Reflejos de un mundo en crisis -Doppelganger de Naomi Klein

En los pasados meses de junio y julio leímos el libro Doppelganger, de Naomi Klein, en el taller de lectura Graefi-Berlin. Los temas que trata este libro: las teorías de la conspiración, el auge de la ultraderecha, la crisis de la izquierda, entre otros, y las tesis y los planteamientos que defiende su autora dieron pie a una interesante discusión y a productivos intercambios de opinión. De la mano de Klein seguimos la pista de Naomi Wolf, a través de un recorrido por el significado del doble en la literatura, la filosofía, el cine… Analizamos los peligros y las amenazas que representan las teorías conspiratorias y las ideologías que hay tras ellas, y discutimos sus propuestas para una alternativa política. La siguiente reseña está escrita a partir de las notas de mi lectura y de las sesiones del taller.

Con la llegada del covid se volvió imposible para Naomi Klein seguir manteniendo la distancia crítica. La razón dejó de ser inmune y empezó a sentirse afectada por la vulnerabilidad, el suelo inestable bajos sus pies…

Al principio no le dio importancia al hecho de que la confundieran con Naomi Wolf, colaboradora habitual del programa radiofónico de Steve Bannon, el brazo mediático de Donald Trump, y autora del libro El mito de la belleza. Pero después de oír casualmente una conversación entre unas manifestantes donde le asignaban unos posicionamientos e ideas que no eran suyos, sino de la otra Naomi, decidió reaccionar.

La popularidad de Wolf iba entonces in crescendo. Desde su tribuna proclamaba su derecho a la libertad, a saltarse el confinamiento y a no respetar las medidas de prevención. Más allá de las críticas que puedan hacerse a muchos factores (sociales, económicos, familiares) que no tuvieron en cuenta estas políticas, la motivación de sus reivindicaciones era claramente clasista y fascistoide. Al no permitírsele sentarse a la mesa en un restaurante por no tener el pasaporte de vacunación comparaba su situación con la de la población negra en la época de las leyes segregadoras de Jim Crow. Buscando intencionadamente la provocación ya tenía un tema del que quejarse en público, haciéndose pasar por una mártir y creyéndose Rosa Parks, la activista afroamericana que un día, cansada de la humillación cotidiana que sufrían ella y las personas negras, se negó a ceder su asiento en el autobús a un blanco.

Doppelgänger, la palabra que da título al libro de Klein, es de origen alemán. De acuerdo con Juan Antonio Molina Foix, quiere decir «el que camina al lado» o «el compañero de ruta». Una traducción más literal sería «el caminante doble», ya que Doppel significa «doble» y Gänger «caminante». Tradicionalmente se ha considerado la aparición del doble como algo que hay que atender, una señal de peligro, algo que no va bien.

El tema del doble en la literatura es muy recurrente y antiguo. Se ha dicho que Gilgamesh, acaso el primer poema escrito de la historia, es sobre un doble: Enkidu, el hermano gemelo del narrador. El propio acto de narrar exige el desdoblamiento del narrador que tiene que ponerse en la piel de los diferentes personajes y sus circunstancias.

En Doppelganger se hacen muchas referencias a obras literarias, filosóficas y cinematográficas que abordan el tema del doble. Sigmund Freud, Hannah Arendt o Philip Roth, por citar solo a algunos, son autores con los que Klein constantemente dialoga en su libro.

En 1919 dedicó Freud un estudio al sentimiento de lo siniestro o inhóspito: das Unheimliche. En una de las partes del libro aborda el tema del doble en la ficción literaria en relación con este sentimiento. Inspirado por el trabajo de Otto Rank: El doble, y la concepción de lo siniestro en F. W. J. Schelling, «lo que debía haber quedado oculto, secreto, pero se ha manifestado», elabora Freud su propia concepción del doble que «brota» de nosotros mismos, causando extrañeza, angustia y perplejidad al yo, a pesar de ser algo familiar.

Klein ve algo en Wolf que la aturde. Siente que despierta algo que hay dentro de sí misma y que rechaza. Se pregunta qué le está revelando de sí misma su doble real y se propone explorarlo. Del mismo modo, puesto frente a su espejo (the mirror world), va a proceder a analizar el sistema capitalista y sus «zonas de sombra».

Siguiendo la tradición clásica de pensamiento iniciada por Sócrates y Platón, que concebía el diálogo como la forma más apropiada del pensamiento, concedía Arendt mucha importancia al diálogo que uno mantenía consigo mismo por medio de una especie de desdoblamiento interno. Para la filósofa, al igual que para Catón el joven: «Nunca se está menos solo que cuando se está con uno mismo». Es este un caso de valoración positiva del desdoblamiento por cuanto supone de enriquecimiento personal y desarrollo de nuestras facultades espirituales.

En Operación Shylock, de Roth, la obra literaria que quizás más ha influido en Klein a la hora de elaborar su propio concepto de doppelganger, como ella misma reconoce, hay un tratamiento de la figura del doble a varios niveles. El protagonista de la novela es un personaje homónimo del autor que descubre un doble que se llama como él y lo persigue. A la identidad de ambos personajes hay que superponerle otra como judíos. Ambos Roth son Shylock, el eterno doppelganger de los judíos, en referencia al personaje de El mercader de Venecia, de William Shakespeare, porque como judíos no pueden ser ellos mismos, sino su doble étnico, racial o religioso. Como afirmó Jean-Paul Sartre en Reflexiones sobre la cuestión judía: «Un judío es aquel a quien los demás consideran judío […] porque es el antisemita el que hace al judío».

Cubierta de Doppelganger de Naomi Klein, ediciones Paidós

Sobre ser negro en EE.UU escribió W. E. B. Du Bois en Strivings of the Negro People, en 1897, que exigía una doble conciencia, una sensación permanente de ser dos, que le provocaba un anhelo de fundir su doble yo en otro mejor y más auténtico, uno que no exigiera ese desdoblamiento.

La narradora de Huaco retrato, la magnífica novela de Gabriela Wiener, expresa este sentimiento de tener dos identidades al mismo tiempo con estas palabras, después de recordar que los europeos le dicen que tiene «cara de peruana»: «Hay algo en esta mezcla perversa de huaquero y huaco que corre por mis venas, algo que me desdobla».

En el caso de Israel y Palestina se puede hablar de una sociedad doppelganger, dos sociedades segregadas y solapadas en un mismo espacio. Las consecuencias para la conciencia de israelíes y palestinos son diferentes. Los primeros viven en una especie de prisión psicológica o fortaleza del miedo y la negación; los palestinos de Cisjordania en un laberinto de muros y puestos de control, y los de Gaza en la mayor cárcel al aire libre del mundo. El proyecto sionista se construye desde un esfuerzo por perseverar en el trauma y la condición de víctimas. Es lo que justifica a sus ojos la «guerra» («masacre» habría que decir para ser exactos) que están llevando a cabo y los asentamientos en suelo palestino.

Wolf es un doppelganger del periodismo de investigación. Sus teorías no tienen base empírica ni científica que las sustente, están construidas en el aire. Pero no son ensoñaciones inofensivas sino que apuntan directamente a su objetivo: sembrar el pánico y un estado de permanente sospecha para que una versión alternativa de los hechos encuentre arraigo más fácilmente. Esta es la finalidad última de la mentira organizada y los negacionistas, es decir, no tanto que se crean sus mentiras como desviar la atención de los problemas que realmente importan, sustituirlos por noticias más sensacionalistas y evitar el examen de conciencia.

Una de las grandes virtudes de Klein, destaca John Berger en referencia a su libro La doctrina del shock, es la calma que transmiten su análisis y exposición, en contraste con el tema que está tratando. Esta calma, señala, constituye en sí misma una forma de resistencia frente a una política que se aprovecha de situaciones de confusión y vulnerabilidad para adoptar terapias de shock, que atentan contra los derechos civiles y humanos.

La ideología que subyace al pensamiento diagonal es neoliberal porque promueve una concepción individualista de la libertad que le hace el juego al sistema. No se critica la infraestructura económico-social sino que se señala a individuos concretos como los causantes del mal de la sociedad. La crítica de Giorgia Meloni a los especuladores financieros no tiene detrás una alternativa política al capitalismo. Para ella la culpa la tienen los trans, los inmigrantes, los laicos, los comunistas…

Los doppelgangers se han apropiado de un lenguaje y un discurso que tradicionalmente era el de la izquierda, pero tergiversándolo. Ahora se evita usar ese lenguaje para no ser identificado con la ultraderecha. Los negacionistas hablan de «apartheid médico». La expresión apartheid se asocia inmediatamente en el imaginario colectivo con la lucha por los derechos civiles de la población negra y contra el apartheid en Sudáfrica. La frase «I can´t breathe», que pronunció George Floyd repetidas veces mientras estaba siendo asfixiado por los policías que acabaron con su vida, se popularizó en las protestas del movimiento Black Lives Matter. Poco después, en la pandemia, la desposeyeron de su sentido original para protestar porque las mascarillas impedían respirar con normalidad. Trump, que es un maestro en el arte de darle la vuelta a los hechos en función de sus intereses y necesidades, se hace pasar por víctima diciendo que hay una confabulación en su contra desde las altas esferas que tiene por único objetivo difamarlo y acabar con su carrera política.

Detrás de las teorías de la conspiración hay un puñado de verdades. Las buenas mentiras se construyen con elementos de verdad. Sin embargo, el diagnóstico final de estas teorías no es correcto. Su crítica es errada porque no ataca la raíz de los problemas. En el fondo es un relato alternativo que no cambia nada, solo beneficia a las élites. La izquierda tiene parte de culpa en haber alentado teorías conspirativas y en haber mirado para otro lado en lugar de denunciar y posicionarse claramente. Hay muchas causas para el descontento: la pobreza, la desigualdad, la injusticia, el racismo, el machismo… que no se deben perder de vista. Recuperar el significado de las palabras y reconectarlas con hechos y acciones es una tarea urgente y necesaria. A los hechos que son zonas de sombra del sistema: el capitalismo, el imperialismo, el supremacismo blanco, el patriarcado… dieron nombre y enseñaron su verdadero significado pensadoras como bell hooks o Audre Lorde.

Sobre la dualidad esencial de nuestras sociedades del mundo rico dijo Walter Benjamin en Sobre el concepto de historia: «No hay un solo documento de la civilización que no sea a la vez un documento de la barbarie». Dos décadas después escribiría el brillante ensayista, novelista y dramaturgo James Baldwin en The Creative Process: «Huelga decir, creo, que si nos entendiéramos mejor a nosotros mismos, nos perjudicaríamos menos. Pero la barrera entre nosotros y lo que sabemos es altísima. ¡Son tantas las cosas que preferiríamos no saber!». Klein distingue entre un «negacionismo duro» y un «negacionismo blando». El primero ataca frontalmente a la verdad de los hechos, el segundo los ignora.

Quizá el «gran robo», que denuncian Bannon, Trump y compañía, al considerar fraudulentas las elecciones presidenciales de 2020, no sea la gran mentira, se aventura a afirmar Klein. Quizá esta se halle inserta en nuestras sociedades, en el capitalismo y sus zonas de sombra. Estamos atrapados en una red de mentiras que constituyen nuestra «normalidad» y de la que es difícil salir. Refugiarnos en nuestra cápsula o avatar, cultivar una identidad centrada en el yo y olvidada de los problemas del mundo no es la solución porque estos permanecen ahí, nos persiguen y resurgen en el mundo del espejo de forma distorsionada. 

La propuesta política de Klein pasa por un reforzamiento de la acción y la conciencia colectivas, porque piensa, con la artista y activista Mariame Kaba, que aboga por la supresión de las cárceles y se imagina un mundo sin ellas, que «todo lo que vale la pena se hace con más gente». Es necesario superar nuestras diferencias individuales e identitarias, llegar a acuerdos y coaliciones, aunque sean coaliciones incómodas, sobre la base del respeto mutuo, el respeto por la verdad y la búsqueda del bien común.

El reforzamiento del sentimiento y la acción colectiva ayuda a superar los dolores individuales, exacerbados por el aislamiento social. Cuanto menos dolor y disonancia interior suframos menos necesidad tendremos de un doble de nosotros mismos.

En el año 1964 escribió Arendt su ensayo Verdad y política. A este seguiría otro en 1971, titulado La mentira en política, donde aplica las tesis del primero tras la publicación de los Papeles del Pentágono. Por un lado, insiste Arendt en que las opiniones políticas tienen que tener como referencia los hechos y que hay que poner límites a la libertad de imaginación (las mentiras) en política, porque de lo contrario «la libertad de expresión es una farsa». Por otro, dice que la mentira y la negación de los hechos más evidentes ponen en riesgo no solo nuestro mundo político sino también la existencia humana y la vida en el planeta. En Doppelganger, libro que reactualiza y recontextualiza tesis de Arendt en la era de la cibernética y la posverdad, pone Klein en relación un individualismo o yoísmo exacerbado como el que fomentan el capitalismo y la ideología neoliberal con la destrucción del planeta y la desaparición de la especie humana.


Luis Aaron Gonzalez Hernandez

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