Perfect days es el regreso a Tokio de Wim Wenders. Un film que narra una pequeña historia en la gran ciudad. Una celebración de lo único e irrepetible que se esconde en la vida cotidiana. Premio al Mejor Actor en Cannes 2023. Desde el 21 de diciembre en los cines de Alemania.
“Todos los días”, repite Charlie Rose. “Todos los días”, repite David Lynch. “Siempre lo mismo”, repite el famoso periodista con una sonrisa. “Siempre lo mismo”, repite el famoso director de cine norteamericano con una sonrisa. “Es muy bueno”, agrega. “Me imagino, sino no comería usted siempre lo mismo. ¿Qué almuerza?” “Tomates, atún, queso feta y aceite de oliva.” “¿Y qué cena?” “Pollo, pequeños trozos de pollo con brócoli y salsa de soja.” “¿Todos los días?” “Sí, todos los días. Salvo cuando viajo.” ¿Podemos decir que usted es una criatura de hábitos? “Sí, el hábito como rutina diaria. Si hay un cierto orden allí, uno está libre para volar mentalmente a cualquier sitio. Es una suerte de cimiento seguro a partir del cual uno puede saltar.” ¿Por qué David Lynch come lo mismo todos los dias cuando está escribiendo?, es uno de los interrogantes que persigue la entrevista del año 2000. “Cuanto más puro el entorno, más fantástico puede ser el mundo interior”, responde el director de Blue Velvet, Twin Peaks, Wild at heart. Con una sonrisa.

Hirayama, el protagonista de Perfect days, la última película de Wim Wenders, también tiene una rutina que repite día tras día. Hábitos y minimalismo se conjugan en la modesta y retirada vida de este hombre maduro que limpia baños públicos en Tokio. Y fuera de ello se dedica a su pasión por la música, que escucha en cassettes, y por la literatura, que lee todas las noches en libros de bolsillo de segunda mano. Hay una lejana melancolía en este Hirayama de muy pocas palabras. Hay también una sonrisa a flor de piel -en los labios o en la mirada- en este Hirayama que siempre alza la vista. Al cielo. Al árbol que fotografía metódicamente con su cámara Pocket en la pausa del mediodía. ¿Cuánto se repetirá ese día que parece siempre un solo mismo día en este film?, nos preguntamos en un punto como espectadores, pero el film de Wenders ya se encarga de llevarnos por otros sutiles caminos, los que van abriendo sucesivos encuentros. Y la repetición es como un mantra de abstracción que solo deja visible el aquí, el detalle, lo único, lo mínimo y esencial. También para, a través de ellos, acercarnos al enigma del pasado de Hirayama.


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“La belleza de este ritmo monótono de ‘eterna uniformidad’, señala Wim Wenders, “es que de repente empiezas a prestar atención a todas las pequeñas cosas que no permanecen iguales, sino que cambian cada vez. Si, como Hirayama, realmente aprendes a vivir completamente en el aquí y el ahora, ya no hay rutina. La sustituye una sucesión continua de acontecimientos únicos, encuentros únicos y momentos únicos. Hirayama nos lleva a ese reino de la presencia satisfecha. Y como vemos el mundo a través de sus ojos, también percibimos con franqueza a las personas con las que se encuentra: su perezoso compañero de trabajo Takashi y la chica que le gusta, Aya; el sin techo que vive en el parque donde Hirayama trabaja cada día; su sobrina Niko, que irrumpe de pronto en su vida; su hermana Keiko, que aparece para llevar a su hija de vuelta a casa; ‘Mama’, la dueña de un pequeño y sencillo bar al que Hirayama va en sus días libres, su ex esposo…”.

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Volver a Tokio: filmar como abrir los ojos
Apenas ha pasado la pandemia cuando Wenders recibe la invitación a Tokio. Un proyecto social en la ciudad, una serie de baños públicos diseñados por reconocidos arquitectos, podría interesarle para una serie fotográfica o una serie de films documentales, escribe Takuma Takasaki, quien terminaría siendo su co-guionista en Perfect days. Esos casi pequeños templos, pequeñas joyas arquitectónicas generalmente inmersas en el verde de los árboles de plazas y parques, fascinan a Wenders. Pero enseguida es de la idea de que el proyecto debe devenir otro formato. Los «lugares» siempre se hallan mejor contenidos y guardados en una historia de ficción que en los formatos documentales, piensa. Como en Las alas del deseo/ Der Himmel über Berlin, que también comenzó con el deseo de mostrar la ciudad en todas sus facetas. Pero si entonces hubiera hecho un documental sobre Berlín, los lugares-escenarios de la película no se habrían visto expresados en su esencia del mismo modo como luego en la historia del ángel, piensa. En apenas y exactamente 16 días, lo previsto para el proyecto inicial, filmará finalmente Perfect days. Una historia centrada en un solo protagonista, encarnado por el magnífico Koji Yakusho (La anguila, Memorias de una geisha, Babel). En un rol que lo pone frente a la cámara casi toda la película y casi sin pronunciar palabra, y por el que mereció el premio al Mejor Actor en Cannes 2023.
Para Wenders, filmar en Tokio es volver a Tokio, y al cine de un maestro del cine que admira profundamente: Yasuhiro Ozu (1903-1963). “Si uno pudiera filmar como cuando uno simplemente abre los ojos. Solo mirar, sin querer dar prueba de nada”, ansía mirando el recorte del cielo y el ala por la ventanilla del avión al comienzo de Tokio Ga, el documental que filma allí en 1983 a la búsqueda de las imágenes de Ozu. Cuando la brecha entre el cine y la vida es tan grande, impacta cuando uno encuentra algo verdadero, señala. Esa verdad es la que encuentra en el cine de Ozu. Perfect days rinde homenaje a ese cine. Encuentra inspiración en esas películas que contaban siempre las mismas simples historias de las mismas personas en la misma ciudad: Tokio. También con un lenguaje cinematográfico depurado y austero, una historia simple, un relato lineal, en Perfect days hay como en los filmes de posguerra de Ozu, una historia familiar y un contraste entre la tradición o los viejos tiempos y los nuevos tiempos. Hirayama es un analógico de música en cassettes en tiempos de Spotify. Aunque en tiempos modernos vintage en los que los cassettes están de moda…

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Dos guiños revelan claramente la inspiración Ozu: las secuencias de imágenes en blanco y negro de los sueños de Hirayama recuerdan los llamados “planos almohada” del director japonés, quien, entre las escenas solía intercalar series de imágenes que adquirían un valor poético-metafórico –ropa tendida al viento, postes de luz recortándose contra el cielo…–; una cesura en el relato que instaura un tono contemplativo en el que se expresan emociones profundas de los personajes. Y también el “efecto sojikei” tienta a Wenders, un recurso que originalmente viene de la comedia muda y que consiste en que dos personajes realizan al mismo tiempo la misma acción, actúan a la par, miméticamente. Así como padre e hija en Primavera tardía, en Perfect days, serán Hirayama y su sobrina Niko los unidos por ese hilo invisible. Un hilo invisible que conmoverá la satisfecha vida solitaria de Hirayama.
La música que ya es cine
Pero Perfect days es también un puro Wenders, que en la madurez de su carrera y después de grandes producciones, narra con suma ligereza, delicadeza y simplicidad, y leitmotivs que evocan ya sus primeros films. Un cine de las imágenes en movimiento y de las emociones: de las e-motions. Allí están las ciudades –aquí, esa Tokio que Perfect days muestra como un gigante atravesado por vías y autopistas en permanente circulación, un conglomerado denso de altos edificios, con la torre de televisión más alta del mundo, el Skytree, recortándose siempre sobre el horizonte de una urbe donde conviven muchos mundos, y en uno de ellos transcurre la pequeña historia de Hirayama. Allí están los niños: en el cine de Wenders, los mejores interlocutores, los que preservan una mirada que el adulto ha perdido. Allí está el niño interior que preserva la capacidad y el goce del juego. Allí está el sueño americano, con esa sensación de amplitud y de posibilidad de nuevo comienzo que invade al andar por la carretera, al estar on the road; allí están la literatura, la música norteamericana.
3 LP’s norteamericanos, de 1969, el primer film de Wenders, realizado junto con el escritor Peter Handke, está hecho simplemente de tres canciones y tomas desde un auto. Como en Perfect days, cuando Hirayama va escuchando la música de sus cassettes mientras conduce por la ciudad. Música de los ‘60 a los ’80 que va de Velvet Underground a Ottis Redding, Patti Smith, Van Morrison, The Kinks, y también música japonesa de la misma época. Perfect day de Lou Reed da así título a la película. Una versión en japonés de The house of the rising sun que entona Mama en el bar condensa, en una maravillosa escena, todo el pathos y la melancolía del alma japonesa. «En el rock se trata más de emociones e imágenes que se suscitan que de la música en sí“, decía por entonces un joven Wenders. No necesita de imágenes cinematográficas, decía, porque el cine ya está en la música. También en Perfect days la música no es banda sonora; es relato fílmico, es cine en sí misma.

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Perfect days, que representará a Japón en los premios Oscar en el rubro Mejor Película Internacional y se estrena el 21 de diciembre en los cines alemanes, es una celebración de las historias cotidianas –para Ozu, para Wenders: las únicas historias. Es una celebración de lo simple y único que nos depara la vida cada día, con sus toques de comedia, su melancolía, la belleza efímera y sutil de los rayos de sol colándose entre el follaje. ¿El río desemboca en el mar?, le pregunta Niko, la sobrina, a Hirayama. ¿Vamos al mar? La próxima vez, responde Hirayama. ¿Cuándo es la próxima vez? La próxima vez es la próxima vez. Ahora es ahora. La próxima vez es la próxima vez. Ahora es ahora. –Ese es el mantra. Cada día es un nuevo amanecer, un nuevo día, una nueva vida, canta nada menos que Nina Simone mientras Hirayama conduce por la gigantesca ciudad que se despierta una vez más con todas sus historias.
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Todas las imágenes ©Master Mind Ltd.

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