Según el diccionario de la Real Academia, la palabra “díscolo” procede del latín tardío, y en última instancia del griego, y se refiere a una persona con mal carácter, malhumorado y de trato difícil. De la definición de su significado en español me quedo con la idea de que no se comporta con docilidad. No creo que Antonio sea una persona desobediente, pero sí me parece que puede estar desplegando a través de su editorial cierto grado de rebeldía, de indisciplina. Esa rebeldía se refiere a las leyes del mercado editorial, porque Antonio Cuesta es, para lo que nos interesa, un editor español que creó la editorial Dyskolo. En esta entrevista nos va a explicar el origen del nombre, y la intención que hay detrás del mismo. La entrevista se realizó en un bar muy berlinés que recomendamos a todos los lectores. Dyskolo se presenta en el Salón Berlinés el 23 de febrero a las 19:00. Una última cosa: acepta manuscritos que hispanoescritores residentes en Alemania le quieran remitir para su consideración.

Esta entrevista se realizó en la Kneipe y destilería E&M Leydicke de Berlín-Schöneberg.
Buenas noches, Antonio. ¿Puedes presentarte para los lectores de la revista, para que te conozcan un poco?
Soy Antonio Cuesta, editor y periodista. Coordinador de ediciones Dyskolo, creada en 2014, hace ahora 12 años, y es una editorial errante o itinerante porque nació en Atenas, pasó por Estambul, llegó a París y ahora está en Berlín.
Cuando dices que es errante, ¿que significa?
A efectos legales la editorial está radicada en España, aunque se venden libros en cerca de 40 países, todos los de Europa sin limitación, y en 9 países de América Latina, además de los Estados Unidos, a través de una plataforma que permite comprar los libros en es impresión bajo demanda. La vocación, tanto en el catálogo de las obras como en la distribución, es intentar eliminar en la medida de lo posible las barreras de los países, y sobre todo que tenga presencia en América Latina. Tenemos muchos autores latinoamericanos.

¿De dónde eres?
De Madrid, nací en Madrid. Pero desde hace 21 años que estoy fuera de España por razones familiares y laborales. Hemos estado en muchos países, y a mitad de este periplo surgió la editorial.
¿De dónde viene tu vínculo con los libros?
Desde pequeño, no sabría decirte exactamente, de siempre. La pequeña paga que tenía la juntaba con mi hermana para comprar libros. Siempre he leído mucho y siempre he disfrutado de la lectura. A pesar de que mi formación no está directamente relacionada con los libros, sino con el periodismo. Al salir de España empecé a trabajar profesionalmente como periodista, como corresponsal, más adelante, cuando estábamos en Atenas, parte de mi trabajo era la edición de textos, así que me planteé la posibilidad, con ese conocimiento, de ofrecer libros en formato digital de libre descarga. Así surgió la editorial, como un experimento editorial, como un proyecto alternativo de hacer libros en formato digital que se pudieran distribuir libremente en Internet. Este formato de libros todavía se siguen publicando, porque todos los libros en papel tienen una versión digital y la mayor parte de ellos siguen siendo de libre descarga. Esto Depende de los autores, el que cueste algo o no, pero la inmensa mayoría son de libre descarga, incluso los más recientes. La labor editorial tiene un fondo sentimental, sin duda, y se alimenta de ese bagaje de lecturas de toda la vida. Y Aunque he leído un poco de todo, al final tengo ciertas preferencias.
Tu familia no tenía una relación previa con los libros, había una biblioteca en tu casa.
No, realmente no. Toda mi familia procede de un pueblo pequeño de Albacete, que es donde está ahora radicada la editorial, Albatana. Mi padre migró a Madrid para buscarse la vida y era un trabajador con muy poca formación. Había muy pocos libros en casa.
Había un deseo de salir de esas raíces migrantes en Madrid.
Mi padre llegó a finales de los 50, se casó con mi madre un poco después, y en 1960 ya vivían en Madrid. Yo nací en 1969. De pequeño había cuentos en casa, que todavía están por ahí, pero realmente no había ninguna motivación para la lectura. Hasta que de repente me di cuenta de que a través de los libros se accedía a todo un mundo nuevo, a aventuras y a sitios desconocidos.

¿Quién te enseñó a leer?
Mi madre. Recuerdo que antes de ir al colegio ya leía. Mi padre compraba algunas veces el periódico y quedaban por casa. Mi madre, recuerdo, antes de los cinco años, que me dejaba el periódico a veces mientras ella hacía las tareas de casa y yo tumbado en un sofá, aprendí a leer los titulares, que era lo más fácil de leer. Sí, llegué al colegio leyendo algo y, claro, mi madre estaba muy orgullosa de esa historia. Recuerdo, por ejemplo, más adelante, a lo mejor con doce o catorce años, la biblioteca de mi colegio que estaba bien surtida, y me pasaba muchas tardes, al acabar las clases, un par de horas ahí leyendo, devorando libros en realidad, porque leía compulsivamente lo que, claro, no había en casa. Recuerdo también que mi madre en algún momento eligió una suscripción del Círculo de Lectores viendo que el mundo de la lectura se me quedaba pequeño. Recuerdo muchos de esos libros, por ejemplo, los Episodios Nacionales, de Galdós. Círculo de lectores fue una modalidad de venta de libros por correo, con un catálogo que llegaba así todos los meses, libros de papel couché y mucho colorín, todo muy llamativo, de tapa dura. Y Luego estaban los que compraba por vocación propia, digamos. Conservo muchos de ellos.
¿Cómo aprendiste a leer de la manera que necesita un editor?
Eso no te sabría decir. Como lector soy autodidacta, y casi en todas las facetas de mi vida ha sido igual, porque aunque trabajé de periodista, no estudié periodismo. Mi hermana mayor sí, nos llevamos 7 años, y siempre me decía, “Tú deberías estudiar periodismo”. Me gustaba escribir, pero no veía que profesionalmente me quisiera dedicar a eso en aquel momento. Luego, con el tiempo, sí, y al final disfruté con el periodismo, Cuando ya estuve fuera de España, que empecé a trabajar como profesional. Con anterioridad había estado colaborando con aquellas incipientes páginas alternativas de información en Internet, o incluso algún blog que abrí, donde iba publicando cosas que me interesaban, escribiendo y publicando. Digamos que siempre he sido autodidacta para todo con veintipocos años dejé Madrid y me fui a vivir a un pueblo de Ávila, un pueblo pequeño donde había un grupo de personas culturalmente inquietas. Hicimos varios proyectos, una revista, y otras publicaciones, todo de andar por casa y para el pueblo, en las que había un poco de todo, desde información sobre la actualidad, o algún apunte de gente que vivía allí, poetas, y gente que escribía cuentos. Igual publicábamos pequeños ensayos, que poesía o cuentos, lo que cabía, y esa tarea de edición me encantaba. Me fascinaba hacer experimentos con formatos muy diversos, distintos tipos de papel y tiradas muy pequeñas. Esa historia la aparqué, dejé de vivir allí y me dediqué más al periodismo. Pero cuando comencé con Dyskolo me pareció interesante tratar de volver a recuperar algo de ese carácter original y artesano, que facilitan las tiradas pequeñas y el hecho de tener un público lector relativamente cercano y accesible. Porque a nivel editorial esa es una de las principales dificultades, la de la distribución. Pienso en un libro, en un cuaderno, en una revista, lo diseño, lo mando imprimir y cuando ya está hecho, viene la pregunta “¿Y ahora qué hago con él?”.
¿Cómo tiene que leer un editor?
Yo creo que ahí depende un poco de la perspectiva, como editor para la editorial que tienes o para la que trabajas, qué vas buscando. Creo que hay muchas lecturas y que probablemente todas sean válidas. Básicamente, la de buscar aquello que se vende podría ser una, ajustándote más a las corrientes literarias o las modas que vengan. Otra es la de buscar un nicho concreto, algo que te interese especialmente, o un tipo de literatura, y centrarte en eso.
¿Te refieres a un estilo, o a un tipo de lector?
Un poco de todo, porque al margen de otras consideraciones, lógicamente, tienes que intentar siempre que los libros que publicas se vendan. Pero también hay que pensar en qué es lo que antepones. Por un lado está ganar dinero a toda costa, y hay muchas estrategias que a mí, desde luego, no me interesan nada. Hay muchas editoriales que hacen que sea el autor quien pague los costes de edición, y no hacen el trabajo que yo entiendo que debe ser el de editor, que es la selección, la corrección, la maquetación. Por otro lado está la especialización en un género o en un tipo de literatura, o de poesía, por ejemplo. Mi opción personal es buscar en el tipo de lecturas que siempre me han interesado, de la manera más amplia posible, y tratar de buscar el hueco y el encaje, lo cual no siempre resulta sencillo.

Es decir, que primero editas y luego ves como lo vendes. Buscas al lector luego.
He tratado de que eso fuera un poco a la vez, o sea, de acercarme o ir buscando un tipo de lector que, digamos, fuera afín a lo que a mí me gusta leer, he tratado de buscar ese público y de llegar a ellos con las propuestas que yo hago, claro, con las limitaciones que tiene la editorial y las mías propias, la capacidad que yo tenga como gestor también de la editorial, algo que no es tan sencillo ni muchísimo menos.
¿En qué proporción la respuesta de los lectores va influyendo en cambiar tu forma de seleccionar los textos?
Hasta ahora no mucho, porque lo que he ido publicando ha tenido una acogida más o menos limitada. En España habrá unas 3.000 editoriales activas, de las que aproximadamente el 65% publican menos de 10 títulos al año. Ahí se encuentra Dyskolo. Ahora bien, es muy complicado distribuir y llegar a las librerías sin tener un respaldo económico importante como para poder aventurarte, por ejemplo, en campañas de publicidad, o acceder a según qué medios de prensa que a lo mejor son de pago. Sin ese respaldo al final es complicado. Quedan Las redes sociales, que también son lo que son, las presentaciones y los encuentros donde se va conociendo a más editores, a más autores, y a más lectores. Al final la cuestión es darse a conocer, de dar a conocer la editorial, a los autores nuevos, y a los consagrados pero de otra época, como Antonio Machado., que a mí personalmente me interesan, y que trato de equilibrar en el catálogo con autores contemporáneos. La cuestión es que sea algo simultáneo, ir ampliando la base de lectores alrededor de la propuesta y reforzando la visibilidad de la editorial.
En ese sentido, una de nuestras propuestas desde el comienzo de Dyskolo ha sido la de crear un grupo de personas que den su apoyo al proyecto mediante una suscripción anual bastante asequible. Hay suscripciones para los libros en papel y también solo para los ebooks. Con ello nos garantizamos una independencia económica fundamental, pues nos permite apostar por textos que merecen ser publicados, independientemente de que una vez en las librerías se vendan más o se vendan menos. Este apoyo económico es un aval a nuestra línea editorial y a la concepción que tenemos del libro y de la cultura por extensión.
Aprovecho la palabra que has utilizado, que es catálogo, la palabra mágica de cualquier editorial o de cualquier editor. Hace un tiempo estuve, en Logroño, en un encuentro de editoriales independientes, en el marco de un máster de escritura creativa. Fue muy interesante, yo no conocía este mundo de las ediciones independientes en España. Insistían mucho en la palabra catálogo como el signo de identidad de una editorial ¿Una editorial independiente se define justamente a través de su catálogo?
Yo creo que sí. El catálogo debería ser para las editoriales, grandes y pequeñas, lo definitorio. Lo que pasa es que las grandes, sobre todo, al final lo han abandonado. Se ha ido perdiendo. El catálogo de una editorial grande no tiene identidad. Publican igual de medicina, de autoayuda, de literatura y de español como lengua extranjera, eso no es ninguna identidad. Como tienen miles de títulos, pues alguno habrá que le cuadre a casi cualquiera, ¿no? Pero Si vamos bajando a las editoriales independientes y pequeñas, creo que define muy bien su perfil. Para quien accede, a lo mejor un día, o de casualidad, a la página, puede servir para ver un poco cuál es la línea, ¿no?
¿Y cuál es la tuya?
Digamos que trabajo un poco dos partes. Una es a partir de lo que me va llegando de autores primerizos y desconocidos, valorando, por supuesto, la calidad del texto.

Es decir, que un o una autora puede mandar el manuscrito, y lo vas a leer y lo vas a evaluar.
Sí. Afortunadamente no me llega tanto como para no leerlo, lo cual está bien. Teniendo en cuenta que al final el número de títulos que publicamos al año es pequeño, me da la posibilidad de seleccionar, e ir cerrando con antelación el año siguiente no recibo tantos originales como para no poder leerlos. Leo mucho, muchísimo, y al final me decanto por lo que me siento más capacitado de valorar, no tanto como lector identificado de cosas que me gusten, sino de encontrarle los puntos fuertes al texto. Hay libros que a lo mejor en una primera lectura no he visto claro y que luego, pensándolo aunque no fuera el libro que a lo mejor yo compraría, no considere que no sea un libro que realmente esté bien pensado, bien escrito y bien rematado.
Esta es una de las líneas.
La otra es la de la recuperación. Como leo muchísimas cosas de todo tiempo y de toda época, a veces encuentro textos olvidados a los que me parece que hay que dar una nueva oportunidad. Esa es también una cuestión que como editor quiero hacer, ayudar a que ciertos títulos no se mueran. De modo que en Dyskolo hay cierto equilibrio entre los autores nuevos y los consagrados. Contaba Ricardo Piglia en algún momento que debería haber alguna editorial que publicara solo a autores noveles. A mí de alguna manera me ha pasado porque de los autores actuales, la mayoría son primeras novelas o primeros libros de cuentos, o casi. Eso también tienen un coste, pero bueno.

¿Qué es un libro para ti?
Lo he escrito muchas veces cuando he podido. Quiero que no se convierta en un objeto de consumo, sino que sea un bien cultural. Es algo que debe perdurar en la biblioteca personal de cada uno. Cuando publico un libro pretendo que en manos de un lector desconocido, de una lectora anónima, sea para guardar. Quiero creer que lo que voy publicando no es un libro de consumo, que lo has leído y ya te puedes deshacer de él.
Entiendo que una editorial no puede limitarse a publicar libros, uno tras otro, y esperar únicamente a que se vendan, para seguir poniendo en el mercado más novedades. En mi opinión, como supongo les pasará a quienes escriben, los libros no tienen fecha de caducidad y es mi responsabilidad como editor valorar la calidad para que sea tan atractivo tanto en el momento en que se publica como pasados los años. Y por supuesto tratar de que el libro siga vivo, accesible para quien lo quiera leer y pueda ser adquirido en el futuro. No entiendo que se destruyan o se descatologuen los libros, como si fueran mercancías perecederas o ya hubieran cumplido su función.
¿Qué sería una sociedad sin libros?
No me lo imagino, no la concibo.
La sociedad hispanohablante de Alemania no tiene libros que cuenten su historia.
Cuando hablas de la sociedad hispanohablante, ¿hablas de personas individuales, o de un colectivo en abstracto? A lo mejor hay una parte que nosotros desconocemos aquí en Berlín. Tenemos la Biblioteca del Instituto Iberoamericano, la más importante, probablemente después de la del Congreso de Washington y la Nacional de Madrid.
Me estoy refiriendo a libros concebidos, escritos y editados dentro del colectivo y para el colectivo.
Es que tampoco sé muy bien dónde están los límites para los libros y para la literatura. Ahora, por ejemplo, no tiene sentido hablar, muchas veces, de literatura argentina o de literatura colombiana, cuando muchísimas de las autoras y autores están dando vueltas por el mundo, y leyendo de todo. Algo que no he dicho, y es también un pilar fundamental de la editorial, es que todos los textos que he publicado son textos escritos en castellano, ahí sí que, digamos, acoto un territorio que es la lengua donde yo me manejo con soltura. He leído alguna cosa en francés o en inglés, pero no soy capaz de, realmente, darme cuenta de la riqueza o del valor del texto. Entonces, para mí eso es fundamental, es decir sentirme cómodo como para, habiendo leído un texto, ser capaz de decir, “Bueno, pues a mí me parece que aquí falla esto o aquí falla el otro”.
Vamos a hablar de algunos libros

Desde el mirador de la guerra
Son artículos que Antonio Machado escribió entre 1937 y 1939, publicados, todos salvo uno, en La Vanguardia. Estaban digitalizados. Fue el periodo en que Machado se mueve de Valencia a Barcelona cuando ya la guerra civil española estaba en mala situación. Y La Vanguardia le contrata para hacer una columna quincenal. Todos esos artículos siguen el desarrollo de la guerra hasta enero del 39, que es el último El libro forma parte de una colección que tratará de recuperar autores de principios del siglo XX. He hecho varios trabajos de digitalización de este tipo, que a mí personalmente me gustan. Es un trabajo muy intimista, muy de estar ahí horas.


Año tras año
Otro libro muy interesante que no está en papel. Su autor, Armando López Salinas, murió en marzo de 2014 mientras trabajaba en el arranque de Dyskolo. Año tras año recibió en 1962 el premio Ruedo Ibérico, pero no se publicó en España debido a la censura. Conseguimos ponernos en contacto con los hijos del autor, y de forma muy generosa cedieron los derechos para que se publicara en formato digital de libre descarga. Ese libro, por ejemplo, vino de la biblioteca del Instituto Cervantes, creo recordar, de Nueva York, y entonces hubo que digitalizarlo, corregirlo y revisarlo. Fue muy gratificante.
La edad de las ataduras
Esta novela es de un autor cubano, Yunier Riquenes García. Una novela cortita, muy interesante, ambientada en la época de la guerra de Angola en los 80 en Cuba, sin que se cite en ningún momento ni qué guerra es ni qué país es, desde el punto de vista de las mujeres, de las madres que se quedaron sin hijos. Hay entremezcladas muchas cuestiones universales que tienen que ver con el patriarcado, con la figura del hombre en la pareja y en la sociedad. Yunier está ahora haciendo una maestría en México, pero está muy vinculado a Cuba porque tiene un proyecto digital que se llama Claustrofobias, es una revista de literatura cubana. Es de un pueblo muy pequeñito de la zona oriental, de cerca de Santiago, y con otro compañero llevan adelante este proyecto que está bastante muy activo. Ha recibido bastantes premios en su país como activista cultural, ha escrito también mucho para infantil, y sobre todo poesía. Este libro es de las pocas novelas que ha escrito.


Ética para infractores
Camilo Bogoya es un autor colombiano que vive en París desde hace tiempo. Es un libro de cuentos que tiene que ver mucho, por supuesto, con Colombia. Precisamente porque lleva ya años viviendo en París, no quiere perder ese contacto con su forma de hablar, con la musicalidad del español colombiano. En este libro yo creo que lo ha logrado. El conflicto político y el conflicto armado están en detrás de muchos de los cuentos desde la perspectiva que él define en el título, esa parte en la que todos al final estamos infringiendo códigos morales, éticos o convenciones.


Cuando llega la nube
Esta es la última novela publicada por Dyskolo. Es de una autora madrileña, Gracia Texidor, una mujer que se dedica fundamentalmente a la música. Tiene un espectáculo muy particular, su voz y su cuerpo son los instrumentos. Da clases de canto y tiene unas bases literarias muy sólidas. Es su primera novela, aunque había escrito otra cosa que nunca le acabó de convencer. Está funcionando muy bien. A mí, como editor, me enganchan los autores y las autoras que tienen algo que contar y que lo cuentan muy bien, de manera que cuando eso lo trasladas a un público de diez, veinte o veinticinco personas, se entiende perfectamente. Es un libro sobre el deterioro de la vejez en la sociedad actual. Es un monólogo interior de una mujer que está absolutamente decrépita, que ha vivido una vida con algunas cosas maravillosas y otras muy duras, y que va recordando a golpes. Una novela muy recomendable, como muy recomendable es la autora, gente que tiene tan claro lo que quiere contar y que tenga luego la “facilidad” de contarlo.


Conficciones
Este libro es una conversación de dos autores uruguayos, Gustavo Esmoris y Jorge Majfud, sobre literatura. Es un libro que da un repaso a la literatura en algunas cuestiones un poco locales con el tema de la literatura uruguaya, pero con referencias a la literatura latinoamericana en general, buscando en el mundo actual la respuesta de para qué se lee, para qué se escribe. Esmoris es casi más poeta que ensayista, aunque tiene también algunas novelas. Hace unos años ganó el premio Onetti, allí en Uruguay. Y Majfud es un autor polifacético que ha escrito un poco de todo, profesor en la universidad de Jacksonville, en Estados Unidos Ambos autores explican desde su punto de vista qué debe buscar un autor o cuál es la función del autor en la sociedad actual, y para qué sirve leer y para qué sirve escribir.


¿Cómo te llegó el manuscrito de estos libros?
Varios de ellos, a través de una agente literaria. El último, de Rodolfo Walsh, La revolución palestina, también es un ensayo, son crónicas de periodísticas. La figura de esta agente literaria tiene su interés. Es un filtro tremendo, es la primera lectora. Si tiene una buena sintonía con respecto a lo que te mueve, a lo que estás buscando, ya te hace una criba importante.
Volviendo un poco a lo que es una editorial, ¿existen los ‘mirlos blancos’?
Seguramente sí, pero si no hay detrás un respaldo económico importante…Por poner un ejemplo. Uno de nuestros próximos libros es una novela muy buena de un autor colombiano, ganadora del premio Ñ – Ciudad de Buenos Aires, y que fue publicada por Alfaguara en Colombia. Pasados 5 años esta editorial declina su reedición o su publicación en España. Lo publicaron en Colombia y no lo publicaron en México; lo publicaron en Argentina, y no lo publicaron en Chile. Ellos sabrán cuál es su criterio. Afortunadamente, el autor tuvo enseguida la posibilidad de buscar otra editorial, pero a mí me da miedo el que una novela así no tenga la divulgación y la relevancia que merece. Es Una magnífica novela, objetivamente, pero depende de la editorial que la publique puede vender cien mil ejemplares, o pueden vender cien. En resumen, pienso que mucho más que del texto o del autor, un bombazo editorial depende de quién esté detrás. Sé de primera mano que el trabajo con la prensa o con los críticos por parte de las editoriales grandes, dan forma a los grandes éxitos editoriales. El editor argentino lo cuenta en algún libro. Si en la Feria del Libro de Frankfurt alguien viene y te dice “Este libro va a ser una bomba”, entonces ya está claro que ese libro, cuando sale se convierte en una bomba. Hay libros que sin haberse publicado en España, te hablo del mercado editorial español, ya están contratados en quince grandes editoriales de Alemania, de Italia, de Francia, y cuando aparece es un bombazo. ¿Por qué? Porque hay alguien que está detrás diciendo “Hazme caso que esto vale”.
Los mirlos blancos se construyen.
Sí. Yo creo que hay muchísimo marketing detrás. Hay más ejemplos que conozco de primera mano de bombazos que están en los periódicos, que están construidos. Lo cual luego no quita para que el texto sea bueno.


Interiores de la Kneipe y destilería E&M Leydicke
Podríamos seguir hablando un buen rato, pero van a cerrar el local. La última pregunta es para la ciudad donde estamos. Yo sé que llevas apenas un año en Berlín. Teniendo eso en cuenta, ¿cómo ves el ambiente editor en Berlín?
Me ha sorprendido mucho. Fuera de España nunca había visto algo así, ni siquiera en París, donde hay también una comunidad de latinoamericanos bastante importante. Pero No había ni siquiera una librería. La última cerró por la pandemia, pero no hay espacios literarios, de encuentro. Y aquí en Berlín hay varios donde además hay una programación regular. He conocido, además, a varios jóvenes editores latinoamericanos que residen temporalmente aquí en Berlín, con propuestas interesantes. Y Está, por supuesto, la editorial Abrazos, que tiene también su particular recorrido. Está Ilíada. Está Claudia Baricco… Por razones de la vida acabas aquí, como les pasa a autores como Antonio Ungar, y sigues haciendo tu trabajo. Sí, es sorprendente, gratificante, y tiene que ver, sobre todo, con que haya espacios y que esos espacios se muevan lo suficiente como para que la gente que vive aquí, el publico hispanohablante principalmente pero no solo, se sienta motivada a salir de casa a pesar del frío y vaya un lunes o un jueves o un miércoles, a ver qué me cuenta este autor. Es difícil saber exactamente a qué se debe, pero lo cierto es que está ocurriendo. Además hay gente de teatro, un grupo de impro, hay un montón de poetas, hay varios festivales, como Barrio Berlín, o el Festival Internacional de Literatura. Verdaderos espacios de intercambio.
Bueno, Antonio, te agradecemos todas las informaciones, y te deseamos mucho éxito con la editorial Dyskolo.
Gracias a vosotros.
Esta entrevista se realizó en la Kneipe E&M Leydicke de Berlín-Schöneberg. Agradecemos al propietario, Raimon Marquardt, el habernos permitido quedarnos un rato después del cierre.
Dyskolo se presenta en el Salón Berlinés el 23 de febrero a las 19:00.
Großgörschenstr. 6, 10827 Berlín. El SALON BERLINÉS en Instagram.
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