La Iglesia Santa María de Berlín y el secreto escondido entre sus piedras

La historia de esta iglesia es casi gemela a la de su vecina cercana, San Nicolás. Comparten, de hecho, el mismo entorno. Llama la atención, incluso, que estén tan cerca una de la otra. La iglesia de la que hoy hablaremos –Iglesia de Santa María, o Marienkirche en alemán– está ubicada en la calle Karl-Liebknecht-Straße 8, en el centro de Berlín, Alemania, con la Torre de Televisión, Fernsehturm, como fondo. Se encuentra muy cercana a Alexanderplatz. Suele salir en las fotos postales, por el increíble y raro contraste entre esa torre estridente, tan extravagante y moderna, y el templo, clásico, esbelto y somero.

Una tarde de febrero tomé yo también, como tantos otros, esta foto que contrasta, casi, lo que significa Berlín: el pasado, el presente y el futuro, capa tras capa, como una cebolla, a pocos metros de distancia.

La iglesia de Santa María se creó –según todas las evidencias– en el año 1250, tras la ampliación medieval de Berlín, como parroquia oficial de esa “nueva” parte de la ciudad.

La parte vieja, como relatamos en el artículo anterior, contaba con su iglesia, San Nicolás –la Nikolaikirche– y este nuevo barrio necesitaba otro templo.

Hay que intentar comprender la época que estamos describiendo; no era raro que hubiera iglesias tan cercanas. Por eso era necesario entonces crear una iglesia en la parte nueva de Berlín, y por eso se erigió este templo.

Aun coexistiendo a pocas cuadras, ambas pertenecían técnicamente a distintas zonas de la ciudad y coexistieron pacíficamente. No era algo raro: en ese entonces, las iglesias surgían como flores, una tras otra, adornando cada ciudad europea.

En el momento en que escribimos estas líneas Santa María es una de las pocas construcciones significativas de aquel amanecer de la ciudad que aún siguen en pie, junto con la Iglesia de San Nicolás, las ruinas de la iglesia del convento de los franciscanos y la capilla del Hospital del Espíritu Santo, la Heilig-Geist Kapelle. Todas ellas son, en cierta forma, el motor original de la ciudad; aún irradian su fuerza espiritual.

Como venimos viendo, la religión era el eje desde el cuál se orientaba toda la vida de las urbes europeas.

Pero Santa María tiene una particularidad que la hace única: de estos cuatro íconos de la ciudad primigenia, es el único de esos edificios que sigue teniendo un uso religioso.

Algunos hallazgos arqueológicos parecen indicar que nació siendo un templo gótico, pero pronto las modas estilísticas cambiarían su propia simetría.

El edificio original con una nave central y dos laterales de estilo aparentemente gótico, fue transformado radicalmente por el arquitecto Andreas Schlüter al agregarle un gran púlpito, dotando al edificio de un carácter de sala de predicaciones.

Como dicen muchos historiadores, el simbolismo y las bellezas góticas cedieron en Berlín espacio a la funcionalidad del templo; esto es casi único en las ciudades europeas, pero también una característica de las iglesias protestantes. Desde la distancia, podemos decir que es típicamente alemán; el orden y el pragmatismo suele importar más que la belleza en esas tierras que desde Buenos Aires queremos y admiramos tanto.

1736 Marienkirche ©Dominio Público

La historia de la Marienkirche puede seguirse a través de sus cuatro grandes restauraciones que ordenaremos pulcramente.

Entre 1663 y 1666 fue la primera gran oportunidad de modificarla: se trabajó en la estructura de la torre bajo la dirección de Michael Mathias Smiths.

Entre 1789 y 1790, más de cien años después, fue nuevamente retocada, con la intervención de Carl Gotthard Langhans, arquitecto célebre también por la Puerta de Brandeburgo, el Brandenburger Tor.

Un siglo después el Estado alemán quiso cuidarla y entonces se ordenó, entre 1893 y 1895, una restauración completa a cargo de Hermann Blankenstein; fue la mayor de todas y parecía la definitiva.

Pero se cernían nubarrones para ella en el horizonte. El siglo XX, no sorprende decirlo, la trató con despiadada crueldad. Los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial destruyeron gran parte del templo, como a todo el barrio, en realidad.

Con una actitud loable, finalmente, entre 1950 y 1976 las autoridades de la República Democrática Alemana emprendieron una reconstrucción que devolvió la iglesia a la vida de la ciudad.

El templo guarda además un tesoro oculto, que se revela al final de este breve recorrido…

La sorprendentemente buena y bien documentada página Wikiarquitectura nos deleita con algunos detalles interesantísimos sobre esta querida iglesia, que permiten conocer mucho más sus encantos.

“La habilidad de los antiguos maestros herreros se puede apreciar en las raras formas de los forjados renacentistas que se han podido conservar, como las rejas de la parte interior y exterior del edificio. Tanto para la cúpula de la torre como para la puerta principal se utilizó cobre. El nivel del suelo de la iglesia es el inicial de la época medieval, siendo la gran diferencia de altura con el rasante exterior, 1.50m, resultado no solo del hecho de que las entradas de las iglesias medievales eran a menudo más profundas sino también de la demolición y posterior reestructuración de todo el entorno.”

El templo, además, heredó rincones de lugares que no existen más; como un conmovedor mosaico de recuerdos.

“Sus paredes pintadas de blanco y gris están adornadas con numerosas pinturas y relieves tallados, algunos de los cuales provienen de iglesias cercanas destruidas durante la guerra.”

Escribo este artículo con algo de desencanto, porque siento que le falta mi visión personal del interior del templo. Intentamos ingresar a él y de hecho lo hicimos hasta cierto punto cercano a la entrada, pero un guardia con cara de pocos amigos –debo decir que casi el único que vimos en Berlín con este semblante hosco– nos espetó unas palabras en alemán cuando quisimos ingresar más allá de donde él estaba sentado. Ignoro, o no recuerdo, que ley trasgredimos intentando recorrerla; quizás estaba cerrada y no comprendimos el cartel. Como sea, no pudimos verla ni sentir su atmósfera porque el guarda seguía vociferando lo que parecían órdenes o pura indignación.

De manera que solo tengo un fulgor de su interior, un resplandeciente recuerdo de un segundo o dos, poco detallado e incompleto. No alcancé, casi, a sentir nada, cuando nos vimos en la calle, ateridos por el frío berlinés que nos cortaba la cara. De afuera, me quedan el contraste increíble del que hablé antes, y la presencia elegante de un templo hermoso y un viejo amigo de la ciudad.

Pero la mayor sorpresa de este lugar, que casi no nombra ninguna crónica turística se encuentra dentro del templo, en un costado, oculta para quien no sepa comprenderla.

Porque en la parte inferior del campanario, casi ocultas por la pátina del tiempo, hay unas pinturas murales datadas a fines del siglo XV, en las cuales se representa una Danza de la Muerte / Totentanz, con inscripciones en alemán, realizadas tras la peste de 1484. Se sabe con certeza matemática que la ciudad sufrió un brote terrible de esta enfermedad, que era mortal, entre 1480 y 1484. Casi nadie se salvó. Y algo de aquellos días sobrevive, espantoso, en el interior de la Marienkirche.

Se trata de un documento histórico y conmovedor, que atestigua un momento terrible de la ciudad; donde el terror tangible de sus habitantes ante lo irreparable deja la piedra indemne, para saltar ante nuestra vista.

Pero antes de explicar el significado de esta pintura, contemos qué cosa exactamente son las Danzas de la Muerte para comprender un poco más qué hace esto allí dentro.

“Las Danzas de la Muerte se originaron como murales a finales de la Edad Media/principios del Renacimiento. La danza más antigua con fecha precisa es la Danse Macabre de París, de 1424. En las imágenes que siempre muestran las danzas de la muerte, la Muerte o sus ayudantes arrastran a toda una sociedad, desde el poderoso Papa y emperador hasta el mendigo y el recién nacido. Las pinturas eran monumentales. La Danza en Lübeck medía 30 metros, la de Basilea 60, mientras que la de Berna se acercaba a los 80 metros (aunque con pausas entre cada escena).”1

Pintadas en un momento de desesperación, no se sabe bien si como queja, como purga simbólica o como expiación, las Danzas de la Muerte solían mostrar el terror de la sociedad ante una muerte fría, que llevaba a todos por igual, generalmente –o casi siempre– en momentos de epidemias de peste. Cualquiera podía morir en cualquier momento; y todos lo sabían.

La de Berlín fue pintada en ese año de 1485, según la datación científica y documental. Fue descubierta por accidente, y a partir de entonces, se comenzó a investigar su función y cada uno de sus detalles.

“Las líneas de texto que acompañan el dibujo representan las más antiguas selladas en Berlín. En sus versículos los representantes se quejan de su sufrimiento y piden un aplazamiento para su ejecución. La danza en sí es una predicación franciscana, por lo que se asume que el artista debió ser contratado entre la comunidad de esa orden por la burguesía de Berlín para realizar el fresco. La Danza de la Muerte fue probablemente blanqueada con cal durante la Reforma y redescubierta en 1891 por el arquitecto de la corte Friedrich Stiller. La cal, conjuntamente con la humedad en la mampostería han motivado su deterioro, por lo que está protegida con una pared de cristal.2

Atracción turística hoy, otrora un canto desesperado y lleno de pánico ante una muerte que a pocos metros arrasaba las calles de la entonces naciente Berlín, hoy la Danza de la Muerte es un tesoro artístico, premio para los turistas que cruzan las puertas de este histórico templo.

“Aunque apenas se aprecia, el fresco aún puede ser visto por visitantes y feligreses tras una vitrina protectora. La parroquia de Santa María está llevando a cabo una campaña de recaudación de fondos para restaurar la pintura. Ofrecen oportunidades interactivas únicas para los posibles donantes: la iglesia ha instalado una maqueta del fresco en mosaico donde se pueden comprar piezas para añadir al mosaico, y los fondos recaudados se destinan a la restauración del original. Completar la maqueta requerirá 70.000 piezas.”3

© St.Mariengemeinde Berlin

La Danza de la Muerte es un ícono único, oculto, en el mismo corazón de Berlín.

 “El texto es tan importante como la imagen. Existen Danzas de la Muerte sin texto –por ejemplo, en la Danza de la Muerte de Dresde y Holbein–, y Danzas de la Muerte puramente literarias sin imágenes, pero básicamente constan de ambos elementos. Imágenes y texto se combinan, de modo que, en efecto, se ha convertido en el primer y más grande cómic del mundo.

Las Danzas solían ser introducidas por un predicador, quien también tenía la última palabra. La Danza en sí, sin embargo, consistía en diálogos entre la Muerte y la víctima. Aquí reside su fuerza, al ofrecernos un recorrido por la sociedad medieval, donde cada lector de la época podía verse reflejado.

En aquel entonces, los sacerdotes todavía predicaban en latín, pero en la Danza de la Muerte, los feligreses podían leer cómo la Muerte y sus víctimas se hablaban entre sí en la lengua local: bajo alemán, suabo, alemánico, alsaciano, picardo, inglés, danés, etc.»”4

La iglesia de María, esbelta, icónica y misteriosa, que quizás guarde más secretos en su interior, sigue allí, ocultando los misterios fundacionales de Berlín, como el entorno que la rodea, al que conocimos en esta serie de artículos.


Fuentes:

1- https://www-dodedans-com.translate.goog/Eindex.htm?_x_tr_sch=http&_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc

2- https://www.atlasobscura.com/places/the-dance-of-death-at-marienkirche

3- https://www.atlasobscura.com/places/the-dance-of-death-at-marienkirche

4- https://www-dodedans-com.translate.goog/Eindex.htm?_x_tr_sch=http&_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc


Imagen de portada: Marienkirche en la Alexanderplatz, Berlín ©Michabka CC BY-SA 4.0

Alejandro Eduardo Perdomo

Tengo 42 años, vivo en Buenos Aires y soy Profesor de Historia. Además soy técnico en turismo y me gusta viajar por el mundo. De mañana doy clases en un Instituto y por la tarde investigo en los archivos y escribo. 

Intenté mixturar estas dos pasiones en los tres libros que tengo publicados, titulados A un paso de María Antonieta (primera y segunda parte), donde cuento historias de Francia y de París, junto con mis impresiones al visitar esos lugares, y Reinas tristes de la historia de Europa, donde investigué sobre la vida de doce monarcas de todos los tiempos y sus vidas, pasiones y destinos. Actualmente estoy preparando otro libro titulado Misteriosa Europa, con enigmas sin resolver sobre la historia del Viejo Continente.  Algunos de mis relatos se pueden escuchar en forma de audiolibros en Soundcloud.

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Alejandro Eduardo Perdomo

Escribo mucho y enseño Historia. Viajo para aprender. 4 libros escritos sobre historia europea.

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