Presentación de Raíz dulce, el libro de Juan Rivero, por Raúl Gil
HISTORIA DE LA PÉRDIDA
Porque en la historia de la pérdida
está
todo el que vive,
siembro esta planta a la luz de la nada
y la observo existir,
y me reflejo en ella
como en los ríos que crecen,
y mi cuerpo se colma,
como el suyo, de tiempo;
una columna mínima
de verdor suave,
ya entregada a la muerte, igual que todo,
pero naciente y viva.
Y viva, al fin.
19 de abril de 2026
Traemos aquí el texto de la presentación del libro de Juan Rivero escrito por Raúl Gil, quien descubriremos que es su amigo, en la librería Andenbuch de Teresa Cosci en Berlín-Kreuzberg el día 21 de abril de 2024. Agradecemos a Raúl la amabilidad de proporcionarnos el texto para su publicación.
Buenas tardes, a todos y todas. Gracias por acompañarnos hoy para presentar Raíz dulce de Juan F. Rivero, libro del que acabo de leer su primer poema. Muchas gracias, Teresa, por acogernos en tu hermosa librería. En este mítico patio literario de la Bergmanstraße.
Bienvenido a Berlín, querido Juan. Muchas gracias por estar aquí.
Estos últimos días he pensado mucho en el lugar central que ocupa Berlín para la literatura en español, gracias a la labor de instituciones como el Instituto Cervantes, librerías como Andenbuch, espacios literarios como el Salón Berlinés, proyectos editoriales, clubs de lectura, tertulias literarias o revistas especializadas como Desbandada. Y por supuesto gracias a una hornada de autores y autoras que escriben en castellano desde Berlín, con especial mención a Samantha Schweblin que nos acompaña hoy aquí, y a una comunidad lectora que no para de crecer. No hay más que echar un vistazo a cómo está hoy la librería.
En ninguna otra capital europea hay una actividad tan frenética y fructífera para la literatura en español como en Berlín. Berlín es la capital de la literatura en español del mundo no hispanohablante. Esto genera atracción y provoca que autores como Juan decidan incluir nuestra ciudad en su agenda de presentaciones.
La primera vez que escuché hablar de Juan fue precisamente en Berlín. Era 2015 y yo estaba en los días previos a retornar a España. Había aceptado un trabajo en una editorial cuyo responsable vivía temporalmente en Berlín y se mudaba de vuelta a Madrid. Recuerdo que uno de los argumentos para convencerme de incorporarme a su equipo fue que tenían un editor que sabía muchísimo de literatura y era poeta.
Me acuerdo bien del día en que Juan entró por la puerta de la editorial en la madrileña calle Ventura Rodríguez, entonces con su pelo largo anudado en una coleta, y tengo muy presentes en mi memoria todos los momentos compartidos tanto en las oficinas de la editorial como fuera de ellas, hablando de literatura, política y vida.


Tengo tres o cuatro personas imprescindibles de los años que pasé en Madrid y Juan es una de ellas. Nos prestábamos libros, comentábamos lecturas, y muy pronto empezamos a intercambiarnos textos. Yo le pedía que revisara mis relatos (pensaba que como era editor podía hacer magia y convertirlos en algo decente) y él me dejaba leer sus poemas.
Desde el primer poema que pude leer de Juan supe que estaba ante algo especial. Mi reacción más habitual al leer era de incredulidad, cómo podía ser que el chaval que se sentaba a mi lado en la editorial pudiera escribir así.
Me sé de memoria algunos de los versos de aquellos primeros poemas compilados en Canícula.
Hay un lugar al fin de la memoria en que el amor se extiende como un gato. Es un lugar poblado por helechos y por líquenes, es el lugar en el que está la línea en que termina la textura.
La mano que acaricia la memoria se detendrá al principio de esta frase.
Tienes los ojos claros como almendros blancos bajo la luz de un cielo en explosión continua.
Aquellos poemas ya bastaban para considerar a Juan un gran poeta.
Pero a él no le bastaba.
Siguió investigando, leyendo y escribiendo, se sumergió en la tradición japonesa, y llegó Las hogueras azules, el primero de los poemarios publicados en la Editorial Candaya. La editorial que descubrió a Mónica Ojeda, por ejemplo. Palabras mayores.
Las hogueras azules, que fue premiado como libro del año por el Gremio de Librerías de Madrid, consiguió que Juan se hiciera un lugar importante en la poesía española, llegando a un gran número de lectores y lectoras, y que algunos de los poemas del libro, la mayoría muy breves, sigan hoy compartiéndose como símbolos de la capacidad de la poesía por crear belleza.
Aún sigo aquí.
Oigo el vacío
de las horas perfectas.
No tener nada
salvo un montón de libros
y unas manos
distintas de las propias
entre las que dormir.
Pero Juan quería más y ya antes de terminar Las hogueras azules se puso a escribir lo que terminó siendo el libro que hoy estamos presentando. Cuatro años de trabajo ha invertido.
Conociendo cómo es Juan de obsesivo escribiendo y editando y que además ha trabajado con material de su propia vida, seguro que el proceso creativo ha sido tremendamente intenso. A los grandes poetas se les mide por su humildad a la hora de trabajar el material.
Compré Raíz dulce en la librería Picasso de Granada en un viaje de trabajo a España, al poco de salir publicado.
Juan me había ido contando sobre el proyecto, pero fui directo a leer la contra para tratar de entender lo que me esperaba:
Entre el poemario y la novela, entre la prosa y el verso, entre la biografía, la carta, la elegía y la ficción, Raíz dulce juega a situarse siempre sobre una frontera inesperada. Estructurado en torno a una larga historia de amistad truncada por la muerte, este libro recorre dieciséis años de vida y experiencias compartidas, pero también de distancia, soledad y miedo, como si fuera trazando una sinuosa línea de recuerdos sobre la que el lector, arrastrado por la corriente del lenguaje poético, va penetrando en el amor ajeno y la memoria personal. Así, Juan F. Rivero continúa explorando algunas de sus obsesiones literarias: la memoria, el amor, la muerte y la degradación del cuerpo que resiste.
¿Poemario, novela, prosa, verso, biografía, carta, elegía, ficción? Qué locura es esta, pensé. Pero es que incluso también hay una parte de ensayo, con las notas repartidas por el libro en páginas negras que me recuerdan a las míticas negras de la editorial Acantilado. Y hay un diálogo constante con la tradición literaria, por medio de las citas que abren cada poema y que se compilan al final del libro explicadas con todo detalle, como corresponde a un editor de clásicos como Juan.
No es un libro fácil de explicar, Juan, hay que leerlo, no hay otra manera de tratar de entenderlo.
Leí una parte del libro en el avión de vuelta a Berlín, esto era un miércoles, y no encontré tiempo de calidad hasta el sábado por la mañana para terminarlo.
Me quedé muy impactado, conmovido e impresionado por lo que acababa de leer.
Mi cerebro repetía algunas frases:
El simple movimiento de la vida es el amor.
No hay más que un gran segundo del paleolítico a ti.
Recuerdo unas stories que publiqué justo esa mañana en Instagram:
“Me va a costar reponerme de la lectura de Raíz dulce. No soy la misma persona después de leerlo. Dentro de cien años, si aún hay vida sobre la tierra, alguien contará que Juan F. Rivero escribió el gran libro sobre la pérdida. Y yo, desde donde esté entonces, sonreiré sobrecogido.”
“Me gusta leer haciendo capturas de fragmentos o citas destacables para guardarlas o compartirlas por aquí. Con Raíz dulce me ha sido imposible, porque tendría que haber fotografiado cada página. Lo dejaré reposar un tiempo y volveré, porque la belleza necesita repetición. Una gran parte de la profunda emoción de la lectura de este libro ha sido la lectura misma, pero hay espacio también para la sacudida que provoca constatar que Juan F. Rivero es el mejor escritor de su generación, que Raíz dulce es una obra maestra.”
Recuerdo que estaba sentado en la mesa de la cocina de casa, tratando de digerir lo que acababa de leer y pensando con qué otros libros había tenido una conmoción similar. Y me vino a la memoria mi enorme emoción cuando leí por primera vez Los detectives salvajes de Roberto Bolaño.
También había en mí un espacio para pensar que quizá estaba exagerando, y que seguramente estaba influido por la profunda amistad que me une con Juan, y por la admiración que le tengo como escritor y como persona.
Pero entonces llegaron los comentarios tan positivos de otros lectores y lectoras y la fantástica crítica de alguien tan respetado como Vicente Luis Mora para terminar con esas dudas.
Dijo Vicente:
Si Las hogueras azules fue un libro inesperado y singular, con una repercusión, tan amplia como merecida, que puso a Juan F. Rivero la etiqueta de “promesa a tener en cuenta” de la poesía española, Raíz dulce es algo parecido a un hito, a una aportación sustancial que hay que examinar detenidamente, para entender lo que supone en nuestro panorama.
Y para examinarlo detenidamente estamos hoy aquí con vosotras y vosotros y con Juan, a quien me gustaría pedir que leyera algún fragmento de Raíz dulce para entrar en calor del todo.
POR UN INSTANTE
Pienso en la idea infantil
de la felicidad,
ese amasijo blanco
en que se forman
las primeras raíces de esperanza.
Es una tarde sencilla de junio;
bajo la curva serena del cielo,
el mundo sueña
una transformación.
En Ciudad Lineal,
los niños juegan de las manos
de sus padres. Los viejos callan, quietos,
y los miran
como si los tratasen de entender.
No demasiado lejos,
alguien
salta al vacío
y,
por un instante,
vuela.
4 de septiembre de 2026
EL BOSQUE DEL DOLOR
Si en el inmenso bosque del dolor
naciese un árbol
sembrado en otra vida, hace ya mucho,
por mí,
si el implacable ascenso
a la memoria
se truncara y volviesen
los fantasmas que he sido,
si me fuera algún día
sin las palabras puestas
y aunque llamaseis no os supiese contestar,
recordad que hubo un tiempo
en el que fui feliz
y en que amé como un niño todas estas cosas
en su camino hacia la destrucción.
1 de noviembre de 2026
VÍA LÁCTEA
Así existe lo bello
sin sentido ni fin:
más allá de la luz
pesada y turbia
bajo la que respira
la ciudad,
más allá de la negra
mansedumbre del cielo,
más allá de la luna
dulce y triste,
de los planetas sordos
como piedras,
del cinturón de Kuiper,
de la nube de Oort,
más allá del helado campo
del vacío,
brilla lejanamente
la Vía Láctea.
19 de enero de 2027
VIENTOS DE MARZO
Solo, frente al balcón,
viendo al viento agitar
estas ramas cargadas
de flores,
comprendo
la tristeza profunda
de primeros de marzo,
cuando el mundo, rendido,
es obligado a alzarse
y revivir.
10 de marzo de 2027
Juan F. Rivero (Sevilla, 1991) es poeta, traductor y editor, con especialidad en clásicos literarios. Como poeta ha publicado los poemarios Canícula (2016, 2019) y Las hogueras azules (Candaya, 2020), por el que recibió el Premio Libro del Año 2021 del Gremio de Librerías de Madrid. Como traductor, ha publicado La semilla y el corazón. Antología de poesía japonesa (2022), que preparó junto con Teresa Herrero, y La escuela poética de Nueva York. Antología (2020), para la que tradujo una selección de poemas de John Ashbery. Actualmente reside entre Sevilla, Pontevedra y Madrid.

Raúl Gil Benito (Santoña, 1975) vive y trabaja en Berlín apoyando a la comunidad de migrantes desde La Red. Ha escrito relatos, publicado un par de libros y trabajado en una editorial, donde en 2015 tuvo la suerte de conocer a Juan F. Rivero, con quien le une una gran amistad . Durante un tiempo fue librero, “el mejor oficio del mundo”, y es un lector empedernido que considera la publicación de Raíz dulce el acontecimiento literario del año en España.


















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