La Nikolaikirche, la iglesia de San Nicolás, es, de acuerdo a muchas fuentes, el edificio más antiguo de Berlín y el verdadero corazón del Nikolaiviertel, el barrio medieval de la ciudad. Caminar bajo sus puertas es ubicarse en el mismísimo rincón preciso donde nació la ciudad. Esa es la historia que contaremos hoy: la de un origen legendario, que se pierde en las sombras del tiempo.
El origen de esta iglesia se remonta al siglo XII, cuando la ciudad, que hoy es una metrópolis gigantesca, apenas comenzaba a formarse en las orillas del río Spree. Todo el entorno era entonces, en realidad, solamente un caserío a la vera del río frío y torrentoso.
La iglesia de San Nicolás se creó por pedido de los propios habitantes del lugar; cada ciudad importante de Europa tenía una diócesis, por lo cual era cuestión de tiempo que Berlín, recién nacida y en pleno proceso de consolidación económica y social, tuviera la suya.
El templo elegido fue concebido como una basílica románica, aunque, como veremos, pronto adoptó rasgos góticos.
Fue, como decimos, el propio pueblo berlinés el que la creó. Su dedicación a San Nicolás de Bari, patrono de comerciantes y navegantes, reflejaba la vocación mercantil de la zona y fue consecuencia directa del espíritu con el que nació Berlín: también mostraba el reflejo del alma de sus habitantes, que necesitaban comerciar tanto como consuelo espiritual. Era una vida dura aquella.
A su alrededor, la lodosa ciudad había surgido como un punto comercial imprescindible en el siglo XIII de nuestra era. Las ferias medievales se instalaban una vez por mes por las calles de Nikolai Viertel, atrayendo un enjambre de vendedores y artesanos, de compradores y paseantes venidos desde los cuatro rincones de Europa. Ellos inyectaban la savia vital de la ciudad y la dotaban de vida.
Estas calles que hoy vemos, fueron, de hecho, una importantísima ruta comercial en la Edad Media, cuando muchos mercados se instalaban cada semana a su alrededor, vendiendo productos de todo tipo a los habitantes de esa ciudad, entonces lateral y poco importante.
A partir de esos mercados –y esas calles que aún existen– nació la propia Berlín. Esos rincones fueron su núcleo primigenio:
“…La Königstraße (hoy Rathausstraße), el vínculo entre el Castillo y Alexanderplatz, era la calle principal del Viejo Berlín. La Spandauer Straße, que conectaba Molkenmarkt con la Spandauer Tor, también era una calle prestigiosa y elegante en la antigua ciudad en sus primeros años…”. (1)
Aproximadamente, en torno al año 1200 una nueva amiga llegó al barrio: la iglesia de San Nicolás. Su llegada benefició a todos: a sus puertas comenzaron a afluir miles de personas cada día, para comerciar, para intercambiar rumores o para orar.
Como sucedió en otros puntos de Europa durante la Edad Media, la iglesia no solo fue un espacio espiritual: se convirtió en el eje de la vida urbana de la ciudad. La religión era entonces el centro de la vida de todos. Aquella era una sociedad teocéntrica y profundamente católica, que regía su vida por el designio religioso hasta en los más mínimos detalles.
Y las catedrales eran el innegable corazón de la ciudad medieval europea por excelencia: desde allí se construían en sentido radial plazas, casas, mercados y comercios. La vida espiritual se convertía en vida urbana, y la población crecía, retroalimentándose. Las agujas de las iglesias, vistas desde lejos, servían como guía y como faro al peregrino ocasional. Casi todo lo importante se debatía a sus pies.
La zona del Nikolaiviertel nació con esa impronta comercial y religiosa, y el templo buscó honrar al santo que siempre protegió a los comerciantes.
Conozcamos en unos breves párrafos la historia de Nicolás, cuyo nombre e impronta estarían por siempre ligados a este lugar de Berlín:
“…Nicolás nace en Patara, una pequeña ciudad marítima de Licia, en la Turquía meridional, en el siglo III después de Cristo, y en el seno de una familia acomodada que lo educó en el cristianismo. Durante los años de su juventud, Nicolás se embarcó para acercarse en peregrinación a Tierra Santa. Caminando por los mismos caminos que recorrió Jesús, Nicolás rogó poder hacer una experiencia todavía más profunda de cercanía a la vida y a los sufrimientos de Jesús. En el viaje de vuelta, se desencadenó una tremenda tempestad, y la nave en la que navegaba corrió el riesgo de hundimiento. Nicolás se recogió en la oración, y el viento y las olas repentinamente se calmaron, ante la sorpresa de los marineros, que ya temían el naufragio…” (2)
Las fechas de los orígenes de la Iglesia de San Nicolás, según las fuentes, son nebulosos, como los orígenes de la propia Berlín. Se cree que la iglesia fue fundada en 1150 de acuerdo a algunos archivos eclesiásticos que la nombran.
Sin embargo, la primera mención verazmente documentada sobre el templo data de 1213. Estos documentos que cuentan retazos de su construcción nos permiten rastrear su crecimiento con más seguridad: sabemos con certeza que una parte importante de la iglesia ya estaba terminada hacia el año 1230.
San Nicolás se construyó en la época en que el estilo más importante era el románico tardío, y esto definió su perfil durante esos años.
Los principales detalles del templo vinieron posteriormente con el correr de los siglos, detalles que buscaban mejorar el lugar para los feligreses y darles mayor comodidad a los orantes. El coro gótico, por ejemplo, fue creado en aquel resplandeciente estilo en el año 1380, con el objetivo de ampliar el espacio para los fieles y las tres naves fueron reformadas en 1480 para que tuvieran la misma altura; ya entonces las torres dominaban el perfil urbano de esa Berlín medieval que no reconoceríamos hoy.
Todas estas mejoras tenían un sentido: se buscaba construir un lugar hermoso, que permitiera al peregrino acercarse a Dios y verlo reflejado en sus obras.
Esto, como digo, era común: las catedrales medievales son una parte fundamental en la búsqueda del hombre por capturar la luz divina.
Del barrio de Nikolai (llamado Nikolaiviertel en alemán), hablaremos en otro artículo, porque su historia está ligada a la del templo; ese barrio medieval tiene un recorrido muy interesante de reconstrucción y renacimiento. Hoy en día, toda la zona de la iglesia y del templo es extraña, una extraña isla de silencio en el corazón berlinés.
Con el paso de los siglos, el templo sufrió ampliaciones y reformas, adaptándose a los estilos arquitectónicos de cada época.
Durante los primeros dos siglos de su existencia, perteneció a la iglesia católica; toda Europa tenía entonces en cada ciudad su catedral más importante.
Como Notre Dame en París, la Nikolaikirche ocupaba un lugar central en el corazón católico, y desde Roma se la consideraba la principal iglesia de la ciudad. Por ello se le dieron muchos beneficios económicos y eclesiásticos, y por eso también se buscó decorarla con el mejor estilo posible. Cada siglo se le hacía una reforma estructural importante.,
“…La iglesia sufrió numerosas modificaciones arquitectónicas. De la basílica de piedra original con una torre occidental fortificada, la actual estructura de triple nave con bóveda de crucería data de 1380. La Marienkapelle se añadió en 1452…” (3)
Todo cambiaría para ella, como para toda Europa, con ese cataclismo que modificó el curso de la historia: el advenimiento de la reforma luterana en el siglo XVI. Alemania fue el corazón de ese movimiento herético, que separó definitivamente al catolicismo en dos partes bien diferenciadas.
Berlín, ya entonces una ciudad importante, tomó partido de forma clara por los luteranos, y eso arrastró para siempre el destino de esta iglesia, cuyo origen estaba tan ligado al catolicismo.
San Nicolás tuvo, de hecho, un papel preponderante en la consolidación del protestantismo alemán, fue, de alguna manera, el corazón de todo aquel movimiento:
“…Durante la Reforma, el primer servicio religioso público protestante de Brandeburgo se celebró aquí, ya que el elector Joaquín II se puso del lado de los antipapistas de la época y apoyó las reformas de Martín Lutero…”(4)
Los más grandes teólogos de la época comenzaron entonces en San Nicolás la educación religiosa en la fe protestante de los habitantes de la ciudad que concurrían cada tarde.
De hecho, uno de los reformadores más inquietos, Spener, llegó a Berlín en 1691 como preboste del templo. De sus paredes surgió –y se difundió a toda Europa– una práctica protestante bastante popular llamada «Collegia philobiblica», para la explicación práctica, concreta, popular y devocional de la Sagrada Escritura a a luz del luteranismo.
La vieja iglesia fue escenario durante esos siglos de una nutrida y hormigueante vida religiosa, de conciertos de música sacra y de debates teológicos encendidos entre los pastores protestantes. La iglesia católica nunca pudo recuperarla pese a sus intentos, y su vínculo con Roma se perdió. El fermento espiritual del lugar, sin embargo, impregnaría sus días.

A sus puertas, Berlín crecía y se desarrollaba.
En 1876 llegó una reforma más: el arquitecto Hermann Blankenstein le añadió una segunda torre con dos agujas, para darle su estilo definido.
La vida de la iglesia, como todo a su alrededor, cambió para siempre en la locura asesina de la Segunda Guerra Mundial.
El final de la iglesia llegó desde el cielo, literalmente.
Los bombardeos rusos y aliados, que rodeaban a Berlín en los estertores de la Segunda Guerra Mundial la golpearon una y otra y otra vez, y la dejaron en ruinas: entre 1943 y 1945, cada semana las bombas fueron destruyendo todo el barrio y la iglesia, otrora hormigueante de vida, quedó silenciosa y abandonada, apenas una reliquia desnuda y rota.
Cuando todo había terminada solo quedaba de ella un esqueleto de muros destrozados. Todo Berlín estaba así, en verdad.
Los daños sufridos por la iglesia durante la guerra, a causa de incendios y bombardeos, incluyeron el derrumbe de los pilares de la nave y de casi toda su estructura. No se pudo salvar casi nada, pero su estructura permaneció milagrosamente en pie.
Durante décadas permaneció así, una ruina olvidada, como tantos lugares de Berlín. La historia la había perdido.
En los años ochenta, la República Democrática Alemana decidió reconstruir todo el barrio como parte de las celebraciones por los 750 años de la ciudad.
Con polémico criterio (lo veremos en el artículo que estamos elaborando dedicado al barrio), lo reconstruyó por completo en un estilo medieval algo extraño a la vista.
La iglesia también formó parte de ese plan, pero en este caso las ideas no fueron muy innovadoras; se le intentó dar su forma original nuevamente, lo cual fue, creemos, un acierto, y San Nicolás renació literalmente de sus cenizas tal cual era entonces.
Y entonces, la vieja Nikolaikirche recuperó su silueta tradicional, con las torres de ladrillo rojo apuntando al cielo berlinés. Había regresado.
Hoy ya no funciona como templo religioso ni como faro para viajeros lejanos, sino como un vibrante museo de la ciudad. San Nicolás no volvió a ser parte de la iglesia protestante, que la abandonó, cosa que es extraña, por su simbolismo y su historia. Las fuentes que leí no aclaran este asunto puntual.
Como sea, dentro de sus paredes hoy se recuerda como era la vida en esa Berlín de antaño; es un museo vivo y repleto de actividades.
Algunas exposiciones que tuvo durante estos años, y que podemos consultar en los archivos de la ciudad nos muestran el nuevo espíritu de San Nicolás. La antigua iglesia ahora quiere mostrar como fue siempre la vida a su alrededor; desde aquellos primeros y nebulosos días.
“…De 2008 a 2010 se abrió la exposición «Del fondo de la ciudad a las dos torres». Explica la historia arquitectónica de San Nicolás y la historia temprana de la ciudad, se presentan obras de arte sacro y utensilios litúrgicos, está dedicada a la cultura de entierros después de la reforma. Además, trata las canciones de iglesia famosas en todo el mundo compuestas aquí por Johann Crüger y Paul Gerhardt…”(5)
O esta otra exposición guiada que se hace en este año 2026:
“…Los invitamos a la muestra Iglesia, poder y convivencia antes de 1800: Una visita guiada por el proyecto expositivo de la exposición permanente del Museo Nikolaikirche. ¿Qué era la iglesia para la gente que vivía a su alrededor? El hecho de que la iglesia no fuera sólo un lugar de culto en la Edad Media y principios de la Edad Moderna es el tema de un nuevo recorrido narrativo a través de la exposición permanente «El centro de Berlín» y, por tanto, también el tema de esta visita guiada. Utilizando como ejemplo siete objetos de la exposición permanente, la iglesia se presenta como lugar de construcción de comunidades urbanas y como lugar de exclusión…” (6)
Hoy puede consultarse el programa de actividades de la antigua iglesia y podemos comprobar al leerlo que San Nicolás es como Berlín; resiliente, fluyendo sin detenerse, como el caudaloso río Spree.
Esta iglesia inolvidable fue alguna vez el corazón de Berlín, y los vaivenes de la historia la dejaron destruida; pero como la ciudad que se fundó a sus puertas, sigue ahí, eterna, infinita, lista para seguir deslumbrando y atrayendo a sus puertas a los visitantes.
Fuentes:
https://www.stadtmuseum.de/museum/museum-nikolaikirche
[1]https://berlin-nikolaiviertel.com/history-of-the-nikolaiviertel/?lang=en
[2]https://www.vaticannews.va/es/santos/12/06/s–nicolas-de-bari–obispo-de-mira.html
[3]https://web.archive.org/web/20110210162913/http://www.berlin.de/orte/sehenswuerdigkeiten/nikolaikirche-mitte/index.en.php
[4]https://web.archive.org/web/20110210162913/http://www.berlin.de/orte/sehenswuerdigkeiten/nikolaikirche-mitte/index.en.php
[5]https://www.museumsportal-berlin.de/es/museos/museum-nikolaikirche/}
[6]https://www.museumsportal-berlin.de/es/eventos/wer-bestimmte-in-der-stadt/
Imagen de portada: ©Böhm (Stadtmuseum Berlin), CC BY-SA 3.0

Alejandro Eduardo Perdomo
Tengo 42 años, vivo en Buenos Aires y soy Profesor de Historia. Además soy técnico en turismo y me gusta viajar por el mundo. De mañana doy clases en un Instituto y por la tarde investigo en los archivos y escribo.
Intenté mixturar estas dos pasiones en los tres libros que tengo publicados, titulados A un paso de María Antonieta (primera y segunda parte), donde cuento historias de Francia y de París, junto con mis impresiones al visitar esos lugares, y Reinas tristes de la historia de Europa, donde investigué sobre la vida de doce monarcas de todos los tiempos y sus vidas, pasiones y destinos. Actualmente estoy preparando otro libro titulado Misteriosa Europa, con enigmas sin resolver sobre la historia del Viejo Continente. Algunos de mis relatos se pueden escuchar en forma de audiolibros en Soundcloud.
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2 comentarios sobre “La iglesia del Nikolaiviertel y el nacimiento de Berlín”