Alejandro es un escritor peruano que vive y trabaja en Berlín. En Alemania ha publicado sus dos obras más recientes, una de las cuales, Historia de dos vizcachas, se presenta próximamente en la Embajada de su país en Berlín, el 30 de septiembre. Hemos hablado con él de esos dos libros, de sus referentes, de algunos conceptos literarios, y de la vinculación de sus libros con el Perú, con los lugares donde ha vivido, y con Berlín. Este artículo incluye dos fragmentos de la novela leídos por el autor.
Hola, Alejandro. ¿Puedes presentarte?
Me llamo Alejandro Manrique. Soy un peruano que vive en Berlín, y en particular en estos momentos trabajo en la embajada de Perú en Alemania. Soy escritor peruano. Tengo publicadas algunas novelas en Perú, relatos que se encuentran en revistas literarias, en internet de España y de Estados Unidos.
¿Cuánto tiempo llevas en Berlín?
Casi dos años.
¿Qué te parece al ambiente literario que hay en Berlín, en español?
Antes de venir a Alemania, viviendo en el Perú, traté de investigar y de informarme si es que había algún tipo de movimiento de literatura en particular en español en Berlín, o en Alemania, y grata fue mi sorpresa al enterarme que sí, que había editoriales que publican en español, que había eventos, que había un movimiento de lectores, de gente interesada, y eso me pareció genial. Al llegar a Alemania, y poco a poco como parte de mi trabajo y de mi interés personal, fui conociendo gente y lugares, y me di cuenta que era verdad, que hay un importante movimiento. No viene al caso cuantificar lo grande o pequeño de ese mundo, sino el alcance: hay gente muy interesada en la literatura en español acá en Alemania, y en Berlín.
También hay autores que publican en grandes editoriales que viven en Berlín.
Correcto. El caso más conocido de todos creo que es el de Samantha Schweblin y el del escritor Alan Pauls, ambos de Argentina. Hay escritores que quizá no tengan mucha difusión comercial, pero que también son importante. Son jóvenes que vienen escribiendo bastante. Mi compatriota Juan Carlos Méndez, por ejemplo, que publicó con Random House Perú, y actualmente se encuentra trabajando y viviendo en Berlín.

¿Tú escribes narrativa?
Escribo narrativa. Yo tengo una pasión definida de toda la vida hacia la literatura que empezó como lector. En la medida que fui creciendo, aprendiendo, descubriendo, y también estudiando, capacitándome, etcétera, me di cuenta que me interesaba también escribir. Yo creo que cualquier persona puede animarse a escribir si tiene el espacio, la intención y la voluntad. Así empecé a escribir, y creo que cada vez tengo mayor posibilidad de escribir más textos. Tengo textos por publicar, otros que estoy en proceso de edición. Esta pasión por la literatura se ha visto reflejada en proyectos que me dan una oportunidad de seguir pensando que la literatura es una cosa maravillosa y que se puede seguir leyendo y escribiendo.
¿Escribes sobre el Perú?
Sí y no. Lo que sucede es que como diplomático he tenido la oportunidad de vivir en diferentes países y ha llegado un punto, como lector y como escritor, que me identifico más con temas comunes al ser humano. El amor, la muerte, la amistad, se repiten de una u otra forma independientemente de la cultura, del país, del idioma, etcétera. Para mí es muy rico, muy simbólico, muy bonito, escribir sobre una familia en Praga, una familia en Berlín, una familia en China, en República Dominicana, en Lima o en Tumbes, en la frontera con el Ecuador.
Te lo digo porque los dos títulos que tenemos hacen referencia a Perú.
Sí. Una vizcacha es un roedor andino, como un conejo. Yo tengo una trilogía de novelas con la que debuté en la literatura, que son personajes en Moscú. Tengo una novela sobre personajes en República Checa, otra novela más de ciencia ficción que es transversal a todo el planeta. Este libro, Sucedió en los Andes, es mi primer libro de relatos. Aquí yo quería hacer dos cosas, si puedo hablarte del libro concretamente. A mí me encanta la literatura realista, soy más de novela, pero me encanta también, simultáneamente, la literatura fantástica, porque al mismo tiempo de tener mucho valor estético, conceptual, técnico, es, para mí, también, una metáfora de la realidad humana. Yo siempre cito en esto a José Saramago, el premio Nobel, el gran escritor de novelas, pero que en realidad sus textos son de trasfondo fantástico, por ejemplo este gran libro del año 1995 que se llama Ensayo sobre la ceguera, en el que ocurre el hecho fantástico de que todo el mundo se queda ciego y describe qué es lo que ocurre en la sociedad. Es un texto fantástico, pero en realidad está haciendo una crítica a la sociedad contemporánea. Es una novela de interpretación realista pero con un sustrato fantástico. Lo que yo quise hacer con Sucedió en los Andes era escribir un relato de cada subgénero fantástico. Hay terror, hay real maravilloso, hay épico, hay intriga, hay ciencia ficción, hay post apocalíptico, y desarrollarlo en un mundo andino, porque para mí el mundo andino, más allá de idealizaciones, es un mundo que de verdad tiene mucha mística, mucha magia. Son culturas milenarias, hay muchos símbolos, mucha búsqueda de armonía, y eso para mí es un contexto mágico que potencia los subgéneros fantásticos y me permite, también, apuntar a lo que decía al inicio, hacer una metáfora sobre la condición humana, sobre la vida humana. Es la vida humana interpretada desde las montañas andinas a partir de subgéneros fantásticos.
¿Tú eres de Lima o eres de la sierra?
Soy de Lima. Mis padres son de Lima, pero mis abuelos ya vienen de fuera de Lima. Unos del norte, otros del sur. En Perú están la costa, que es la más poblada, las montañas, y la Amazonía, la selva, que es la menos poblada, pero la más extensa territorialmente. Yo estudié sociología en la Universidad, y como parte de mi propio proceso de aprendizaje, de vivir, de entender, yo he viajado mucho por mi país, que es un país muy grande. Si no me equivoco es el vigésimo más grande del planeta en términos territoriales y es una cifra importante. Viajar por las montañas andinas me maravilló, me fascinó completamente, y yo he sido testigo justamente de ese misticismo que finalmente es subjetivo, se presta a interpretaciones, pero hay que estar allí, en las montañas, a 4000 metros de altura, respirar, ver colores, oler diferentes olores. Yo tengo un texto que se llama Mercado Antonio Moreno Leyva, que es un cuento que ocurre dentro de un mercado andino, en el Valle de Urubamba, cerca de Cuzco. Yo fui a ese mercado y cuando entré a ese mercado, me impresionó la gran cantidad de colores, de frutas y verduras, y olores que había. Y dije, “Acá tengo que escribir un texto inspirado en esta sensación tan fuerte que estoy teniendo en este momento”.
¿El estilo que sigues está influido por la forma de hablar en Perú, o en los Andes?
No. Es un estilo más estándar, quizá por haber viajado por diferentes lugares y tener una perspectiva de literatura que se quiere enfocar más en la humanidad y en lo común que tenemos todos antes que las diferencias. Eso quizá me ha llevado a que mi español, cuando escribo, sea más neutral. No utilizo palabras que son muy comunes para mí, que para otro puede confundir. Por ejemplo, uso pararse como ponerse de pie, diferente que en España. O uso tacho, como tacho de basura, y en España se usa cubo de basura.
No me refiero tanto al vocabulario, sino a la forma de hablar, a la oralidad.
Tengo un relato que se llama Los huérfanos de Rampuñarca, es el que quiere asemejarse más que nada a la épica fantástica. Trata de la lucha entre el bien y el mal, con soldados incas luchando contra un espíritu maligno que se ha apoderado del Apu, de una montaña, y ha apresado al espíritu benigno de la montaña. Ese texto está narrado, al inicio y al final, en primera persona desde la perspectiva del chamán del pueblo, un pueblo que se llama Rampuñarca, y el tono y el estilo es más ceremonioso. “Estamos reunidos alrededor de este fuego, les voy a contar la historia de los huérfanos de Rampuñarca que lucharon contra el mal…”, y de ahí paso a una tercera persona que se enfoca en los personajes y va escribiendo, y al final vuelve el chamán para cerrar la historia. Quizá en esa oralidad hay algo místico, más de gentes reunidas alrededor de una fogata contándose cuentos orales. En ese cuento, más allá de la oralidad, hay palabras que van a estar más cercanas a significados del mundo andino que un lector, incluso peruano, pero sobre todo extranjero, va a tener que buscar. Por ejemplo, Mamaquilla. Es la diosa Luna, es parte de la mitología andina e incaica. El que no puede entenderlo por el contexto querrá buscarlo.
No pones notas a pie de página, algo que recientemente salió en la tercera edición de los Unbekannte. Julio Sivautt, en su relato, sí la pone, porque usa muchas expresiones porteñas.
Yo fui a la presentación. En su cuento hay mucha jerga que a mí me hubiese acostado, Julio dijo que él normalmente no piensa en ese aspecto, pero que debido a los pedidos que le hicieron personalmente, quiso agregar esos pies de página para complacer simbólicamente, o emocionalmente, al lector. En mi caso no es necesario porque no hay palabras que uno diga “qué cosa está queriendo decir acá”.

Cuando uno habla del Perú, el primer nombre inevitable que sale es el de Vargas Llosa, pero antes de empezar la entrevista hablábamos de Julio Ramón Ribeyro. ¿Cuáles serían tus referentes literarios, en general, y en concreto en Perú?
Como he dicho, me considero un escritor más realista, pero no exclusivamente realista, o más híbrido quizás porque hay muchos elementos fantásticos que pueden ser también surrealistas, subconscientes, etc. Una sombra, un espejo, puede ser la proyección psicológica de alguien que está tratando de ver el momento, no necesariamente es una sombra de verdad, un fantasma. Para mí, Mario Vargas Llosa sería el referente. He leído todas sus veinte novelas a lo largo de toda mi vida y es un escritor maravilloso.
En Vargas Llosa hay varias etapas, ¿con cuál te quedas?
La Casa Verde, Conversación en la Catedral y La ciudad y los Perros son sus tres primeros libros, ahí apareció todo y rompió el genio de la escena literaria mundial. La guerra del fin del mundo es totalmente diferente, pero tiene un libro que no es tan conocido, de los ochentas, que a mí me encanta, que se llama Historia de Mayta. La tía Julia y el escribidor y Pantalón y las visitadoras son sus dos únicas novelas que publicó en los años setenta y son sus únicas novelas con humor. Era como que Vargas Llosa dijo, “quiero ser humorista y quiero hacer algo divertido y quiero salir de mi espacio de confort y quiero probar otras cosas”. Por eso digo que en los ochenta, ya consolidado, escribiera cosas tan disímiles como La guerra del fin del mundo y ¿Quién mató a Palomino Molero?, que no es tan conocido tampoco, y es un libro de apenas doscientas o trescientas páginas, un libro corto tras La guerra del fin del mundo, “facilito”, entre comillas. Es un buen escritor del siglo XX y un buen escritor del siglo XXI. Hay unas novelas de la primera década del siglo XXI que a mí, personalmente, me gustan mucho. Paraíso en otra esquina, Travesuras de la niña mala. Otras como El sueño del celta no me gustaron mucho, salió en el año 2010, el año que ganó el premio Nobel. Fue una cosa contradictoria. Y su penúltima novela, Tiempos Recios, me encantó. Se nota ahí que hace el esfuerzo de regresar al Vargas Llosa que intercala capítulos, historias, tiempos, personajes que hablan en diferentes épocas.
Una vuelta al Vargas Llosa más experimentador.
Sí. Y la última novela, que Le dedico mi silencio, tiene un lado muy nostálgico. Así que Vargas Llosa me ha acompañado toda mi vida, por la técnica, la estructura, etc., es mi escritor peruano favorito. Respecto a un escritor no peruano me encanta Milan Kundera, del que también me he leído todas sus novelas, que son diez. No tiene nada que ver con Vargas Llosa. Son novelas más cortas, más, entre comillas, “legibles”, excepto La insoportable levedad del ser, que es un poco densa por momentos. Luego están La inmortalidad, La lentitud, son mucho más rápidas. Si bien en Vargas Llosa hay estructura, hay poder, hay personajes, hay historia, hay sociedad, en Milán Kundera es más que nada la fragmentación física, emocional, psicológica de las personas en su espacio interior y en interacción con los demás.
Hace poco escuché un comentario global sobre Vargas Llosa. Venía a decir que toda su literatura es una reflexión sobre el poder en sus distintas formas.
Sí, mientras que Milan Kundera trata el efecto psicológico del individuo que está sufriendo las consecuencias de todo el desastre que hubo en la Europa del Este tras la segunda Guerra Mundial, la cortina de hierro soviética, la invasión a Praga del 68, etc.
Es una novela mucho más europea mientras que Vargas Llosa bebe más de los escritores del norte.
Correcto. Ya he explicado que mis intereses son los temas recurrentes en el ser humano, yo los encuentro en Vargas Llosa y en Milán Kundera. Yo siempre voy a estar abierto a poder dejarme influir y poder dejarme inspirar por la literatura provenga de donde provenga, siempre y cuando yo identifique que veo humanidad.
Sigamos con tus libros. Historia de dos vizcachas, también trata del Perú. Es una novela, no es un libro de relatos. ¿La escribiste después o antes del libro de relatos?
Lo que pasa es que ha ocurrido casi en simultáneo la escritura y la edición. O sea, son libros que quizá empecé hace dos años, priorizando seis meses uno, seis meses otro, mientras el otro descansa. Pero en el tiempo que he estado en Berlín me he dedicado a la reconstrucción de las historias, a la edición y a la complejidad que he querido darle. Es imposible trabajar en dos textos diferentes el mismo día pero quizás intercalando semanas, meses, dependiendo también del ritmo de cada uno, de la disciplina, de la inspiración. Ha sido un proyecto muy personal en el que me he dejado inspirar por Vargas Llosa nuevamente, por ejemplo. Historia de los Vizcachas es una novela que va sobre un diplomático peruano en Londres en el año 2014. Si bien es diplomático, está en Londres y está casado, su pareja aún está en Lima, o en el Perú, porque tiene que viajar. Y él tiene una amante británica que trabaja en la Biblioteca británica. Los dos casualmente están tratando de escribir sus primeras novelas. Él sobre un personaje peruano que es el ex presidente Andrés Avelino Cáceres, que es un ex presidente muy importante en la historia de Perú a fines del siglo XIX. Y ella está escribiendo una novela sobre su ancestro, Lord Thomas Cochrane, que fue un miembro de la Real Marina Británica, considerado por muchos un pirata porque tenía una agenda paralela. Fue expulsado eventualmente del parlamento británico, porque también era parlamentario, y de la marina. Pero, ¿qué hizo este personaje? Eso fue fascinante para mí descubrirlo. Él, desde la capitanía de barcos y jefe de armadas, contribuyó con los procesos independentistas sudamericanos del Perú, con Brasil también de Portugal, y con Grecia del Imperio Otomano. Es un héroe no muy conocido. Entonces, estos dos personajes en el tiempo real en Londres están desarrollando su propia historia de amantes, con todo lo que ello implica y lo bueno y lo malo, y, al mismo tiempo, están escribiendo sus primeras novelas sobre dos personajes históricos. Son como tres libros en uno que se van intercalando los capítulos: el primer capítulo en Londres, luego el peruano en Perú, luego el británico, en Londres, luego viajando.
¿Aparece también todo lo que ellos van escribiendo?
Sí, pero, si me permites, hay un elemento que los une porque podría ser muy forzado que sean historias muy separadas, con técnicas diferentes, con personajes diferentes, ¿cómo los uno? Los personajes en el Londres de 2014 se están leyendo también. En medio de la narración de la historia del presidente del siglo XIX, aparecen los personajes en Londres compartiendo una copa de vino, haciendo algún comentario, y ahí uno las historias permanentemente. Y también resulta que lo que están escribiendo ellos influye en la relación porque dejan de verse, porque se ven más, porque discuten, y eso creo que es un elemento unificador. También está un personaje importante que es la que aparece en la portada, que es la hija de Andrés Avelino Cáceres, que es un personaje importante en la novela porque trato también de hablar un poco de cómo el siglo XIX, evidentemente, y el siglo XX y el XXI, dejó de lado el rol importante que muchas mujeres tienen en la historia de nuestros países y que a veces caen en el olvido. La hija, Aurora Cáceres, fue una de las primeras personas que lucharon por la causa feminista en Sudamérica y en el Perú en particular.
Las vizcachas son roedores andinos. ¿Es una expresión coloquial?
No, me lo inventé. Quizá hay algo ahí de Vargas Llosa, Historia de Mayta, Historia de fin del mundo. Un amigo, cuando me escuchó el título, me dijo, es un octosílabo. Él es teórico de la literatura, inmediatamente escuchó y dijo “octosílabo”. El título para mí es simbólico porque dos vizcachas son los personajes en Londres en tiempo real, el diplomático y la chica. Dos vizcachas son los personajes históricos que están contando sus historias, sean noveladas en este caso, pero están contando ellos sus historias. Hay juegos de pares permanentemente. El mismo peruano o diplomático que escribe sobre el personaje histórico es otra pareja. Es un roedor delicado, más pequeño, más asustadizo, y son personajes que están luchando contra sí mismos, están luchando contra la historia, están luchando contra el futuro, tienes ese lado humano de retraerse y de tener miedo a lo que va a venir.
El cuy no te serviría simbólicamente.
No, el cuy es un elemento muy presente culturalmente, la vizcacha es menos conocida. Aparte la palabra cuy es muy corta, no suena bien a la hora de pronunciarlo.

Me gustaría hablar de la edición. Los dos libros están editados en Alemania: Abrazos de Stuttgart, que dirige el argentino Daniel Canuti, e Ilíada Ediciones de Berlín, que dirige el cubano Amir Valle. ¿Por qué publicar en Berlín, o en general en Alemania?
Justamente por lo que yo comentaba, que antes de viajar a Alemania descubrí en internet, y luego lo verifiqué en la realidad, que hay un gran movimiento literario de escritores, de lectores, de críticos, de gestores culturales, de eventos. También me enteré que había editoriales y yo, quizá desde el punto de vista más romántico de ensoñación en el imaginario, “qué bonito publicar en español y ser leído en español, presentar el libro en español en Alemania y en particular en Berlín”, teniendo en cuenta que hay una importante escena reciente de literatura en español, sumé, pues, dos más dos, era el escenario perfecto, y por eso me animé a enviar los textos a estas editoriales. Tuve mucha suerte, me los aprobaron, y los he podido publicar. Ya presenté Sucedió en los Andes, y ahora presento Historia dos vizcachas en la Embajada de mi país en Berlín, en español, de la mano del propio editor, Amir Valle. Espero seguir publicando en Berlín y en español.
¿No es en cierto modo limitarte a un ámbito de distribución pequeño? Los libros difícilmente van a salir de Alemania.
Sí, supongo que sí es limitarse. Hoy día dejé en el correo un ejemplar que se iba hasta Logroño donde hay un interesado. Lo compraron en la página de la editorial. Alla hay una revista, Fábula, donde yo publiqué un cuento. Yo me imagino que también hay un movimiento. Yo creo que también va a depender de mis posibilidades de difundir el libro. Yo publiqué en el año 2017 en Perú, luego me mudé a Suiza y me llevé unos ejemplares, y tuve la suerte de presentar el libro en París, en una librería llamada Cienfuegos, que creo que dejó de existir, y en una librería de Ginebra que se llama Albatros de Rodrigo Díaz Pino, que se supone, según la parte comercial, quizás sea la librería independiente en español más grande de Europa, no lo sé, habría que investigar, y lo pude presentar ahí. Pasa por esa posibilidad ¿no? Yo quizá que tengo algunos contactos en Madrid pueda ir algún día y presentarlo allí en una librería, en una escuela, cosas por el estilo. Lo mismo aplicaría con Historia de dos vizcachas, creo que ellos, si bien están basados acá, posiblemente, por la forma de publicar y distribuir, puedan llegar a otros lugares.
Me gustaría hacerte una pregunta un poco más teórica sobre un aspecto que me interesa mucho personalmente. ¿Qué es, para ti, narrar?
Mira, creo que muchos van a estar en contra de lo que voy a decir, pero yo lo digo de corazón. Para mí la literatura es un acto de comunicación, no es el escritor encerrado escribiendo para sí mismo y guardando el texto y luego quiere que lo publiquen y que lo lean. No, yo creo que, al menos en mi fuero interno, la honestidad que yo quiero tener conmigo mismo me indica eso, que la literatura es un acto de comunicación. ¿Qué significa un acto de comunicación? Que no es que yo esté escribiendo necesariamente para ser leído, porque puedo o no puedo ser leído, pero estoy escribiendo sabiendo que puede haber un lector al otro lado que podría toparse con el texto, así sea uno o un millón de lectores, y que puede extraer algo de allí, alguna reflexión, alguna pregunta, algún sentimiento, empatía, algo. Yo creo que la literatura, para mí, como la veo como escritor y lector, va por ahí. Es una forma de hacer comunión en esto que se llama humanidad.
Eso es lo que significa para ti escribir, pero la pregunta era qué significa narrar.
Es el acto de transmitir cierta información a través de ciertos moldes y patrones para tener un producto en el que se cuenta una historia y va a ser finalmente leída. Narrar es contar una historia.
Sí, pero ¿qué es contar una historia?
Yo puedo escribir una historia, pero escribirla bien implica una técnica, implica poner algo. ¿Qué es ese algo?
Le pregunté a Anna Garbus, editora de weRstories, qué es editar. Me decía que si la historia no tiene personajes potentes, bien construidos, coherentes, que atraviesan toda la novela, que se mantienen, no publica. La construcción de la historia es la construcción del personaje. La chilena Carolina Brown también me contestó a una pregunta parecida recientemente. Para ella lo fundamental es la voz, cuando tiene na voz tiene un cuento.
Narrar es transmitir, narrar es crear, es adentrarse en un mundo tan personal, y luego exteriorizarlo con algún producto que pueda ser entendido por alguien a través de palabras, en este caso escritas. Con lo último que te estoy diciendo es el arte sensible de aterrizar palabras.
Igual tu concepto tiene más que ver con la poesía que con la narrativa.
Bueno, una buena narrativa bien trabajada, bien corregida, bien editada, tiene siempre un lirismo.
Me parece que una cosa es la poesía y el peso de la palabra en sí, de la palabra elegida, y otra es la narratividad, que el texto genere este esta sensación de narratividad, de tiempo, al fin y al cabo.
Pero nuevamente te podría decir que narrar es el arte de contar. Narrar es el arte de transmitir a través de la palabra escrita u oral aquello que la persona tenga en la mente, pero se entiende que siempre es una historia, siempre tiene que haber una historia en la literatura. Si yo pongo una línea y quiero hacer un microrrelato y no hay nada, un poema, un verso, esa es otra cosa.
¿Cuáles son los elementos del relato que manejas con más intensidad? ¿La descripción, los diálogos, la estructura de la trama, los finales, las transiciones, los personajes?
Yo sé mucho de estructura. Antes de escribir, creo que ya trato de tener en mente cuántos capítulos van a ser, qué forma va a tener la linealidad, si va a ser fragmentario o no, direcciones o no, etcétera. De dónde salgo y a dónde quiero llegar. Por ejemplo, Vargas Llosa, el capítulo impar, el tiempo presente, el capítulo par, el tiempo pasado. Si uno sabe que va a llegar a 10 capítulos, 5 capítulos por cada tiempo, ya es una guía. Desde ese punto de vista, soy mucho de editar, muchísimo.
¿Cuántas veces corriges un texto?
Muchísimo, muchísimo, ilimitado. Soy de los que creen que todo texto es perfectible pero que ya eventualmente hay que cerrar la puerta porque si no, uno no sale de eso. Hay cosas que uno se da cuenta solo con la relectura: un fraseo que pudo haber sido mejor hecho; el inicio de una oración; no repetir letras de las diferentes oraciones y que no haya aliteración; la longitud de los párrafos. Alguna vez leí que las palabras que tenían la letra A eran más abiertas, más amigables para el lector, las que tenían la O, la U más cerrada, podría tener cierto rechazo. Entonces, uno pone una O con un verbo muy duro, en una frase muy larga y sin comas o subordinada, y se puede perder el lector. Atiendo bastante a la puntuación. Trato de intercalar frases largas y frases breves, va a depender de la escena, del personaje, lo que se quiere transmitir. Soy mucho de descripciones, también soy de diálogos. Quizá los diálogos me cuesten un poco más, pero es que seguramente en el proceso de edición una a una se va haciendo que las piezas encajen. O sea, yo trato de entregar mis textos al editor lo más pulidos posible.

Antes nombrabas a Samanta Schweblin y me sorprende mucho que ella apenas tiene descripciones. Es pura acción, en especial los primeros cuentos.
Claro, ahí va a depender pues del proyecto, qué tal largo sea y a dónde apunta uno. Felizmente en la novela hay tiempo y espacio para poner un poquito de todo. Sucedió en los Andes son siete relatos, relativamente extensos, entre 25 y 30 páginas cada uno, hay tiempo para hacer inscripciones, para hacer diálogos, pero siempre pensados en el momento de la historia, en la escena, sirve o no sirve. Tiene que tener una necesidad.
¿Una novela es algo donde cabe todo? Creo que el concepto de Vargas Llosa es muy formalista y, bueno, La Casa Verde es pura experimentación, pero creo que no volvió a ese punto. Me refiero sobre todo a los subgéneros.
Yo creo que sí va a depender de a dónde quiera apuntar el escritor y debe ser consciente de eso. Uno puede cometer el error de que aparezca un juego trivial o algo muy enredado que el mismo lector diga ¿para qué? Por eso te decía que uno siempre tiene que, al menos yo, escribir pensando cómo lo va a recibir el lector. En mi parte, cuando yo me estoy editando, yo me estoy diciendo “Ok, esto un lector, ¿lo va a entender así como lo quiero transmitir, o va a entender otra cosa?”, y si yo quiero que entienda otra cosa, también es parte de las opciones. No tiene por qué entender, o saber, lo mismo. Además, lo importante es que entienda lo que quiera, y ahí se arma el debate y el diálogo de venida. Por ejemplo, Vargas Llosa en su última novela, Dedico mi silencio, comete para mí un error, que es no sé si de forma y de formalidad. Él alterna los capítulos como siempre, pero en el capítulo impar está contando la historia del personaje principal y en el capítulo par está contando el texto que el personaje principal está escribiendo, que es un ensayo sobre la evolución de la música que vive en el Perú. Y todos esos capítulos pares son ensayísticos.
Es un híbrido de dos géneros.
Claro, ahí no hay historia necesariamente, la gente que lee el libro dice “¡Qué maravilloso libro!” porque está aprendiendo de la música criolla, le está gustando conocer ese lado peruano, pero para efectos de funcionalidad en la historia creo que se traba un poco. ¿Qué te quiero decir con esto? Hay narrativa que incorpora poesía, que incorpora ensayo, que incorpora crónica, en la medida que funcione y que haya una empatía entre escritor y lector.
Y crees que está muy separado, que la parte ensayística no interviene en la acción, podrían ser otros ensayos diferentes, no pasaría toda.
Correcto, pero es mi lectura personal, que creo que nadie comparte.
¿Tú prefieres que tenga todo un sentido, que funcione como un reloj donde cada pieza contribuya al movimiento general?
Es lo que te contaba con Historia de los vizcachas, que es una novela muy personal. Si yo escribiera el texto de los amantes en Londres y luego escribiera el texto de Andrés Avelino Cáceres del siglo XIX, que podría ser un texto muy bonito, con su propia lógica interna, pero si no dialogan esos tiempos y esas emociones, y esa forma de ser humano y qué tiene que ver un personaje histórico con uno del siglo XXI, se pierde un poco, se pierde el significado del concepto, también se puede ser aburrido, no me interesa la historia de este personaje del siglo XIX, no me gusta la historia, por más calidad literaria que pueda haber. Entonces, la idea es tratar de unir las piezas, que haya una armonía total.

¿Y cómo crees que se va a recibir esta en concreto, Historia de los vizcachas?
Va a depender del público, puede haber alguien en Tokio que lo encontró acá al castellano, lo encontró en internet, lo compra y le llegó en 5 días y lo leyó una semana y le parece una obra maravillosa. Está ese factor de arbitrariedad que es muy real, es una cosa un poco extraña, pero es muy real. No me sorprendería que alguien en cualquier parte del mundo termine adquiriendo este libro por algún motivo u otro, y lo lea, y le guste. Yo no soy un escritor publicado por grandes editoriales, por lo cual no tengo acceso a grandes plataformas de mercado, comercialización, distribución, venta y lectura, pero si estos libros pueden llegar a la gente, bienvenido sea. Y ojalá que sí.
Has dicho que dos novelas tuyas tienen que ver con la ciudad a la que estabas destinado como diplomático.
Sí, yo viví en Moscú porque trabajé allí en la embajada de Perú en Moscú.
¿Y Berlín? ¿Tu experiencia en Berlín entrará en tu narrativa?
A ver qué me ha ocurrido, y eso creo que puede ser simpático, no lo sé. Yo ya he hablado con escritores latinoamericanos o hispanohablantes que vienen en Berlín, o en Alemania, y acá crean, y crean textos vinculados de una u otra forma con Berlín, y se ve claramente por la historia, están las calles, etcétera. Yo como recién he llegado, y he estado y he venido con proyectos en el hombro, he tenido la suerte en Berlín de poder terminarlos y darles un sello ambientado finalmente, psicológicamente, como escritor en Berlín, porque yo lo he sufrido acá, lo he luchado acá, lo he editado acá y he terminado los libros acá. Para mí esa es una forma de vincular textos que no tienen nada que ver con Berlín, y me parece hasta bonito.
¿Ese vínculo está dentro del texto?
No, pero habiendo descrito esta primera fase, como escritor, vendría la siguiente fase. Cuando yo empiece mis nuevos proyectos literarios, sí estoy visualizando y armando historias que tengan que ver con Berlín, o con Alemania, pero eso tomará tiempo.
Antes nombrabas a Alan Pauls. Él tiene una conferencia que dio en Chile en la que venía a decir “Ya está bien de escribir sobre Berlín”.
Si yo escribo una novela que la titulo «Me enamoré en Berlín”, es el tópico, ya desde el título estoy incluyendo la palabra Berlín o Alemania. Si yo hago algo sobre Berlín, quizás sea algo como Historia de dos Vizcachas, o sea, personajes anclados en algún tiempo en Berlín o en Alemania, pero que otras partes de la historia tengan que ver con otro país, con otra cultura, con otro idioma, con otra historia, y cómo conversan en paralelo. Claro, cómo conversan porque los personajes se mueven, hay descendencia, lo que fuese, pero cómo unir dos, tres países, una misma historia y que uno diga igual Berlín y Alemania tienen una parte importante del libro, es un hijo de Berlín por decirlo así. Sí, yo apuntaría a eso, a esa parte más híbrida.
¿Tienes alguna idea ya en mente?
Tengo algunas ideas. Hay un libro de cabecera acá en Alemania que se llama Breve historia de Alemania que narra toda la historia de Alemania. Lamentablemente el autor, Hagen Schulze, falleció hace diez años, y el libro solamente llega hasta fines del siglo XX. Me hubiese encantado ver algo de ese mismo autor sobre el siglo XXI y principalmente lo que ocurre hoy, que es una cosa muy interesante. Leí ese libro porque estaba seguro que algo de alguna época de Alemania me iba a interesar. Tengo ahí apuntadas y subrayadas cosas sobre las que tengo que regresar e investigar, porque si voy a hablar sobre Alemania y Berlín, tengo que investigar mucho evidentemente, y es lo rico también en la fase creativa. Historia de dos Vizcachas implicó mucha investigación de mi parte, de los personajes históricos que mencioné, pero lo bonito de la literatura es que, a pesar de que uno trata de ceñirse a hechos reales, siempre está la licencia literaria. Puede haber algunas modificaciones menores que tienen un efecto inmediato con la escena que se quiere transmitir en ese momento.
Muchas gracias por esta interesante entrevista, y espero que tengas mucho éxito co la novela. Nos vemos en la presentación del día 30 de septiembre en la Embajada del Perú en Berlín.
Hasta entonces, y muchas gracias también a ustedes.

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