Un nuevo 8 M: La recién galardonada al Oso de Cristal del Jurado Generation 14Plus a Mejor Película en la Berlinale Chicas Tristes, un film que explora las amistades y el desafío emocional y social que nace a partir de situaciones de acoso. Conversamos con su directora, Fernanda Tovar.
Por Juliana Soto
Fernanda Tovar (Ciudad de México) cursó la licenciatura en Cinematografía y Dirección en el Centro de Capacitación Cinematográfica. En 2020 participó en Berlinale Talents Guadalajara. Su cortometraje Mi edad, la tuya y la edad del mundo (2021) fue proyectado en la Semana de la Crítica en el Festival de Cine de Cannes. En 2024, su cortometraje Quiero estrellarme en seco contra el parabrisas del amor fue seleccionado para el Festival de Cine de Morelia y el Festival de Cine de Tribeca. Chicas Tristes es su primer largometraje de ficción.

Paula y La Maestra son inseparables amigas, al igual que compañeras de equipo de natación. No obstante, tras una fiesta, La Maestra nota un cambio en el comportamiento de Paula que ninguna de las dos puede nombrar. Entre clases de baile en el parque, cartas de tarot y sueños con el Amazonas, Paula y La Maestra exploran las matices de aquella noche, y afrontan el torbellino emocional que viene consigo, al igual que la forma en la que su normalidad se ve transformada.
Con un importante torneo de natación aproximándose, las presiones externas aumentan, pero es la diferencia en su forma de sanar lo que pondrá su vínculo a prueba. Chicas tristes muestra el proceso, tanto interno como social, que se desencadena ante situaciones de acoso, explorando con empatía y sensibilidad la juventud y las redes de apoyo. Mexicana sin complejos, pero reflejando emociones universalmente reconocibles en el proceso.
Mi encuentro con Fernanda Tovar fue el resultado de una afortunada cadena de coincidencias. Tras un primer intercambio en el que tuve la oportunidad de decirle lo que la cinta significó para mí, seguimos conversando y, finalmente, con apoyo de su equipo de Colectivo Colmena, fue posible realizar la entrevista.
¿De dónde nació tu motivación de realizar Chicas tristes? ¿Nace de una experiencia personal o de otras vivencias que fuiste recopilando en el camino?
Nació de una experiencia propia y de muchas experiencias de amigas, de estar escuchando todo el tiempo. Hubo muchas semillas; me tardé ocho años en escribir la película, entonces no fue algo inmediato. Fue creciendo y cambiando de sentido en el camino.

Hay una escena en la que La Maestra se queda sola en el vestidor, con los ecos de los chicos gritando “virgen” en el fondo. En ese momento, la manera en la que la presión social y la expectativa de la sexualidad influyen durante la adolescencia es palpable. ¿Por qué era importante para ti incluir este momento dentro de la película?
Lo que yo quería plasmar es que no es el individuo el que hace estas cosas, sino un sistema, digamos, el patriarcado, que de alguna manera oprime a los personajes desde varios lugares. Es quien provoca lo que sucede en la peli o que ellos piensen que tienen que hacer ciertas cosas. Entonces, esa [escena] en particular de los chicos, para mí era obvia. Tú metes a un niño de 15 años en una olla de presión de bullying, de si no has tenido relaciones, de si no eres un hombre, ¿y qué esperamos que pase? Entonces, el punto era que no es una cosa individual que hay que señalar, sino más bien hablar del patriarcado y el sistema cultural que nos empuja un poco hacia allá.
En la película, la posibilidad de realizar un reporte es planteada, mas nunca es pintada como una opción viable, sino como una fuente de impotencia ante el sistema. ¿Fue una decisión consciente mostrar esa falta de salida desde el principio?
Sí. Desde que empecé a escribir la película quería que no hubiera nada que se pudiera solucionar, que es la realidad. Rara vez encuentras alguna solución; se les van cerrando puertas y posibilidades de soluciones fáciles, como hablar con él o que la entrenadora haga algo, hasta que La Maestra termina sobrepasando los límites de Paula, vamos a decirlo así. Entonces el punto era mostrar que no hay salida, entonces ellas lo tienen que solucionar solas, que es lo que pasa más comúnmente acá.

Cuando el papá de Paula se entera de lo ocurrido, ella le dice que no se lo contó antes porque no quería que la viera diferente. Es una interacción muy corta, pero poderosa, que habla del miedo a las etiquetas y al “qué dirán”, algo muy presente en muchos contextos latinoamericanos. ¿Por qué te parecía importante incluir ese diálogo en la película?
Pues justo lo que tú dices. En esa escena había más diálogo, pero en la edición lo dejamos solo en que ella le dice “no quería que me vieras diferente” y el papá le pregunta “¿diferente cómo?”. Esa pregunta más bien se la arrojamos al espectador: ¿cómo estamos mirando a las chicas a las que les pasan cosas así?, ¿cómo las estamos tratando y cómo las estamos señalando? No solamente va dirigida a los hombres, va para todos. Yo quería que esa pregunta quedara flotando en la película y que buscara quien la responda. Mi intención no era tanto dar respuestas, sino arrojar las preguntas: ¿qué hay que hacer y cómo lo estamos viendo cada quien?
Yo creo que la gente es muy inteligente y no hay necesidad de sobreexplicar y no hay necesidad de hacer una peli que sea como un panfleto que te dé todas las respuestas. Yo creo que es más interesante una película que te deja el espacio para que tú lo rellenes. Y esa era mi intención: tú ve la película y habrá quien la entienda de una manera y habrá quien la entienda de otra. Es más valioso como experiencia; qué aburrido sería si todo el mundo viera la misma película. Creo que es más divertido y más nutritivo que cada quien la vea con los ojos que tiene y decida qué le funciona y qué no.
Chicas Tristes está muy arraigada a su contexto cultural particular. ¿En algún momento surgió la preocupación de que ciertos códigos culturales, tales como el lenguaje coloquial, no se traduzcan del todo? ¿Cómo lo pensaste en este caso?
Sí, supongo que siempre da miedo que no entiendan la mexicanidad del asunto o el contexto. Me acuerdo que me hicieron una entrevista en Alemania y me decían: “Bueno, hay momentos surrealistas que obvio no pasan en la vida real, como las señoras haciendo Tai Chi o las clases de salsa”. Y yo respondía: “No, eso es real y pasa todo el tiempo”. Me acuerdo que cuando iba a la escuela de cine nos decían que lo más particular es lo más universal. Confié ciegamente en que eso era verdad y dije: “Voy a hacerlo lo más particular como yo lo conozco, lo más nuclear”. Y al final sí me ha sorprendido que se entiende y que, de alguna manera, lo que más importa es la sustancia y no tanto la explicación de las cosas.
Después de tanto tiempo trabajando en la película, y añadiendo que es tu ópera prima, ¿cómo se siente finalmente compartirla con el público y dejarla ir?
Se siente raro porque llevo ocho años trabajando en ella. Hay un vacío ahí al que estoy segura que me voy a enfrentar cuando regrese a México, pero creo que está muy bien, muy emocionante que viva lejos de mí y que provoque lo que tenga que provocar en la gente.
Imagen de portada: © Rosa Hadit Hernández, Colectivo Colmena

Juliana Soto
Estudiante mexicana viviendo en Berlín. El arte es mi motor, mi musa y mentor.
*La autora agradece la gentileza del periodista Carlos Brindis.
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