Shahid (Alemania) es una sátira que se sumerge en temas como la tradición religiosa, la migración y la culpa –para tomárselos lo suficientemente (no) en serio. Se trata del segundo largometraje de la directora iraní Narges Kalhor y se acaba de estrenar en la sección Forum de la Berlinale. Hay más funciones.
¿Es posible desvincularnos del pasado para pensar nuestro futuro? ¿Y si pensar nuestro futuro nos conduce inevitablemente a la comprensión de nuestro pasado? ¿O será que habitamos pasado, presente y futuro al mismo tiempo?
Estas preguntas chocan y se entremezclan tanto como los personajes y géneros de Shahid (Alemania, 2024), la nueva película de la directora iraní Narges Kalhor, presentada en la sección Forum de la Berlinale 2024.
Shahid nos presenta la historia de su directora Narges Kalhor. O quizá lo sea de a ratos, o quizá sea totalmente otra cosa. Se podría decir que Shahid es una ficción, pero también es un documental. Es una comedia, pero también es un drama, y por momentos también es un musical.
En esta película todo es y no es al mismo tiempo. Quizá por eso sea la forma en la que la directora decidió plasmar este autorretrato desfachatado que no economiza en recursos ni en tópicos durante sus ochenta y cuatro minutos de duración. El resultado es, sin dudas, una película que vale la pena ver.
El film introduce a Narges Shahid Kalhor, una refugiada iraní en Baviera, que ha tomado la decisión de eliminar el apellido Shahid (cargado de significado como mártir) de su documento. A partir de esa decisión comienza a recibir las visitas espectrales de su bisabuelo martirizado en Irán, lo que le valió a la familia la incorporación del nombre, para hacerla cambiar de parecer.
La epopeya de Narges nos lleva por oficinas estatales en las que la burocracia corre más que el oxígeno, el consultorio de un psicólogo considerablemente más alterado y dubitativo que su paciente, tranvías copados por hinchas de fútbol borrachos y varios otros aspectos –como viñetas humorísticas– de la vida cotidiana en el sur de Alemania.

©Leonie Huber
Esta cotidianeidad, presentada a modo de secuencia repetitiva digna de El día de la Marmota –Narges se despierta en el piso, sale de su casa, saluda a un hombre que barre la vereda, toma el transporte público y se dirige a algún sitio necesario para su plan– se ve interrumpida por una variedad de recursos que abundan pero no agotan: secuencias musicales, escenas que visibilizan el dispositivo cinematográfico al estilo mockumentary, collage de imágenes, animaciones, perfos y hasta la presencia de un narrador que se desliza entre lo extradiegético y lo personaje.

©Leonie Huber
En este festival de estímulos, gags y relatos cuasi bíblicos, el gran tema que prevalece es la identidad. Narges Kalhor, nacida en Teherán en 1984, estudió en la Escuela de Cine de Teherán. En 2009, mientras presentaba su cortometraje “Die Egge” en el Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos de Núremberg (NIHRFF), solicitó asilo político en el país. Su caso fue particularmente público, dado que su padre era el asesor cultural de más alto ranking en el gobierno iraní. Sin embargo, el asilo le fue otorgado y desde entonces reside en Alemania, primero como refugiada, y desde hace unos años con estatus de ciudadana. En Alemania terminó sus estudios en la Universidad de Televisión y Cine de Múnich (HFF München).

Narges Kalhor ©Narges Kalhor
Su condición de migrante-refugiada y ciudadana de dos países de los que no se siente completamente parte es un limbo rico en experiencias pero difícil de digerir: ni iraní ni alemana; ni musulmana ni cristiana; refugiada, pero con una experiencia muy diferente a la de otros refugiados. Con todo esto, Kalhor no limita su espiral de autorreflexión, consciencia social, historicidad, privilegios de clase y feminismo.
Quizá un marco válido a la hora de abordar estos temas sea el cambio de tradición: ¿puede lo que creemos como tal, la forma en la que venimos configurados, simplemente dejar de ser?
Todos los ingredientes en esta historia se entrecruzan, fusionan, pero a la vez tensionan y complejizan su experiencia. Por eso el barroquismo de Shahid funciona y nos invita a un relato cargado de originalidad, verdades universales y chistes sobre alemanes.
Trailer Shahid: ver aquí.
Próximas proyecciones de Shahid en la sección Forum de la Berlinale el 17, 21 y el 22 de febrero. Ver aquí.

Matías habita entre Buenos Aires, Berlín y el universo de la última película que vio. Comenzó su carrera como creativo publicitario trabajando para varias agencias importantes, hasta que la pasión lo hizo cambiar de rumbo. Estudió cine en la ENERC y desde hace algunos años se desempeña en el área de postproducción, como editor/montajista y como coordinador de post. Como ni el trabajo ni el ocio pueden calmar su sed audiovisual, también es co-fundador junto a dos amigos de “La Guarida Cineclub”, un espacio de cine debate en el living de su casa.
Imagen de portada: Shahid, dirigida por Narges Kalhor © Leonie Huber
