SANTOS DE LA MOLLY, de Jacobo Rey

No es solo una novela sobre Berlín en el siglo XXI, ni sobre un guía turístico buscando un amor perdido. Es sobre todo una crítica al turismo de masas que todo lo pisotea y una mirada al neonazismo desde la mirada de Pedro Martín, superviviente del campo de Sachsenhausen, uno de tantos personajes reales que pueblan el texto. Se presenta en la Librería y Espacio Cultural Andenbuch de Berlin-Kreuzberg el próximo 5 de diciembre de 2025 a las 19:00.
Una reseña literaria de Alberto Palma-Santana

Berlín, un escenario sobre ruinas que hoy arde como el principio de un mundo posible. Jacobo Rey, un hombre con el corazón en una mano y en la otra una copa de vino fino, es guía de turistas en Sachsenhausen, un campo no precisamente de girasoles, ni de sus sombras.

Jacobo busca ojos de fantasmas, gritos ahogados. Quiere comprender la maldad, la locura. En fin, la condición humana. Y es por eso que escribe como si la vida le fuera en ello, apretando el corazón en la diestra y, al compás de una bulería del Torta, sorber su vino fino.

©Mar Martín


Santos de la Molly es su plegaria desde el humor más descarado y que humillará a los débiles, además de ser un baile con los lamentos del pasado más quejoso de nuestra historia. Esta es una novela que se lee como los Evangelios Apócrifos, con el peso en tus ojos y la sonrisa que no encontrabas hace tantos años que ya ni te la reconoces en el espejo de tu baño.

©Mar Martín

La niebla cubre la ciudad, Isidoro Gallardo, su alter ego, un personaje mitológico de la cotidianidad, que se nos presenta toreando a un can rabioso, busca a Nelly, la noche misma, en un viaje al mismo fin del amor.

Nelly no ama a nadie, solo a su propia huida. Eso es, la noche. La oscuridad nace cada amanecer entre sus piernas. Ahí es donde está la vida, e Isidoro es el único hombre que sabe que llegar a tocarla puede curarle todos sus dolores.

Ya he dicho que Berlín hoy es el espejo cóncavo de Sachsenhausen. Los neonazis buscan a los Santos de la Molly, ese antro en el corazón del vacío donde las almas que lo habitan están condenadas a llorar en sus vasos mientras cuentan historias de galeones hundidos mientras ellos se abrazaban a las ratas. Allí, en ese lugar de perdición y redención, humo y velas apagadas, todos lloran, que no lo he contado antes, por los pechos de la Molly. Mirarlos y que ella dé su consentimiento, es lo único que tiene más valor que ver las estrellas una mañana de febrero en la ciudad que ardió con toda la vergüenza y hermosura que se le puede pedir al final del mal y el principio de lo que sea.

El Feo, el señor Monje, Klaus, todos buscan lo que han perdido en el naufragio de ellos mismos. Y Molly, la camarera, es la única que puede darles un respiro, olvidar.

La ciudad de Berlín y la mujer mítica, Nelly, son un laberinto que Isidoro juega a deshojar, como un niño con una margarita. Pero acaba pisoteándolas cuando no le da el sí que va buscando. 

Santos de la Molly es más que una novela, no por sus méritos propios, sino por el hecho de que tú, lector, como yo, saldrás de ella como un cerdo que acaba de descubrir que el mundo, si duele, no pasa nada, yo puedo comer lo que me echen y, de mí, paradójicamente, se va a aprovechar todo. Eso se llama buena literatura.

©Mar Martín

Y puedo preguntarme ¿Necesita ser Santos de la Molly una obra maestra? No, no lo necesita. Porque es más que eso. Para alguien como yo y como tú, que ya no leemos y que hemos dejado de escribir, esta novelita puede hacer que nos regresen las musas a destrozarnos la vida otra vez.


Jacobo Rey nació en Sevilla y es licenciado en Filología Hispánica. Ha sido profesor de español en Francia, Ucrania y Alemania, y desde hace quince años vive en Berlín. Tiene dos publicaciones como traductor del francés: Contar una historia (Jean-Claude Carrière) y Era la noche, testimonio de Pedro Martín, superviviente de Sachsenhausen. Santos de la Molly es su primera incursión en la ficción.

Alberto Palma-Santana es un director, guionista y escritor español. Su novela Crónicas Mercuriales, editada en 2024, lo confirma como escritor de narrativa.

Fotos de Mar Martín ©



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