Mother’s Baby tuvo su estreno mundial en la Berlinale 2025 y estuvo nominada al Oso de Oro por el mismo festival, además de Mejor Película en el Festival de Sitges. El pasado 15 de enero tuvo su estreno local en Alemania. Una madre, un bebé, el posparto. Una prolijidad que da miedo. Un thriller de tensión constante.
“Todo está bien… Todo es normal…”, repite el doctor Vilfort, con una cadencia digna de un mantra religioso. “Nada está bien, ni nada es normal”, piensa Julia. ¿Puede, debe, primar la intuición incluso cuando eso te haga ir contra todos a tu alrededor?

Julia (Marie Leuenberger) es directora de orquesta y lleva años casada con Georg (Hans Löw). Ya pasados los cuarenta, deciden hacer un último intento por ser padres y caen en la clínica de fertilidad del doctor Vilfort (Claes Bang), un tipo sereno, impecable, de esos que hablan como si cada frase fuera una garantía. Les promete una efectividad casi milagrosa y, efectivamente, el embarazo llega.
Julia da a luz, pero el parto se complica: el bebé es trasladado de urgencia a neonatología y ella ni siquiera alcanza a tenerlo en brazos. Cuando al día siguiente por fin lo ve, algo no encaja. Lo que tendría que ser instinto aparece como desconfianza (“¿por qué está tan tranquilo todo el tiempo?”). Lo que tendría que ser amor instantáneo se siente como distancia (“¿y si lo pellizco para ver si reacciona?”). Lo que tendría que ser plenitud se le vuelve culpa (“¿por qué no es como lo imaginaba?”). Y entonces le aparece la sospecha: ¿y si ese bebé no es el suyo? ¿Y si se lo cambiaron?

Mother’s Baby, el tercer largometraje de la guionista y directora austríaca Johanna Moder, toma la decisión de incomodar. Por momentos te convence de lo que plantea Julia, de lo turbio de la clínica, con el doctor que nunca cambia el tono de su voz, con los vacíos de información, con esa prolijidad que da miedo. Por otros, quizá sean ellos los que tienen razón. Ahí lo que pesa es lo íntimo: el posparto como estado alterado, el encierro, un malestar que no tiene el permiso social (porque para el afuera, una madre que duda es una madre peligrosa). Además, toma la decisión de mostrar lo que muchas películas cortan: después del parto. No en la foto del bebé envuelto, sino en el cuerpo cansado, lastimado, vulnerable. Y esa duda. Y ese bebé sin nombre.
El terror de Mother’s Baby no viene en un susto o un giro, sino en el contraste continuo entre el interior y el entorno. La pareja que intenta sostenerte pero no te cree. La profesional que “te entiende” pero anota. La institución que te ofrece soluciones mientras te explica, con paciencia, por qué estás exagerando. En ese sistema, la experiencia propia se vuelve discutible. Y ahí pega fuerte la película: el miedo no viene de un monstruo, sino del consenso.
El punto fuerte de esta película son la puesta en escena y sus actuaciones. Es un thriller psicológico clásico, con tensión constante y ese desconcierto que nos lleva a querer saber qué pasa a continuación. Leuenberger compone a Julia con precisión: no actúa locura ni depresión, actúa desgaste, soledad, desesperación. Y Claes Bang, como Vilfort, es perfecto en su ambigüedad: cuanto más te tranquiliza, más te alarma.

Moder nos presenta un thriller de percepciones, no de investigación. En otra película, Julia se hundiría en búsquedas, explicaciones, causalidades; acá, en cambio, todo se arma a partir de pequeños desajustes: diálogos que no terminan de encastrar, encuentros raros con personajes que aparecen como señales y se esfuman, escenas que no resuelven nada pero te dejan inquieto. Y en ese clima frío, preciso, quirúrgico, entra algo todavía más incómodo: un humor seco, negrísimo, que no alivia sino que aprieta. Porque hay momentos en los que la situación roza lo absurdo (el axolotl de mascota que se devora a su compañero), y la película se anima a sostener esa incomodidad sin correr a explicarla. Ahí es donde más crece: cuando no te da el placer del cierre, sino el ruido de lo que no nombra.
Trailer subtitulado al español
Imagen de portada: ©FreibeuterFilm
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