Pelucas delirantes y un bicho que nació de ‘ellas’: ¿Qué pasa hoy acá? en Berlín

¿Qué pasa hoy acá? se estrenó en Buenos Aires y ahora se traslada a Berlín. Un happening teatral en el que los actores argentinos Érica Rivas y Martín Rechimuzzi se ponen las pelucas, invocan con desfachatez espíritus voluptuosos delirantes y nos invitan a un viaje que recorre aposentos del palacio de la risa. El humor: la mejor manera de hablar de cosas serias. Tales como ni más ni menos: la vida que vivimos. La seriedad, decía Oscar Wilde, es el refugio de los superficiales.

En el Monbijou Theatre. El 27 de agosto y el 2 de septiembre.

Tarde de verano, calurosa en Berlín. Nos encontramos con Érica y Martín para conversar sobre la obra. Una charla en la que no estamos solos, porque una y otra vez aparecen las voces y la inspiración de ese estallido que fue el under porteño argentino de los 80/90,  el Parakultural. Con la llegada de la democracia, después de años de dictadura, este irrumpió con desparpajo en performances teatrales de “poesía dada vuelta” y humor paródico, lisérgico, ácido y filoso. “Era una guerra por la liberación del espíritu, de la alegría, el desconche, el desmadre“, lo definió Alejandro Urdapilleta, actor, poeta y una de sus figuras icónicas. Ah, y volviendo a Berlín: una charla en la que, como buen happening, la obra se sigue pensando en tiempo real.

Bienvenidos a Berlín. “¿Qué pasa hoy acá?”… ¿Trabajan con la actualidad?

MR: Trabajamos con lo que sentimos que pasa, pero no en términos de coyuntura. No vamos siguiendo las agendas. Miramos más globalmente. Lo que podemos llegar a ver, porque sentimos que nadie tiene una visión acabada de lo que pasa en un tiempo histórico. Sí tratamos de mantener cierta distancia de la compulsividad de las redes. O de dinámicas de otras expresiones como el stand up, donde el chiste es lo que predomina y está cerrado y hace referencia al entendimiento inmediato. Nosotros buscamos también la comicidad, nos encanta poder reírnos, pero al mismo tiempo cierta espesura en los temas.

¿Qué perciben en el aire en este momento? Hay disparadores que son mundiales, como la pandemia, la cual precisamente disparó esta obra.

MR: Tenemos tres ejes vectores que son tres tipos de encierro. A partir de la primera idea que teníamos del encierro, a partir de observar también los sketchs de El Palacio de la Risa, el programa de TV de los noventa, tensionamos esa idea de encierro e identificamos otros tipos. Jugamos con eso: con el encierro del tiempo, de las palabras, el de los cuerpos, también nuestros propios encierros. Y a partir de eso desquiciamos y deliramos.

¿Qué pasa hoy acá?

Las protagonistas:

Las protagonistas son dos mujeres…

MR: Sí.

ER: Mmmm… Son dos seres.

MR: Son cinco mujeres en total, y un varón.

ER: Mmmm…

MR: ¡Sí, es un varón! (ríe) Nos cuesta mucho (ríe), pero es un varón.

ER: Sí… ( no muy convencida)

Pensaba en esas parejas de mujeres de los sketchs de Urdapilleta y Tortonese…

ER: Eso seguro, pero bueno… de repente apareció uno ahí… Es como una especie de bicho, que nació de ellas. De la necesidad de ellas.

¿Y ellas qué relación tienen entre ellas?

MR/ER al unísono: Todas.

MR (ríe): Todas las relaciones posibles: amor, odio, entrega, sororidad.

MR/ER al unísono: ¡Envidia!

¿Son las hermanas de Baby Jane?

MR/ER con distintos tonos y grados de convicción: ¡También! También…

MR/ER con distintos tonos y grados de convicción: Sí. Sí…

MR: Es difícil, porque parecería que no queremos contar algo, pero no es que no queremos contar (ríe), es que lo vamos pensando.

ER: Primero nos dijeron que eran hermanas…

MR: Por eso lo llamamos happening. Incluso en las mismas entrevistas tenemos la oportunidad una y otra vez de reflexionar y pensar sobre lo que estamos haciendo. Es que esta producción es como una especie de hongo, que sigue creciendo por otros lugares…

Oh, ¿es algo complejo?

MR: Parece. Pero es considerablemente desfachatado. Porque los espíritus que invocamos son voluptuosos pero también ordinarios. Son tres sketchs.

¿Qué pasa hoy acá?

¿Qué tienen en común estos tiempos con los de aquellos espíritus del Parakultural?

MR: Creo que hoy más allá de las diferencias –no vamos a hablar de la dictadura– también existe esa necesidad de nuevo de salir de esos encierros, de ese discurso del riesgo puesto en el otro. Estoy haciendo una comparación riesgosa, necesariamente, pero lo hago en aras de pensar qué es lo que puede motorizar esta propuesta expresiva. No tiene nada que ver con un análisis sociológico, sino puramente con lenguajes artísticos. Y sí, pienso que hoy también después de tanto encierro, de tanta digitalidad –la que supone una apertura pero también una clase de encierro, porque la digitalidad no deja de ser un mensaje absolutamente dirigido,  ya el hecho de que tenga que estar en imagen procesada o en palabra cierra el sentido–, esta demencia que hacemos nosotros busca todo el tiempo, en cambio, defender el intersticio. Compartimos esa necesidad de repensarnos, de traer la fiesta.

ER: De traer el carnaval. Como lugar de desquicio, como el lugar donde hay un reviente de sentidos también. Del cuerpo y también de eso: de cómo se rompen las palabras, cómo se rompen esas cajitas en las que nos vamos metiendo. Y el carnaval como ese momento –nosotros decimos–de las pelucas. Ese lugar donde ya uno es otra cosa y no se sabe bien qué es. Por eso cerrarnos incluso a un vínculo entre estos dos seres también es encerrarlos en la palabra. Ese es el lugar al que nosotros queremos invitar a la gente a que vuelva. Ese es para mí el mismo espíritu que decíamos de los noventa. El lugar en el que eso explote, en el que eso se desintegre, que se estalle de sentido.

¿Por eso aparece también la poesía?

ER: Sí. Y en mi caso fue a través de la poesía que yo entré en la posibilidad de ponerme en el cuerpo eso. A partir de que la poesía se me hiciera así como esa necesidad casi vital, me empezó a pasar por el cuerpo y empecé a sentir que necesitaba decir de esa manera. Y yo creo que a ellos les pasó lo mismo, porque entraban en esa cosa de desquicio, del cuerpo y todo. Pero, por otro lado, fueron los que empezaron a decir poesía de (Alejandra) Pizarnik, de Marosa (di Giorgio), de (Néstor) Perlongher, incluso de Alfonsina Storni. Y “Urda” mismo es un poeta maravilloso. Pero en ese sentido podían estar recitando, no sé, la lista del supermercado. Para mí había algo de eso de la poesía como el sinsentido, ese explotar el sentido de las palabras.

¿Qué pasa hoy acá?

Y un juego con el registro, que baja y sube constantemente, desde lo poético romántico a lo abyecto al insulto descarnado, sin eufemismos.

ER: “Urda” era él único que podía hacer eso, porque era él. Pero después de que murió nos dejó la posibilidad de vestir su traje, de vestir su máscara como posibilidad expresiva. Y eso para mí es un regalo de él. Y lo que hacemos es usarlo desfachatadamente. Y mal, seguramente. Podemos tocar muy pocas veces la intensidad con la que él vivía en el escenario. Pero también porque sentimos que seguramente también le gustaría que lo hiciéramos de esa manera. Sin esa cosa solemne de lo que se dice que es la poesía. Porque él era poesía así como era. Y no necesitaba hacer la cosa de la oratoria, de la forma. Y en todos estos poetas que nombramos pasaba lo mismo. Tenían una forma expresiva que pareciera que tuviera que tener que ver con eso, pero la estallaban de sentido, la llenaban de colores. –Y sin embargo “Urda” la pegaba en todas. Entonces se trata de cómo vestir ese traje como posibilidad expresiva, y para llegar. Por eso decidimos hacerlo al aire libre, con gente cerca. Ahí está la noción de happening, porque cómo rebota en el otro me modifica a mí también. No es que yo vengo como actriz a traer una verdad, a bajar una cosa, sino que es ese juego que está entre nosotros dos y además con la gente también.

Lectura de poeminas y performance en Berlín 2022

¿Cómo se preparan para Berlín?

MR: Nos venimos preparando desde hace mucho. No sé si en términos fácticos de resolver cosas pero sí nuestro deseo estaba siempre. Desde el primer día dijimos: hagamos algo que tenga la posibilidad de habitar muchos territorios. No queríamos algo muy pesado. De hecho no trajimos los vestuarios. Trajimos las pelucas y nada más. Vamos a conseguir todo acá, porque también me parece que hace al hecho. Incluso el hecho de viajar y moverlo en avión y cuantificarlo en peso: ¿cuánto peso llevás? ¿Un peso encima? ¡No!, si nosotros queremos la libertad absoluta del espíritu, de ese espíritu… Y Érica lleva mucho más tiempo en Berlín y ella está guiando este recorrido. (Risa de duda de la “guía” ER)

¿Cómo vas guiando? ¿Qué te mueve Berlín?

ER: Pensándolo ahora, me molesta mucho que el teatro sea tan organizado, que lleve tanto tiempo: “dentro de un año voy a hacer tal cosa”, pido tal subsidio, entonces lo preparamos y lo hablamos, y no sé qué. Puedo hacer eso también, y de hecho lo hago. Pero hay algo que me gusta de Berlín y es que siento que se puede hacer cualquier cosa en cualquier lugar. Y que eso es algo que está bien acá.

Hay un brutalismo: se tira una tela blanca, se proyecta de un edificio a otro a través del hueco de aire y luz y eso ya es cine.

ER: Exactamente. Aunque en Argentina también tenemos eso. Y el teatro independiente, under, allá también se sostiene de esto. Pensá que nosotros empezamos a hacer la obra en los huecos que se abrían en la pandemia. Fue una de las primeras obras que se empezó a hacer ni bien abrimos (el lockdown). Fue una necesidad. Nuestra, y que después vimos que también era de la gente, con muchas ganas de reírse; sentados esperando, por favor, reírse.

MR: Con barbijos. Eso fue muy impactante.

Toda una puesta en escena de los encierros sobre los que habían estado trabajando para los sketchs. Casi digamos que el público era la obra…

MR: El público era la obra.

ER: Por eso también le pusimos happening. Tenían que sacar entradas de a 6, de a 4, estaban las “burbujas sanitarias”; podían entrar, pero tenían que sanitizarse…. O sea, toda una cosa… E igual lo hicimos.

MR: Sí, incorporándolo directamente al primer sketch, que es sobre eso.

ER: En la primera función en el Konex además se largó a llover, la gente con barbijo, los asistentes empezaron a desconectar todo porque nos podíamos electrocutar…

La peor situación

MR: Y la mejor también.

Tal cual.

ER: Y seguimos. Y la lluvia fue un elemento más que le dio una belleza superior. La gente que parecía que se estaba yendo, no se estaba yendo. Se estaban resguardando.

¿Hay una dimensión política en este happening?

MR: Sí, absolutamente. El happening es absolutamente político. En el primer sketch hablamos de las no nuevas, pero sí del nuevo vigor que tienen las corporaciones, en este caso digitales, incluso los laboratorios. Obviamente con nuestra jerarquía absolutamente baja, porque el humor reside un poco ahí. Somos como una especie de celadoras que están guiando unos viajes hacia unas colonias en las que van a vivir, financiadas directamente por las corporaciones digitales. La obra habla sobre ese tiempo político, sobre esa forma política. No tanto sobre la estructura institucional de la política, sino sobre esos lugares que hoy vemos que tienen una capacidad de decisión mucho más fuerte que los Estados, pero que son en un punto indiscutidos. Y cuando se los discute se hace desde un lugar, digamos, empobrecido, porque no hay tanta herramienta para disputar ahí el modo de vida. Creo que el Estado es quien de alguna manera disputa a la corporación, pero también es parte de eso. Entonces, nosotros nos metemos ahí, en ese intersticio. Creo que también cuando abordamos el tema amoroso es absolutamente político, porque problematizamos desde ahí también ese encuentro. Siempre con un deseo expansivo, no solamente un deseo de problematizar, sino en el sentido de disponer nosotros de nuestras experiencias para que algo suceda. Eso en el tercer sketch. Y en el segundo sketch también hay política porque hay un personaje que es el miedo y otro que es el liberador. Y creo que son dos elementos de la política.

¿‘Qué pasa hoy acá’ es también conurbano? Esa  aglomeración urbana que rodea a la capital Buenos Aires, donde viven 15 millones de habitantes y que se va dividiendo en cinturones consecutivos. ¿Cuál es el vértigo del conurbano? ¿Por qué tienta?

MR/ER: Absolutamente.

ER: Creo que está eso de los carnavales del conurbano. “Urda” también propone esa cosa un poco corrida… Tienta primero porque es nuestra infancia.

MR: Y nuestra adolescencia.

ER:  Es un lugar en el que uno está como en un no-centro. Estás en una especie de periferia que permite ver un poquito de lejos lo otro,  y que también genera una sensación de pertenencia a algo que no es el centro. El conurbano es esa cosa un poco corrida del centro, por eso no se puede decir que es algo, sino que está corrido. Hay algo que no se sabe bien en qué lugar está, en qué cinturón (ríe). Siempre hay algo de eso que nos une, porque compartimos periferia, pero también porque tiene el glamour que tiene la mugre. Esa cosa de que no es perfecto.

¿Y tampoco lo quiere ser?

ER: A veces sí. Y está ese reírnos también de eso. Como dice “Urda”, reírse de eso de querer ser otra cosa.

MR: De eso aspiracional. Que en realidad no es solo propio del conurbano, sino siempre un ejercicio de jerarquización: porque la capital también intenta ser Europa, Europa intenta ser… y así…. Pero sí, también hay algo del sainete. En el conurbano hay algo del inmigrante y los nietos…, hay una preservación más grande de esa existencia de antes del avance de las capitales.

Lectura de poeminas y performance en Berlín 2022

Por último: ¿El humor es la única forma de reflexionar sobre la tragedia?

ER: Sí, definitivamente. Y la tragedia es la única manera de poder entender el humor. Es imprescindible para poder hacer humor. Se necesitan uno al otro. Siempre.


Síntesis rápida para los que no tuvieron ni tendrán paciencia de leer: Surgió con la pandemia, la primera función fue al riesgo de electrocutarse y se convirtió en una puesta en escena en la que el público era la obra, una obra que es un hongo que avanza y se transforma. Solo necesitan un escenario al aire libre, poco equipaje: solo las pelucas, el resto se encuentra al llegar, en esta Berlín donde la noche es demasiado larga, no, corrijen, demasiado corta, para una obra hermana siamesa de Berlín, esa urbe sin centro, descentrada, corrida. Y alli estamos nosotros, los espectadores, y ellos. Y entonces los espíritus se invocan, “Urda” llega de visita, y desde algún cordón llegan ´ellas’. Y el bicho que nació de ellas.

Un lujo tener a Érica Rivas y a Martin Rechimuzzi en Berlín.

Nos vemos en el teatro.

Trailer de ¿Qué pasa hoy acá?


¿Qué pasa hoy acá?, en el Monbijou Theatre, Berlin. 27 de agosto y 2 de septiembre a las 20:00 hs. Entradas ver aquí. Gestión de la obra en Berlín: Marcela Polgar @marcelapolgar

Imagen de portada y otras de la puesta de ¿Qué pasa hoy acá? en Buenos Aires: ©Facundo Suarez. Fotos lectura de poeminas y performance en Berlín: © jetmiridrizi_jetko

claudia baricco

(isa.kar.wai) - Un cine real o virtual es el living de mi casa. Los libros son mi otro hemisferio. En un mundo donde todo es político. Latitud: B y B – Buenos Aires-Berlín, dos ciudades de contrastes.

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