de Carlos A. del Río Ravassa
LA PETENERA
No era gaditana fina
ni de Sevilla la llana;
su cuerpo nació en un delta
enfrente de Mauritania,
hija de padres ausentes
y madres deshabitadas.
Seres que en nada pasaron
de la esperanza a la nada,
mas le dieron por herencia
aquella voz desgarrada,
y una voluntad de roca
y una caridad velada.
Hermana de sus amigos
y madre de sus hermanas,
con un trueno de talento
que la sábana incendiaba,
y el saber buscar fronteras
por el gusto de cruzarlas,
para ir más alto y más lejos
persiguiendo la mañana.
Más su patera se ha hundido
enfrente de Mauritania,
y Petenera se ha muerto
respirando agua salada.
Y no habrá machos celosos,
y el marfil de su mirada
no hará matarse a los hombres,
víctimas de las navajas;
que sus dedos tejen algas
enfrente de Mauritania.
La MALAGUEÑA
“…la muerte
entra y sale
de la taberna…” F. G. Lorca
Ya no hay muerte que visite
húmedas tabernas viejas,
ni telarañas que guarden
verdes retales de penas.
En estos años de plomo,
la muerte en el mar riela,
y con paciencia de buitre
a sus víctimas espera.
La muerte acecha, avarienta,
a sus víctimas de cera,
que yacerán sin pupilas
en féretro gris de arena.
Algas serán sus coronas
por no hallar la orilla opuesta,
en la oscura travesía
huyendo de la miseria.
Blando rebalaje entona
réquiem de sal y de brea,
que ignoran torsos de cobre
Inmunes a la clemencia.
YO NACÍ EN UN LUGAR…
Yo nací en un lugar al mar azul abierto,
y rodeado de montes por tres de sus costados,
verde sólo en invierno y calcinado el resto
del año. Retamas y bolinas, pastos. Los lados
de las colinas, umbrías y solanas, poblados
de viñas y algarrobos, de higueras y olivares.
Y cañadas pobladas de zarzales,
de adelfas, de blanquiverdes álamos alados.
De vez en cuando un huerto pegado a la cañada
con bancales estrechos que escalan las laderas;
una alberca con ranas, de agua verdidorada,
y naranjos, limones, nísperos y acederas.
En lo alto de una loma, allí tengo mi suelo,
mi cuna fue un cortijo con molino y con era;
Vista Alegre le puso Antonio Ríos, mi abuelo,
que fuera buen amigo de Salvador Rüeda.
Que construyó bodegas, las cuadras y el lagar,
que produjo su aceite, sus pasas y sus vinos
a fuerza de sudores, valor y voluntad;
Que tuvo muchos hijos y muy buenos amigos;
bueno, duro, callado, taciturno y veraz.
De él heredé, me temo, muy pocas cosas buenas;
más bien de Má Josefa me vengo a recordar
cuando busco virtudes de que alegrarme pueda,
y sólo encuentro, a veces, algo de caridad.

Carlos A. Del Rio Ravassa
(Málaga, 1941) La niñez entre un cortijo y la «ciudad no en la tierra“ fue un regalo divino mas, buscando la Libertad, el 68 me expatrié a Berlín, donde la encontré junto a algunas más. Y aprendí que es bella, pero carísima. Casado (¡felizmente!) desde el 83, dos hijos, cinco lenguas, dos carreras, docente de español, claro. Y a la vejez, en vez de viruelas, poesía. Y mucha bicicleta y más humor, please.
Imagen de portada: Agua del mar de Torrox Costa, Málaga © Albam31 – CC BY-SA 4.0
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