Una crónica sobre un muro en Berlín, donde esta vez ya no está dispuesto para dividir, sino para unir memorias y clamores de justicia en Alemania y Guatemala.
Por Natalia del Carmen Eduardo
«Aunque la memoria sea eternamente un paisaje vasto, habrá que trazar siempre un camino de vuelta a casa.» – Julio Cúmez

El 25 de febrero del 2019 una pared en Kottbuser Damm en Berlín, se despertó más pesada que de lo normal. Estaba cubierta de muchos nombres, nombres que venían de un archivo oficial de la policía de Guatemala. ¿Qué hacían esos nombres ahí? ¿Por qué alguien tuvo la necesidad de imprimirlos, decirlos y comunicárselo a todos lxs transeúntes que pasaran por ahí? ¿Por qué en Berlín y en un muro?
El 25 de febrero es una fecha perdida y palpitante en la memoria de muchos. En ese mismo día veinte años más joven, se presentó el informe “Guatemala: Memoria del silencio” en donde se establece que los actos violentos cometidos contra la población indígena durante la guerra fueron actos de genocidio. Este día se espera llamarse el Día Nacional de la Dignificación de las Víctimas del Conflicto Armado Interno. Pero ahí está la pared en Berlín, tratando de hablar, tratando de pronunciar los nombres de lxs desaparecidxs (registrados) por la Policía Nacional, y tratando de gritar ¡“Sí hubo genocidio!”, como si fuera algo que veinte años después todavía es importante de afirmar.

Seis días antes de este 25 de febrero, nueve jóvenes en Hanau Alemania, son asesinadxs por un ataque racista, que no solo recuerda los límites hasta dónde puede llegar el odio a “lxs otrxs”, sino que muestra las estructuras de las que están aún armadas las instituciones y la vida social en este territorio. Estas noticias se podían respirar en la ciudad, el miedo a la magnitud del racismo y la sensación del crecimiento de la extrema derecha, nos sacude a algunxs cuerpxs, a unos menos de los que debería.

Una mañana de marzo, apenas unas semanas pasadas de este ataque, a la pared de Kottbusser Damm le pesan nueve nombres más:
Ferhat Unvar
Gökhan Gültekin
Hamza Kurtovic
Said Nesar Hashemi
Mercedes Keripaz
Sedat Gürbüz
Kaloyan Velkov
Vili Viorel
Paun Fatih Saracoglu
Así colapsan nuestras memorias, nuestrxs asesinadxs y desaparecidxs. Así colapsa nuestro anhelo de esclarecimiento y nuestra urgencia de justicia.
Sabemos que Berlín tiene su tema con los muros. Sabemos que la memoria de algunos muros habita más cuerpos que palabras, y sabemos que, a diferencia del recuerdo, la memoria nos respira más a nosotros que nosotros a ella, y que se conecta sin distinguir fronteras ni idiomas.
En Guatemala sí hubo genocidio, y Hanau war kein Einzelfall.
*** Hanau war kein Einzelfall es un lema conocido en Alemania que se utiliza para señalar que lo sucedido en Hanau no fue un caso aislado.

Natalia del Carmen Eduardo estudió Ciencias de la Cultura y Filología en la Universidad de Potsdam y una maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad Libre de Berlín. Investigadora en el campo de la filosofía y sociología de la ciencia y tecnología, memoria histórica y estudios de género. Gestora cultural y activista, forma parte de la colectiva VOCES de Guatemala en Berlín y de la revista Alba Lateinamerika lesen. Ciclista apasionada y escritora de poesía y cuentos cortos.
Todas las imágenes ©Natalia del Carmen Eduardo
Este texto forma parte de la serie de crónicas berlinesas: Crónicas de una ciudad mutante – Berlín desde sus marcas latinas, que publica Revista Desbandada. Ver aquí.
Las crónicas Marcas latinas en la ciudad mutante, fueron publicadas originalmente en la web del Lateinamerika Institut de la Freie Universität Berlin en el marco del proyecto que dirige la profesora Susanne Klengel Berlin in der lateinamerikanischen Literatur. Eine Spurensuche in lateinamerikanischen Texten und im Berliner Stadtraum

Las voces de los que con violencia acallados fueron seguirán gritando a través de la memoria de aquellos que nos encargamos de recordar cómo fue la historia.
Aron