Por Moira Morgulis
Reas (Argentina/Alemania/Suiza) es un film singular. Documental-ficcionado-musical, crea su propio género y hace de la cárcel una isla en el fragor del mundo, la isla de la comunidad. Luminoso, abre el espacio para que elles cuenten, bailen y canten sus propias historias. Acaba de estrenarse en la sección Forum de la Berlinale y hay más funciones. Conversamos con su directora, la argentina Lola Arias.
–¿Qué te gustaría ser?
–“Millonaria” –dice Yoseli Arias en primer plano–.
La hacen desnudarse, le sacan una foto al tatuaje que tiene en el hombro, el de la Torre Eiffel que aún no pudo conocer. El primer día una compañera le advierte: “acá todo se comparte, y la comida que te trae tu familia es la comida de todas”.
En la cárcel, los límites y los territorios parecen desdibujarse: el adentro, el afuera, la privacidad, qué es de quién, a quiénes le pertenecen los cuerpos.

Reas -Yoseli Arias ©Gema Films
Una de las reclusas, travesti, les enseña a las demás compañeras a bailar vogue: “el vogue lo puede bailar cualquiera”. Entre ellas y elles se enseñan a boxear, a coser, se ayudan a conocer las leyes y sus derechos. «Para todos, todo». Arman comunidad donde, al contrario de lo que sucede allá afuera, “nadie es más que nadie”. Hacen un refugio del encierro, una pequeña donde democratizan sus modos de existir y de vincularse.
Por momentos vuelven a la infancia, convierten el patio de una prisión en el patio de una escuela, como niñas que juegan en el recreo. Su escenografía es la ex cárcel de Caseros, que usan para actuar sus vidas –ahora que están en libertad– como ex internas de la cárcel de Ezeiza, provincia de Buenos Aires.
Bailan vogue, hand performance con “uñas carísimas”, hacen de cuenta que tienen eso que les faltó. A una prostituta la coronan «femme queen de Rosario».
La música fuerte molesta a la jefa del turno. Ellas bailan, ríen, la alegría es su rebeldía. El documental ficcionado, o ficción documentada, se transforma en videoclip. Cantan: «París o Nueva York, Barcelona o Milán, no sé cómo serán esas ciudades, adonde voy a ir no van a encontrarme», «esa maldita pared, yo la voy a romper algún día».
Una pareja “se casa”. Fuman cigarrillos en la cama, recostados sobre una pared pintada de un atardecer en la playa.

Reas ©Gema Films
Yoseli, de 26 años, dice: “vos me ves acá, pero mi cabeza está en otro lado”. Ella, que terminó presa por llevar dos kilos de estupefacientes en la valija y nunca llegó a subirse al avión, cuenta sobre uno de sus tatuajes: “«Never give up» significa «nunca te rindas», y me lo hice porque me gustaría conocer París”.
Las «reas» arman una banda de rock y tocan su propia canción, cantan su verdad, se apropian de su historia: “el pasado te persigue y el futuro no puede llegar”.
Hacen una playa en medio del cemento. Afuera la vida sigue. «El miedo de volar es sólo para el que tiene dinero o algo para perder».
Lola Arias llega en bicicleta al café donde quedamos en hacer la entrevista. En alemán, pide un café e iniciamos la charla.
MM: En 2019 diste un taller de cine y teatro en el penal de mujeres de Ezeiza. ¿Qué te impulsó a hacerlo?
LA: En realidad yo ya había ido a Ezeiza varias veces con distintos proyectos artísticos, algunas veces acompañando talleres de otras artistas en la cárcel –un taller de coreografía y otro de literatura–. También fui a presentar mi película Teatro de guerra, y me impresionó la necesidad de arte dentro de la cárcel: el valor y el impacto que tenía cuando se hacían actividades artísticas en contexto de encierro, para las personas que estaban privadas de la libertad. Entonces empecé a pensar en hacer un taller yo misma. De hecho, en ese momento llamé a una coreógrafa porque tuve la sensación de que el trabajo también tenía que ser corporal, porque en contextos de encierro no sólo el alma y la mente sufren sino que los cuerpos son totalmente controlados y observados y están en una situación de opresión. Me pareció que necesitaban la música y el baile para poder encontrar un espacio de libertad ahí adentro, y con esa idea empecé el taller que luego me hizo pensar en hacer la película musical-documental.
A lo largo de tu carrera dirigiste mucho teatro, ¿qué diferencias percibís en el cine?
Hice dos películas y muchas videoinstalaciones, pero además en mis obras de teatro el trabajo audiovisual siempre estuvo presente: los recursos audiovisuales, la cámara en escena, el material de archivo filmado siempre ocuparon un lugar, con lo cual no me resultó tan grande el paso del teatro al cine, porque de alguna manera ya estaba integrado en mi práctica teatral. Creo que la diferencia tiene que ver con que el cine es tiempo en estado fijo: vos fijás una situación, una escena, un relato en un momento determinado, y el teatro justamente siempre es aquí y ahora, siempre es nuevo, siempre necesita que las personas estén ahí. Y eso hace que el tipo de trabajo sea muy diferente, sobre todo en el trabajo documental que yo hago. Me resulta incluso mucho más controlable y manejable hacer una película en el sentido de que, si bien hay mucho trabajo de escritura y de ensayo, una vez que está terminada, está fija: yo ahora estoy tranquila, tengo que estrenar el domingo y no estoy sufriendo. En cambio, en el teatro y, sobre todo, en proyectos con performers no profesionales, siempre hay una fragilidad y algo que siempre está al borde de no poder ocurrir, que hace que sea un trabajo muy estresante también.
¿Las protagonistas de Reas ya vieron la película? ¿Cómo reaccionaron? ¿Saben que se estrena en la Berlinale?
Sí, en realidad elles vieron fragmentos de la película, no la vieron terminada porque la idea es mostrárselas con público en Argentina cuando se estrene. Lamentablemente no pudieron viajar a acompañar el estreno en Berlinale por la situación en la que estamos, porque no hay recursos en Argentina para apoyar este tipo de proyectos –el INCAA, por ejemplo, naturalmente pagaría algunos pasajes a un festival, pero eso no existe ahora–, entonces lamentablemente no pueden estar acá. Pero claro, saben que se estrena, están esperando ansiosamente como nosotres.

Lola Arias
¿Qué están haciendo ahora que están en libertad?
Hay situaciones muy distintas. Son catorce personas que integran la película. Pero básicamente hay mucha precariedad, tienen trabajos temporarios, mal pagos, inestables. Ésa es la situación de muchas personas en la Argentina, y ellas con antecedentes penales no son una excepción: trabajan en el cuidado de personas mayores, en la limpieza o atendiendo en bares –lo que pueden, lo que encuentran–. Con lo cual, lo lindo del proyecto es que va a haber una segunda parte, una obra de teatro que va a ser la posibilidad de continuar el proyecto y darles una estabilidad económica, como un trabajo que se expanda en el tiempo y les dé un poco de perspectiva de futuro. En mayo se estrena en Argentina, en julio en Avignon y después va a tener como un año de gira hasta junio de 2025.
¿Y cómo fue el trabajo, estando vos en Berlín?
Estuve en Argentina dos veces ya, para hacer algunas instancias de ensayos, y ahora en marzo me voy de nuevo. Además están trabajando con una coreógrafa, Andrea Servera, una música, Inés Copertino, y Ulises Conti; y en entrenamiento musical y vocal con Pablo García Arias. Hay todo un equipo que las está entrenando para esta instancia nueva.
¿Sentís que algo cambió en sus vidas a partir del rodaje y el estreno de la película?
En cierto sentido uno puede decir que nada cambió, porque la situación de precariedad y vulnerabilidad en la que están no ha cambiado sustancialmente. Pero sí algo más profundo que tiene que ver con la autoestima, la valoración, con haberse sentido parte de algo que tiene valor, que es importante, haberse sentido escuchades y haber trabajado en un grupo profesional y artístico. Eso les dio mucha confianza y esperanza –en un momento en que es difícil tener esperanza en Argentina–. Creo que el proyecto les dio una perspectiva, esperanza, una conexión con un montón de gente que no conocían. Descubrir el arte es inspirador y abre puertas en las vidas de las personas.

Reas ©Gema Films
¿Leíste o viste algo de César González?
¡Sí! El libro de César González me encantó, El niño resentido. Totalmente, muy inspirador también en el trabajo con la marginalidad.
En el año 2019 te mudaste a Berlín…
En realidad vengo viviendo en Berlín desde 2009, pero de manera interrumpida. En 2009 fue la primera vez que me mudé a Berlín, y luego fui y volví de Argentina muchas veces. Ahora estoy instalada desde 2019 ya permanentemente.
¿Qué te llevó a hacerlo? ¿Por qué Berlín?
Muchas cosas, básicamente por mi trabajo, diría. Porque amo esta ciudad donde el mundo entero confluye, porque me gusta su suciedad, su heterogeneidad, su complejidad. También la padezco (risas), padezco su ética protestante alemana, la idea del esfuerzo, el poco sentido del humor a veces, la mala onda, el mal clima. Pero también agradezco sus instituciones, sus espacios de arte, sus teatros. Mi trabajo de los últimos años no hubiera sido posible sin instituciones que realmente apoyen al nivel en que apoyan aquí los proyectos, porque requiere muchos recursos. Y no porque sean costosos o porque tengan escenografías de oro o porque yo tenga un salario muy alto, sino porque implican un compromiso con personas en situaciones muy complejas.
Por ejemplo, la obra que yo hice, Futureland, con menores no acompañados provenientes de Siria, Afganistán, Guinea, etc., implica que en la institución tienen que comprometerse no sólo a hacer una obra sino a sostener un grupo a lo largo de mucho tiempo. Y esos proyectos necesitan instituciones fuertes, entonces eso sí le agradezco a Alemania: instituciones que tienen un compromiso con la cultura, con el arte que es político y que, más allá de que puedan cambiar las autoridades, se mantienen a lo largo del tiempo. En comparación al país de donde venimos –donde parece que todo puede desmoronarse, las instituciones pueden cerrarse, los institutos se ponen en cuestión por una ley de un fascista que cree que puede cambiarlo todo–, acá siento la seguridad de las instituciones que tienen un compromiso.
Sin ir más lejos, en su discurso en la entrega de los Premios Goya, Pedro Almodóvar se refirió a los miembros del partido VOX, que acusaron a los cineastas de “vivir de producir obras cinematográficas que luego no ve nadie, a costa de millones de euros que pagan los contribuyentes españoles”.
Creo que el problema de la idea de la cultura como un gasto, como un desperdicio, como algo que no es redituable, es una idea muy primitiva. Primero porque no es cierto: la cultura no es un gasto, no es un desperdicio. Y, segundo, porque un país es su cultura y eso le da una identidad cultural, prestigio internacional, un lugar en el mundo. Y no sólo les da una identidad a las personas sino también fuentes de trabajo. La cultura y el arte son fuentes de trabajo. Cuando Javier Milei en Argentina quiere cerrar el INCAA o desmantelar el Instituto del Teatro, está dejando sin trabajo a un montón de personas. Además, muchas de esas instituciones ni siquiera toman recursos del Estado, porque, por ejemplo, el INCAA es autárquico, se sustenta con recursos de impuestos. Con lo cual todo es una argumentación falsamente económica porque, en realidad, la discusión es ideológica. ¿Por qué Milei ataca a la cultura? Porque es una amenaza, porque la educación, la cultura, el arte son herramientas de emancipación y de pensamiento crítico y, por supuesto, lo que él quiere es eliminarlas. Porque le tienen miedo a la cultura, y creo que eso aplica para muchos otros movimientos de derecha, que les tienen miedo a lo que les da herramientas a las personas para pensar.
¿Qué desafíos te trae hacer teatro en Berlín?
El desafío de ser extranjera, sí, y de no hablar bien la lengua –yo también soy una outsider en el mundo de la cultura alemana–, de no tener las mismas referencias o la misma educación o el mismo background que los artistas de acá. Pero a la vez creo que fui muy afortunada en el sentido de que es una ciudad llena de artistas y hay pocas personas que realmente logran vivir de lo que hacen y tener un espacio donde poder mostrar y trabajar. No fue fácil pero siento que hay un pequeño lugar en esta ciudad para mí y para mi trabajo. Ha costado sudor y lágrimas, pero está ahí y es muy lindo saber que existe, que también es posible: siendo mujer, siendo extranjera, hablando mal la lengua, también es posible que te hagan un lugar aquí.
¿Cómo te llevás con el idioma acá? ¿Estudiaste?
Sí, estudio hace años. Bah, estudié, ahora ya directamente me he cansado de estudiar. Hablo alemán mal, siendo que nunca di el paso de sentirme completamente segura en la lengua. Y como en general trabajo mucho internacionalmente con personas de otros lugares, siempre la realidad es que se impone el inglés, más que nada, con lo cual nunca me sentí contra la espada y la pared para tener que trabajar en alemán. Eso también siento que es, diría, un privilegio: poder trabajar en inglés en esta ciudad. Sin embargo, aprendo la lengua, la sigo aprendiendo, aprendo con mi hijo de nueve años que habla mucho mejor que yo. Y me encanta en realidad el alemán, me gustaría que fuera más fácil.
¿Extrañás Buenos Aires? ¿Qué extrañás?
Voy mucho y trabajo mucho en Buenos Aires, así que la extraño pero a la vez la habito. Por suerte me invento proyectos para poder ir siempre y seguir conectada con la cultura de mi ciudad. Siento que tengo una relación bastante fluida con la ciudad.
¿Sentís que Berlín es tuya? ¿Te apropiaste de la ciudad?
Sí, siento que es mía, ciertos lugares –no sé si toda Berlín, pero algunos lugares son míos. Los últimos quince años hice proyectos no sólo en Alemania, España, Italia, Francia, Argentina, Chile, Brasil. Me gusta esa sensación de tener una relación menos estática o fija con los lugares. También sé que en algún momento me iré de Berlín y seguirá siendo un gran amor, pero donde no necesito vivir todo el tiempo. Me acostumbré a pensar que no hay un único hogar. El hogar uno lo lleva consigo, tu hogar son las personas que amás, ciertos espacios vitales que no necesariamente están ligados a un territorio.
¿Qué expectativas tenés alrededor de la película?
Estoy muy contenta de que se estrene en Forum que es una sección que me encanta. Barbara Wurm, la nueva directora de Forum, ha apoyado mucho la película y eso fue muy importante. Tengo la expectativa de que se vea, ya eso me parece una fiesta. Fue un trabajo tan complejo y tan difícil, que en muchos momentos pensé realmente que no iba a ocurrir, porque fueron cinco años haciendo la película y pasó por muchas fases. Y el hecho de que ya está, está ahí y existe y no se va a deshacer antes del domingo me da mucha felicidad.
Me da mucha alegría que las historias de esas personas que crecieron en contextos tan precarios y vulnerables, en situaciones tan marginales en Argentina, tengan un lugar, que sus historias se escuchen aquí en Alemania y que se les vea también hermoses, brillantes, haciendo algo que también muestra a estas personas no sólo como personas que atravesaron una experiencia de horror y de opresión y de violencia como es estar privadas de la libertad, sino también como personas que tienen un montón de potencial y belleza y que tienen mucho para dar y mucho futuro por delante. Entonces me gusta que la película tiene algo luminoso, que no repite esa representación de la cárcel supuestamente realista de las series de televisión miserabilistas que reproducen el mismo estigma una y otra vez, sino que tiene algo muy luminoso y que reconoce que, además de violencia y horror ,dentro de la cárcel también hay comunidad, también amor, también hay gente que se apoya para sobrevivir.
¿Y qué te gustaría que sucediera a partir del estreno en Buenos Aires?
Creo que en este momento, en Argentina el gobierno de Milei promueve un discurso extremamente violento y discriminante. Hace poco leí una declaración, creo que era del jefe de gobierno, diciendo que las personas extranjeras con antecedentes penales tienen que ser expulsadas del país. Realmente me cuesta entender que una sociedad que dice que la cárcel te rehabilita, después no le dé una oportunidad a la persona. Porque yo no creo que la cárcel sirva para nada, honestamente, pero sí creo que si alguien cometió un delito y pagó su condena, no podés condenar a alguien para siempre. Las cárceles en Argentina están mayormente habitadas por personas que están por debajo del nivel de pobreza, porque aunque los delitos los cometen también personas muy adineradas que no van a la cárcel. Me parece que en ese sentido la película, y la obra cuando se estrenen en Argentina, también son formas artísticas de resistencia.
¿Creés que Yoseli va a ver la Torre Eiffel?
Sí, porque de hecho vamos a ir a París con la obra. En octubre de este año tenemos funciones en el Théâtre de la Ville de París, así que Yoseli va a ver la Torre Eiffel.
El mejor final que podría tener una película u obra: un final feliz.
Totalmente (risas), un final feliz.
Trailer de Reas. Ver aquí.
Próximas proyecciones de Reas en la sección Forum de la Berlinale el 20, 22 y el 23 de febrero. Ver aquí.

Lola Arias nació en Buenos Aires, Argentina, en 1976. Es escritora, directora teatral, artista plástica, música e intérprete. Estudió literatura en la Universidad de Buenos Aires y dramaturgia en el Conservatorio Metropolitano de Buenos Aires. Entre sus obras de teatro figuran Mi vida después, Familienbande, The enemy within, El arte de ganar dinero, Lengua materna y la trilogía Striptease, Sueño con revólver y El amor es un francotirador. También ha realizado videoinstalaciones y lanzado música con su colaborador Ulises Conti. Teatro de guerra, su primer largometraje, se estrenó en la sección Forum de la Berlinale en 2018. Contacto: https://lolaarias.com/

Moira Morgulis (Buenos Aires, 1991) es música, cantante y docente. También es locutora, actriz de doblaje, escritora y comunicadora. Hizo radio y escribió en medios digitales. En 2020 publicó su primer libro de poemas, «Una voz imperfecta», por Editorial Niña Pez. Además, pasó por dos carreras que nunca continuó: Producción Vegetal Orgánica y Etnomusicología.
Imagen de portada: Yoseli Arias, Ignacio Amador Rodriguez ©Gema Films
