El 22 de junio de 1974 se jugó un partido inédito. Alemania Federal era sede del Campeonato Mundial de Fútbol y ese día se enfrentaron las selecciones de las dos Alemanias. «El partido del Muro», una historia que sigue siendo leyenda. Te la contamos.
Empiezo esta crónica histórica con un recuerdo personal de mi niñez, que de alguna manera me llevó a escribir este artículo.
La infancia está llena de curiosidad y, si sabemos canalizarla, puede llevarnos lejos. La mía siempre me llevó a querer averiguar cosas nuevas. Esa misma curiosidad de aquel chico que fui me empuja, quizás, a escribir estas líneas.
Como para casi todos en mi país, el fútbol es en la niñez y adolescencia, un hobby y una pasión casi devoradora: yo consultaba en cientos de libros y revistas las estadísticas, los números y las cifras de la historia de este deporte. Algunas, incluso, las anotaba. Me gustaba mirarlas y aprender.
El caso es que alguna tarde de la década del noventa yo hojeaba un libro con estadísticas de los Mundiales de fútbol y encontré algo que, aún creo recordarlo, captó mi atención. En las hojas correspondientes al Mundial de 1974, se reseñaba un partido que decía textualmente “Alemania RF: 0-Alemania RD:1”.
Lo primero que pensé fue que era un error de tipeo. Seguramente luego me pregunté por esas extrañas “RF” Y “RD”. Pero no, no era un error y enseguida lo comprobé
En un rincón de esa página una foto ilustraba a dos futbolistas dándose la mano: uno vestido de blanco y uno vestido de azul. Ambos miraban a la cámara con expresión entre divertida, calma y azorada. Abajo, el epígrafe, decía: “Antes de la disputa del partido entre Alemania Federal y Alemania Oriental, ambos capitanes se saludan e intercambian banderines”.
De manera que aquello que estaba en el papel impreso era correcto: Alemania había jugado contra Alemania. No recuerdo qué sintió mi mente de niño en ese instante, pero seguramente fue asombro e incomprensión. La política a esa edad es una ciencia oculta, oscura, tenebrosa y lejana como una supernova.
Para ese niño asombrado va este artículo, que contará esa historia.
El Campeonato Mundial de Fútbol de 1974 iba a jugarse en Alemania por primera vez en la historia. Era todo un desafío para la nación, que venía de sufrir, hacía dos años la peor masacre de la historia del deporte: «la Masacre de Munich”, el episodio más violento de la historia olímpica.
La matanza de los atletas israelíes había tenido lugar justamente en los primeros días de unos Juegos Olímpicos alemanes que, en 1972, se habían querido mostrar como la cara de una nueva Alemania, moderna y pujante, pero que habían terminado en un baño de sangre nunca antes visto, en plena villa olímpica y a la vista de las cámaras del mundo. Para más escarnio, ese suceso había terminado con un manejo espantoso por parte de la policía y las fuerzas de seguridad alemanas, que habían preparado un contraataque contra los terroristas que terminó en una balacera infernal. Todos, atletas y secuestradores, murieron en una explosión.
La vergüenza que generó ese hecho –causado por unas medidas de seguridad irrisorias y ridículas– quedó grabada a fuego en la conciencia alemana.
Todos querían olvidarse de aquellos juegos, que estaban demasiado frescos en el recuerdo.
Este Mundial se veía, entonces, como una suerte de redención de aquello: no podría haber errores de seguridad de ningún tipo, y todo debía salir bien. Y así se preparó el campeonato, con estadios modernizados y medidas de seguridad rígidas.
En lo estrictamente futbolístico, el torneo se compondría de 16 equipos. El máximo candidato era el local: Alemania Federal, un equipo poderosísimo al que se reputaba invencible, con Beckenbauer como figura, con laterales fuertes y punzantes, con un mediocampo sólido y dinámico y con un delantero algo desconocido aún, Gerd Müller.
Alemania Federal venía de ganar la Copa Europea de Naciones en 1972 y parecía el rival a vencer en el torneo. Su condición de local, además, lo empujaría a ganar; era un favorito en las quinielas de casi todos.
Curiosamente –no suele pasar esto en los Mundiales– los pronósticos iniciales acertaron en casi todo y Alemania fue el mejor del torneo; pero esto se sabría después.
Argentina, por su parte llegaba con un equipo en crisis. Brasil intentó, equivocadamente, traicionar su propia historia con un plantel de jugadores limitados, intensos y dinámicos, pero con nada de jogo bonito.
Pero todas las miradas previas se las llevaba, sin embargo, la Holanda de Johann Cruyff, que, con su fútbol total, compuesto por la mayoría del plantel del Ajax, terminaría por cumplir los pronósticos con un juego intenso y feroz, casi frenético y espectacular, nunca antes –ni después– visto.
Todo estaba dispuesto entonces para que la pelota comenzara a rodar.
Entre los equipos de la zona 1 (Alemania, Suecia Australia y Alemania Oriental), había uno que nadie, sin embargo, esperaba.
Alemania Oriental había sorprendido a propios y extraños y se había clasificado con autoridad en su zona al torneo. Vi algunos partidos de aquel equipo, que era rocoso y sólido, con algunas chispas de buen juego. Jugaba defensivamente, para luego salir de contraataque y punzar al rival, agazapándose en su área. Este detalle será importante después.
La selección de Alemania Oriental ya había jugado, dos años antes, en los Juegos Olímpicos, su primer torneo importante, ganando medalla de bronce. Entró al torneo, entonces, con solidez, con expectativas medidas y listo para competir contra las potencias.
El equipo se había constituido como tal en 1952, con mayoría de jugadores de la liga de la Alemania Democrática. Era, sin embargo, denostado siempre.
No tenía un mal plantel, nutriéndose con la potencia ofensiva de algunos equipos poderosos de esa región, pero su juego era poco atractivo y la prensa no le concedía ninguna expectativa.
A comienzos de 1974, cuando el Mundial alemán asomaba en el horizonte, la sorpresa fue mayúscula y los titulares de todo el mundo crecieron en tamaño cuando el sorteo de los grupos dispuso que ambas Alemanias compartieran la zona.
Se estaba gestando una historia increíble. Sería la primera vez que un mismo país se enfrentara contra sí mismo, como decía la prensa del mundo.
Sonaba desprolijo decirlo así, pero el evento era tan insólito que no había antecedentes en la historia del deporte y las expresiones para contar lo que pasaría eran confusas por necesidad.
“Alemania contra sí misma” titularon algunos periódicos. La prensa, a medida que se acercaba el día del juego, promocionó el partido como una goleada de Alemania Federal aún antes de jugarse.
«El partido se presentó como un enfrentamiento entre los aclamados jugadores profesionales del oeste y la mediocre selección del este. Lógicamente no íbamos a consentir que la cosa quedara así», dice hoy a la distancia Gerd Kische, defensa de la República Democrática Alemana.
Para evitar tensiones innecesarias, ambos equipos acordaron no cambiar camisetas. Finalmente, entonces, llegó el día del match, el 22 de junio. El juego comenzaría a las 19:30.
La hora señalada.
«La ciudad de Hamburgo, sede del encuentro, amaneció en ebullición aquel día. Con sus dos millones de habitantes y su puerto, uno de los más grandes de Europa, es una de las ciudades más importantes de la Alemania Federal. Era lógico que allí, y en su estadio, el Volksparkstadion (el estadio del Parque del Pueblo), midieran sus fuerzas futbolísticas las dos naciones. Berlín, dividida por un muro como estaba, fue descartada para evitar que la rivalidad escalara aún más…”1
60.000 personas en las gradas, la mayoría apoyando a Alemania Federal, querían la victoria a como diera lugar. Tal como se esperaba, desde el comienzo mismo la Alemania Azul se refugió en su área, sin buscar para nada la valla contraria. Desde el minuto 1 solo hubo un equipo en la cancha, la Alemania Federal, que tomó la iniciativa. Alemania Oriental parecía asustada y pálida ante su equipo hermano. Como un nadador en aguas demasiado profundas, no podía hacer pie:
“Desde el comienzo, el anfitrión impuso sus condiciones. Presionó y dominó de forma abrumadora el partido. A los 7 minutos, Grebowski perdió la primera chance, Müller desperdició un par propias y a los 39 minutos Overath pegó un tiro en el palo.”2
El gol parecía al caer. La prensa mundial lo esperaba para justificar, quizás, sus opiniones políticas. Pero el gol no llegaba y Alemania Oriental se metía cada vez más atrás y ralentizaba el juego. Lanzó algunos contraataques que insinuaban un peligro latente.
“La frustración se apoderó del equipo Federal. El juego decayó. Hasta Breitner se contagió y comenzó a fallar en los pases. El público de Hamburgo, alterado, comenzó a silbar a su equipo.”3
El partido parecía condenado al empate. Todos, en su fuero íntimo, lo deseaban quizás. El juego estaba estancado. Algunos, aburridos, incluso miraban el reloj o el cielo despejado de Hamburgo. Hasta que llegó el instante que cambió la historia de este relato y del partido. La página web de la FIFA describe, casi cinematográficamente, aquel momento.
“En el tramo final del encuentro, cuando todos parecían satisfechos con el empate sin goles, llegó la jugada decisiva: en el minuto 77, el guardameta de la RDA, Jürgen Croy, blocó un cabezazo e inició el ataque de su equipo con un envío hacia la derecha, donde se encontraba Erich Hamann. El centrocampista, que había saltado al terreno de juego diez minutos antes, avanzó 30 metros sin oposición, antes de que Franz Beckenbauer saliera a su paso. Allí apareció muy oportuno Jürgen Sparwasser, quien, con cierta fortuna, terminó bajando el balón entre la cabeza, el hombro y el pecho. Esta maniobra sorprendió a los defensores Berti Vogts y Horst-Dieter Höttges, lo que permitió a Sparwasser internarse en el área y, desde unos cinco metros, anotar el gol.”4

El goleador aún recuerda lo que sintió y lo que significó ese gol para él.
«Si llegado el día en mi lápida solo pusiera «Hamburgo 74″, todo el mundo sabrá quién está ahí», repite siempre.
Quedaban diez minutos. Alemania Federal, en pánico, no reaccionó nunca.
El partido terminó, en realidad, con ese gol extraño, poco estético pero histórico.
Había ganado David, de nuevo, contra una Goliat que parecía invencible, y que, acaso relajada por sus prejuicios deportivos e ideológicos, “sobró” el partido. Los jugadores de azul festejaban, el puño apretado, en el centro del campo. Habían lavado algunas afrentas de parte de quienes no creían en ellos.
La derrota de Alemania Federal hizo mucha mella en el equipo blanco, que venía jugando sin esforzarse demasiado. La “otra” Alemania, en su casa, le había doblado el brazo.
«El gol de Sparwasser nos hizo reaccionar. De lo contrario, no habríamos sido campeones del mundo», dijo luego Franz Beckenbauer, capitán del equipo de la República Federal de Alemania.5
A partir de entonces su mentalidad cambiaría y no frenaría su marcha hacia el Campeonato del Mundo, en una final irrepetible contra la Holanda de Cruyff; pero esa es otra historia.
Alemania Oriental, en cambio, quedó pronto eliminada en la segunda fase del torneo. Ganaría la medalla dorada en Moscú 1980, pero esa, también, es otra historia. Jugó su último partido oficial el 12 de septiembre de 1990.
Ya había caído el Muro de Berlín y el mundo afuera de ese estadio ya era otro, distinto, sin lugar para aquella extraña selección.
Aquel equipo con camiseta azul, irrepetible, vive en la leyenda. Y aquel partido, aquel atardecer soleado de junio de 1974, cuando un mismo país se enfrentó en una Copa del Mundo se guarda como uno de los episodios más insólitos de un torneo que cada cuatro años paraliza al mundo con historias nuevas; ninguna, quizás, tanto como esta: cuando Alemania jugó contra Alemania por extraños vericuetos políticos e ideológicos.
Video momentos del partido en Youtube aquí
Termino este artículo con la estadística completa de aquel juego, para los coleccionistas de datos.
República Democrática Alemana /DDR
Seleccionador: Georg Buschner
Alineación: Jurgen Croy; Siegmar Wätzlich, Bernd Bransch, Konrad Weise, Gerd Kische; Lothar Kurbjuweit, Hans-Jürgen Kreische, Harald Irmscher,Reinhard Lauck; Martin Hoffmann, Jürgen Sparwasser
Sustituciones: Erich Hamann por Irmscher (65′)
República Federal de Alemania /BRD
Seleccionador: Helmut Schön
Alineación: Sepp Maier; Paul Breitner, Hans-Georg Schwarzenbeck, Franz Beckenbauer, Berti Vogts; Wolfgang Overath, Bernhard Cullmann, Uli Hoeness; Heinz Flohe, Gerd Müller, Jürgen Grabowski
Sustituciones: Horst-Dieter Hottges por Schwarzenbeck (68), Günter Netzer por Overath (69′)
Anotaciones: 77′ Jürgen Sparwasser
Árbitro: Ramón Barreto, de Uruguay.
Fuentes:
[1] https://www.espn.com.ar/futbol/mundial/nota/_/id/4218483/alemania-democratica-se-quedo-con-el-duelo-ante-alemania-federal-en-1974
[2] https://www.espn.com.ar/futbol/mundial/nota/_/id/4218483/alemania-democratica-se-quedo-con-el-duelo-ante-alemania-federal-en-1974
[3] https://www.espn.com.ar/futbol/mundial/nota/_/id/4218483/alemania-democratica-se-quedo-con-el-duelo-ante-alemania-federal-en-1974
[4] https://www.fifa.com/es/tournaments/mens/worldcup/articles/republica-democratica-alemana-victoria-ante-republica-federal-alemania
[5] https://www.fifa.com/es/tournaments/mens/worldcup/articles/republica-democratica-alemana-victoria-ante-republica-federal-alemania
Imagen de portada: ©Bundesarchiv, Bild 183-N0622-0035 / Mittelstädt, Rainer / CC-BY-SA 3.0 – Jugadores: Martin Hoffmann (RDA/ DDR) y Franz Beckenbauer & Berti Vogts (RFA/BRD)

Alejandro Eduardo Perdomo
Tengo 42 años, vivo en Buenos Aires y soy Profesor de Historia. Además soy técnico en turismo y me gusta viajar por el mundo. De mañana doy clases en un Instituto y por la tarde investigo en los archivos y escribo.
Intenté mixturar estas dos pasiones en los tres libros que tengo publicados, titulados A un paso de María Antonieta (primera y segunda parte), donde cuento historias de Francia y de París, junto con mis impresiones al visitar esos lugares, y Reinas tristes de la historia de Europa, donde investigué sobre la vida de doce monarcas de todos los tiempos y sus vidas, pasiones y destinos. Actualmente estoy preparando otro libro titulado Misteriosa Europa, con enigmas sin resolver sobre la historia del Viejo Continente. Algunos de mis relatos se pueden escuchar en forma de audiolibros en Soundcloud.
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