Berlinale 2026: Dao – El ensayo de los sentimientos, la celebración de la vida

Compite por el Oso de Oro Dao (Francia, Senegal, Guinea Bissau), dirigida por Alain Gomis. Un film vibrante, del ritmo y de las emociones. Una celebración de la vida entre dos ceremonias y dos continentes.

En Dao, dirigida por el cineasta franco-senegalés Alain Gomis (Gran premio del Jurado de la Berlinale 2017 por Felicité) todo comienza con un casting. Para formar la falsa familia real. Mujeres afro-francesas a las que se les pide que se presenten y que digan qué papel les gustaría actuar.  En una producción que reunirá a actores profesionales con actores no profesionales. ¿Podrán improvisar? Sí. ¿Podrán escalar las emociones? Sí. Alain Gomis se entregará entonces a ir descubriendo el film en el mismo proceso de filmar. Como en un documental, aunque es ficción.  

Un desafío-mamut, porque es un film coral, un «producto de un quehacer colectivo que no se puede escribir de antemano», dirá, que abarca dos celebraciones, hasta tres y cuatro generaciones de una familia intercontinental reunidas, en dos continentes, y tendrá tres horas de duración.  Pero que, con una excelente dirección y un ingente trabajo de edición (con seis editores), Gomis logra resolver con gran frescura, con humor y vitalidad. Y será al mismo tiempo precisamente en ese juego de no certidumbre entre ficción y documental, de qué es ficción o realidad, de qué es improvisación o actuación guionada que Dao gane su mayor magnetismo.

Dao es una historia con una protagonista principal, Gloria, una mujer afro-francesa de 50 años, cuya hija se casa en París y que un tiempo antes ha viajado con esta a Guinea Bissau, al pueblo de donde es originaria la familia, para asistir a la ceremonia en la que su difunto padre se ha convertido en antepasado. Un ritual en el que su alma ha sido guiada al mundo de los ancestros para convertirse ahora en espíritu protector del linaje. Así como en el animismo vivos y espíritus de los muertos conviven, boda y ritual para el difunto son parte de lo mismo. «El Dao es un movimiento perpetuo y circular que fluye en todo y une al mundo», comienza el film citando el concepto de la filosofía china que lo inspira.

Alain Gomis © Mabeye Deme

Será entre las dos ceremonias, «como en un espejo», dirá el director,  que irá sucediendo el film. Intercalando entre ellas escenas de entrevistas, del casting y de los ensayos donde los participantes, hombres y mujeres, en Francia y en Guinea Bissau, hablarán a la cámara sobre sus vidas. Historias de vida que dan cuenta de historias de colonización, migración, racismo –»Somos invisibles», dirán–, de dificultades y falta de oportunidades, del amor y también del recelo de volver a creer en el amor, de las diferencias generacionales en la diáspora afrodescendiente. Dao se irá moviendo orgánicamente así en dos instancias: el ensayo de los sentimientos y la celebración de la vida. 

Con una cámara cercana a los cuerpos, Dao captará  momentos como la maravillosa escena en la fiesta de casamiento cuando comienzan a improvisar, sumándose uno y otro, una versión de Killing me softly, la canción de Aretha Franklin. Seguirá a Gloria, una maravillosa Katy Correa, actriz no profesional, esa mujer de mirada melancólica que con pocas palabras irá transmitiendo los matices de sus emociones. Una mujer que ya descree del matrimonio –¿Para qué te quieres casar?, le pregunta a su hija– y ha aprendido a ser cautelosa frente al amor, pero no obstante, entre el encuentro con su ex en la fiesta y el hombre que quiere ser parte de su vida, dejará ver que quizá esté dispuesta a intentarlo de nuevo.

Si hay algo que no quería hacer, señala Alain Gomis, es un film etnográfico. Las ceremonias son tradición, pero una tradición que siempre reiventamos y así son siempre un nuevo presente, no pasado. Dao no es observación, sino experiencia. Y singularmente una experiencia que al usual relato de la desculturización en la migración contrapone, con arrebatadora intensidad, una vivencia: en los dos continentes es la misma fiesta, es la misma celebración. Y eso es algo que está en los cuerpos, en la risa, en el baile, en el canto, que se lleva adentro, algo que es un don  y una fuerza compartida, no perdida, e inalienable. Una energía que hace posible la reconciliación, con el otro y con uno mismo. Black power, pero al mismo tiempo universal.

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claudia baricco

(isa.kar.wai) - Un cine real o virtual es el living de mi casa. Los libros son mi otro hemisferio. En un mundo donde todo es político. Latitud: B y B – Buenos Aires-Berlín, dos ciudades de contrastes.

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