Un año en trece lunas, de Felipe Sáez Riquelme

Habitando una subjetividad que se rompe cada vez en fragmentos más pequeños, en este libro se escucha la música de un corazón atrapado en el engranaje de una máquina. Lo que queda: partículas de sonido, el ritmo desarmado del silencio, la pesada escenografía de un sueño. En este, su primer libro con ISBN, Felipe Sáez Riquelme reúne, a la manera de una antología personal, sus piezas poéticas producidas entre 2007 y 2020. Se trata de una reunión de poemas, muchos de ellos, primero presentados como piezas de literatura oral, para luego tomar forma como poemas escritos sobre la página. La reseña incluye al final el video de su presentación en la librería y espacio cultural Andenbuch, el 30 de mayo de 2025.

Una reseña de Carlos Soto Román

La noche del 6 de octubre de 1955, en una especie de garaje llamado Six Gallery, ubicado en el barrio de la Misión, en San Francisco, un joven Allen Ginsberg recitaba por primera vez, frente a una audiencia compuesta por artistas, poetas y amigos, el texto de su icónica obra “Aullido”.

Un nervioso y dubitativo Ginsberg, relativamente desconocido en ese momento, comenzó la lectura con cierta vacilación, pero a medida que recitaba los primeros versos, su voz fue cobrando fuerza e intensidad, capturando al público de inmediato. Algunos asistentes entusiasmados empezaron a gritar ¡Go!, ¡Go!, ¡Go!, como si estuvieran en un concierto de jazz. Otros respondían con vítores y aplausos espontáneos, cargando la atmósfera de una extraña electricidad, convirtiendo la lectura en una experiencia colectiva casi ritual.

Esta performance no solo marcó el nacimiento del movimiento beat, sino que también mostró cómo la poesía, cuando se entrega en vivo, puede trascender la página, convirtiéndose en una experiencia visceral y compartida. Fue un momento que demostró el poder de la poesía como arte performativo, donde la emoción y la presencia del poeta amplifican el impacto de las palabras.

Sin embargo, años más tarde, el poeta Lawrence Ferlinghetti, quien había sido el artífice de esa noche mágica de 1955 en el distrito de la Misión, señalaba en su Manifiesto Populista no.1:

Hemos visto a las mejores mentes de nuestra generación
destruidas por el aburrimiento en los recitales de poesía.

¿Qué habrá pasado entonces entre la poderosa y apasionada entrega de Ginsberg y las descoloradas e insulsas declamaciones que refiere Ferlinghetti? Dejo pendiente, por un momento, una reflexión al respecto.

Felipe Sáez Riquelme, oriundo de Santiago, poeta, artista sonoro, performer, escritor. Nómade, migrante. Nos presenta hoy su colección de poemas “Un año en trece lunas”, volumen que reúne textos escritos desde el 2007 hasta el 2019. Felipe ha participado en diversos festivales de literatura y performance tanto en Argentina como en Alemania y otros países de Europa. Publicó, en 2021, la obra «Una vez», que se describe como un libro escrito con la boca para ser leído con los oídos. Ese mismo año presentó la instalación sonora «Destrucción de la Constitución de la República de Chile». En el 2023, junto a Víctor Gutiérrez, conocido como VictorPiano, compuso una serie de poemas titulados «ANIMITA», en el marco del proyecto “Vocations” curado por Haus für Poesie, (la Casa de la Poesía de Berlín). «Un año en trece lunas» publicado en Buenos Aires por Pan Casa Editorial, es la primera antología de su obra y es también la primera vez que se presenta en Chile.

El camino de Felipe Sáez hasta esta publicación ha sido una ruta larga, sinuosa y peculiar. Formado como Antropólogo en Buenos Aires, fue en esa ciudad donde su identidad poética se fue forjando, participando en ciclos de lecturas ligados a editoriales independientes y al slam poetry, como el Slam Argentino de Poesía Oral, el que ganó dos veces, iniciándose en el arte de la enunciación poética en vivo. Después de Buenos Aires, ha residido en Suiza y Alemania, experiencias migratorias que han influido profundamente su práctica, la que aborda temas como la identidad, la diáspora y la fragilidad del lenguaje como herramienta para articular pertenencias. Enfoque que lo vincula con una generación de poetas latinoamericanos que reflexionan sobre el desarraigo y las tensiones culturales en contextos globales.

Pero la obra de Felipe se caracteriza fundamentalmente por la integración de elementos sonoros y performáticos, desafiando las fronteras tradicionales entre la poesía escrita y la oralidad. Su trabajo destaca por la exploración del lenguaje no solo como un medio de comunicación, sino como un espacio sonoro y performativo en constante transformación. Al situarse en un cruce interdisciplinario donde confluyen la palabra escrita, la oralidad y la performance, va desdibujando las fronteras entre la poesía, la narrativa y el arte conceptual, explorando la voz y la escucha como una nueva forma de escritura, descubriendo un vehículo poético que convierte el texto en una experiencia física y auditiva.

Sus presentaciones integran elementos del ensayo, la narración breve y el manifiesto, creando una poética híbrida y desafiante. En Un año en trece lunas, por ejemplo, el tiempo se convierte en un eje reflexivo que va combinando lo lírico con lo testimonial.

En su ejercicio escritural, el lenguaje es tratado como materia: su textura, ritmo y resonancia son tan importantes como su significado, acercándolo a la poesía concreta y visual, pero desde una sensibilidad contemporánea que incorpora la puesta en escena y las tecnologías digitales. En esta poesía, las palabras no solo comunican; sino que también se despliegan como cuerpos sonoros y visuales que exigen ser experimentados.

En ese sentido, en el mundo poético de Felipe Sáez, la entrega, la interpretación es central en su práctica. En sus presentaciones, Felipe crea atmósferas que invitan a la participación activa del público. Su poesía no solo se lee, sino que se vive, utilizando el espacio escénico para desarticular la pasividad de las lecturas tradicionales. 

No es de extrañar, entonces que me haya resultado un poco raro leer la poesía de Felipe, debo confesar. Y digo esto porque estoy más acostumbrado a verla y escucharla, lo que me parece es la mejor forma de apreciar su trabajo, ya que la oralidad, la experimentación con la voz, la sonoridad y lo performático son sellos inconfundibles de su quehacer. Los recursos de los cuales nutre su poesía en el momento de la enunciación: la dicción, el uso de repeticiones y ciertas modulaciones particulares, van transformando el poema en un suceso sonoro especial.

Pero también incorpora altas dosis de humor, aspecto que siempre ha merodeado el trabajo de Sáez. El humor como actividad esencial y exclusiva del ser humano, como el pensamiento. Porque no hay humor si no hay pensamiento. En esto, Felipe reconoce como influencia a Raúl Ruiz, tanto en sus formas, como en sus maneras de operar, mezclando géneros, saltándoselos, usando y abusando de un humor raro, absurdo, pero alusivo, que nunca dejó de lado la crítica. No hay que olvidar que Ruiz también fue un migrante, uno a la fuerza, lo que de cierto modo intensifica la nostalgia, pero también el escrutinio y el análisis. Al igual que ese estado permanente de no pertenencia, de no estar en ningún lugar o estar entremedio de ellos. Al habitar los intersticios, la fisura, se termina quizás habitando más en la lengua, en el lenguaje, el cual nos acompaña a todas partes.

«La poesía, en su esencia, siempre ha sido un arte performativo. Desde los cantos rituales de las primeras comunidades humanas hasta los recitales contemporáneos, el poema se convierte en una acción, un evento sonoro y físico que trasciende la página escrita.» Decía el poeta, traductor y antologador, Jerome Rothemberg, destacado por su labor en el campo de la etnopoética y de la poesía performática.

El poema como acción. Me parece que esto grafica elocuentemente lo que está en juego en el trabajo de Felipe Sáez. Una poesía que no solo vive en el texto sino que en el arte de recitarla, de investirla con voz y presencia, para así establecer un vínculo único entre poeta, audiencia y el espacio que los rodea. 

Quizá la poesía de Felipe no tenga mucho que ver con la de los beatniks, pero, sin embargo, esa pulsión por encontrar los rincones más vertiginosos del lenguaje y no solo plasmarlos en la página en blanco, sino también en los sonidos y la gestualidad, que emanan de un cuerpo inquieto que está parado frente al público,  jugándose la vida, la honestidad y el poema, sin duda se relacionan y se encuentran en la noción de juego, de aventura y de riesgo, las que también unen íntimamente a la poesía con la cotidianeidad, con la existencia.

Alguna vez le escuché decir a Charles Bernstein que los poetas que más le interesaban eran los que no sabían bien lo que estaban haciendo, los que, por decirlo de algún modo, no tienen un plan de vuelo trazado de antemano y se van guiando por la intuición y por lo que los materiales que trabajan les van indicando.

Carlos Soto, ©Francisca Saenz, 2020

Felipe Sáez, pertenece a este tipo de poetas. Inquieto, inquisitivo, insistente. Implacable en su búsqueda, en su afán lúdico y experimental, por cuanto no cesa de explorar distintos materiales y ponerlos a prueba en las distintas situaciones, paradójicas y maravillosas, que constituyen sus poemas.

La poesía de Felipe desafía las convenciones al transformar el acto poético en un evento multisensorial y también político, por cuanto dialoga con tradiciones poéticas latinoamericanas, pero las reconfigura desde la perspectiva del desplazamiento y la interdisciplinariedad. Es una poética del movimiento, de la escucha y de la reconstrucción, que invita a pensar el lenguaje no como un límite, sino como un espacio en expansión.


Felipe Sáez Riquelme (1986) es poeta, artista de performance y escritor. Ha participado en diversos festivales de literatura y performance tanto en Argentina y Chile como en Alemania y otros países de Europa. En 2021 publicó Una vez, un libro escrito con la boca para leer con los oídos. En el mismo año presentó la instalación sonora Destrucción de la Constitución de la República de Chile. En 2023 junto al compositor VictorPiano creó una serie de poemas titulados ANIMITA, en el marco del proyecto «Vocations» curado por la Haus für Poesie de Berlín. En 2024 la editorial argentina Pan Casa Editorial ha publicado su libro Un año en trece lunas. Ese mismo año, en el marco del Siesta Festival, presentó la performance literaria Ursprung. En Instagram.


Presentación de un año en trece lunas en la librería y espacio cultural Andenbuch de Berlín, el 30 de mayo de 2025.


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