De los cuatro vientos, de Hellen Frenzel

Una reseña de poesía de Camilo Larrea Oña

En 2025 publicó Hellen Frenzel este poemario en torno a los vientos, que nos presenta ahora Camilo Larrea Oña. Hellen es de Ecuador y vive en Offenbach am Mein. Ha participado, además, en la antología Mariposas migratorias, que se presentó recientemente en diversas ciudades de Alemania. Este es su cuarto libro de poesía.

Tres poemas de De los cuatro vientos, de Hellen Frenzel

Hellen Frenzel tiene la habilidad de conjugar una voz a la vez tierna y potente, que transporta a sus lectores a los paisajes profundos y sentidos de su lírica. Este poemario muestra a una autora con una pluma cargada de emociones y experiencia, desde la generosidad y franqueza de los versos atravesados por la añoranza y una fuerza vital incontenible. Así, inicia el libro en cuestión, con una invitación clara al universo de la autora:

Quiero gritar tu nombre a los cuatro vientos
(…)
y decir que estoy aquí
que aquí vivo
aquí habito y amanezco
que aquí milito y
anochezco el sueño
bandera de otro
viajero sin pies.

El carácter de la poeta, en su faceta creadora, está marcado por la búsqueda de su lugar en el mundo. Juega con el vaivén del viento y las distintas direcciones a las que éste la va llevando y, con ella, a quien experimenta sus palabras sentidas y, en más de una ocasión, dolorosas, interpelantes.

La estructura del libro, su trayecto propuesto, nos dice todo: la soledad viene del Este, la nostalgia se halla al Norte, en el Oeste espera la muerte, pero en el Sur encontramos la pasión. Quien conoce la obra de Hellen Frenzel no podrá sorprenderse de estas direcciones, sus raíces crecen siempre desde el sur, de donde obtiene los nutrientes de su sensibilidad para alcanzar cada uno de los puntos cardinales que componen su creación.

Que mis gruesas ramas
arrullen el nido

(…)
Quiero ser un árbol
y crecer para mordisquear las nubes
tocar la luna
sostener los truenos
y mojarme de lluvia.

Estos textos tienen la esencia del ser migrante, de quien debe (y sabe) partir, dejar su zona de confort, su lugar conocido, para aventurarse y entenderse como parte de algo más, de otro entorno, por áspero que pueda resultar en un primer acercamiento. Resiliencia. Optimismo. Propósito. Y tristeza. Porque estar triste también es válido, la experiencia y la fortaleza solo se adquieren procesando todo lo demás, conscientemente y con enorme voluntad. Así, con una cadencia hipnótica, directa y decidida, estos versos nos atrapan y se cuelgan de nuestras propias contradicciones.

Dejar de ser bestia
me convierte en una de ellas
tal vez la peor”.

Es la historia de un encuentro, con lo desconocido y ajeno, consigo misma. Es un viaje cargado de decisiones, de descubrimientos, de aceptación, al mismo tiempo que de inconformidad y rebeldía, cuando corresponde.

Para una lectura más profunda, vale apuntar que los referentes de la autora, a lo largo de su producción literaria, también pueden leerse desde una genealogía femenina latinoamericana marcada por el desplazamiento, la intimidad y la resistencia emocional. Es así que sus versos provocan un diálogo con autoras para las que la fractura identitaria y el cuerpo han transmutado en territorio de exploración poética. La experiencia migratoria, con lo positivo y lo doloroso que contiene, lo difícil y también lo satisfactorio que puede llegar a ser, no es apenas una circunstancia biográfica, pues su presencia marca una transformación profunda de la percepción y del lenguaje. Podríamos pensar incluso en una muestra de sensibilidad cercana a lo confesional, desde el punto de vista complejo de un sentimiento de extranjería interior. Frenzel nos deja perfectamente claro que a las cosas hay que nombrarlas, es necesario identificar cada detalle, cada sentimiento, aunque contradictorio y en ocasiones áspero, para avanzar hacia ese objetivo estético que alcanza con su particular voz lírica. Se propone un camino que debe ser andado, desde el conocimiento de lo que significa transplantarse y echar raíces en un lugar distinto al conocido, en un entorno ajeno del que hay que apropiarse, y que logra hacerlo con un despliegue de sensibilidad incontenible. Puede ser tan sutil como

Quiero atrapar la buena suerte
con la simpleza de pescar un resfrío

tan sugerente como

Tocaré las melodías que invoquen tu nombre
para ser prisionera de tus labios

o tan definitivo como

Estoy lista
para sobrevivirte
para cubrirte
cubrirme
de alturas.

En definitiva, este tránsito poético nos eleva y transporta a un mundo perfectamente cartografiado por la autora, que sabe cuáles son los caminos por los que la lectura deberá recorrer para llegar a su destino.

Dentro de esta tradición poética es posible reconocer afinidades con voces fundamentales de la poética latinoamericana. Nos hace pensar en la exploración del vacío y del silencio como espacios de sentido, desde Alejandra Pizarnik o Ida Vitale; en Gioconda Belli o Idea Vilariño, al lanzarse a la búsqueda de la memoria, la distancia y el amor como dimensiones inseparables de su construcción personal. Lejos de ser meras influencias en el estilo de Frenzel, su cercanía con estas figuras plantea una conversación aún más amplia, enriquecida por sus experiencias singulares y su enfoque universal, que abarca territorios y sentimientos diversos con precisión y maestría.

Hellen Frenzel participa en esta antología.

Asimismo, y toda vez que la autora lleva un importante bagaje intelectual y artístico trazable a su lugar de origen, encontramos plumas ecuatorianas que sin duda se han convertido en ejemplo durante la configuración de su ser literario. Vemos destellos de poetas como Violeta Luna, Sonia Manzano o Ileana Espinel, cuya lectura permite dimensionar una escritura sin temor a exponerse desde la vulnerabilidad ni la tensión entre deseo y ausencia. Frenzel es fiel heredera de esa tradición, a la que se enfoca desde su vivencia personal, donde marcan el paso la migración y el bilingüismo, un diálogo cultural que amplía el horizonte de lectura y alcance de su obra.

Esta biblioteca afectiva y personal de Frenzel está compuesta por voces que la han acompañado en su trayecto y que sostienen su prolífico proceso creativo. Es la poesía el refugio adecuado para enfrentar el desconsuelo del desplazamiento. Pero se constituye también en el medio más idóneo para la continuidad simbólica con otras artistas que enfrentaron ruptura, exilio o búsqueda de identidad. Visto de este modo, la intertextualidad presente en De los cuatro vientos y, en general, en la obra de Hellen Frenzel es infinitamente más que un testimonio, toda vez que se eleva e integra a una tradición literaria en la cual el lenguaje amalgama la herida y la posibilidad de reconstrucción y permanencia poética. Así nos lo expresa sin ambages la poeta:

Cerraré mi puño
apretaré los dientes
mientras guardo con ira la llave del destino
siempre saboreando
como cada noche
el crepúsculo de ti.
Después haré café.

Fiel a las letras de su autora, De los cuatro vientos plantea un estilo existencial, personalísimo y, no obstante, universal. Con una potente carga simbólica nos acerca, precisamente, a la literatura de los cuatro puntos cardinales, sintetizada en una voz límpida y honesta que no teme exponerse y se atreve a resistir frente a cualquier dolor, ante cualquier adversidad. Y lo hace con una sonrisa que se intuye entre líneas, mientras juega con el lenguaje para guiarnos por el camino.


Tres poemas de De los cuatro vientos, de Hellen Frenzel

Aquí y ahora

Aquí y ahora
Quiero gritar tu nombre a los cuatro vientos
quiero conjurar tu nombre
barril sin fondo
hueco del mundo
y amarrarte a la pata de la cama
cosa mía
y decir que estoy aquí
que aquí vivo
aquí habito y amanezco
que aquí milito y
anochezco el sueño
bandera de otro
viajero sin pies
hueso y pellejo
lobo y oveja
realidad sonámbula

Cuatro veces te nombro
cuatro veces me abandonas
dos y dos se hacen cuatro vientos
dos y dos se hacen boca
nada

Aquí me pertenezco
al lugar
de los cuatro vientos
que los cuatro vientos
te traigan hasta mi ventana
de tijeras y sueños
de espantapájaros y hadas

Despuesito

Despuesito
Contaré las hojas que caigan de tu otoño
recogeré el sensible llanto de un amanecer
enjaulado

Cerraré mi puño
apretaré los dientes
mientras guardo con ira la llave del destino
siempre saboreando
como cada noche
el crepúsculo de ti

Después haré café

Sobre los arrayanes

Sobre los arrayanes
Cierra los ojos
seré la manta
que protege
tus colores
voy a dibujarte con mi lápiz
socorrerte con mi lluvia

Vas a conquistar una estrella
esta noche
pide un deseo

Agita mi silencio
despierta al duende
que extraña su lecho

Mírame
soy yo
aún no me voy
te voy a esperar en los andamios
aquellos que descansan junto a la mora

Te voy a regalar arrayanes

Hellen Frenzel

Ecuador-Offenbach am Main. Comunicadora social con un máster en Comunicación y Educación en la Red. Ha publicado cuatro libros de poesía con Ediciones Carena, de la ciudad de Barcelona: De los cuatro vientos (2015), Palabras sueltas (2017), Retazos (2022) y Diosas, amores y adioses (2024). Fue facilitadora, compiladora y editora del libro en línea Historias de mujeres migrantes: mi experiencia, mi testimonio, mi voz (2020), un proyecto impulsado por Organisierte Latinoamerican@s (OLAS) en 2018. Promueve la escritura como una acción con poder sanador. Sus talleres son una experiencia para descubrir lo que ella califica como «la magia liberadora de la palabra». Su lema «contigo, conmigo, con palabras» plasma el proceso creativo que ella anima.

Fuente


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Colaboradores de DESBANDADA

Un comentario sobre “De los cuatro vientos, de Hellen Frenzel

  1. Maravillosa Hellen, gracias por tanta sensibilidad, gracias por todo el amor que le pones a cada palabra que habita tu poesía, gracias por ser tan única. Gracias

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