Adolf Eichmann – El asesino de masas que dijo ser kantiano

¿Por qué Adolf Eichmann se declaró kantiano durante el juicio al que fue sometido en Jerusalén en 1961? ¿Respondía a un verdadero interés en la filosofía de Kant o era una mera estrategia para su defensa? ¿Es correcta la lectura que hizo de su ética? ¿Hay en esta elementos que justifiquen las acciones de un criminal como Eichmann?

En el pasado taller Graefi leímos, en este orden: la biografía Adolf Eichmann de Bettina Stangneth, El sueño de Eichmann de Michel Onfray y una selección de capítulos de Eichmann en Jerusalén de Hannah Arendt. Estas lecturas nos sirvieron para confrontar los diferentes puntos de vista de los autores respecto a tales preguntas.

Onfray piensa que Eichmann leyó correctamente a Kant y acusa a la filosofía de este de contener elementos que pueden justificar acciones criminales en un sistema totalitario.

Durante el juicio, Eichmann dijo que siempre siguió como guía de sus acciones el imperativo categórico kantiano. Ante la petición del juez Raveh fue capaz de hacer una formulación aproximada del mismo: «Yo quería decir, con respecto a Kant, que el principio de mi voluntad siempre debe ser tal que pueda llegar a ser el principio de leyes generales».

Kant formula el imperativo categórico (en su primera formulación) del siguiente modo: «Obra solo según la máxima a través de la cual puedas querer al mismo tiempo que se convierta en una ley universal». El imperativo categórico cumple en la ética de Kant la función de un filtro por medio del cual se puede poner a prueba la moralidad de la máxima de una acción. Por ejemplo, el ladrón que roba (o el asesino que mata) no quiere que su máxima: «robar cuanto pueda, siempre que pueda y a quien pueda» se convierta en ley universal porque de ese modo, en un mundo donde todos roban (o asesinan) a todos, también él sería víctima de robo (o de asesinato).

Onfray critica la ética kantiana (y el imperativo categórico) por ser excesivamente abstracta y formalista. Según piensa, esta puede dar cabida, sin entrar en contradicción aparente consigo misma, a justificaciones de acciones criminales como las de Eichmann –lo demostraría la definición tan aproximada que este pudo dar del imperativo categórico–.

Otro aspecto que critica de la filosofía moral y política de Kant es la oposición de este al derecho a la desobediencia civil. Para Kant un funcionario del Estado estaba obligado por juramento a cumplir la ley y no podía rebelarse, incluso cuando la ley era injusta y estaba dictada por un gobierno tiránico. Según Onfray, Eichmann encontró aquí en Kant un argumento para justificar sus acciones por deber. Él, como funcionario del Tercer Reich, estaba «obligado» a cumplir con la ley vigente. Este mismo argumento fue usado por otros nazis en los Juicios de Núremberg. Sin embargo, Kant también dice que ante una ley o un mandato injusto el individuo tiene la libertad para elegir; «hay que obedecer en todo lo que no se oponga a la ley moral interna». De este modo abre una puerta a la desobediencia civil por motivos de conciencia.

Arendt se hace eco en su libro de la interpretación que hace Eichmann de Kant y considera que es errónea. Para ella resulta evidente que desvirtuó el sentido del imperativo categórico; en realidad, dice, hacía un empleo «casero» del mismo cuya formulación fue acuñada por Hans Franck, militante y abogado nazi apodado el «carnicero de Polonia» en su libro La técnica del Estado: «Compórtate de tal manera que si el Führer te viera aprobara tus actos». Además, Arendt destaca el hecho de que en ningún caso la ética del deber kantiana conlleva una obediencia ciega. Antes bien, su ética está estrechamente ligada a la facultad de juzgar (por uno mismo).

Para escribir su biografía Stangneth tuvo acceso a los documentos de Argentina, que reúnen los escritos de Eichmann en el exilio argentino y las entrevistas que le hizo Willen Sassen, un periodista filonazi holandés, en Buenos Aires. Gracias a estos documentos sabemos que Eichmann hizo dos interpretaciones diferentes de Kant en dos periodos distintos de su vida: una en el exilio argentino y otra en Jerusalén. En Argentina rechazaba la filosofía kantiana para su proyecto nacionalsocialista por considerarla «internacionalista». Pero curiosamente en Jerusalén sí le sirvió para justificar sus acciones criminales.

Stangneth traza el perfil de un personaje que se valió de la mentira sistemáticamente a lo largo de toda su vida. Lo hizo para escalar en el partido nazi, para fraguar una imagen de ser implacable ante los interlocutores judíos, para manipular a sus oyentes en las reuniones que mantenía en el exilio, para tratar de justificar sus acciones en el juicio en Jerusalén…

Sin restarle vigencia a la tesis arendtiana de la «banalidad del mal» considera Stangneth que esta no es apropiada para aplicarla a Eichmann porque este no era un ser banal, sino, como demuestran los documentos argentinos, alguien profundamente antisemita y un ferviente nacionalsocialista que ofreció en Jerusalén la que quizás fue su mejor actuación.

En el taller discutimos la pertinencia de la tesis de Stangneth. También leímos un artículo de Ana Carrasco-Conde titulado “El sentido de la banalidad del mal en Gaza” (El País, 11.08.2025) donde hace una relectura del concepto de Arendt a la luz de los dolorosos acontecimientos en Gaza y de los crímenes del gobierno israelí.

Por último, mencionar la imagen de cabecera que acompaña a esta reseña. En ella se pueden ver las chimeneas volcánicas del Paisaje Lunar en el municipio de Vilaflor en Tenerife que la erosión ha dejado al descubierto. La foto es de Andreas Arnold.


El taller Graefi

El taller Graefi surgió con la idea de compartir la lectura de textos preferentemente literarios, filosóficos, históricos y políticos. En los talleres pasados abordamos temas como la hipocresía de la caridad; las secuelas del glifosato en la población; la migración y los derechos humanos; la memoria histórica y el juicio; los libros, la lectura y las bibliotecas; el dolor como emoción política; la mentira en política; el mal. Entre las autoras y los autores que hemos leídos se encuentran Valeria Luiselli, Samanta Schwebling, Géraldine Schwarz, Irene Vallejo, Marta Sanz, Hannah Arendt, Sara Ahmed, Gloria Anzaldúa, Naomi Klein, Benito Pérez Galdós, Emilio Lledó, Franz Kafka, Arthur Schopenhauer, Constantino Bértolo, Albert Camus, Ana Carrasco-Conde…

Se trata de un taller gratuito y abierto a la participación de las personas interesadas. Somos ocho personas habituales con perfiles distintos, lo cual resulta muy interesante. Leer juntos es un enriquecimiento mutuo que nos permite ampliar y afilar, en sentido crítico, nuestro juicio.

Los encuentros son en un estudio en la Graefe Straße en el barrio de Kreuzberg en Berlín. Hay posibilidad de conectarse online. Email para consultas e inscripciones: tallerdelectura.graefi@gmail.com

Luis Aarón González Hernández

Vivo desde hace quince años en Alemania. Desde hace seis años soy profesor de filosofía y español en el Albert-Einstein-Gymnasium en Nuevo Brandeburgo y vivo a caballo entre Nuevo Brandeburgo y Berlín. Ayudo a organizar y moderar el taller Graefi. La foto me la hizo Ina Soetebeer en Tempelhofer Feld una bonita tarde de junio.

Luis Aaron Gonzalez Hernandez

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