Por Maria del Carmen Ares Marrero
Un encuentro cautivador
Han pasado los días, y aún permanece en el recuerdo, el eco que ha dejado el Festival de Literatura Iberoamericana Barrio (Bairro) Berlín. Celebrado entre el 10 y el 17 de octubre pasados, Barrio (Bairro) Berlín convirtió las sedes del quehacer cultural cotidiano de nuestra diáspora iberoamericana en un encuentro abarcador lleno de intercambio literario, empatía, enriquecimiento y goce. Más allá del acierto cultural, de lo novedoso y creativo de la mayoría de las presentaciones, de la profundidad con la que fueron abordados los complejos temas sobre colonialismo, migración, escritura desde la diáspora, entre otros, o quizás por todo ello junto, me atrevo a aseverar que ha sido un evento trascendente, de crecimiento humano.

Sigo reflexionando sobre la experiencia porque creo que, en pocos días, ocho desde su inauguración oficial hasta el cierre de este primer bloque, al que seguirán aún dos eventos más, este encuentro se ha erigido como el pináculo del apogeo cultural de esta comunidad iberoamericana imparable que pulsa en Berlín, que se renueva y crece. Desde la perspectiva de alguien que ha vivido aquí desde hace treinta y tres años, ininterrumpidamente, sólo puedo desear que se repita, que se perfeccionen y amplíen sus marcos a los tantos otros géneros literarios afines como el teatro y la música, entre otros… ¡Yo me apunto!.
Legado histórico
Barrio (Bairro) Berlín tiene, sin duda, una rica herencia histórica. Su quehacer reconoce —y, por qué no decirlo, honra— el legado de otras diásporas latinoamericanas que han dejado un impacto perdurable en la cultura universal. Es importante recordar las primeras generaciones de artistas y escritores en el París de inicios del siglo XX, donde figuras como César Vallejo, Gabriela Mistral y Pablo Neruda contribuyeron al diálogo literario y político. Este legado se extendió hasta el apogeo del Boom Latinoamericano, en el que autores como Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, José Donoso, Severo Sarduy, Manuel Puig y Augusto Roa Bastos, entre otros, lideraron el movimiento, transformando la narrativa latinoamericana y alcanzando una resonancia internacional sin precedentes.
Esa influencia fue vibrante en Nueva York, en el efervescente México de Frida Kahlo y Diego Rivera, y en Barcelona, donde florecieron muchos de estos escritores exiliados. La Berlín de la entreguerras, con sus cafés y círculos intelectuales, también acogió a migrantes y exiliados que moldearon una ciudad de espíritu cosmopolita. Recordemos también el memorable Berlín de los años 20, un periodo de enriquecimiento cultural diverso y colectivo, donde se dieron cita artistas de vanguardia y se discutieron ideas revolucionarias, alimentando un ambiente de experimentación creativa.
Estos autores fueron, a su vez, herederos de la pluma de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, José Lezama Lima, Alejo Carpentier, Miguel Ángel Asturias y Rómulo Gallegos, por mencionar solo algunos. Sus obras propiciaron una interrelación con el movimiento literario español en plena postguerra, a pesar del contexto del franquismo, donde surgieron importantes editoriales como Seix Barral y Tusquets, las cuales se convirtieron en puentes culturales entre dos mundos literarios. Este breve panegírico no pretende omitir a autores de la estatura literaria de Octavio Paz, de quien confieso mi predilección absoluta por su poesía, marcada por un profundo sentido de la identidad y un agudo análisis social.
Todos estos escritores ofrecieron una visión de América Latina que integraba sus conflictos internos y su rica diversidad cultural, inspirando y preparando el terreno para la explosión literaria y experimental conocida como el Boom Latinoamericano en los años 60 y 70.
La literatura española de la época no estaba completamente al margen de la pujanza del Boom Latinoamericano, aunque se trató de un fenómeno algo distinto y paralelo. En España, la narrativa experimentaba su propio proceso de renovación, impulsado en gran parte por la generación de escritores que surgió después de la Guerra Civil y que enfrentaba la censura del régimen franquista. Si bien estos autores no formaban parte del Boom, mantenían un diálogo literario cercano con América Latina, enriqueciendo mutuamente sus tradiciones.
Entre los destacados autores españoles de esa época se encuentran Camilo José Cela, Miguel Delibes, Carmen Laforet y Ana María Matute, quienes exploraban temas como la soledad, la represión, la vida rural y el impacto de la guerra en la identidad española. La literatura social de los años 50 y el realismo crítico en España coincidían con las inquietudes políticas y sociales de los escritores latinoamericanos, aunque sin el mismo alcance internacional ni la experimentación formal tan característica del Boom.
Hibridación y bilingüismo
Barrio (Bairro) Berlín ha sido testigo de cómo culturas potentes (especialmente la alemana y la que habita en nosotros con su herencia) se entremezclan, confrontan, se traducen, se aportan mutuamente, se enriquecen, y aún así conservan el tesoro identitario que las distingue. Aquí hemos parido hijos, vemos crecer a nuestros nietos, les hemos transmitido nuestra lengua y toda la enjundia de nuestros ajiacos. Es algo que percibo sin filtros, porque ha sido un anhelo convertido en realidad: trabajar en español, delante de un teatro lleno. Ya lo había vivido en los últimos años y sigue ocurriendo. Llegué a Berlín a inicios de los noventa; entonces era raro (casi impensable) aunque el proceso de las migraciones comenzara ya desde la época en que la ciudad, partida en dos por el muro, ofreciera atisbos de la diversidad cultural que es hoy su más caro emblema.
Barrio (Bairro) Berlín, un festival con diseño de futuro
Este recién nacido Festival Barrio (Bairro) Berlín ha sido cuidadosamente diseñado por sus creadores. A través de sus actividades y programas, ha reafirmado y fortalecido conexiones históricas y culturales, situando en el centro del debate público algo que no había ocurrido con tal dimensión, cohesión y significado. Barrio (Bairro) Berlín ha ofrecido un fresco y vibrante retrato de cómo la migración y el exilio nutren la creatividad de una ciudad donde confluyen y se han enraizado culturas muy diversas. Además, ha fomentado y amplificado el intercambio entre Iberoamérica y el resto del mundo, lo cual es tan emocionante como esperanzador.
Una de las contribuciones más significativas de Barrio (Bairro) Berlín ha sido su esfuerzo por mantener el festival accesible al público alemán. Sus organizadores lo tuvieron en cuenta de manera meticulosa, mediante traducciones profesionales. Para mí, fue un impacto revelador. El público alemán común a menudo carece de información y conocimiento sobre las culturas iberoamericanas y, en muchos casos, no habla nuestro idioma. Era crucial romper esta barrera, ya que ello también refleja nuestra cotidianidad como migrantes en Alemania. Más allá de los habituales interesados en la «cultura latina», el festival logró atraer incluso a quienes, por pura casualidad, asistieron a algunas presentaciones. Se me hizo evidente al conversar con personas que indagaban acerca del evento.
Esta estrategia enriqueció la experiencia del festival, abriendo la puerta a un mayor entendimiento y apreciación, y facilitando un diálogo intercultural esencial. Promover la participación del público en general es indispensable para que los alemanes y espectadores, en general, se sumerjan y puedan percibir la riqueza de nuestras historias y tradiciones.
Esta decisión consciente permitió que el festival no solo alcanzara a la comunidad hispanohablante, sino que también extendiera un puente hacia el público local, un aspecto que debe seguir evolucionando en futuras ediciones del evento para propiciar su crecimiento.
En solo ocho días, más el fin de semana anterior a la inauguración oficial, Barrio (Bairro) Berlín se convirtió en un evento vibrante, alcanzando el culmen del variadísimo quehacer creativo de los emigrantes hispanohablantes. Su imán y su fuerza centrípeta movilizaron a un número significativo de personas a participar, a pesar de la competencia de eventos paralelos. Todos recibieron un público interesado que se reunió en torno a la literatura y las artes afines, invitando a todos a tomar las riendas de un debate activo y significativo. Barrio (Bairro) Berlín ha sido un evento inclusivo que representa todas las perspectivas y, por ende, se ha convertido en un altavoz de un orfeón polifónico que desea ser escuchado sin ser reducido a clichés ni eufemismos. En definitiva, Barrio (Bairro) Berlín se ha consolidado como un espacio de encuentro cultural e identitario.
Presencia en línea
El Festival también logró edificar una atractiva presencia en línea y en las redes sociales, con una web de fácil manejo y visibilidad. No entraré en detalles sobre su diseño; solo les invito a echar un vistazo al programa, a las referencias que se atesoran allí y a contribuir a este movimiento con propuestas. (De paso, les animo a seguir las publicaciones de la Revista Desbandada, que por comprometida bien merece un artículo por separado)
En su reflejo en línea se hizo evidente cómo el festival ha abordado temas diversos y profundos relacionados con la historia de nuestra región, explorando visiones y denominadores comunes, así como diferencias que a menudo son eclipsadas por la ignorancia o la conveniencia. Barrio (Bairro) Berlín ha acogido propuestas que presentan su propio lenguaje y su verdad sobre el pasado colonial, el presente y el motivo de nuestra presencia aquí. Se ha discutido sobre la transtemporalidad y el futuro de una región llena de heridas por sanar—un reto que, de alguna manera, también enfrenta el mundo.
Las cicatrices profundas que todos compartimos exigen atención. Pero, sobre todo, se habló de soluciones y de la necesidad de un salto de conciencia. Este cambio, a estas alturas de la historia, no puede ser postergado. La humanidad debe dar este salto, un cambio cualitativo en su crecimiento, o perecerá en su empeño de autodestruirse; la sabiduría de nuestro planeta no será lo que se extinga primero.
Barrio (Bairro) Berlín: itinerante en ambas direcciones
Barrio (Bairro) Berlín es nuestro barrio itinerante; va y viene desde y hacia todos los puntos cardinales, regresando a nuestros sitios de origen. Habla tanto de nuestra vida aquí como de la que llevábamos antes de marcharnos de nuestros barrios. Es una prolongación de la hibridación a la que asistimos diariamente.
Barrio (Bairro) Berlín debe repetirse; necesita ampliar sus horizontes e incorporar otras disciplinas afines a la literatura que se abordan en nuestros nichos de creación. Además, debe extender su influencia a todo lo que emprende nuestra comunidad y continuar diversificando su camino hacia el autofinanciamiento. Aunque ha sido un evento financiado y con entrada gratuita, es importante reflexionar sobre qué sucedería si, por razones evidentes, se convirtiera en una condición el pago de entradas para acceder al mismo.
Esta situación plantea un dilema delicado: mientras el acceso libre fomenta la inclusión y la participación, establecer un costo podría limitar el alcance y la diversidad del público. Quizás se podría explorar un modelo de entradas escalonadas o donaciones que equilibren la sostenibilidad del festival sin sacrificar su espíritu inclusivo. Tendremos que seguir reflexionando, porque este festival apenas ha nacido…
Lo novedoso en Barrio (Bairro) Berlín
Tanto como yo lo viví en mi equipo de trabajo, escuché a los artistas expresar, en numerosas ocasiones, una preocupación constante: cómo hacer que la propuesta artística que cada uno llevaba a los distintos escenarios fuera interesante, novedosa, accesible y grata.

Puedo narrar cómo lo hicimos en la performance La Palabra y el Eco, presentada el domingo 13 de octubre. Tuve el placer de compartir escenario en el Taller D´Luis con los experimentados artistas Ricardo Moreno, percusionista, y Luis Meneses, un artista plástico de larga trayectoria. Luis construyó la hermosa instalación percutiva que se convirtió en un cuasi “personaje protagónico“ de nuestro performance. Nos reuníamos tres, pero éramos un músico, una escritora, dramaturga y directora escénica, y Luis, el pintor y curador que lleva su propio taller. Si alguien aún no lo conoce, le invito a disfrutar de las veladas culturales y conciertos que allí se presentan regularmente. ¡Estén alerta, porque pronto repetiremos nuestro performance con nuevas sorpresas!
Desde el inicio, nos propusimos que el debate tuviera como denominador común el respeto y la admiración. Dedicamos horas a los ensayos, a encontrar la esencia de lo que perseguíamos, a colocar todo desde diferentes perspectivas. Ricardo y Luis coincidían en que era un evento literario, y que la poesía de Berlinario (mi libro) debía ser el hilo que vertebrara la puesta.
He dicho muchas veces que cada inspiración trae su propio lenguaje, y el de nuestro performance debía transportar la vibración de muchas vivencias: la tragedia de nuestro destierro, treinta años de condena a este exilio obligado. También debíamos expresar la decisión de seguir, de dar a la vida su levedad y abrazar cada sentimiento, por dual que resultara. Todo habita en nosotros, el pasado y el presente, esta ciudad, Berlín, que no puede ser reducida a una sola palabra.
Por si todos esos retos hubieran sido pocos, el día de la presentación ocurrió algo inusitado. El programa se iniciaba con la presentación de un libro que trataba el envío de niños cubanos a España durante el franquismo, al inicio de la dictadura castrista. Un hecho desgarrador que suscitó más preguntas que respuestas. El libro recogía testimonios de los sobrevivientes de aquel suceso, los niños, hoy adultos, que fueron enviados solos a España. Cuatro mil niños separados de sus familias, un trauma que aún no ha sido digerido. Las historias compartidas fueron espeluznantes, llenas de angustia y desesperación, y evidenciaron la separación de niños y padres en los sesenta y setenta, cuando familias enteras decidieron proteger a sus hijos del horror del comunismo. Historias que el mundo no conoce, que nuestra comunidad no conoce, y que quedaron pendientes. Aun así, daba infinitas gracias al festival por conceder un espacio desprejuiciado a historias de las dictaduras comunistas.
Yo pisé por primera vez un escenario a los ocho años. Ese momento marcó mi vida para siempre. No hay otro lugar donde mi organismo genere un cóctel tan potente de hormonas. Al final, la palabra y el eco se fundieron en una rumba catártica. El estribillo del penúltimo poema, SANAR, retumbó por las paredes del Taller. El teatro escuchó cálidos y repetidos aplausos. Luego ocurrió algo curioso: a las palmadas se sumó la aclamación de gritos que pedían: ¡ZUGABE! Nunca había vivido tal conexión emocional con el público. Solo puedo prometer que la próxima vez será mejor, porque esas expresiones de amor, respeto y reconocimiento son la recompensa más valiosa para un creador. Desde toda la humildad de la que soy capaz, doy gracias a Barrio (Bairro) Berlín por haberme invitado y por propiciar un momento tan especial dentro de este ambicioso e imprescindible evento.
El Sentido de Pertenencia
¿Cómo se filtra el sentido de pertenencia a través del tamiz de toda una comunidad y se imbrica, se engalana, se convierte en un factor común? Este es y seguirá siendo un punto latente a observar, a cuestionar, a aceptar y a enriquecer. ¿Hay un sentido de pertenencia entre nosotros los latinos? ¿Por qué y en qué consiste? Lo cierto es que la variada asistencia de público a un evento recién creado dejó claro que Barrio (Bairro) Berlín tenía un sello distintivo. Cada evento atrajo a su propio público, que fue receptivo; esto demuestra que hemos alcanzado una madurez que permite asimilar y consentir cada propuesta, procesándola con respeto, en un debate sosegado, con aceptación y, sobre todo, con argumentos sólidos. Fue un festival libre de manipulaciones políticas, sin actos discriminatorios y sin agresiones por la diversidad de criterios, gustos o perspectivas.
Lo menciono porque es una muestra valiosa de sabiduría, desarrollo y plenitud. Y, sobre todo, de la absoluta conciencia de los organizadores, pensadores y ejecutores del evento sobre la necesidad imperiosa de debatir estos temas y los que están por venir; de reconocernos, de intercambiar nuestros espejos, de erigir un techo que cobije nuestros intereses como comunidad y que ofrezca una ampliación de marcos, inclusión y nuestra propia proyección de futuro.
La pincelada que hizo posible todo esto fue una palabra que se volvió emblema; esa palabra que activa algo entrañable en cada uno de nosotros: barrio.
Diversidad de composición
La composición de la comunidad iberoamericana en Berlín abarca un amplio espectro de geografías, profesiones, procedencias y extracción social. Desde académicos de alto rango que actúan como docentes en universidades hasta estudiantes en casi todas las instituciones, intelectuales graduados en academias de renombre mundial, trabajadores de diversas ramas, artistas independientes, empleados en el sector gastronómico, propietarios de restaurantes y bares, médicos, enfermeras, educadores, trabajadores de guarderías, maestros de idiomas en escuelas de todos los niveles, choferes y trabajadores del ferrocarril… La lista de emigrantes latinos y su inmersión en todo tipo de empleo es vasta. Y no negaré que también hay desempleados.
Intento reflejar lo vivido sin magnificar la experiencia ni enturbiar la narración, pero las emociones son lo mejor que tengo, así que dejo que se desborden y hablen hoy de un suceso cuyo alcance no puedo predecir, aunque sé que hay un potencial humano involucrado que sí puede decidir. Y vuelvo al recuento del inicio que me hizo reflexionar sobre la herencia cultural de la que somos depositarios.
En su cartografía hemos leído la firma de autores legendarios que relatan los años en que comenzaron las primeras migraciones a Alemania y viceversa. Sin embargo, no están todos; hay que continuar la labor. Barrio (Bairro) Berlín ha sido un espacio privilegiado para reflexionar con un prisma abierto, sin romanticismos baratos ni distorsiones históricas, sobre los desafíos de nuestro tiempo: el racismo, la discriminación, los miedos y los avatares que a veces nos paralizan. Sin embargo, ese devenir es prometedor, pues aquí estamos; hemos arado el terreno y la siembra sigue dando frutos.
Prometo que buscaré mejores palabras para agradecer. Doy gracias, una vez más, y seguiré agradeciendo a todos los que soñaron con este evento, a quienes lo cincelaron y, finalmente, lo realizaron, desafiando los retos que supone un evento de tal magnitud. Gracias a los que se atrevieron a mostrar lo que es, lo que falta y lo que es posible lograr si aunamos esfuerzos. Doy gracias a quienes creyeron y apoyaron este suceso, surgido de personas individuales que no responden a instituciones oficiales ni a centenarias subvenciones.
Gracias por dar ese cariz de barrio que necesitábamos. Agradezco, en fin, al equipo amoroso, calificado y brillante que aparece en la web (con fotos y todo). Agradezco a los artistas y al público asistente. Todos son parte de esta comunidad creciente, heterogénea y polivalente que late y vibra como un solo cuerpo.
Han sido siete días casi bíblicos, memorables. En los eventos en los que he estado después, (semanalmente pueden visitarse en Berlín actividades culturales en español) aún se escuchan expresiones de satisfacción, comentarios de elogio y alusiones a ese barrio creado y recreado durante esos días. Barrio (Bairro) Berlín, hizo de sus espacios una fragua… Una fragua de todos y para todos.
Gracias a todos por ese halo esperanzador, por ese pulso imparable, por convertir la migración iberoamericana en Berlín en un poderoso y fructífero hallazgo.
El Festival latinoamericano de literatura se prolonga aún en dos eventos más:
29.11 – Barrio | Bairro Berlin en el Hafenrevue No. 7 con Giuliana Kierz und Juliana Perdigão
4.11 – La invención de Berlín. Perspectivas latinoamericanos sobre la capital alemana con Esther Andradi, Sonia Solarte y Regina Riveros. 19:00-21:00 en el Instituto Cervantes de Berlín
