La Familia Fettuccini

Entrevista a Laura Gutiérrez, responsable de esta iniciativa dedicada a la enseñanza multilingüe y al apoyo a las y asesoramiento a familias que quieren que sus hijas e hijos aprendan el español que traen de sus países de origen.

Esta entrevista es parte de la serie relacionada con el evento ¡Aprendemos en español!, jornada centrada en la enseñanza del español como primera lengua en las escuelas de Berlín. La Familia Fettuccini forma parte de la organización del evento.

Buenos días, Laura, ¿qué tal?

Muy bien, ¿y tú?

La primera pregunta, como en otras ocasiones, ¿podrías presentarte profesionalmente?

La Familia Fettuccini, iniciativa de la colombiana Laura Gutiérrez

Casi siempre inicio con algo que es muy personal, visto que el tema es con lenguas, y es que nací en Colombia en una familia monolingüe, y hoy en día hablo cuatro lenguas, estoy aprendiendo la quinta, y todas esas lenguas realmente las desarrollé en la adolescencia y en la edad adulta. ¿Y por qué suelo iniciar presentándome con esto? Porque creo que debemos darle importancia a que las lenguas también las podemos aprender en la adolescencia y en la adulta, así yo trabaje desde una perspectiva de la infancia. Cuando hay un proceso de migración también migran adultos, y muchas veces hay una desmotivación muy grande. Entonces, nací en Colombia en una familia monolingüe, hablo cuatro lenguas. Estudié diseño industrial, y cuando me vine a vivir a Alemania empezó un gran cambio en el que mi interés por la lingüística y por la psicología infantil fue muy grande. En este momento no hablaba suficiente alemán, así que empecé a asistir a las cátedras, que podía ir, digamos, como invitada, a la Humboldt Universität, de Lingüística y de Psicología infantil. Así se fue despertando más mi interés. Me certifiqué como maestra de español para niños, después me certifiqué como educadora en disciplina positiva para familias y para el salón de clases, y para niños de preescolar. Fui leyendo e informándome más, en gran parte como autodidacta, y ya por último acabo de terminar un máster en programación neurolingüística e inteligencia emocional. Todo lo de la Familia Fettuccini nació cuando vi la necesidad de que estábamos transmitiendo esas lenguas de herencia pero con mucha autoridad, desde la posición del adulto: “tienes que aprender la lengua porque es mi lengua, la de la mamá o la de papá, porque la habla el abuelo, porque naciste en tal parte”, con mucha autoridad desde la parte del adulto. Fue ahí donde, con las herramientas de la disciplina positiva, me di cuenta de que se podían hacer grandes cambios, y se podía también respetar la posición del niño: dónde nació, qué experiencia de vida está teniendo, lo que es para nosotros esa lengua de origen no lo es para ellos. Empezar a enseñar a padres y a maestros esa diferencia, esas dos perspectivas, y empezar a trabajar desde ahí: ¿Cómo despertar la curiosidad del niño por esas lenguas de herencia?

¿Cuál sería el fundamento de la psicología positiva en este aspecto?

Se basa en el psicólogo Alfred Adler, él estudia cómo las emociones y cómo el cerebro, dependiendo del estado emocional en el que esté, está más dispuesto a aprender, a adquirir, o a ponerse en los zapatos del otro. Por ejemplo, cuando hay un cerebro en ansiedad, que es un cerebro que está demasiado abierto, no va a aprender, todo le va a rebotar. Lo que tenemos que hacer en esos momentos es volver a la calma para poder volver a dar aprendizaje.

¿Supone que hay que acceder a un tipo de intervención emocional previa? Esto recuerda a lo que entre adultos se llamó la sugestopedia. Se vio que no funciona con adultos porque la parte cognitiva es tan importante, que solo con la parte efectiva no se lleva a aprender. 

A lo mejor porque ya es tu cerebro desarrollado. El cerebro se demora en desarrollarse hasta alrededor de los 20 años.

¿Cuáles serían las diferencias fundamentales entre el cerebro del niño que aprende y el cerebro del adulto que aprende? 

Yo creo que la principal es que nosotros como adultos tenemos una lista de preocupaciones que ocupa la mayoría del espacio y la energía de nuestro cerebro. En cambio, el del niño es un cerebro totalmente tranquilo en el que no hay preocupaciones o no ocupan tanto espacio de su cerebro y por eso se le facilita también más el aprendizaje. Esa realmente es la diferencia más grande que yo veo. Se le puede sumar que el niño tiene mucho más tiempo para dedicarle a la lengua. Nosotros no. Pero también como adultos tenemos otra ventaja, y es que nosotros ya venimos con un desarrollo cognitivo y podemos de ese desarrollo cognitivo, tomar muchas técnicas y muchas herramientas para aprender una nueva lengua. Hay aspectos positivos y negativos por los dos lados.

¿Cómo tiene que hacer un buen educador para adaptarse a ese cerebro que es tan diferente del del propio educador adulto?

Yo tengo algunos estudiantes de español como lengua extranjera, y me he dado cuenta de que empezar con ellos como se empieza con los niños trae mucho más resultados, es decir, hablando y escuchando, no leyendo y escribiendo a la primera. Suelo dedicar los primeros 2 o 3 meses, como se dedican los primeros 2 o 3 años a los niños cuando aprenden una lengua en general, hablando y escuchando. Creo que ese sería un buen giro que deberíamos dar en las clases de lengua extranjera, no empezar con el escribir y leer de inmediato, sino que las primeras dos habilidades que se deben poner de base y fortalecer sean la auditiva y la oral. Los educadores pueden hacer eso, ir por el desarrollo auditivo y oral. Esa parte les da más dinámica, es más lúdico, y es así como después puede mantener esa curiosidad y ese interés del niño por la lengua. Después empiezas a meter esas cosas que pueden ser más duras para ellos, la lectura, la escritura.

¿Cómo se desarrollaron tus hijos lingüísticamente?

Tengo tres hijos. Mi hija mayor nació en Colombia, pero a los 6 meses nos fuimos a vivir dos meses a Italia y a los ocho meses ya nos quedamos en Alemania y de ahí en adelante. Ella ha vivido la mayoría del tiempo en Alemania. Mis otros dos hijos nacieron ya aquí en Berlín. Se han desarrollado en una familia italocolombiana: papá es italiano, mamá es colombiana. Papá ha hablado siempre y únicamente italiano con ellos, él se queda en su estrategia OPOL, un padre = una lengua, de ahí nadie lo saca. En cambio, mi posición, aparte de hablar muchísimo más español con mis hijos, la lengua que hablamos en familia es el italiano, es decir, que mis hijos también reciben de mi parte italiano: me escuchan y me dirijo a ellos, cuando estamos los cinco juntos, en italiano. ¿Por qué lo decidí, porque estas decisiones realmente la he ido tomando yo? Porque en la familia tenemos dos lenguas minoritarias que serían español y en italiano, y la lengua mayoritaria es el alemán, pero de esas dos lenguas minoritarias la más débil, por decirlo así, porque era a la que menos exposición tenían los niños, era el italiano, porque había menos conexión con la familia, porque pasaba menos tiempo con papá… Al contrario, tenemos mucha más comunidad de habla hispana, mamá pasa más tiempo con ellos, mamá tiene la teoría, entonces el español iba cogiendo cada vez mucha más fuerza, por esa razón decidimos incluir la estrategia: lengua minoritaria en casa y esa lengua minoritaria fue el italiano. De esta forma, los chicos han logrado llevar las tres lenguas, en mi opinión, a un nivel muy paralelo. Claro, el alemán siempre sobresale un poco más, pero considero que esa diferencia hasta el momento que mi hija mayor tiene diez años es muy poca. Es cierto que también son niños que tienen mi perfil en casa y darles la mano en las dos lenguas minoritarias porque mamá habla italiano, papá habla español y eso también es un plus y es una recomendación que les doy siempre a las familias. El primer paso es: ¿Qué estás haciendo tú, adulto, por aprender la lengua de tu pareja, o por aprender la lengua local? Ese es el primer ejemplo para los niños.

Es decir, que las familias tienen que tomar decisiones en relación con los idiomas de forma explícita y consciente, incluso explicárselas a los hijos.

¡Sí! En los primeros años no hay necesidad de explicarlo, pero hay necesidad de ser constante para que el niño entre en la rutina, y él o ella lo va a entender totalmente. Por eso las personas monolingües se sorprenden cuando ven que un niño se girá aquí y habla alemán, o se gira allá y habla inglés. Ellos ya han entrado en la rutina, y hay una constancia en casa y en su entorno en el uso de esas lenguas. Hay varias estrategias, y las familias deben tomar una decisión dependiendo de su dinámica familiar. Yo suelo trabajar con las familias el método FODA, o DAFO en España. Aunque sea algo para empresas lo aplicamos a la familia: vamos a encontrar cuáles son las fortalezas y las debilidades de ustedes como familia frente a esa lengua, vamos a encontrar cuáles son las oportunidades y las amenazas, y de esa forma vamos a ver qué estrategia nos va a funcionar mejor. Lo que pasa es que el bilingüismo, o el multilingüismo, es dinámico: la estrategia que escojamos ahora probablemente la tengamos que cambiar en 2 años porque llegó un hermano, porque la abuela se vino a vivir con nosotros, porque cambiamos de ciudad, porque el niño inició el colegio… Son diferentes etapas, o cambios, que tiene la familia que hacen que esa esa dinámica familiar y esa estrategia deba cambiar.

El alemán lo has calificado como una lengua mayoritaria. En la conversación con Marita hablábamos de lengua hegemónica, en relación con el alemán. ¿Tú la calificarías así?

El concepto de lengua mayoritaria viene más de los estudios lingüísticos: la lengua mayoritaria es la que más se habla en el entorno en el que vives. También considero que hay una gran diferencia en cuál es la lengua mayoritaria, o cuál es la lengua principal de cada niño. Por ejemplo, hasta el momento la lengua mayoritaria para mi hijo menor es el alemán y va a ser siempre el alemán mientras vivamos aquí, pero la Hauptsprache (=lengua principal) de mi hijo, la lengua de uso principal o la lengua base de mi hijo, no sabría cómo traducirlo, es todavía el español. Y esa Hauptsprache siempre va a cambiar, o puede cambiar, dependiendo de las experiencias que tenga cada niño. Nosotros solemos como familia hacer tres o cuatro meses del año en el extranjero, es decir, en casa. Hace dos años vivimos tres meses en Colombia: ahí la Hauptsprache que venía siendo el alemán dio un salto, y a los tres meses que regresamos ya era otro, ya era el español, que tomó mucha fuerza en esos meses viviendo en Colombia. El año pasado estuvimos viviendo cuatro meses en Italia donde también tuvieron la oportunidad de ser escolarizados, y regresaron con un nivel de italiano muchísimo más alto. Ves cómo empieza a cambiar la mezcla, como empiezan a hacer ellos esa dinámica entre las dos lenguas.

Cuando trabajas con familias en que hay solo un idioma, el español, pero viven en Alemania, o tienen dos idiomas pero ninguno de los dos es el alemán, cómo orientas respecto a la llegada del alemán a la familia, sobre todo cuando los niños entran en la escuela.

Yo digo que es una enredadera que está tratando de meterse por cualquier huequito de la ventana.

Es una imagen de buenos y malos, porque la enredadera intenta invadir.

Es ahí también que le digo a los padres: “No se trata de que le cierres la puerta a esa enredadera o que la mates bajando la ventana”. Se trata de dejarla entrar, pero con las reglas y con la rutina que tenemos en casa, ¿no?, respetando que esa sea la lengua que hablan los niños en el colegio, respetando que esa sea la lengua cuando los niños traen otros niños a la casa, pero manteniendo con amor y respeto y mucha paciencia las lenguas que usamos en casa. En nuestro caso, el alemán empezó a llegar desde el inicio porque mis hijos no asistieron nunca a un jardín infantil bilingüe sino que siempre fueron a uno alemán. Considero que la entrada más grande del alemán no fue ni siquiera el cambio al colegio, sino que fue el momento en el que mamá o papá, en este caso fue mamá, se sintió cómoda con el alemán. Ahí es donde la rutina o la estrategia que llevas empieza a tambalear, y te empiezas a dar cuenta que a lo mejor cuando te dicen una frase en alemán, tú ya te sientes empoderada y capaz de responder en alemán, ahí es donde tienes que decir que tenemos otra rutina. Ese ha sido el momento más crítico que hemos tenido del alemán en casa, cuando ya papá y mamá se han integrado de tal forma a la parte laboral, a la parte de lingüística y cultural del país, que ya lo empiezas a sentir también tuyo. Ya haces uso de esa lengua mayoritaria, de esa lengua del entorno y te sientes tan cómoda como con tu lengua nativa. Las familias que tenemos el alemán por fuera de casa tenemos un punto a favor, y es que esa enredadera la podemos contener mucho más, por mucho más tiempo, porque la familia nada tiene que ver con el alemán. En cambio las familias que tienen español y alemán en casa son las familias que “batallan” muchísimo más, aunque sean niños bilingües y los otros, como los míos, sean trilingües. Estos bilingües ya tienen el alemán dentro de casa. Lo que he identificado por parte de los padres que representan la lengua mayoritaria es ese temor a que esa otra lengua va a debilitar el desarrollo lingüístico del niño y, por tanto, se va a haber afectado en el colegio, en la parte social, etcétera.

Hay muchas creencias de este tipo entre las familias bilingües, y también hay muchas creencias de este tipo en educadores y profesores.

Sí, totalmente.

¿Se podría hacer un registro de creencias? ¿O propiamente son prejuicios?

Son prejuicios. Podemos tocar el tema del evento que vamos a tener en junio. Justamente el cambio de la ley escolar en Berlín es una inspiración y es una gran ayuda para que los padres o los educadores que tengan este temor se den cuenta de que no es así porque estamos empezando a valorar esas lenguas de herencia que traen los niños, y si el sistema educativo del Estado empieza a valorar, como lo que está haciendo esta nueva ley, esas lenguas de herencia, va a empezar a cambiar esa perspectiva y ese prejuicio también seguramente se va a ir acabando. Yo considero que ese es el paso como más importante del cambio de ley.

Me gustaría que contaras el origen de La Familia Fettuccini, cómo surgió, y qué tipo de cosa es, desde el punto de vista jurídico y educativo.

Surgió en toda esta dinámica familiar. Me fui preparando en la parte profesional, y, paralelamente, tenía toda la experiencia en casa y la podía aplicar no solamente con mis hijos, sino con las familias que tenía alrededor. Empecé a organizar la idea cuando me di cuenta que muchas amigas o conocidos venían a mí a preguntarme cómo lo haces, por qué esto es así, por qué le pasa esto… La primera persona a la que le di una asesoría fue a una amiga rusa, los dos son rusos, viviendo aquí en Alemania, y el chico no despegaba en alemán. Tenía muchos problemas de integración social y era porque su desarrollo en alemán no era suficiente. Así me empecé a dar cuenta que, primero, me gustaba, y que cada vez que llegaba una nueva familiar con una situación diferente, leía, me interesaba más el tema, y empecé a trabajar con mi entorno de manera colaborativa, con charlas, y después empecé a formalizar La Familia Fettuccini después de certificarme en Disciplina positiva, porque fue ahí donde encontré las herramientas y técnicas que me gustaría compartir con las familias. Por ahora, La Familia Fettuccini es una iniciativa, yo trabajo como emprendedora, como Selbstständig (=autónoma). Como iniciativa he trabajado con varias Vereins (=asociaciones), ahora tenemos un proyecto en la parte Sur de Pankow del Sur en cooperación con otro grupo que se llama EvbK, que es un grupo de padres hispanohablantes con niños con necesidades especiales. Así he empezado a trabajar con diferentes Vereins en pequeños proyectos. Tengo un grupo de niños con los que trabajamos lengua de herencia. Son niños latinos porque los españoles interesados se fueron para las ALCE. Ha sido muy interesante el trabajo porque se ve esa riqueza cultural, cuando hablan de “sandía”, y el otro le dice “patilla”. Las clases se hacen muy divertidas porque no hay ningún español de base, sino que todos son español. Y también de la mano mantengo algunos estudiantes, más que todo adolescentes, con el español como lengua extranjera. 

¿Cómo nació el nombre? 

La web nació hace más o menos ocho años. Toda la familia de Colombia preguntaba “¿Y que han hecho, y cómo les ha ido, y cómo les fue, y que hacen?” Nosotros viajamos mucho, entonces mi ex pareja es experto IT, yo le dije en un momento: “Estoy cansada de mandar el mismo mensaje a cien personas, la misma foto, etcétera, contando lo mismo”, y él me dijo: “Nada, pues hacemos una web, escribís ahí, y que ahí se enteren”. Así fue como empezó. La llamamos La Familia Fettuccini porque a mi pareja, por ser italiano, en Colombia, siempre que me preguntan por él, le decían “¿Y cómo está Fettuccini?”. Aparte de eso es mal dicho, porque se dice fettuccine, pero le decían siempre fettuccini, y así se quedó. Por eso, cuando empezó la idea, como un blog contando la historia de la familia, así quedó. Cuando yo empecé a desarrollar mi emprendimiento dije, no lo voy a cambiar, voy a trabajar desde esta misma página, dejo esta parte como blog y empiezo a poner las otras categorías de ese cambio. Para mí el nombre tiene mucho que ver con ese proceso de migración y la unión de esas dos culturas.

Es algo de lo que hablamos ya en la primera charla, aquella que hicimos el año pasado, que cada familia construye su propia historia, bilingüe o multilingüe, y la tiene que ir formalizando.

Cada familia construye, incluso, sus propias palabras, y sus propias recetas. En casa comemos arepa con queso gorgonzola, que es muy italiano.

Además del hecho cultural, los bilingües usan las dos lenguas de forma diferente.

Incluso dependiendo del tema de conversación. Puede causar que tú hagas una mezcla más continua, o tomes palabras más de una lengua a la otra.

En la página hay un montón de materiales didácticos, todos descargables. ¿Qué criterio sigues para crear estos materiales didácticos?

El de mis hijos. O sea, te soy muy sincera, y es ese, el de mis hijos.

O sea, si funciona con tus hijos, los subes.

Antes de subirlos los uso en clases, veo también como va con los niños que tengo en mi entorno. Yo estudié diseño de producto, y creo que en los materiales encontré la forma de no olvidar mi primera carrera. Hace rato no pongo nuevos. También miro mucho en la web ideas que hay, y las adapto a los temas que estamos viviendo en familia o a los temas que están viviendo los otros niños que viven en el entorno en el que estoy. 

Hablando con Ana María Acevedo tocamos el tema de los materiales que ellos desarrollan desde el punto de vista de la logopedia, y hablamos de algo que tú ya tienes, que es el tema de las sílabas. Descubrir la estructura silábica del español es fundamental para la lectoescritura. 

Es el hit de los materiales, te voy a contar de dónde nació. Nació cuando mi hija mayor estaba en la primera clase, y llegaba a casa aplaudiendo todo el tiempo con cada palabra, porque así les enseñan el alemán. Ella feliz aprendiendo así. Yo me dije, me voy a buscar un par de palabras a ver si funciona así de dinámico también con el español. Y así fue como desarrollé ese material. Por eso está ese ABC de sílabas. A las familias les encanta: “No hacemos más que aplaudir y así se aprendieron un montón de palabras y no solamente aplauden, sino que saltan en cada sílaba”. La clave es ¿cómo puedo transmitirle esa lengua de herencia al niño sin tomar el rol de maestro?, ¿cómo puedo volver mi lengua un juego para mi hijo?

Otro juego que me ha gustado mucho es el de las rimas, que incide en toda la parte auditiva. ¿Cómo llegaste a la idea de hacer un juego de rimas?

Siempre que estamos en la mesa comiendo empiezan  pedir rimas: “Mamá di rosa, tú eres una mariposa”. Me empecé a dar cuenta también como los divierte. Muchas de las palabras que vienen en esos juegos las he escogido con ellos. Por ejemplo, mariposa es una palabra que les cuesta mucho a los niños, se les traban las sílabas, como murciélago. Hay un poquito de exigencia, pero dentro del juego. Así que cuando estamos en la mesa empiezo a ver esas dificultades que empiezan a tener los niños y me las voy escribiendo en una agenda.

Me parece muy creativo, y obre todo es muy interesante que surja de la propia experiencia familiar.

Si queremos hablar de la parte teórica de los materiales, hay que preguntar mejor a Marcela Fritzler. Todo lo que hay en la página web es basado en la experiencia familiar.

Volviendo al tema que tocabas antes de la reforma de la ley educativa de Berlín, ¿puedes explicar desde tu punto de vista en qué consiste esta reforma?

Para hacerlo más sencillo al vocabulario familiar, que a mí también me tocó traducirlo, se trata de que el sistema educativo está empezando a valorar las lenguas de herencia que traen muchos niños, digamos, berlineses al sistema educativo. ¿Y en qué forma lo está haciendo? Que podemos empezar, como familias, porque nos toca empezar a nosotros, los que estamos interesados, a demostrar que en nuestro entorno, o en nuestro colegio, hay un gran interés por tal lengua, digamos, en este caso el español, que podemos unirnos, hacer una solicitud a la dirección del colegio diciendo: “Mira, somos 12 familias interesadas en recibir español como lengua de herencia. Por favor, le solicitamos que usted como dirección envía esta solicitud al sistema educativo, al Schulamt. No sabemos qué tan semáforo verde vaya a ver, ¿no? Ya está escrito que es posible recibir enseñanza en la lengua de herencia dentro del sistema público escolar.

Y esto, ¿qué reto supone para la comunidad hispanohablante de Berlín?

El primer reto lo tenemos la mayoría de las organizaciones, asociaciones o especialistas que trabajan en este tema de lenguas: informar a la comunidad hispanohablante. por eso ha nacido la idea del evento del 10 de junio: vamos a informar a la comunidad hispanohablante cómo está la situación actual y qué oportunidades tenemos. Ese es el primer reto. El segundo reto es que como familias nos unamos. Que cada familia busque información, cuántos somos en este colegio, cuántos estamos interesados, vamos a presentar una solicitud a la dirección… 

Aquí hay que explicar que nos tienen que estar toda la familia en la misma escuela.

Exacto. También pueden participar colegios vecinos. Podemos unirnos con algunos colegios vecinos y escoger un colegio en el que se puedan ofrecer esas clases de lengua de herencia. Ese es el segundo reto: quién dedica el tiempo para encontrar otras familias y firmar todos los que estamos interesados en el español como lengua de herencia.

Porque la iniciativa parte de las familias y no de las escuelas.

Claro, las escuelas no nos van a venir a atender en bandeja de plata. Es un trabajo muy grande, aunque ellos, como escuela, también deberían tener unos datos de cuántos niños traen qué lengua como lengua herencia. Cuando uno pregunta por esos datos, están perdidos en el Schulamt, aunque te lo pregunten en el momento de inscripción, como explicaba Marita Orbegoso en su entrevista.

Además, el Schulamt (=autoridad escolar) depende del barrio.

Sí, y cada uno funciona de manera totalmente diferente.

Hay barrios muy implicados como el de Pankow, y otros que no tanto.

No hay una estadística. Entonces, viene de las madres y los padres tomar la iniciativa de reunirse con otras familias y ver cuál es esa posibilidad. El tercer reto, por decirlo así, es presionar para que la dirección envíe esa solicitud el Schulamt.

Para eso, ¿qué necesita una familia organizada que tiene su solicitud preparada? ¿Cómo presiona?

Eso es otro tema. No hay una ley de cómo deba ser exactamente la solicitud, no hay ningún modelo. Incluso podría ser una buena idea para las organizaciones: hagamos un modelo de solicitud que las familias solo tenga que rellenar.

¿En qué va a consistir la jornada del 10 de junio, y cuál es tu rol y tu aportación?

En la jornada del 10 de junio estamos divididos en la mañana y en la tarde. La mañana va a ser una parte mucho más informativa para asociaciones, organizaciones, iniciativas, maestros, especialistas e interesados en el tema del español como lengua de herencia. Vamos a escuchar a varios actores de cómo está la situación en Berlín, qué ofrece Berlín actualmente en el tema del multilingüismo, qué hay en el tema del español. Vamos a escuchar la experiencia, por ejemplo, de las ALCE, vamos a escuchar la experiencia de las escuelas europeas, y también vamos a tener la participación de la organización de MaMis en movimiento, que tiene mucha trayectoria en la ciudad. También vamos a tener la participación de Marcela Fritzler, quien va a poder orientar muchísimo a los profesores o maestros que tengan interés en empezar a enseñar español como lengua de herencia. En la mañana la participación más interesante para nosotros será la del Sr. Hamprecht, del Senado de Berlín. La parte de la tarde está mucho más dedicada a las familias, donde van a haber actividades para niños en paralelo a una mesa redonda donde algunas iniciativas y organizaciones especialistas del español van a estar dando ideas y planteando cómo podemos llevar a cabo el desarrollo de esta nueva ley. Que no se quede solo en papel, sino cómo familias con el apoyo de las organizaciones podemos hacer que esto empiece a funcionar. 

¿Cuál es tu aportación?

Mi aportación está en la parte organizativa. De hecho, creo que el gran aporte de La Familia Fettuccini ha sido ese trabajo que hicimos antes entre Desbandada y Sin fronteras, esa charla que hicimos, que fue de donde salió la idea de la ornada. El rol de La Familia Fettuccini es representar a las familias, me considero esa voz de las familias, porque todo lo que se ha desarrollado en La Familia Fettuccini viene de ahí, de esa experiencia familiar de una familia que crece con 3 idiomas donde el cuarto, el alemán, está entrando.

Hay un tema que ha ido surgiendo de las entrevistas anteriores, es el tema de la variedad del español. ¿Cómo crees que se puede integrar el hecho de que no existe un español, sino muchas variedades? En las clases de español de herencia confluyen todas esas variedades. ¿Cómo gestionarlo en la clase y qué mensaje darles a las familias a este respecto?

Yo lo veo que se complica cuando como adultos decimos “no te entiendo”. En vez de preguntar “¿Qué quisiste decir?”, nos cerramos, y nuestros niños están en el entorno y  empiezan a tomar ese ejemplo. Cuando como adultos tenemos esa actitud es cuando se complica la situación, pero cuando nosotros como adultos comprendemos que hay muchas variedades, y que hay muchas formas también de decir las cosas, y que para mí, a lo mejor, una palabra grosera para un español no lo es, por ejemplo, ese también es el ejemplo que le vamos a dar a los niños.

La clave está más en los adultos.

Translingüismo según la Wikipedia.

Sí. Yo siempre le tiro la culpa a los adultos. Creo que eso es también un reflejo de lo que es también el multilingüismo, es lo mismo que pasa con las otras lenguas. Cuando de pronto algún niño está hablando en alemán, e incluye una palabra en español dentro de su discurso, y la maestra, en vez de centrarse en el discurso general del niño, dice “No te entendí”, y seguro la maestra ha comprendido lo que el niño quería decir. Es lo que va a empezar a pasar muchísimo más en el salón de clases de un colegio alemán. Es ahí donde entra el concepto de translanguaging. La educación va a tener que poco a poco hacer un cambio, quienes lo tenemos que aceptar somos nosotros, los adultos. Al final quien es el que puede dar una visión positiva de eso es la maestra, que en vez de haberle dicho “No te entiendo porque has dicho una palabra en otro idioma y no sé que es eso” le dice “He comprendido lo que has dicho, a lo mejor quisiste decir…” y dar el ejemplo. Es cómo podemos empezar a hacer que también todo el sistema educativo acepte que un niño multilingüe usa su repertorio lingüístico de manera diferente, y que un niño multilingüe no es un niño monolingüe tres veces, sino que es un niño que tiene un repertorio lingüístico mezclado, y que por facilidad, sea porque no encuentra la palabra o porque también considera que esa palabra en esa otra lengua describe muchísimo mejor lo que él quiere decir, y es por eso que hace uso de ella, de esa palabra. Por eso es que le meto la culpa al adulto, porque depende de nosotros cómo empezamos a percibir o a recibir ese uso de las lenguas. He tenido familias, por ejemplo, latinas, donde los chicos van a la Europaschule, y entonces estoy sentada con mamá y papá y me dice “Ahora me habla con puro español de España”, así, enojados los papás latinos. “Ahora me sale con esa palabra, y yo no quiero que lo diga así…”. Es que si tú, como adulto, ya tienes esa actitud eres el que no estás aceptando que hay otra variedad lingüística, ya sea la del Perú o la de México. Al niño no le importa si eso viene del Perú o de México o de Colombia. Si tú te das cuenta, el niño la toma en su repertorio lingüístico y la usa sin criticar a nadie y sin ningún prejuicio. Somos nosotros, los adultos, los que ya con esos comentarios creamos prejuicios. El cambio tiene que estar en nosotros.

Es interesante el peso afectivo identitario tan grande que tiene la lengua. Manipularla parece que es un ataque a la identidad, nos sentimos heridos. Lo que estás diciendo es una clave en este proceso, que es la propia educación de los padres. Tiene que haber algún sistema para que los padres se eduquen en multilingüismo.

Sí. Yo lo trabajo a través de la Disciplina Positiva e las asesorías con padres. ¿Cómo vas a sanar tú el uso de tu lengua para poder después pasarlo a los chicos?

Entonces nos vemos el 10 de junio en el Instituto Cervantes de Berlín para tratar todos estos temas. Muchas gracias, Laura, por todas estas respuestas. Y mucho éxito con La Familia Fettuccini.

Gracias a ustedes.

Revista Desbandada

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