sentido, muchísimo: tiene casi 800 años. En ese tiempo las primeras casas de Berlín se erigieron aquí. En otro sentido, es joven, y mucho: solamente tiene 36 años; después de la Segunda Guerra Mundial, solo ocho edificios permanecen en pie de aquel Berlín original.” 4

En algunos rincones –eso, sí– el encanto está bien logrado, resulta casi sorpresivamente real. Quizás bajo los escombros lata algo real que se niegue a irse.  Berlín nunca supo bien qué hacer con este trozo de su historia antes de que viniera su época más extraña.

©Fernando Vega CC BY-NC-SA 2.0

Sus calles estrechas evocan –con una extraña precisión– la ciudad antigua que se alzaba en ese rincón, y en medio de todo se alza la iglesia de San Nicolás, la más antigua de Berlín, que da nombre al barrio.

Es un escenario extraño: una mezcla un poco difícil de explicar de nostalgia y modernidad. Todo cambiaría, como dijimos, a finales de los ochenta.

“En 1987, la renovación del Nikolaiviertel se completó justo a tiempo para la celebración de los «750 años de Berlín». El resultado fueron unas 800 viviendas, de las cuales 740 eran nuevas y 60 reconstrucciones de edificios históricos. Las plantas bajas albergaron 22 restaurantes y 33 tiendas, además de instalaciones culturales.”5

Las tiendas son hoy en día el verdadero corazón del lugar. Pero no piensen en nada frío o industrial; olvídense de grandes franquicias o marcas. No hay nada de eso. Son cerca de cincuenta tiendas pequeñas que se dedican mayormente al pequeño comercio. Vimos por ejemplo, varias que ofrecían productos artesanales y porcelanas checas. Lo que sentimos entonces lo corrobora esta fuente, cada lugar es único:

“Aquí, cada dueño es un individualista y las joyas, relojes, zapatos o moda reflejan un carácter particular.”6

Hay algo forzado hoy por allí, pero si me remonto a la tarde gélida en que lo recorrimos, es inevitable reconocer que también hay algo genuino, histórico y vivo.

Sin embargo, en este texto, y en mis propios recuerdos, no puedo precisarlo; caminar por el Nikolaiviertel es como entrar en un sueño urbano, algo desasosegado y extraño, pero a la vez luminoso. Los pasos resuenan por allí en un extraño silencio, isla acústica de remanso en una ciudad gigantesca. No es, sin embargo, como otros silencios berlineses; este no es opresivo, no oculta la maldad de la historia, como sucede, por ejemplo, en el lugar donde estuvo el Führerbunker (ver artículo en esta misma revista). Es un silencio cordial.

Alguna vez leí, en una guía turística, una frase sobre el Nikolaiviertel que me parece perfecta para cerrar este relato: “Es como si el barrio existiera en una dimensión paralela: un espacio suspendido en el tiempo, donde nadie se detiene demasiado”.

Pasé casi una hora recorriéndolo: quedan en mí, como en cada berlinés o turista que lo recorre, el silencio de sus calles, la ausencia de multitudes, la sensación de estar en un escenario vacío bajo el cual late algo cálido y calmo, reliquia de una ciudad que siempre está renaciendo.


Fuentes:

[1] https://berlin-nikolaiviertel.com/history-of-the-nikolaiviertel/?lang=en

[2] https://www.visitberlin.de/es/nikolaiviertel-el-barrio-de-nikolai

[3] https://berlin-nikolaiviertel.com/history-of-the-nikolaiviertel/?lang=en

[4]https://www.the-berliner.com/berlin/history-nikolaiviertel-east-berlin-restoration-ww2-germany/

[5] https://berlin-nikolaiviertel.com/history-of-the-nikolaiviertel/?lang=en

[6] https://berlin-nikolaiviertel.com/history-of-the-nikolaiviertel/?lang=en

Alejandro Eduardo Perdomo

Tengo 42 años, vivo en Buenos Aires y soy Profesor de Historia. Además soy técnico en turismo y me gusta viajar por el mundo. De mañana doy clases en un Instituto y por la tarde investigo en los archivos y escribo. 

Intenté mixturar estas dos pasiones en los tres libros que tengo publicados, titulados A un paso de María Antonieta (primera y segunda parte), donde cuento historias de Francia y de París, junto con mis impresiones al visitar esos lugares, y Reinas tristes de la historia de Europa, donde investigué sobre la vida de doce monarcas de todos los tiempos y sus vidas, pasiones y destinos. Actualmente estoy preparando otro libro titulado Misteriosa Europa, con enigmas sin resolver sobre la historia del Viejo Continente.  Algunos de mis relatos se pueden escuchar en forma de audiolibros en Soundcloud.

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Alejandro Eduardo Perdomo

Escribo mucho y enseño Historia. Viajo para aprender. 4 libros escritos sobre historia europea.

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