La editorial weRstories

Segunda entrega de la serie dedicada a editoriales que publican en español en Alemania. En este caso se trata de una joven editorial radicada en Berlín-Rixdorf que dirige la italiana Anna Garbus. Tiene una breve trayectoria de siete títulos, seis novelas y un libro de cuentos siempre novela, que c rece poco a poco. Los autores proceden de varios países de habla hispana, casi todos residen o han residido en Alemania. Tiene muy buenas perspectivas para este año 2026. Presenta su última publicación en el Salón Berlinés, el lunes 13.07.2026 a las 19:00.

Estamos en Rixdorf, en el corazón de Neukölln, y vamos a hablar de libros. La primera pregunta es habitual: ¿puedes presentarte para quienes no te conozcan, a ti o a la editorial weRstories?

Me llamo Anna Garbus y soy la fundadora de weRstories, una pequeña editorial independiente en Berlín. Publicamos en castellano, italiano e inglés, aunque por ahora la comunidad hispanohablante es la que más nos ha acogido, tanto en redes como en los manuscritos que recibimos. Se puede decir que somos, sobre todo, una editorial de novelas en castellano, pero uno de nuestros lemas es: “Somos como Berlín: hacemos lo que nos da la gana”. Así que vamos viendo qué pasa.

¿De dónde eres?

Soy de Milán. A los dieciocho años me fui a vivir a Barcelona. En esa época no era algo tan común, pero mis padres entendieron mi naturaleza inquieta. También confiaron en mí porque era buena estudiante.

¿Sabías español?

No. Hablaba inglés. Estudié Humanidades en la Autónoma, en catalán y castellano. Con el tiempo, y con la paciencia de muchos amigos, aprendí el idioma y me enamoré de su literatura.

Creo que trabajaste en periódicos.

Después de la carrera no sabía muy bien qué hacer. Me aconsejaron seguir la vía académica, pero yo quería algo menos rígido. Hice dos másters a la vez: periodismo y estudios comparativos. Durante dos años fui una pelota de pin-pon, de un lado a otro en bicicleta. El periodismo cambió mi manera de escribir. Una vez descubres esa velocidad, esa forma más narrativa de acercarte a los textos, ya no puedes volver atrás. Tuve la suerte de hacer prácticas en El País, en Cultura.

Me contaste en alguna ocasión que en el periódico aprendiste a editar.

Sí, aprendí a editar gracias a los periodistas que trabajaban allí. Me gustaría mencionar a Carles Geli, porque lo considero uno de mis maestros. Cuando le daba un texto que no funcionaba, se le veía en la cara que sufría. Y cómo sufría… Al principio mis artículos eran terribles. Pero nunca los reescribía él. Me explicaba por qué no funcionaban y yo tenía que encontrar las soluciones. Así una y otra vez, hasta que el texto era bueno o, al menos, aceptable. Lo recuerdo como el mejor año de mi vida desde el punto de vista de la escritura. Le tenía miedo y respeto a la palabra escrita. En un periódico el espacio es mínimo —esa columna—, da igual que hayas hecho una entrevista de dos horas o de veinte minutos. El esfuerzo está en llegar a lo esencial sin torcer las palabras ni las intenciones de quien has entrevistado. Ese ejercicio de llegar al núcleo del texto es lo que más me ha servido. Creo que me dio una herramienta muy valiosa como editora.

No volviste nunca a vivir a Italia. 

Nunca lo pensé. No tenía sentido para mí. No había estudiado allí, no tenía vínculos profesionales y me había acostumbrado a escribir en castellano. O quizá es que nunca me sentí de una sola cultura. Siempre me he sentido europea.

¿Influye que seas del norte de Italia y no del centro o del sur?

Influyeron mis padres, sobre todo su mentalidad. Mi padre era del sur y mi madre del norte, pero ambos eran abiertos, socialistas, feministas, y a mí y a mis hermanos nos enseñaron a conocer el mundo de esa forma.

Entonces, ¿cuál es tu identidad profesional? ¿Como qué te identificas?

En la editorial me veo como una guía para mis autores. Con muchos de ellos se crean relaciones muy íntimas, porque los textos también lo son. Por ejemplo, Bizca de pechos, de Carmina Prieto: una novela breve y muy dura sobre la maternidad, con elementos autobiográficos. No dulcifica nada. Poco antes de publicar le entró el pánico, pensando en cómo la leerían los demás. Escribió ese libro para sus hijos, pero hay frases muy extremas. Estaba muy nerviosa y necesitaba que yo le diera confianza, que le recordara que su obra era importante, que si habíamos llegado hasta allí era porque ambas sabíamos que merecía ser leída. Por eso creo que el trabajo de una editora no está solo en el texto: también está en acompañar, en dar confianza para que ese libro exista y siga existiendo. Un libro no tiene caducidad.

Huesos de bolsillo, de J. A. Menéndez-Conde

¿Qué es un libro para ti?

Puede ser un espejo donde encuentras preguntas y respuestas que ni siquiera sabías que te estabas haciendo o que necesitabas. Y también es una manera muy bonita de conocer el mundo.

¿Cómo se aprende a leer como editora? ¿Cómo lee una editora?

Supongo que consiste en pensar cuál es la mejor versión posible de una historia concreta, y en entender qué elementos funcionan o no para llegar a esa versión, sin torcer la voz ni las intenciones del autor. No es lo mismo enfrentarse a un texto como lectora más o menos pasiva que enfrentarse a un texto que vas a publicar. No lo lees de la misma manera.

Eres mucho más crítica.

Sí.

¿Cómo es esa mirada crítica de la editora?

Trabajo mucho con los autores. No quiero imponer: prefiero que encuentren ellos las soluciones. Pero todo es negociación —el título, los finales, los tiempos— y a veces puede durar meses. Los principios y los finales son lo más difícil.

La editora Anna Garbus en un bar de Berlin-Rixdorf cercano a su domicilio.

Hablando con un escritor español que vive en Berlín, Jesús Cañadas, decía que llega a hacer veinticinco versiones de sus novelas. Están implicadas muchas personas, no solo el editor. Él tiene un grupo de lectores de confianza que leen sus obras. Lo normal es hacer entre quince y veinte versiones.

Bueno, entonces puedo decir que he sido afortunada. No creo que ninguna de las personas con las que he trabajado me haya dado nunca tantas versiones de un texto.

Es el número de versiones durante todo el proceso.

Eso sí lo puedo creer. 

¿Vas a publicar poesía, entonces?

Sí. Me estoy dando cuenta de que quiero ser flexible con las obras que me llegan. Una cosa que me gusta de weRstories es nuestro lema: “Somos como Berlín: hacemos lo que nos da la gana”. Al principio yo decía: “Solo autores radicados en Berlín”. Pero luego me llegó el manuscrito de Carmina, que vivió aquí y ahora vive en Madrid. Después llegó Julieta Arévalo, una escritora mexicana que vive en Ciudad de México, y me encantó. Entonces pensé: “¿Por qué me pongo límites yo misma?”. Y abrí las fronteras. También dije que nunca iba a publicar poesía, y pronto van a salir dos poemarios. Pues nada: ya publicamos poesía.

Cuando monté la editorial pensaba que tenía que tener una línea muy clara, saber exactamente qué público quería y qué tipo de libros iba a publicar. Pero luego entendí que prefiero construir el catálogo a partir de los manuscritos y de la comunidad que se va creando alrededor. Ahora tengo distribuidor en España y en México porque mis autores están allí, son ambiciosos y quieren intentarlo. Si mañana llegan buenos manuscritos de Colombia, buscaré la manera de llegar también a Colombia. No lo decido a priori: lo deciden los libros.

También quise cambiar algo en la relación económica con los autores. Vi que muchas editoriales pagan el 8%, el 10%, a veces incluso menos. A mí eso me costaba aceptarlo. No sabes cuánto tarda una persona en escribir un libro. Algunos escriben mucho; otros, como Julieta, escriben poco, pero con una precisión increíble. Por eso yo quería ofrecerles un porcentaje mayor. Igual eso implica recortar en otras cosas, pero lo hablo claramente con ellos. “Pactos claros, amistad larga”, se dice en italiano.

Una palabra mágica en las editoriales independientes es “catálogo”. ¿Cómo defines tu catálogo?

Ahora mismo tiene siete títulos y habrá dos más en unos meses. Son obras experimentales, disonantes, con voces migrantes y audaces. No creo que ninguno de los libros que he publicado pueda dejarte indiferente.

Narrativa, en concreto novela, prioritariamente.

Sí, aunque ya ves que no soy muy buena obedeciendo mis propias reglas.

La editorial eres tú sola.

Durante la pandemia empecé a leer y editar textos de gente cercana casi como un juego. Pero ese trabajo me devolvió algo que había perdido: el amor por la literatura. Yo venía de trabajar durante años en el mundo del arte, escribiendo textos de exposiciones. Era un trabajo cultural, sí, pero cuanto más escribía por encargo, menos leía, menos escribía para mí y menos sentía que mi corazón estuviera ahí. Editar esos primeros manuscritos por pasión me hizo volver. Y cuando terminó la pandemia ya no quería regresar a lo de antes. Hoy me ayudan amigos como Andrea Betti y Andrea Méndez, y escritores de aquí, como J. A. Menéndez-Conde, que colabora con la parte de weRstories dedicada a exposiciones de arte. Pero la relación con los autores la llevo yo. Trabajo con ellos desde el respeto y desde una idea muy sencilla: si ellos se toman en serio, yo también los tomo en serio. Eso significa acompañar, pero también ser exigente. Si algo no funciona, lo digo. Si una escena no aporta nada, la tacho. La literatura necesita cariño, pero también necesita latigazos.

Vamos a hablar de algunos libros concretos.

La danza del astronauta

Es de Martha Barilari. Me envió el manuscrito, lo leí y fue uno de los mejores que me han llegado. Estaba casi perfecto. Martha sabe cómo se escribe una historia y vive la literatura de una manera muy seria. Para ella es una forma de salvación, y eso se respira en su escritura. La novela habla de un tema durísimo: la violencia vicari. Pero lo que le interesa de verdad a esta autora no es el acto en sí,  sino lo que ocurre después: qué le pasa a la madre que se queda, a la mujer que ha perdido a su hijo. Está maravillosamente escrita. Tiene velocidad, escenas muy precisas y personajes a los que te encariñas enseguida. Vemos el día a día de una mujer que intenta aislarse, y cómo la presencia de un pequeño animal,un vecino, los libros y lo cotidiano la van sosteniendo. Parece sencillo, pero no lo es: lo cotidiano también puede salvarte del dolor. Martha es de Málaga, vive en Asturias, en una granja, rodeada de animales. Es de esas personas que seguirían escribiendo aunque nadie las publicara.


La residencia.

Es de Julieta Arévalo. Es un libro pequeño, formado por capítulos muy breves, y cada uno está dedicado a una mujer mayor que vive en una residencia. Algunas llegaron allí porque la familia las obligó; otras porque no tenían otro lugar; otras porque necesitaban escapar de una vida anterior. Está inspirado, en parte, por la madre de Julieta, que está perdiendo la memoria y vive en una residencia. Pero el libro va más allá de lo autobiográfico. Consigue que cada historia individual forme parte de una historia coral. Hay un capítulo sobre el Covid, por ejemplo, que muestra cómo esas mujeres intentaban comunicarse de una habitación a otra, cantando o hablándose a la misma hora, solo para saber quién seguía ahí. El final es precioso, pero también muy amargo. Hay una cuidadora que vuelve a la residencia para enfrentarse a su pasado, pero nadie la recuerda porque las ancianas han perdido la memoria. Y esa es la verdadera tragedia del libro: no solo la muerte, sino el olvido. Julieta escribe poco, solo cuando tiene algo que contar. Pero es tan precisa que en muy pocas páginas consigue que pase muchísimo.


Los detectives que escuchan a sus mascotas

Es de Celina Leone, una autora de Berlín. De hecho, ella fue una de las razones por las que empecé la editorial, junto a J. A. Menéndez-Conde. LCelina escribió esta trilogía para sus sobrinos. Son historias de dos niños durante la pandemia que buscan unos perros perdidos. Pero detrás aparece una Berlín inquietante, atravesada por el racismo, la soledad, la drogadicción y la salud mental. Todo visto desde los ojos de una niña de trece años. Eso me pareció muy potente.


Huesos de bolsillo.

Con esta novela debutamos en la Feria del Libro de Guadalajara. El autor hizo cuatro años de taller con Samanta Schweblin. Había venido a Berlín para estudiar un máster de abogacía, pero lo dejó todo para trabajar y poder pagar esas clases de escritura. Escribía mucho sobre dos personajes, Álvaro y Luisa. Al principio eran cuentos sueltos, pero cuando los leí vi que ahí había una historia larga, de tres décadas. Así nació la novela. Me interesó mucho su audacia formal. Hay capítulos en primera persona, en segunda, personajes periféricos que de pronto toman la palabra, e incluso un capítulo construido como el buzón de voz de Álvaro. No tiene miedo de probar formas distintas.


El último montano.

La segunda novela de J. A. Menéndez-Conde sí se planteó como novela desde el principio. Fue un trabajo de más de un año. Es como tres novelas en una, tiene mucha intertextualidad, guiños a otros autores. También tiene personajes muy potentes y una historia de amor preciosa. Es una novela fresca, distinta dentro del catálogo, y me gusta porque el autor experimenta con la forma sin perder el hilo de la historia.


Cuéntanos un poco cómo haces la distribución. ¿Trabajas con distribuidoras?

Sí. Es necesario tener distribuidora si quieres darles una oportunidad real a los libros. Sin ese canal, es muy difícil llegar a los lectores. Trabajo con distribuidoras independientes. En España estoy con La Sombra de Caín, de Valladolid, que también tiene librería propia. En México trabajo con Lenguaraz, que venía más del ensayo pero se está abriendo también a la narrativa. Me gusta la gente que se atreve a moverse.

¿Y en el resto de países hispanohablantes no tienes distribuidor?

Todavía no. Necesito tener más autores vinculados a esos países, o al menos un autor muy convencido de sí mismo y de su libro. 

Cuando tengas un autor colombiano, buscarás una distribuidora colombiana.

Sí, si tiene sentido para el libro y para el autor.

¿Estás contenta con la distribución que has conseguido?

Es pronto para decirlo, porque llevamos poco tiempo. Pero he viajado últimamente por España, he hecho presentaciones, y he visto mis libros en librerías. Eso ya me alegra mucho. Tampoco creo que la responsabilidad de vender sea solo de la distribuidora. Depende de la editorial, de los autores, de seguir moviendo los libros y buscando lectores. Y también de tener un poco de suerte.

Si alguien que escribe aquí en Alemania te manda un manuscrito, ¿lo vas a leer?

Sí, claro. Los leo todos. Tardo, obviamente, pero doy una respuesta sincera: sí o no, y por qué.

¿Cómo ves la producción literaria en español en Alemania? Conoces autores, talleres, librerías, colectivos e instituciones como Barrio Berlín, el Instituto Cervantes o la Embajada de México.

Pienso: qué bonito que la literatura esté de moda. Nunca me voy a quejar de eso. En cuanto a la producción literaria, en la comunidad hispanohablante de Alemania aparece mucho la mirada migrante, y es lógico. Pero también creo que a veces se repiten ciertos lugares comunes. Escribir un texto realmente fresco sobre Berlín ahora es difícil. 

¿Cómo ves el futuro? ¿Hacia dónde vas con tu editorial?

Voy a seguir hacia donde me lleven los buenos manuscritos y los escritores y escritoras que confíen en mí.

A ver si con esta entrevista te llueven los manuscritos.

Jaja, siempre son bienvenidos.

Bueno, Anna, muchas gracias por todas las respuestas y mucho éxito con la editorial.

Gracias a vosotros.


Presentación en el Salón Berlinés. Lunes 13.07.2026 a las 19:00 Modera: Juan Mut.

César Yamaguchi. Tres cuartos de una realidad

Algo en estas historias no está bien. Los personajes de Tres cuartos de una realidad han perdido algo irrecuperable: un hijo, un cuerpo, un recuerdo, un hogar, una versión de sí mismos. Avanzan hacia pueblos abandonados, aviones sin destino, estaciones que no conducen a ningún lugar. Buscan una señal. Una prueba. Una forma de regresar. Los personajes de Cesar Yamaguchi habitan el umbral entre la pérdida y el deseo, entre el cuerpo y su réplica, entre la memoria y su distorsión. Sus historias exploran la soledad, el duelo y la necesidad de creer que aún es posible regresar a aquello que nos definía. Sus mundos se parecen al nuestro, pero están atravesados por una lógica secreta, implacable, donde la pérdida altera la materia y la realidad se reorganiza alrededor del dolor. Con una imaginación oscura y una prosa hipnótica, perturbadora, Yamaguchi construye una colección de cuentos que combinan terror psicológico, ciencia ficción y una profunda exploración de la soledad contemporánea.

César Yamaguchi

César Yamaguchi nació en 1995 en Tokio. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Lima, y más tarde el Máster en Escritura Creativa en la Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona. Sus historias —un linaje oscuro que lo conecta a J. G. Ballard y a Mariana Enríquez— habitan un territorio incierto entre la carne y el código, entre la violencia y el deseo, explorando formas contemporáneas de intimidad, violencia y artificio. Su escritura, precisa y perturbadora, abre un espacio propio dentro de la literatura latinoamericana reciente. Actualmente vive en Berlín.


Sonia NoyaIntentaré no llegar muy borracha para hacerte el amor. 

Él lleva más de un año sin beber. Ella no tiene límites. Dicen que ya no están juntos. Lo repiten en mensajes enviados de madrugada y en las teorías filosóficas con las que intentan dar forma al caos.La sobriedad no aclara las cosas. Separarse tampoco basta para estar lejos. Desde un clash íntimo, lúcido y a veces incómodo, Sonia Noya escribe sobre qué queda del amor cuando ya nadie se atreve a llamarlo pareja, y qué pasa cuando nada sirve para dejar de desear a alguien.intentaré no llegar muy borracha para hacerte el amor es una obra para quienes alguna vez dijeron: «No quiero volver»… y volvieron una vez más.

«Con su voz de extranjera, sus diálogos filosos y sus modales de troublemaker chic, este libro de Sonia Noya llega en el mejor momento: cuando creíamos que estaba todo dicho sobre el amor. No sé si para darnos buenas o malas noticias.» Alan Pauls

De padres gallegos emigrados a Suiza, Sonia Noya (1978), huyó a la primera oportunidad de la bonita pero aburrida Confederación Helvética para iniciar un periplo de ocho años por el Sudeste Asiático, donde se ganó la vida como comerciante. En 2008 se arraigó en Berlín. Su lema «dispuesta a todo, experta en nada» la llevó a trabajar de performer para Angélica Liddell, de cantante-compositora en La Dernière Mode, y de actriz en varios cortometrajes. entre ellos la película posporno Gemini.


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Iñaki Tarrés

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