Dirigida por Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez, Segundo premio (2024) narra la historia de la icónica banda de indie rock granadina Los planetas, que en los 90 hace sonar su psicodelia y se enfrenta a un momento clave en su carrera. O no: es su leyenda. O no: es una historia de amor. La historia del disco que casi acaba con Los Planetas en un film que, con gran libertad, conjuga lo real y lo fantástico con todo el magnetismo del amor y el desamor y la potencia de la creación colectiva y de la música.
Mejor Sonido, Mejor Montaje y Mejor Dirección en los Goya y Mejor Película en el FF de Málaga, el 31 de mayo se proyecta en Berlín en el marco del Cicle Gaudí. Conversamos con Isaki Lacuesta.
Un grupo de rock de una ciudad pequeña del sur de un país pequeño de un planeta pequeño en mitad de lo insondable.»
Los planetas
Una terraza del Sacromonte en Granada: el Cantante, el Guitarrista y May se abrazan los tres durmiendo la siesta a la luz de una tarde de primavera mientras suena la canción Love is the worst, en la voz de Alondra Bentley. Una escena que es leitmotiv emocional y atmosférico de la película. «El amor es lo peor.» «Ten cuidado con el amor.» ¿Cómo surgió, Isaki, esta canción para la película?
Pues surgió de forma bastante colateral. Fui a parar a una canción de Vashti Bunyan que se llama Don’t believe what they say y me encantó. Vashti Bunyan grabó un disco muy joven y luego abandonó la música durante treinta años. Entonces pensaba que se parecía a la historia de May en la película. A esta bajista que abandona el grupo y que algún día futuro igual reaparece.
Y nada, le propuse a Alondra Bentley que hiciera una canción de ese estilo, le mandé una letra. Ella me decía que jamás escribiría una canción como esa, que para ella el amor no era lo peor. Entonces ella escribió unos versos que yo tampoco hubiera hecho nunca y hicimos la canción así.
La escena es ese momento en el que los tres estuvieron juntos y fueron felices. Esa sensación. Como es una película contada desde diferentes puntos de vista, este es el momento en el que se encuentran los tres en el pasado.









©Ikiru Films/ La Terraza Films
Es que la película es una coreografía de tres en una historia de encuentros y desencuentros a partir de que May, la bajista, abandona la banda, el Guitarrista entra en una espiral crítica en su adicción mientras, a su vez, está la gran meta impulsada sobre todo por el Cantante de grabar el disco –y en Nueva York. El film se va narrando desde las distintas voces…
Por un lado está la perspectiva de la que ya no está, de la que se ha ido. Y esto lo hablaba mucho con Stéphanie (Magnin), que es la actriz que hace de May, que me parecía interesante que no fuera alguien que se ha ido con sentimiento de derrota, sino que el hecho de irse es una decisión valiente, se va para estudiar poesía. Me parece como el gesto más rockero que hay en la película.
Y en esa coreografía de tres, ella muchas veces se presenta como la excusa para el vínculo entre ellos dos. May lo dice: «Muy granaíno. No se ve nada, pero por dentro un torbellino, y allí se estarían agarrando a los golpes –o a los besos».
Sí, esto cuando vio la película Jota, el cantante verdadero de Los planetas, me decía: «Nosotros nunca hablamos tanto y sobre todo no hablamos nunca de música. Nosotros somos como los del bar, los que nunca se dicen nada.» Y me hizo gracia esa reflexión suya.
La película, como dices, es un triángulo, aunque luego está contada desde cuatro puntos de vista, porque luego está la voz en off del batería también. Es que cuando hablábamos con ellos, cuando hablábamos con la gente de Granada, nos dábamos cuenta de que todos te contaban versiones distintas. Y me pareció que era la forma más natural de abordar la película, dejando claro que no es una película periodística, ni de investigación, ni que intente contar lo que realmente ocurrió, porque no lo saben ni ellos, sino que dé juego a la subjetivización.
Ante el desafío de filmar la historia de una banda, la pregunta es: ¿cómo se cuenta la historia de una banda? Aquí se anticipa: «Esta (no) es la historia de Los Planetas, sino la leyenda sobre Los planetas».
Había, por un lado, esto de que llegar a saber la verdad era imposible. Sobre todo me gustaba cuando ellos discutían mucho sobre qué es lo que había ocurrido y decían que era mentira todo lo que habíamos leído, pero luego te contaban lo mismo. Me gustaba lo de poder discutir estando de acuerdo en realidad.
Pero sí, la primera decisión fue la de no contar una biografía desde el nacimiento hasta el final, sino concentrarnos en un momento concreto que sirviera de caja de resonancia de todo lo que había ocurrido antes y después, o sea, cuál es el momento decisivo en el que se está jugando todo, que era este momento de separación en el que tienen que renacer y decidir si siguen adelante o no. Que creo que es un momento como clave en la vida de cualquiera que quiera dedicarse a un oficio vocacional. Hay un momento en el que tienes que decidir si realmente continúas ya en eso o buscas esto que se llama un trabajo serio. Y en este caso les ocurre después del segundo disco.
Y la segunda decisión fue la de hacerlo de forma explícita, es decir, que no es factual sino la leyenda, lo cual nos permite varias cosas. Una: nos permite contar verdades sin que haya el problema de que tenga que ser respetuoso con la pudicia y los pudores de cada cual.
Y lo segundo es que nos permite contar mentiras también. La película está hecha con una mezcla de rigor a veces exagerado, por ejemplo, cuando se reproduce la actuación en el Planta Baja, que es el local mítico donde ellos tocaban al principio y que es un local que sigue existiendo, muy importante en Granada y que se incendió a principios del 2000 más o menos. Y entonces la fachada ahora es distinta, la configuración del escenario es distinta. El equipo de arte lo reprodujo tal y como era en los ’90, cosa que costó mucho y de la cual no se da cuenta nadie, incluso gente de Granada. Los instrumentos que tocan son los instrumentos reales de Los Planetas en aquella época, pero al mismo tiempo lo que están diciendo, lo que están haciendo, pues igual está completamente inventado, imaginado.
El film no toma los nombres de los personajes reales. Salvo May, aquí son: el Cantante, el Guitarrista, el Baterista. Esto los transporta a un plano más universal.
Esto fue la propuesta de Fernando Navarro, el guionista, a quien le gustaba mucho como en las películas de Monte Hellman y en toda una tradición del western los personajes no tienen nombre. Son el Pistolero Zurdo, el Asesino Tal. Y creo que eso, por un lado, permite la libertad de imaginar que no son ellos, pero al mismo tiempo es evidente que estamos hablando de ellos. Es un poco como la pipa de Magritte. Desde el principio estás diciendo: esta no es una película sobre Los planetas, pero sí lo es al mismo tiempo.
Una paradoja juguetona y que tiene relación con la idea del arquetipo. Las películas de rock and roll están muy codificadas. Es igual que las películas de boxeo, se basan mucho en el esquema del rise and fall. En una serie de situaciones que son muy parecidas, porque los patrones al final de la vida de una banda son parecidos. Siempre están la separación, la crisis, la dificultad de lidiar con los egos de todos los miembros.
Y este era un tema de la película desde el principio, cómo poder jugar con situaciones que son muy arquetípicas e intentar darles una perspectiva distinta, sabiendo que estás contando lo de siempre, pero intentando que tenga una personalidad propia. La forma era concentrarse en las personalidades de ellos a través de los actores que los interpretan, y que no perdieran la personalidad propia los actores.
Para contar la historia de la banda, elegís hacerlo también a través del universo de sus canciones. Como Segundo premio, que da título al film. Es que en sus letras están las adicciones, el amor, la soledad, la música, los sueños…
Sí, claro, este era un recurso central. Allí está también esta idea de que las canciones que a menudo hemos pensado que eran canciones de amor y desamor, quizás dirigidas a May, podían ser canciones escritas por Jota (cantante real de Los Planetas) hacia Florent (guitarrista de la banda real). Una versión muy verosímil cuando escuchas las letras.
Y fue curioso porque cuando conocí a Jota y Florent, yo todavía estaba empezando a hacer el casting y las localizaciones, pero no sabía cómo sería la película. Tenía ganas de conocerles, de hablar con ellos, y les comenté mis intuiciones. Que quería hacer una película de un vampiro que era el cantante, de un fantasma que era el guitarrista, y que me imaginaba hablar de la leyenda. Y que me imaginaba que podían hablar de estas letras que estaban dirigidas a Floren, y los dos fueron muy tajantes y rotundos en que eso no era así. Y yo les decía, pero Línea 1, por ejemplo, que es la canción que habla de la desintoxicación, esa está muy claramente dirigida a Floren…
Pero el caso es que unos meses después, cuando Florent sacó su primer disco en solitario, en la prensa de las entrevistas contaba que las letras de ese disco estaban dirigidas a él, y que tardó mucho tiempo en darse cuenta, y fue como: caramba, si me dijo que no hace un mes…
Me encanta esto del vampiro y el fantasma. El vampiro, la historia de vampiros, está presente en toda la película: en las canciones, como referencia cinematográfica, en la nocturnidad de la película… Y el fantasma: el que levita, el que atraviesa espejos, el que atraviesa un cielorraso, el que se mueve dentro de otra dimensión.
Sí, y el que desaparece también.
El que desaparece, tal cual.
Sí, ocurre mucho con el frontman y los que están alrededor. En este caso el compositor tiene esta necesidad vampírica de chupar historias de los demás, requiere de la energía de los demás, es el que tira del carro pero no puede hacerlo si no absorbe las energías de los demás y las ideas ajenas también. Hace como de catalizador, hace como de médium.
Y, en cambio, el guitarrista en esa época lo que quiere es desaparecer, dejar la banda, no sabe cómo resolver los problemas y preferiría ser invisible a ojos de todos.
Y también es una película de la telepatía, me encantaron esas escenas donde directamente se comunican en otro nivel.
Sí, eso ocurre mucho con las parejas. Y esta es una película de amor también. Y sí, quizás los grandes momentos de crisis con las parejas ocurren cuando ves que la telepatía se ha roto.
Cuando ves que esa comprensión intuitiva del otro, esa capacidad de anticiparte ya no funciona porque uno de los dos o los dos hemos cambiado.
Y sí, pensaba en cómo podían ser esas conversaciones y salió esta idea de la telepatía. Con Fernando Navarro, cuando nos pusimos a escribir el guion nuevo, hablábamos de que la ciencia ficción era algo que teníamos en común nosotros y Los planetas, en nuestra educación sentimental.
Para Los planetas ha sido muy importante la ciencia ficción, sus letras están llenas de ello. Y muchas veces lo utilizan para hablar de lo más realista. De hecho, una de las canciones se llama Ciencia ficción. Su mundo está lleno de desapariciones, de vampirismo, de referencias a películas de serie B, de terror, películas de Jesús Franco y de otros cineastas parecidos.
Y este era un registro en el que Fernando, que sobre todo ha escrito mucho cine fantástico y de terror, y yo, que crecí con eso y que era lo que más me gustaba de adolescente, encontrábamos como un terreno común.

©Ikiru Films /La Terraza Films

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¿Los planetas fueron una banda importante para vos?
Para mí siguen siendo muy importantes Los planetas. Lo curioso es que empiezan a serlo tarde. Y de hecho me cuesta entender por qué. Porque en los años en los que Los planetas se convierten en una banda importante en España, yo escribía periodismo musical y cubrí muchísimos festivales, pero en cambio nunca los vi en directo. Supongo que hay algo de azar y nunca los escuché demasiado, los escuchaba porque era inevitable, pero nunca me puse un disco de ellos hasta que en el 2000 y pico empiezan a hacer discos basados en el flamenco, en el repertorio tradicional y lo llevan a algo nuevo. Y ahí es cuando entro en Los planetas, pero con retraso y de modo retrospectivo los empiezo a escuchar mucho.
Y esta historia que contás en la película es un momento clave, porque es donde dan el salto más grande…
Sí, en realidad ellos con el primer disco triunfan mucho. Es un primer disco muy exitoso y se convierte en una banda muy paradigmática del indie en España, al mismo tiempo con la paradoja de que están trabajando desde una multinacional. Y eso los convierte en una banda muy controvertida, muy admirada y muy odiada al mismo tiempo.
Y eso me parecía también un tema interesante, el de cómo trabajar, esos típicos dilemas de cómo llegar al público sin renunciar a ser tú mismo. Y todo ese tipo de conversaciones que tenía en la película son las que he tenido yo con mi propia banda y con los miembros de mi equipo.
La idea de trabajar con un registro que no fuera solo realista, sino que incluyera lo fantástico –al principio Granada es como otro planeta: ¿fue un punto de partida o fue algo que fuiste encontrando?
Esto salió bastante pronto, sí. Yo creo que la mayoría de mis películas han sido muy realistas y estaban hechas muy a la altura de los personajes, a la altura de sus ojos y muy focalizadas en ellos, intentando que la forma no se interpusiera. Y hace un par de películas que empezaba a trabajar con la subjetivización y pensando que la forma puede emanar de los sentimientos de los personajes. Creo que empecé a hacerlo sobre todo en Un año y una noche. Y aquí como que encajaba muy bien.
Imagino que son las ganas también de hacer cosas distintas a lo que he hecho y que me parecía que encajaban bien con esta subjetivización que te decía. Que cada personaje tuviera su forma en función del momento. Y creo que es la película en la que de forma natural el extremo más realista y el extremo más fantástico están en el mismo plano.
Eso es maravilloso, porque te introduce en el universo de esa música, en el universo de la banda totalmente. ¿Y cómo se filma una banda? ¿Cómo se hace para captar los momentos de comunión con el público, pero también los momentos de los ensayos?
Bueno, lo más importante es que fueran músicos. Esta fue como la primera gran decisión que de hecho es una decisión que yo heredé ya. Porque no sé si sabes que la película primero empezó con Jonás Trueba como director.
Con Jonás somos muy amigos y él me iba contando de la película que yo le envidiaba mucho, lo de poder estar con músicos y en Granada, y cuando me propuso hacerla, hicimos un guion nuevo, pero esa idea me parecía que era importante mantenerla.
Porque ellos mismos tocan, cantan, hacen covers de las canciones de Los planetas.
Sí. Ese tipo de musical en el que les cambia la voz y de repente aparece el playback cada vez se hace menos, por suerte. Da mucha pereza rodarlo y da mucha pereza verlo.
A nosotros nos gustaba poder filmar un ensayo y que los músicos aportaran todo su conocimiento. Imagínate un ensayo con errores pregrabados y que tengan que hacer un playback de un error. Bueno, aquí podíamos fluir mucho más libres aunque fue complejo técnicamente: poder grabar el sonido directo de los diálogos y al mismo tiempo el sonido directo del ensayo.
Pero contamos con Jaime Beltrán, que es uno de los productores musicales de Los planetas y también es productor de casi todos los músicos y ha sido compañero de banda de casi todos los músicos actores de la película, y Diana Sagrista que hace el sonido directo y que creció en el estudio de música de su padre. Y claro, pues todo el casting lo hicimos buscando entre los músicos de Granada, de la siguiente generación.

Francisco Martín Ocete «Cristalino» / El Guitarrista, Mario Fernández Olmedo «Mafo» /El Batería, Javier «Chesco» Ruiz /segundo bajista y Daniel Ibáñez Rodríguez /El Cantante ©Ikiru Films/La Terraza Films
Cristalino, el guitarrista, Mafo, el baterista, son todos músicos profesionales…
Sí, menos el cantante, que no conseguimos encontrarlo entre músicos de Granada. Y él es un actor, Daniel Ibañez, que tiene formación musical, él ya ha tenido sus grupos, pero es el único actor profesional. El reto era ver cómo se integraban todos, pero funcionó muy bien.
¿Hubo muchos ensayos previos o se filmó más directamente durante los ensayos?
Tuvimos la suerte también –que al principio parecía mala suerte–, de que la película se fue retrasando porque era complicada de producir, pero eso nos permitió poder ensayar muchos más meses de lo normal.
Ensayamos como seis meses y pudimos trabajar con el director de foto y el director de arte también durante seis meses, que es algo muy poco habitual. Y pudimos hacer pruebas de cámara con los actores, con las cámaras, con los objetivos y con el dispositivo de sonido y todo eso nos vino muy bien para que luego el rodaje fuera más fluido. Sobre todo para que se construyera este espíritu de banda y que realmente terminaran siendo un grupo de amigos que luego han podido tocar en directo. Se han hecho varias proyecciones, quitamos la banda sonora musical de la película y ellos la tocaban en vivo. Eso fue precioso.
Impresionante. Y en cuanto a la puesta en escena, trabajas muchísimo con una cámara en mano, pero sobre todo en los ensayos recurrís a un travelling circular. ¿Qué juego te permitió esta puesta?
Nos gustaba imaginar que había una especie de dramaturgia de la puesta en escena con respecto a la banda. ¿En qué momentos comparten encuadre y la banda comparte el mismo espacio y la misma profundidad de campo? ¿En qué momentos comparten el espacio pero no el encuadre? ¿En qué momentos están separados por la distancia focal? Ese tipo de cosas son como muy subliminales para el espectador, pero forman parte de la dramaturgia y están contando su relación.
Cuando tienes una banda ensayando, si ruedas con un scope, por ejemplo, enseguida les ves a todos. Rodando con cuatro tercios (4:3), como en este caso, con ese movimiento de cámara podías ir girando y viendo uno por uno a los miembros de la banda y descubriendo a los demás, y luego pasar a planos en los que les ves a todos juntos.
Son distintas constelaciones que se van armando con la cámara…
Sí, nos gustaba la idea de orbitar, esa idea de órbita, de estar girando alrededor de ellos e irlos descubriendo sucesivamente. Cómo se unen y cómo se separan a través del trabajo de cámara y de montaje.
Hablando de órbitas y de planetas, en el film está presente Saturno, pero también el retorno de Saturno, la vuelta del planeta a su posición inicial que se da a los 29 años.
Sí, tenía relación también con toda esta leyenda de los músicos que mueren alrededor de los 27.
Es interesante porque es en ese lapso –entre esto del mito de los rockeros que mueren jóvenes a los 27 y si llegás a los 29, al retorno de Saturno y su significado del pasaje a la adultez– en el que se desarrolla la película. Es decir, si se produce ese desafío de un paso hacia la madurez –o no. Porque como se dice en el film: ¿qué sabemos qué es eso? No tenemos ni idea de qué es lo que significa.
Ser maduro, no tenemos ni idea.
Y sí, tal cual, es ese momento de las decisiones, de saber que toca cambiar, pero no saber hacia dónde y tomar las decisiones.

©Ikiru Films/La Terraza Films

©Ikiru Films/La Terraza Films
Entre la potente Granada – «la única ciudad con nombre de bomba»- y la meca: Nueva York… Lorca es un eje en la película también, para confluir todo en la alucinante escena en la que el Guitarrista se atreve a escuchar Omega, el disco de la banda Lagartija Nick junto con el cantaor flamenco Enrique Morente, que canta los versos de Poeta en Nueva York.
Es curioso, porque para mí hubo un viaje iniciático al final de la adolescencia, la primera juventud, que es cuando voy a Andalucía por primera vez y descubro Córdoba, Sevilla, Granada y, por supuesto, Lorca. Y ahí es donde descubro el flamenco y me enamoro de Morente, de los Lagartija Nick. Yo soñaba que mi segunda película, que luego terminó siendo La leyenda del tiempo, podía ser una película hecha en Granada con Morente y adaptando Los persas de Esquilo, que es una obra inacabada.
Y, bueno, es una película que no pudo ser y es curioso cómo las fantasías se cumplen de forma extraña y tardía, cómo uno sueña con hacer una película en Granada con Morente y termina haciendo una película en Granada sobre Los planetas, pues, 25 años después, ¿no? Es un poco como Los cuentos de las mil y una noches en los que pides un deseo y se cumple, pero de forma rara.
Esta escena con Omega te da una dimensión de Granada y de Andalucía fuertísima. También otra dimensión, otra profundidad para esta banda.
Sí, y esa conexión con Nueva York. Lo supuestamente más atávico y lo supuestamente más moderno. Algo que estaba muy claro en el momento en el que Lorca viaja a Nueva York. Ahora, claro, lo antiguo y lo moderno están en todos los sitios a la vez, pero en el imaginario permanece esa especie de dualidad. Que inaugura Lorca, que luego ocurre con Morente, que también termina haciendo el disco de Granada-Nueva York, y Los planetas es como que reeditan esa especie de mito. Por cuestiones pragmáticas, porque el indie en el que ellos se basan se está haciendo en Nueva York.
Entonces, por motivos distintos, son tres generaciones de artistas granadinos que repiten el mismo viaje con resultados distintos. Y esa especie de movimiento en espiral, que también es otra forma de orbitar, de mito que se reproduce una y otra vez, con variaciones, pues también me interesaba. Que estuvieran esos ecos anteriores, esos pasos que uno va rehaciendo y deshaciendo para convertirse en uno mismo.
En la música, en el arte, nada nace de la nada. Todo nace de cosas anteriores que se transfiguran.
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.
Federico García Lorca, Ciudad sin sueño en: Poeta en Nueva York
Como los versos del poema Ciudad sin Sueño de Lorca…
Ahora Guillermo (Galoe) ha hecho una película que se llama Ciudad sin Sueño, que se estrena en Cannes este año (Premio al Mejor Guion Semana de la Crítica –actualización 23.05.25). Siento que la película de Jonás (Trueba), Volveréis, que termina con esa fiesta en la que tocan los miembros de la banda; la película de Guille, Ciudad sin Sueño, y Segundo premio, son tres películas muy distintas, pero creo que hay una especie de hermanamiento entre ellas. Y también lo siento con otra película española, La estrella azul (dirigida por Luis Macipe).

Stéphanie Magnin /La Bajista y Daniel Ibáñez /El Cantante ©Ikiru Films/La Terraza Films

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En tu película se destaca una y otra vez que esto sucedió en el siglo XX. Es como otra era…
Es que el mundo ha cambiado muchísimo. Como que no nos queremos dar cuenta los de nuestra generación, pero yo insisto en que cuando veíamos Regreso al futuro y Marty McFly viaja en el tiempo y termina viendo a Chuck Berry, viaja a un mundo completamente diferente, pues, ahora cronológicamente estamos a la misma distancia.
O sea, desde ahora, cuando vamos al año ’97, estamos a la misma distancia de la que estaba Marty McFly en el ’85 cuando va a ver a Chuck Berry. Nos parece que el mundo ha cambiado menos que de los 50 a los 80, pero en realidad ha cambiado mucho más. No existían ni los móviles, no existía internet…
Desde luego, una conversación (por videoconferencia) como la que estamos teniendo ahora era pura ciencia ficción. Y ahora creo que ocurre un poco lo contrario. Para un espectador joven de ahora, ver ese mundo en el que colocas una aguja encima de un vinilo y suena música, en el que meten monedas en cabinas telefónicas, en el que se fuma en los bares es un mundo de ciencia ficción. Es un mundo extrañísimo, es Star Wars.
Y lo mismo ha sucedido con todo tipo de relaciones. Por ejemplo, la figura de la mujer en la banda es otra hoy en día, o acostumbra a serlo, conviene que lo sea. El mundo ha cambiado muchas cosas y me parecía importante decirlo, que eso ocurre en el siglo XX. Y reforzar ese tono de leyenda también.
¿Los planetas vieron la película?
Igual que en la película, han tenido reacciones extremadamente distintas. Jota, el cantante, me explicaba, él hubiera hecho una película completamente distinta. Imagínate verte a ti mismo. Sobre todo le gustaba mucho Cristalino haciendo del guitarrista. Y en cambio se sentía muy incómodo con Dani Ibañez haciendo de él.
Florent, el guitarrista real, no ha querido verla. Prefiere no verla y no comerse la cabeza. Igual que May. Y fantástico Floren, cuando estuvimos preseleccionados para los Oscars, dijo que si ganábamos el Oscar, la vería. Era una forma maravillosa de decir que no la vería nunca.
Y luego Eric, el baterista, es el que ha sido más receptivo con la película. Me decía que los guapos no eran tan guapos y los hijos de puta eran más hijos de puta. Pero que le encantaba cómo Mafo hacía de él y que estaba muy contento con el trabajo que habíamos hecho. Y que es el principio de una futura amistad que espero que podamos cultivar.
Es que de eso trata la película: de la música, de la amistad…
Y del trabajo en equipo.
Tal cual.
Es una película sobre el trabajo en equipo que implica lo que has dicho: el amor, la amistad, la creatividad, y cómo eso se junta, se mezcla, se confunde.
Cuando abordo trabajos así siempre pienso cuál es la intersección entre los personajes que trato y mi vida. Intentar hacer autobiografía en tercera persona e intentar contar lo que sé y lo que imagino. Y es una forma de trabajar en la que sientes que te expandes. Acabas encontrando zonas de ti en lugares que no sospechabas y al revés. Y para mí el punto común era esa necesidad de trabajo en equipo que existe tanto en una banda de música como en el cine. Y que creo que al final también cuando trabajas con otra gente ocurre siempre: que necesitas de los otros para ser mejor.
No puedo dejar de preguntarte: al principio de la película hay una escena en un avión adonde va el guitarrista a hacer su «viaje». La imagen es alucinante. ¿Cómo llegaste a ella?
Tengo un panel en el que voy colocando imágenes, ideas a veces para películas concretas y a veces imágenes que no sé para qué servirán pero que me interpelan fuerte. Y tenía esa imagen esperando a ver en qué película la tenía. Esto es un avión que estaba en una barriada de Valencia y era un avión jubilado que convirtieron en discoteca.
¿En serio? Maravilloso.
Existió en los años 80 y lo reprodujimos lo más fielmente posible en Granada. Era una imagen que cuando la vi me volvió loco. Y cuando apareció esta película pensé: Aquí.
¿Qué fue Segundo Premio para vos?
Pues para mí fue la forma de poder vivir con músicos y poder vivir en Granada, y toda mi vida he querido hacer música, pero no ha sido algo que me atreviera por pudor. Y Segundo Premio, pues, ha sido la forma de atreverme y lanzarme a hacer música y a vivirla.
A vivir la música es, sin duda, también a lo que tu película invita a los espectadores. La cita ahora es en Berlín. Muchas gracias, Isaki.
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Volveréis, dirigida por Jonás Trueba, en Desbandada:
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