José Canops, los muebles del rey

Desde el 12 de octubre, el Kunstgewerbemuseum de Berlín ofrece una exposición en torno a los muebles del rey Carlos III de España diseñados por el ebanista de origen alemán José Canops, nacido en Bruselas en 1773.  La exposición forma parte del programa cultural de la Embajada de España con motivo de la Presidencia española del Consejo de la UE en el segundo semestre de 2023, que termina este mes de diciembre. El responsable de la exposición es el curador Achim Stiegel. El programa de visitas guiadas, conferencias y conciertos que acompaña a la exposición está organizado en colaboración con la Oficina Cultural de la Embajada de España, el Instituto Iberoamericano, el Instituto Cervantes de Berlín. La exposición durará aún hasta el 11 de febrero de 2024, y es muy recomendable. El museo ofrece visitas guiadas en diciembre y en enero.

En español y en alemán. Deutsch unten

Cuando un Estado quiere presentarse ante otra nación, buscará, por un lado, aquellos ejemplos de lo más refinado de su cultura y, probablemente, de lo más representativo de su forma política, pero, además, algún aspecto que lo vincule al país ante el que se presenta. Estos dos criterios, el de la representación institucional, y el del vínculo con el país receptor, parecen cumplirse perfectamente en esta exposición. España es una Monarquía constitucional en la que rige una dinastía de origen francés, los borbones, cuyo último representante, hasta el momento, es el rey Felipe VI. José Canops fue un ebanista de origen alemán que trabajó para el rey borbón Carlos III, y del que el propio museo en el que se aloja la exposición atesora una de sus obras más famosas, el secreter o escritorio cilíndrico. Finalmente, la oportunidad de la propia exposición se justifica por la Presidencia de España del Consejo de la Unión Europea, y quizá por eso se eligió la fecha simbólica del 12 de octubre para inaugurarla.

Embajada de España en Berlín, 2023

Podemos decir, entonces, que la puesta en escena, desde lo institucional, es perfecta. La exposición no tiene un tamaño agotador, se recorre en un tiempo que no cansa, está bien explicada y los extensos no son extensos. En este artículo aportamos algunos de los que fueron escritos, desde la perspectiva alemana, para enmarcar algunas de las obras. La aportación de José Canops a la historia del mueble europeo está fantásticamente explicada en la exposición. Lo que sigue es un comentario supletorio desde el punto español.

Carlos III es, probablemente, el más atípico de los borbones. No debía haber sido rey de España, su querencia estaba en Nápoles -curiosamente hubiera podido serlo de Polonia-, donde fue rey antes de serlo en el reino de su hermanastro, Fernando VI. Como explica la Academia de la Historia, nació como infante, y no como Príncipe de Asturias. La muerte de sus hermanastros Luis I Y Fernando VI, mayores que él e hijos de la anterior esposa del padre Felipe V, primer rey borbón, le llevó a la corte de Madrid en 1759. Es decir, en Carlos III se unían dos influencias nos hispanas: la francesa por sus lazos dinásticos, y la italiana por su madre, Isabel de Farnesio, y su experiencia previa como rey de Nápoles y Sicilia. La España a la que llegaba este rey tan europeo no era ya la potencia universal de Felipe II, pero desde luego no era un país especialmente europeo ya, sí seguía siendo un reino con intereses en el Mediterráneo, pero su punto de fuga estaba fundamentalmente en América y en Asia.

Vista de Nápoles. 1825

La presencia de arquitectos y artistas italianos en la corte de Carlos III, como Francisco Sabatini, responsable de la remodelación del Palacio Real, así como la de elementos estéticos de influencia francesa, como el gusto rococó por los elementos chinescos, se explican perfectamente en la exposición, y los objetos elegidos -sillones, bancos, mesas, tapices, cortinas, fuentes, lámparas, estanterías…-, son buena muestra de esos dos elementos. Lo que no se explica bien es cómo esos elementos pudieron caer en una corte que estaba más habituada, por un lado, a un barroco que llevaba varios siglos construyéndose en la interacción con los virreinatos americanos, que actuaban como pequeñas cortes bastante independientes, y especialmente, cómo interactuaron con un aspecto de la monarquía española del siglo XVIII que habitualmente no forma parte de nuestra imagen de esa parte de la historia compartida entre España y América.

¿Qué hace en la exposición un real de a ocho fundido en la ceca de México con una marca o resello de China?

 Es conocido que las relaciones comerciales entre los virreinatos americanos y la metrópolis se organizaron en torno a unas rutas bien establecidas llamadas la Carrera de Indias, compuesta por dos convoyes que combinaba barcos mercantes y militares y exigía una compleja logística. Además de esta vía de comunicación entre los puertos del Caribe y los de Sevilla y Cádiz, había otra mucho más olvidaba: la Carrera de Filipinas, que unía México y Manila desde la época de la conquista del archipiélago asiático, es decir, desde la época de los austrias. Gracias a esa vía, los comerciantes mexicanos -fundamentalmente estos-, se hicieron inmensamente ricos comprando a cambio del oro de México, objetos de lujo chino -sobre todo, sedas- que luego hacían vender en la corte madrileña. Es decir, el conocimiento y el vínculo de México con China procede, en España, no de la influencia francesa del siglo XVIII como algo exótico y lejano, que es lo que refleja la exposición, sino de las relaciones comerciales establecidas desde el siglo XVI con la dinastía Qing. Unas relaciones que incluso se convirtieron en un pequeño proceso migratorio entre China y México. Por China circulaba durante desde hacía varios siglos el oro mexicano, de ahí que la exposición, muy acertadamente, pero con poca explicación, ofrezca un real de ocho, lo que vendría a ser el dólar de nuestra época, en sentido real y metafórico (la palabra «dólar» es de origen español a partir de una palabra alemana), fundido en la Casa de la Moneda de México con una marca del imperio chino, y otro de la ceca de Manila.

China no era un entorno comercial y cultural exótico en el México de Carlos III, al revés. El exotismo de China lo genera el rococó francés y lo impone el gusto de una monarquía de ese origen. Es un interesante episodio de la estética de lo exótico y de la aparente apropiación cultural.

Dicho esto, aprovechemos la exposición para admirar muebles de factura magnífica y de increíble destreza técnica en el uso de las maderas nobles como la caoba o mahagoni. Y qué mejor para explicarlo que los textos de la propia exposición.


Extractos del catálogo de la exposición

Canops. Muebles del mundo para Carlos III de España (1759-1788)

El arte del mueble de José Canops (1733-1814) nació en Madrid, en la corte del rey Carlos III. Durante más de veinte años, el ebanista realizó para el monarca español espléndidos muebles y revestimientos de madera para habitaciones (boiseries), que figuran entre las mejores realizaciones del siglo XVIII.

Joseph Cnops, nombre original del ebanista, nació en el antiguo ducado de Limburgo en 1733. Pasó varios años entre otros ebanistas de habla alemana en París, donde aprendió su oficio a la perfección. Se trasladó a Madrid en 1759 y se convirtió en jefe del taller real de ebanistas en 1764. Allí reunió a un círculo de empleados, en su mayoría también de ascendencia alemana, que continuaron dirigiendo el taller tras su jubilación en 1781, y mucho después de la muerte de Carlos III.

La ebanistería de Canops se caracteriza por un notable refinamiento y una poderosa presencia física. La combinación de complejos modelados escultóricos con superficies ricamente chapadas es de la más alta calidad; incluso el difícil chapado de superficies curvas parece realizarse sin esfuerzo. El mobiliario del Palacio Real de Madrid sigue un impresionante diseño global que abarca tanto la estructura de la sala como el mobiliario móvil. La perfecta ejecución habla de una colaboración inusualmente estrecha entre todos los implicados.

La decoración está dominada por motivos chinescos. Los encuentros con modelos de Extremo Oriente, la traducción, imitación y reinterpretación del ornamento, el material y la técnica, caracterizó todo ello a los talleres reales de Madrid. Formaban parte de una recepción y apropiación cultural que se extendía más allá de Europa, pero también del ejercicio global del poder colonial. El lenguaje formal y la perfección técnica fueron posibles gracias a las maderas exóticas del «nuevo mundo», sobre todo la caoba americana. La obra de Canops demuestra así ser de un calibre europeo que va mucho más allá de un horizonte español, y de una influencia global fascinante y de alguna manera amarga.

El Salón Gasparini como obra de arte completa

La pieza central de los pisos reales del palacio madrileño es el famoso Salón de Desfiles y el Estudio del Rey, una serie de tres gabinetes. El pintor y yesero de la corte Mattia Gasparini (activo en Madrid entre 1760 y 1774) diseñó su decoración utilizando los materiales más preciados del reino español: magníficos mármoles, enormes espejos, bronces dorados al fuego, tejidos chinos, puertas y ventanas de caoba maciza y exquisitas maderas exóticas chapadas.

El salón se considera la obra maestra de Gasparini y sus colegas, y uno de los puntos culminantes del rococó europeo. No se completó en vida de Carlos III. A finales del siglo XIX, bajo Alfonso XII, se reconstruyeron y completaron los elementos que faltaban: las paredes, los espejos y la chimenea volvieron gradualmente a su estado original. El suelo de mármol, el techo de estuco y los revestimientos murales se conservaron en su estado original. Hoy en día, esto ofrece la rara oportunidad de experimentar la decoración tal y como fue concebida por Gasparini, como una obra de arte completa. Ya en 1877, el joven Museo de Artes Decorativas de Berlín adquirió fotografías de la sensacional sala, realizadas por Jean Laurent (1816-1892).

La fastuosa ornamentación chinesca cubre los revestimientos murales con sus bordados de seda y el colorido techo estucado. El lenguaje formal abarca desde elementos naturalistas hasta formaciones fantásticas, de efecto casi psicodélico, pasando por la estilización del colorido suelo de mármol. Del mobiliario originalmente destinado al salón, sólo conocemos un conjunto de asientos: un canapé con, actualmente, ocho sillones y tres sillas. Estos majestuosos muebles siguen el tipo de sillón parisino del fauteuil à la reine, con respaldo plano e inclinado, asiento ancho con borde delantero curvado y reposabrazos de gran abertura. Se encuentran entre las últimas obras que Canops realizó antes de su jubilación y son de una plasticidad virtuosa.

El escritorio cilíndrico del Museo de Artes Decorativas de Berlín

Este prestigioso mueble de escritorio está diseñado para colocarse en cualquier lugar de la habitación. A pesar de su tamaño, el diseño de la superficie y el modelado confieren al mueble una ligereza y suavidad sorprendentes.

La proximidad con el lujoso arte del mueble francés de mediados del siglo XVIII es ya evidente en el tipo de mueble: un bureau, escritorio, cilíndrico cerrado con celosías. Aquí, el escritorio lleva un tablero moderadamente alto con un frente retranqueado en toda su anchura. Detrás del tablero redondo hay un escritorio y un pequeño armario con compartimentos, que pueden cerrarse de forma segura para uso privado. Con la fusión óptica del tablero y el marco de la mesa, el mueble ofrece una interpretación muy inusual del bureau à cylindre. Esto no sólo influye en su composición, sino que también da lugar a una serie de soluciones técnicas inusuales, muchas de ellas en metal. Notablemente, el bureau o secreter está fabricado íntegramente en madera de caoba y revestido con las chapas más raras.

Bureau o secreter cilíndrico confeccionado por José Canops

La decoración se basa en el colorido y el resplandor de las maderas exóticas utilizadas y expresa un exotismo inusitado. Aparecen instrumentos musicales de origen español junto a flores del supuesto «nuevo mundo». La misteriosa alusión a un elefante es particularmente insólita. En la base de las patas hay un par de ojos completamente formados. Junto con las patas curvadas, crean la ilusión de la trompa de un elefante. El motivo, originario del arte chino, nos remite a la extensa historia del mueble.

El buró cilíndrico adquirido para el Museo de Artes Decorativas de Berlín no sólo atestigua la artesanía y una marcada voluntad creativa. También revela las múltiples posibilidades de entender el arte del mueble con su cultura material y su historia colonial en el encuentro entre el mundo europeo y el no europeo.

Caoba

La caoba es uno de los gigantes de la selva tropical, con alturas de hasta 70 metros y diámetros de 3,5 metros sobre poderosas raíces. Los árboles de caoba americana «auténtica» de tales dimensiones tienen probablemente más de 400 años y son difíciles de encontrar. El árbol maduro medio de caoba mide entre 20 y 30 metros de altura y suele crecer en densidades bajas de un ejemplar por hectárea.

La historia de la caoba es una historia colonial. Ha participado en la destrucción de poblaciones indígenas y sus hábitats, así como en la esclavitud de millones de personas. Las cambiantes condiciones sociales, políticas, económicas y ecológicas de las zonas naturales de origen, así como las políticas comerciales y coloniales de los países implicados, determinaron qué caoba llegaba al mercado europeo, cuándo y cómo. Esto definió significativamente el precio, el valor y el uso de la madera. En Europa, la caoba se conoció por primera vez en las cortes de las potencias marítimas, y la madera experimentó su gran auge en la década de 1720, cuando Inglaterra se estableció como la principal nación comercializadora de la madera.

En el imperio español, la caoba se reservó inicialmente para la construcción naval real. Desde principios de la década de 1740, se autorizó su uso en el mobiliario del palacio real de Madrid. Los ebanistas de la corte española tuvieron así el privilegio de utilizar la caoba maciza americana, codiciada en toda Europa, en la construcción invisible de los muebles. Con sus extraordinarias propiedades materiales, era un requisito esencial para el dominio técnico del arte del mueble de Canops.


Einführung

Canops. Möbel von Welt für Karl III. von Spanien (1759–1788)

Die Möbelkunst von José Canops (1733–1814) entstand in Madrid am Hof von König Karl III. Über zwanzig Jahre lang fertigte der Kunsttischler für den spanischen Monarchen prachtvolle Möbel und hölzerne Zimmerverkleidungen (Boiserien), die zu den Glanzleistungen des 18. Jahrhunderts zählen.

1733 im Herzogtum Limburg als Joseph Cnops geboren, verbrachte er mehrere Jahre unter anderen deutschsprachigen Kunsttischlern in Paris, wo er sein Fach virtuos erlernte. 1759 gelangte er nach Madrid und wurde 1764 Leiter der königlichen Werkstatt der Ebenisten. Er versammelte dort einen Kreis von größtenteils ebenfalls deutschstämmigen Mitarbeitern, die die Werkstatt auch nach seiner Pensionierung im Jahr 1781 und noch weit über den Tod Karls III. hinaus fortführten.

Die Canops’sche Möbelkunst zeichnen bemerkenswerte Raffinesse und eine kraftvolle körperliche Präsenz aus. Die Verbindung der komplexen plastischen Modellierung mit reich furnierten Oberflächen ist von höchster Qualität – selbst das schwierige Furnieren gewölbter Flächen scheint mühelos. Die Ausstattung für den Madrider Königspalast folgt einem beeindruckenden Gesamtentwurf, der die Raumschale und das bewegliche Mobiliar gleichermaßen umfasst. Die perfekte Ausführung spricht für eine ungewöhnlich enge Zusammenarbeit aller Beteiligten.

Den repräsentativen Dekor bestimmen vor allem chinoise Motive. Die Begegnung mit fernöstlichen Vorbildern, die Übersetzung, Nachahmung und Neuinterpretation von Ornament, Material und Technik prägten die königlichen Madrider Werkstätten. Sie waren Teil einer über Europa hinausreichenden Rezeption und kulturellen Aneignung – aber auch der globalen kolonialen Machtausübung. Die Formensprache und technische Perfektion waren möglich durch die aus der ‚neuen Welt‘ stammenden exotischen Hölzer, allen voran das amerikanische Mahagoni. So erweist sich Canops‘ Schaffen weit über einen regionalen spanischen Horizont hinaus als von europäischem Format und auf faszinierende, auch bittere Weise global geprägt.

Der Gasparini-Saal als Gesamtkunstwerk

Zum Kern des königlichen Appartements im Madrider Palast gehören der berühmte Paradesaal und die Arbeitszimmer des Königs, eine Folge von drei Kabinetten. Der Hofmaler und Stuckateur Mattia Gasparini (aktiv in Madrid 1760–1774) entwarf ihre Dekoration mit den kostbarsten Materialien aus dem spanischen Königreich: prächtige Marmore, enorme Spiegel, feuervergoldete Bronzen, chinesische Textilien, Türen und Fenster aus massivem Mahagoni und erlesene exotische Furnierhölzer.

Sessel aus dem Gasparini-Saal

Der Saal gilt als das Meisterwerk Gasparinis und seiner Mitarbeiter und als einer der Höhepunkte des europäischen Rokokos. Er wurde zu Lebzeiten Karls III. nicht gänzlich vollendet. Im späteren 19. Jahrhundert unter Alfons XII. wurden die fehlenden Elemente rekonstruiert und ergänzt: Die Wände, Spiegel und der Kamin wurden nach und nach in ihren ursprünglichen Zustand versetzt. Marmorboden, Stuckdecke und Wandbespannungen waren original erhalten. Dadurch bietet sich heute die seltene Chance, den Dekor, wie er von Gasparini erdacht war, als Gesamtkunstwerk zu erleben. Schon 1877 erwarb das junge Berliner Kunstgewerbemuseum Fotografien des aufsehenerregenden Raums von Jean Laurent (1816–1892).

Üppige chinoise Ornamente überziehen die Wandbespannung mit ihrer Seidenstickerei und die farbig stuckierte Decke. Die Formensprache reicht von naturalistischen Elementen über fantastische Formationen, die eine geradezu psychedelische Wirkung entfalten, bis hin zur Stilisierung des farbenprächtigen Marmorbodens. Von dem ursprünglich für den Saal bestimmten Mobiliar ist uns allein ein Ensemble von Sitzmöbeln bekannt: ein Kanapee mit (heute) acht Sesseln und drei Stühlen. Die stattlichen Möbel folgen dem Pariser Sesseltyp des fauteuil à la reine mit flacher zurückgeneigter Rücklehne, breiter Sitzfläche mit geschweifter Vorderkante und sich weit öffnenden Armlehnen. Sie zählen zu den letzten Arbeiten, die Canops vor seiner Pensionierung fertigstellte und sind von virtuoser Plastizität.

Das Zylinderbureau im Berliner Kunstgewerbemuseum

Das repräsentative Schreibmöbel ist für die freie Aufstellung im Raum konzipiert. Die Oberflächengestaltung und die Modellierung verleihen dem Möbel trotz seiner Größe eine überraschende Leichtigkeit und Weichheit.

Die Nähe zur luxuriösen französischen Möbelkunst der Mitte des 18. Jahrhunderts verrät sich bereits im Möbeltyp, dem mit Lamellen verschlossenen Zylinderbureau. Hier trägt ein Schreibtisch auf gesamter Breite einen mäßig hohen Aufsatz mit zurückweichender Front. Hinter dem runden Verdeck befindet sich ein Schreibpult und ein kleines Kabinett mit Fächern – alles für den privaten Gebrauch sicher verschließbar. Mit der optischen Verschmelzung von Oberteil und Tischgestell liefert das Möbel eine höchst ungewöhnliche Interpretation des bureau à cylindre. Das wirkt sich nicht nur auf seine Komposition aus, sondern führt zu einer Reihe von ausgefallenen technischen Lösungen, nicht wenige davon in Metall. Das Bureau ist bemerkenswerterweise vollständig in Mahagoniholz gebaut und mit seltensten Furnieren belegt.

Der Dekor stützt sich auf die farbige Qualität und Ausstrahlung der verwendeten exotischen Hölzer und bringt einen ungewöhnlichen Exotismus zum Ausdruck. Es erscheinen musikalische Instrumente spanischer Herkunft neben Blumen aus der vermeintlich ›neuen Welt‹. Besonders ausgefallen ist die geheimnisvolle Anspielung auf einen Elefanten. Am Ansatz der Beine sind Paare von Augen vollständig ausgestaltet. Zusammen mit den geschweiften Beinen erwecken sie die Illusion eines rüsseltragenden Elefantenantlitzes. Das aus der chinesischen Kunst rührende Motiv führt in die weitverzweigte Geschichte des Möbels.

Das für das Berliner Kunstgewerbemuseum erworbene Zylinderbureau bezeugt nicht allein Könnerschaft und einen ausgeprägten Gestaltungswillen. Es offenbart zudem die vielschichtigen Möglichkeiten, Möbelkunst mit ihrer Materialkultur und Kolonialgeschichte in der Begegnung der europäischen mit der außereuropäischen Welt zu begreifen.

Mahagoni

Mahagoni ist einer der Giganten des tropischen Waldes, mit Höhen bis zu 70 Metern und Durchmessern von 3,5 Metern oberhalb von mächtigen Brettwurzeln. Bäume des ‚echten‘, amerikanischen Mahagoni von solchen Dimensionen sind vermutlich mehr als 400 Jahre alt und kaum noch zu finden. Der durchschnittliche reife Mahagonibaum ist 20 bis 30 Meter hoch und wächst meist in geringer Dichte von einem Exemplar pro Hektar.

Die Geschichte von Mahagoniholz ist eine koloniale Geschichte. Es trägt seinen Anteil an der Vernichtung der indigenen Bevölkerungen und ihrer Lebensräume sowie der Versklavung von Millionen von Menschen. Wechselnde soziale, politische, ökonomische und ökologische Bedingungen in den natürlichen Entstehungsgebieten sowie der Handels- und Kolonialpolitik der beteiligten Länder bestimmten darüber, welches Mahagoni wann und wie auf den vor allem europäischen Markt gelangte. Dies definierte Preis, Wert und Gebrauch des Holzes maßgeblich. In Europa war Mahagoni zuerst an den Höfen der Seemächte bekannt, seinen Durchbruch erlebte das Holz in den 1720er-Jahren, wobei sich England als die führende Handelsnation des Holzes etablierte.

Im spanischen Kolonialreich war Mahagoni zunächst dem königlichen Schiffbau vorbehalten. Ab Anfang der 1740er-Jahre wurde es für die Ausstattung im königlichen Palast in Madrid zugelassen. Die spanische Hoftischlerei besaß somit das Privileg, das in ganz Europa begehrte amerikanische Mahagoni massiv in der unsichtbaren Konstruktion der Möbel zu verarbeiten. Mit seinen hervorragenden Materialeigenschaften stellt es eine wesentliche Voraussetzung für die technische Meisterschaft der Canops’schen Möbelkunst dar.


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Ricardo Martínez Vázquez​. Embajador de España en Alemania.
Iñaki Tarrés

Vivo en Berlín. Escribo en español sobre literatura, arte, educación. Soy editor en Desbandada. Hago muchas de las fotografías que uso en los artículos que edito. Me interesa contribuir a crear comunidad en torno al idioma común en este país, Alemania, y soy consciente de que la revista llega a todo el mundo.

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