Cine chileno en la Berlinale 2026. En Hangar Rojo, el silencio resulta ensordecedor y la total ausencia de color sostiene el relato. En un trabajo de notable pulcritud, Juan Pablo Sallato reconstruye las primeras horas de la dictadura chilena no desde el estruendo de los hechos, sino desde una respiración contenida: la de un uniformado de la Fuerza Aérea que camina, sin saberlo del todo, hacia su propia condena.
La historia que sigue la película nace de la crónica autobiográfica de Fernando Villagrán, Disparen a la Bandada, y su estreno mundial fue ayer 13 de febrero en la competencia Berlinale Perspectives. Conversamos con su director y su protagonista, el actor Nicolás Zárate.
La historia transcurre en Santiago de Chile. Es lunes 10 de septiembre de 1973. Todos parecen saber lo que viene, excepto el Capitán Jorge Silva, encargado de logística en la Escuela de Especialidades de la Fuerza Aérea de Chile, FACH, quien tres años antes en 1970 denunció un intento de magnicidio en contra de Salvador Allende.
Cuando la mañana del 11 de septiembre el golpe militar es oficial y el Hangar Rojo es habilitado como centro de operaciones, el cerco comienza a cerrarse. La institución que hasta entonces ha mantenido al Capitán Silva al margen, por los hechos del pasado, lo empuja lentamente hacia un punto sin retorno.
Son horas cruciales. Como un acompañamiento, la cámara sigue al Capitán casi siempre desde atrás. No lo adelanta, no lo explica, no lo juzga. Lo acompaña. Y en ese gesto la película encuentra su mayor potencia: hacer que el espectador siga sus pasos, su duda y su tensión. Aquí la violencia no se exhibe, se presiente. El silencio y los grises funcionan como escenografía: un movimiento, una orden, incluso un disparo, se sienten antes de escucharse.





© Villano
Para Sallato, la clave estuvo en la subjetividad. “La película siempre estuvo concebida para estar en el hombro de este capitán y que el espectador sienta en carne propia su psicología. No queríamos explicar el hecho histórico, sino seguir esa conciencia bajo presión: cuando la cadena de mando choca con la ética personal y la humanidad”. No hay aquí una mirada desde el futuro ni una lectura con ventaja moral: lo que se intenta es entrar en el presente de ese momento, cuando todavía nada está cerrado y todo es, a la vez, irreversible.
Esa biografía –atravesada por la lealtad, la sospecha y la traición– es el sustrato sobre el que la película construye su recorrido, pero el film elige no explicarlo todo: prefiere encerrarse en un tiempo breve –desde la noche del 10 hasta la tarde del 11 de septiembre de 1973–, casi en tiempo real, dejando que la tensión se acumule.
En poco más de una hora, Juan Pablo Sallato revive el clima opresivo del bombardeo a La Moneda, la muerte de Allende y el dilema de un capitán que no es cualquier capitán, sino uno que ya había señalado a los suyos y que sabe –aunque nadie se lo diga del todo– que vienen a cobrárselo. Desde el comienzo se deja entrever la animadversión en su contra. Siempre lo mantuvieron al margen de la oscuridad de los hechos. Pero esa distancia no es protección: es una antesala.
Ese punto de vista define toda la puesta en escena: planos contenidos, diálogos mínimos, silencios densos, una narración que avanza como si el aire se fuera acabando. La película no busca el golpe fácil ni el subrayado emocional. Prefiere construir un clima, un estado: el de una obediencia que empieza a volverse amenaza.


Juan Pablo Sallato & Nicolás Zárate en la Berlinale © Renée Boche
Nicolás Zárate, quien interpreta a Silva, cuenta que trabajó el personaje como una “olla a presión a punto de estallar”. “No quise hacer una biopic ni copiar al personaje real. Pensé en esa zona del ‘entre’, como Hamlet: alguien que está siempre al borde de una decisión”. De ahí también el sentido del blanco y negro: no como oposición moral simple, sino como una forma de mostrar los grises, esa franja incómoda donde no hay respuestas claras y donde cada gesto pesa más de lo que parece.
Y es justamente ahí donde Hangar Rojo se vuelve una película incómoda. No propone héroes evidentes ni villanos fáciles. Busca humanidad en un territorio marcado por la brutalidad. “Nos interesaba un punto de vista que casi no se ha tocado: entrar en el mundo militar sin juzgar desde el futuro, sin mirar con la ventaja de lo que ya sabemos que pasó”, dice Sallato. “No para justificar, sino para entender cómo funcionan esos mecanismos por dentro”.
El riesgo es evidente: ¿cómo mostrar humanidad sin convertirla en coartada? ¿Cómo filmar desde dentro sin limpiar responsabilidades? La película camina esa cuerda floja con una decisión clara: no absolver, sino exponer. Mostrar cómo la violencia también se construye desde la obediencia, la rutina, el miedo, el silencio compartido.
También en lo productivo la austeridad se vuelve parte del lenguaje. Rodada en apenas dieciséis jornadas, en Mendoza, como coproducción entre Chile, Argentina e Italia, con un presupuesto limitado y una puesta en escena contenida, la película hace de esa economía una virtud: refuerza la sensación de encierro, de asfixia, de tiempo suspendido.
Hangar Rojo no entrega respuestas cerradas. Deja preguntas flotando: sobre obediencia, lealtad, miedo, responsabilidad. Y quizás ahí esté su mayor fuerza: en recordarnos que la historia –como las personas– rara vez se divide en blanco y negro, y que es en esos grises donde el cine todavía puede incomodar, interpelar y pensar.
| Hangar Rojo/The Red Hangar | Funciones Berlinale 2026 Hangar Rojo |
| Ficha Técnica: Producción: Chile, Argentina, Italia/2026 Dirección: Juan Pablo Sallato Elenco: Nicolás Zárate, Boris Quercia, Marcial Tagle, Catalina Stuardo, Aaron Hernández, Francisco Carrasco y Juan Cano. Guión: Luis Emilio Guzmán, inspirado en la autobiografía de Fernando Villagrán. Fotografía: Diego Pequeño Edición: Valeria Hernández y Sebastián Brahm. Música: Alberto Michelli y Matteo Marrella. Duración: 81 minutos | Domingo 15 de febrero Cine Cubix 8 19:15 horas. Lunes 16 de febrero Colosseum 1 16:00 horas Miércoles 18 de febrero Xenon Kino-Berlinale Goes Kiez 17:00 horas |
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