El furor que desató El Eternauta, la serie basada en el icónico cómic argentino escrito por Héctor G. Oesterheld y dibujado por Francisco Solano López, no se cifra solo en millones de espectadores en el mundo, sino en cómo movilizó a los mismos argentinos. ¿Ciencia ficción argentina? ¿Una serie for export o que habla de la argentinidad y trae al presente la historia argentina? Entre el cómic y la serie, ¿qué ha sucedido? Lo analizamos.
La serie de El Eternauta en Netflix es un éxito de magnitud inesperada, siendo una obra que ya parecía que jamás se iba a poder hacer dignamente en modo audiovisual. Cuando se anunció su estreno presentando solo una foto muy mal editada y la confirmación de Ricardo Darín, muchos pensaron que incluso podía tratarse de algún trolleo. Pero acá estamos: El Eternauta live-action es real; y un antes y un después en lo que Argentina demuestra que puede hacer para el mundo.
Lo cual genera una pregunta importante: ¿es para Argentina, o es un producto para exportar? El producto original, la épica historieta de Germán Oesterheld, fue creada para su país en 1957, más que nada como una metáfora que iba en paralelo a las dictaduras que Argentina sufría, más específicamente en ese momento la llamada Revolución Libertadora (¿paralelismos semánticos con el día de hoy?).
Si la serie reprodujera la historieta al pie de la letra, estaría claro que sería para argentinos. Pero no solo no estamos en 1957, sino que tampoco es un cómic sino una miniserie. Los inevitables cambios: ¿tienen sentido? Vamos a ver (casi) todas las diferencias y analizarlas una por una, para saber si se trata de arbitriariedades, cuestiones de estilo, buenas o mala decisiones y, por qué no, incógnitas.
*Nota: para quienes todavía no han visto la serie o no completamente, indicamos
en rojo: spoiler
en verde: sin spoiler o spoiler leve
[Parte I]
(Spoiler) No me la cuentes
El primer cambio que cualquiera que haya leído el cómic detectará es la ausencia de Juan Salvo como narrador. En las primeras viñetas, un hombre está sentado escribiendo cuando la figura de Salvo se materializa desde la nada frente suyo, como un viajero interdimensional, y comienza a contarle toda la historia que veremos a continuación en primera persona. En cambio, en la serie somos testigos junto a Juan Salvo y otros personajes en tiempo real de lo que ocurre. Esto es una gran decisión, porque no solo es mucho más televisivo e inmersivo el «mostrar y no contar», sino que además nos permite que la narrativa se pueda bifurcar y expandir a personajes que no sean Salvo.
Pero entonces también es cierto que quita lo más importante: el significado del título. En el cómic los lectores saben que Juan es El Eternauta desde la primera página, y que lo que nos cuenta ya lo vivió… ¿Qué tiene de Eternautaentonces el Juan Salvo de Netflix, el que es a duras penas otro sobreviviente? Stagnaro y compañía lo adaptan astutamente en época de narrativa estilo Christopher Nolan, haciendo que Juan descubra lentamente que es una especie de viajero en el tiempo: «Esto ya lo viví», dirá en la última escena del capítulo, después de flashbacks y flashforwards. Y habrá más por descubrir, sin duda.
Este cambio favorece a la forma de contar la historia y proporciona un signo de pregunta a quienes conozcan el cómic de memoria: esto es una adaptación y puede pasar cualquier cosa. Polémico: Además, permite evitar un error-paradoja que el cómic entendiblemente presenta. Cuando Juan se materializa en el escritorio, sabe en qué época y lugar del mundo está. SIn embargo, no es hasta que termina de contar su historia que «se da cuenta» donde está (otra vez), unos dias antes de que empezara la nevada mortal, permitiendo la paradoja temporal del final. Claro: cuando el cómic se comenzó a escribir, no se sabía exactamente cómo iba a terminar -y menos que alguien tomara la mera descripción de una sola viñeta publicada casi tres años atrás para destruir la narrativa. Pero hoy sí estamos en esos tiempos y quizás la producción se dio cuenta de que valía la pena evitar esas susceptibilidades.

El eternauta ©K&S Films /Netflix ©2025 & © Editorial Planeta
(Sin spoilers) Los años felices
El cómic está ambientado en el presente. La serie, también. Se había rumoreado que la serie estaría ambientada en 1957, pero lo cierto es que eso era insostenible. Por un lado, Stagnaro había recopilado miles de hora de archivo filmando las calles vacías de Buenos Aires en pandemia, y eso lo ayudó a poder usar la fabulosa puesta en escena de la serie. Por otro lado: ¿saben cuánto dinero y trabajo cuesta hacer esas adaptaciones de época en exteriores? Conseguir ropa de época, autos de época, alterar las imágenes de Buenos Aires para que parezcan de hace 60 años… Ese cambio inevitable era puro sentido común y además permitió dos cosas. Una: que al destruirse toda comunicación y tecnología, no importaron los avances tecnológicos: iban a estar en la misma circunstancia del cómic. Dos: permitió un pequeño giro argumental para que la invasión ataque solo la tecnología moderna, haciendo que el hecho de que Argentina se haya «quedado en el tiempo» y tenga cosas viejas que sí funcionan (¿porque al parecer el invasor no lo calculó?), le da inevitablemente un sabor a que nuestras supuestas debilidades terminen siendo virtudes. «Lo viejo funciona, Juan» terminó siendo una de las grandes frases, ahora adoptada por las marchas de jubilados en Argentina.

©K&S Films /Netflix ©2025
(Spoiler) Iluminado por el fuego
Una de las cosas que corrió más rápido fue que Juan Salvo no solo es más viejo (tener 30 años en 1950 era un asunto muy distinto…), sino que es un veterano de la guerra de Malvinas. Por un tema de época, está claro que en el original del cómic no podía serlo. En la serie, gracias a su experiencia con armas, Juan aparece un poco más como héroe de acción y miembro de cualquier expedición, protagonizando vanguardias de ataque y escenas de combate donde, aunque esté siempre en desventaja, no está completamente desahuciado.
Además le proporciona una relación diferente con la nieve: los que vivimos en Buenos Aires sabemos que no es un fenómeno de allí, pero sí de las Malvinas… Y esto habilita un nuevo factor for export, algo que es más propio del cliché hollywoodense: el veterano con Trastorno por estrés postraumático (PTSD, como solemos verlo en los productos de Yanquilandia). Algo bastante habitual en las megaproducciones de un país tan bélico como EE.UU., películas donde el héroe de pronto tiene flashbacks de su tiempo en el ejército y debe luchar contra ellos cuando una circunstancia sobrenatural lo arrastra a revivir eso.
No debe haber sido a propósito, pero lo cierto es que abre esa puerta… y quizás más de un gringo se pregunte: «¿qué guerra tuvo Argentina?». Habrá que ver cómo avanza la serie respecto a eso: ¿sólo se quedará en alguna cuestión anecdótica o habrá alguna profundidad con respecto a lo que sufrieron los pibes de Malvinas? Y eso será todo responsabilidad del equipo de producción de la serie. Por otro lado, vale mencionar que, si bien hay muchas imágenes de las Malvinas con la bandera argentina en stickers o uniformes, las palabras no aparecen escritas nunca; y por nombre se las menciona una sola vez –si pestañeás te lo perdés–, pero que en todos los audios de doblaje y subtítulos se habla de Malvinas y no de Falklands. Por supuesto que es lo que corresponde, pero ya hemos visto como más de una vez lo han tergiversado; y aunque sea solo una vez, se las nombra como corresponde.

©K&S Films /Netflix ©2025

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(Sin spoilers )¿Y este cara de v*rga de donde salió?
Mientras que el panteón de personajes del cómic es discutiblemente reducido, ya de primera vemos sobrevivientes completamente nuevos que seguramente le han puesto la piel de gallina a más de un purista: Omar (el cuñado del Ruso), Ana (la esposa de Favalli, personaje que en el cómic jamás mencionó familia) y poco después cae Inga (chica del delivery que queda ahí de pura suerte). Luego aparecerán otros más o menos memorables, con función de secundarios: sin embargo, estos llegaron para convertirse en protagonistas. Y su aparición desarrolla algo que no tenía el original: en el cómic todos los sobrevivientes de la casa son un equipo confiable y cerrado, pero aquí aparece la desconfianza mutua debajo del mismo techo. En algún momento Favalli menciona que esa casa es una barca en el mar y que un motín tiraría todo abajo: la amenaza no es solo externa, es también interna. Y agrega otras lindas capas: ¿confiamos en la inmigrante o nos está mintiendo? ¿es una de nosotros? Las relaciones humanas son un asunto que esta serie profundiza de una forma en que el cómic no pudo, permitiendo otro desarrollo a la idea de comunidad y una elaboración mas grosa del héroe colectivo que el cómic no tuvo espacio para contar.
(Spoilers suaves) «Gurbos no faltan, lo que faltan son financistas»
Sin duda, los efectos digitales y prácticos de la serie son uno de sus puntos más fuertes. Recordemos que El Eternauta se produjo con 15 millones de dólares, el mismo presupuesto que Godzilla Minus One (ganadora del Oscar a mejores efectos visuales) y un mísero 5% de otra megaproducción (y posterior fracaso) de Netflix, Electric State. ¿Cómo aprovechar esos números para hacer algo decente?
Misteriosamente, los peores momentos visuales de la serie están en los primeros minutos: si tuviste miedo cuando viste la superposición del barco con la ciudad apagándose y después cómo los mosquitos golpeando en la ventana se asemejaban a Birdemic, no fuiste el único. Esa decisión (o casualidad) resulta desconcertante cuando después aparece una nevada creíble y tangible, escenas de acción muy bien filmadas y un paisaje apocalíptico que no resulta artificial en casi ningún momento. ¿Qué tiene que ver esto con las diferencias? Bueno, cuando Francisco Solano Lopez tuvo la dificil tarea de dibujar El Eternauta, tuvo que establecer también un formato visual para la invasión extraterrestre, la cual estaba muy a tono con los cómics de aquella época o –en menor medida– con los monstruos del cine blanco y negro. Consiguió un sabor especial de tener esas mismas criaturas que se veían o leían en el mainstream arrastrándose por las calles de Buenos Aires. Aquí, intencionalmente o no, parece que estuviésemos viendo una película japonesa o coreana de terror. Los movimientos y diseños de los cascarudos-bichos, las explosiones y los contrastes de colores, no parecen el resultado de «trabajar con poco presupuesto», sino de acoplarse un poco a la estética oriental –¿quizás por eso Hideo Kojima se volvió un fan? – y así haya una facilidad un poco más global para digerirlo. En ese sentido, el final es correcto: Los Manos solo aparecerán cuando alguien ponga el dinero necesario para que se vean como corresponde.
(Sin spoilers) El EterPauta
Una de las cosas que llaman groseramente la atención es la cantidad de publicidad de productos argentinos. En una Buenos Aires blanca, cubierta de nieve, de golpe un cartel de Shell parece totalmente inafectado. Antes de la catástrofe, el banner de Blem ocupa un 75% de la pantalla. Son distractores, sin duda. Y algunos tienen sentido: ¿todo el mundo se refugia en un Carrefour porque hay de todo? Va con la trama y le sirve de publicidad. Ok. ¿Hay 5 segundos de un paneo de la publicidad de Lysoform? Sí, es muy molesto, pero al menos tiene un slogan que es hasta una humorada del mundo pre-invasión: «Decile sí a disfrutar del camino, sin virus o bacterias».
Pero después hay cuestiones insalvables, como el enorme cartel de La Gotita Poxipol: ¿para quién es ese cartel? ¿Ahora los alemanes van a salir corriendo a comprar ese pegamento porque les ocupó la mitad de la pantalla y los distrajo del resto? Otra escena donde aparece un cartel de (la banda) Los Palmeras –brillando de un color rojo lo suficiente para leer de qué se trata, como si fueran el único item fluorescente impermeable a la nieve–, un cartel distractor de un Juan Salvo que está en una situación tensa: ¿no termina yendo en detrimento de lo que se quiere conseguir?
Es entendible que se necesitaran auspiciantes, pero no todos lo hacen con gracia o sentido –y por lo general, molestan. Y también entendemos que se explota una nostalgia o un reconocimiento cuando aparece alguna farmacia porteña clásica o un súpermercado chino que remite a la porteñidad diaria, como algunas declaraciones poco creíbles a la prensa lo expresan. Pero lo cierto es que el cómic no lo necesitaba. Tranquilamente podrían haber hablado de un Wincofon o un Siam Di Tella para remitir a que, después de todo, ocurría en Buenos Aires, pero jamás lo hicieron. Solano Lopez podría haber dibujado algún cartel publicitario o un edificio comercial super reconocible de dicha época, pero no lo hizo. Prefirieron quedarse en aquello que creían que decía verdaderamente Buenos Aires: los suburbios, los faroles, las plazas, el subte, el estadio de River, la glorieta… Es verdaderamente una pena confundir los PNT con quienes son los verdaderos protagonistas.

(Spoilers suaves) Lo que mata es la humedad
La nieve en el cómic es horrendamente mortal. Se supone que es un arma de los invasores que mata incluso a las bacterias, por lo que vivir de forma hermética es vital para la supervivencia. Sin embargo, en la serie la nieve no es tan invasiva y esto permite algunas libertades. Eso está bien: permite que los personajes puedan hablar en ambientes abiertos pero con techo, que puedan improvisar trajes menos sofisticados para sobrevivir –ya que la improvisación es clave en esta narrativa–, y que, como una vez que cae va perdiendo el efecto –supuestamente eso está por comprobarse–, dé un poco más de espacio a la dinámica actoral sobre la nieve caída en las camperas evitando el nitpicking de los espectadores.
Es una decisión que transforma a El Eternauta en una crisis menos asfixiante que en el cómic original, donde cada descuido significaba la muerte. Al mismo tiempo, en la serie encuentran una explicación diferente para ella. Al parecer, los polos magnéticos de la Tierra se invirtieron y –en una explicación que no repetiremos aquí–causó dicha nieve. Esto permite además una gran frase cuando Favalli chequea sus brújulas una vez que la nevada cesó: «El Sur es el nuevo Norte». Entre eso y la estatua de la Libertad de Munro, El Eternauta esta diciendo, a modo de Eduardo Galeano, que en Yanquilandia no está el agite.
(Spoilers)¿Por qué dijiste ese nombre?!
La hija de Juan Salvo en el cómic es Marta. En la serie se llama Clara. Sí. ¿Por qué? Las explicaciones son pocas e increíbles. El actor que encarna a Favalli, César Troncoso, dijo en un podcast que «las adolescentes ya no se llaman Marta», uno de los peores argumentos jamás esgrimidos… aunque también es cierto que SU hija se llama Clara Troncoso, lo cual solo añade más confusión. La web permitió en forma de memes otra teoría. Después de Batman vs Superman, el nombre Marta está maldito –así como decir «serpiente» en un escenario de teatro–,y quizás por eso Netflix no lo permitió. Lo más creíble de esto es que probablemente Netflix se fije en esas cosas en vez de en los guiones de sus películas originales.
Lo que sí, Clara es muy distinta a Marta. No solo pasó de niña a adolescente, sino que además todo indica que está controlada de alguna forma por los invasores. En el cómic es meramente una preocupación para que Juan arriesgue su vida; pero la serie tiene algunas cartas debajo de la manga, y no descartaría que improvisen algún giro argumental del tipo «tu verdadera hija es Marta», ya que Juan Salvo confiesa sentirse estar en una simulación y hay algo que no le cierra. Martita quizás aún exista de alguna forma, pero por el momento todo está en manos de Clara.

©K&S Films / Netflix
(Spoilers suaves) SIn lugar para sutilezas
¿Es este el ítem más importante de la lista? Debe mencionarse todas las veces que haga falta que cuando Oesterheld hizo El Eternauta, lo hizo (también) para trazar un paralelismo con la dictadura y el fascismo militar, usando ciencia-ficción que ya lo habíamos visto escribir en Rolo, el marciano adoptivo y un poco en Sherlock Time. Por ende, cada una de las armas o personajes de la invasión son una metáfora de los dispositivos de poder… pero: ¿la serie podrá llegar a eso? Hasta ahora no ha podido, y no es todo su culpa.
La nieve que no te deja salir, cerrar las ventanas y usar máscaras significaba otra cosa en 1957 –quizás la banalización del exterminio–, pero hoy es imposible no pensar en el Covid-19. En ese sentido, está perfecto que los personajes jamás mencionen la pandemia; así como la inclusión de las teorías conspirativas de Bob, quien atribuye todo a la paranoia del HAARP, la máquina del clima, y los bichos como criaturas del gobierno estadounidense: todos pueden tener teorías erróneas. Pero, por ejemplo, los hombres-robot a duras penas han aparecido como zombies, cuando en el cómic estaban desprovistos claramente de emociones y atacaban con rostros deprimidos. Hay una idea de que son «colaboracionistas», pero hasta ahí llega –y también es cierto que no sabemos demasiado de ellos aún.
Pero lo que más se teme –o debería temerse– es que dichas «armas» y enemigos pierdan la metáfora original y se transformen simplemente en dispositivos de narración como obstáculos a superar, y no como el proceso sistemático de represión ejecutado por los más poderosos. La próxima temporada seguramente tendrá más incidencia de los dueños del algoritmo, y veremos si la serie puede mantener la radiografía poética del poder que tenía el original de Oesterheld –después de todo, el motivo por el cual lo escribió–, o caerá víctima de la épica vacía como tantos otros proyectos bienintencionados.

© Marcos Ludevid / K&S Films /Netflix ©2025
(Sin spoilers) Lo atamo’ con alambre, lo atamo’
Al argentino promedio le encanta hablar del ingenio del argentino promedio, y en el caso de la serie está más claro que nunca. En el cómic, el grupo de protagonistas es el grupo ideal en la situación idónea para sobrevivir: una casa cerrada herméticamente con baterías, radios y otros equipamientos ideales para la supervivencia, con un profesor de física capaz de confeccionar motores y trajes herméticos. Gracias a sus hobbys, el grupo puede enseguida razonar lo que ocurre y tomar medidas al respecto. Incluso Juan Salvo reconoce como dichas casualidades los ayudaron a sobrevivir e imagina que muy pocos habrán tenido la misma suerte. En la serie, la icónica máscara es casi una casualidad y el traje es un montón de ropa pegada con cinta. Los motores los hacen funcionar gracias a la astucia; y gran parte de las cosas las tienen que ir a buscar afuera. Mucho de lo que ocurre se realiza desde abajo, de hacer lo que podamos con lo que tenemos. Los boy-scouts terminan siendo de los mejores equipados para esta situación; y son una monja y un veterano los que preparan una trampa mortal para los bichos. Para bien o para mal, distintos grupos tratan de juntarse para ver cómo pueden resistir o contraatacar: unos arman una juntada vecinal como en el 2001, otros arman una cooperativa en un supermercado abandonado y otros se reúnen en la iglesia. Es cierto, la improvisación hace también que algunos empiecen a robarse y atacarse entre ellos en la lucha por recursos. Mientras que el cómic disponía de una urgencia para resolver diferentes conflictos, la serie aprovecha los tiempos televisivos para desarrollar el «nadie se salva solo».

© K&S Films /Netflix ©2025
(Sin spoilers) ¡Corre, Salvo, corre!
En El Eternauta original, la idea es transformar la casa en una fortaleza: hay que salir solo para traer recursos y cada viaje es una aventura infernal, asfixiante y llena de incógnitas. Luego llegará el ejército y finalmente el grupo se une a la resistencia armada. Sí: la nieve tarda mucho más en dejar de caer. En cambio, en Netflix están todo el tiempo moviéndose: ya sea para buscar a alguien, para escapar a algún lado, para escapar de otra cosa o porque hay un plan en movimiento. En ese sentido, la serie es mucho más dinámica y menos claustrofóbica, pasando un poco más al género de aventura que el de terror y ciencia ficción de la original.
(Sin spoilers ) San Jorge y el dragón
A diferencia del cómic, una figura que aparece mencionada más de una vez en la serie, es la de San Jorge, en su figura medieval de asesino del dragón. En términos generales, es un mito cristiano que narra sobre un dragón que recibía tributos humanos chantajeando al reino, hasta que Jorge lo mata. El mito de San Jorge es muy común y se puede rastrear en muchas religiones, pero aquí se lo ve claramente en una estampita cristiana. ¿Hasta donde llegará el paralelismo? ¿Habrá alguna pista escondida? Imposible saberlo hasta ahora, pero vale destacar que jamás se menciona ningún santo o siquiera un Jorge en El Eternauta original.


El eternauta ©Editorial Planeta & © K&S Films /Netflix ©2025
(Sin spoilers/spoilers suaves) Bichos: una aventura en miniatura
Los insectos que aparecen como la primer oleada del invasor son llamados espontáneamente «Bichos» en la serie. Sin embargo en el cómic reciben un nombre más porteño y simpático: los Cascarudos. Si bien es cierto que tiene más sentido para un público hispanoparlante que se hable de Bichos en vez de Cascarudos –y que también tiene más sentido que todos los identifiquen así espontáneamente en Buenos Aires–, también es cierto que hubiese sido genial escuchar a todos los doblajistas en el mundo diciendo «Cascarudos» así como tuvieron que hablar de envido y truco. El llamado de atención es que el primer antagonista tangible de la historia ya tiene otro nombre: ¿pasará lo mismo con los Hombres-robot, los Manos y los Ellos? Los Gurbos pueden estar tranquilos, ya que no parece que se les vaya a cambiar el carnet de identidad.
(Sin spoilers) Mi Buenos Aires Querido
En la serie, los pasajes de Juan Salvo por una Buenos Aires devastada son una imagen dolorosa. Justificado por el hecho del calor agobiante en Buenos Aires después de un corte de luz, casi todo el mundo había salido a la calle a refrescarse con un poco de viento. Esto hace que cuando cayó la nieve, los mató inmediatamente, transformando las calles en un desfile de cuerpos y autos. En el cómic, los cuerpos aparecen, pero excepto en contadas escenas de shock no hay mucho espacio para ello. Sumado a que el trazo de Solano Lopez es en blanco y negro, los cadáveres son practicamente anecdóticos; mientras que en la serie, la quietud de la muerte en las calles es uno de los protagonistas.
– Nieto, ¿dónde estás?
En 1977 Germán Oesterheld fue desparecido por la dictadura. También fue desaparecida su familia y hoy se sabe que hay nietos apropiados en el árbol familiar de los Oesterheld. Se ha aprovechado este éxito para hacer campaña de búsqueda y que ellos se animen a hacerse preguntas sobre su identidad y quizás de ese modo reunirlos con su familia y su origen. Así como Juan busca a su familia, tu familia puede estar buscándote. Si vos también tenés dudas sobre tu origen, comunicate con Abuelas de Plaza de Mayo.
[Parte II]
(Todo con spoilers)
Para bien o para mal, los personajes originales del cómic no poseen mucho desarrollo: al principio y al final son más o menos los mismos. En la serie son muy diferentes desde el arranque, lo que permite mucho mejor la idea de la construcción del héroe colectivo… ¿O no?
¿Qué sos?, ¿el presidente de la resistencia, p*lotudo?
Primero, Juan ya no es el oportuno dueño de una casa hermética llena de baterías eléctricas y radioafición (ni siquiera estamos en su casa), lo que lo deja desde el inicio en un lugar diferente y de incógnita. Su motivación cambia: en vez de buscar la supervivencia con sus amigos y familia, se ve obligado a salir afuera no por una búsqueda de recursos, sino por saber el paradero de su hija. Juan empieza con una motivación egoísta sin querer colaborar con nadie, a diferencia del original que, si bien Elena y Martita son su prioridad, está dispuesto desde el momento cero a poner el pecho por el equipo. Esto permite que el personaje de Juan tenga un arco de redención que se va dando de a poco y donde Las Malvinas juegan parte importante en eso de entender que no puede –o bien que no tiene sentido–hacer todo solo. Además, como dijimos al princpio, ya no es el mismo Eternauta que antes: su relación con el espacio-tiempo es diferente y pronto va a cambiar aún más. Este Juan Salvo no está seguro de nada, se muestra más vulnerable y lo vemos crecer y decidirse de formas diferentes. Es verdaderamente tentador seguir pasando tiempo con él.
¿Donde está mi amigo!?
Uno de los cambios que causó mas polémica (y en muchos casos dolor) es el de Favalli. En la historieta es por lejos el personaje más querible, astuto, inteligente, con los pies en la tierra; profesor de física en la UBA que expresa una enorme sensibilidad y empatía y además es capaz de diseñar los épicos trajes gracias a su gran intelecto. A pesar de estar siempre preocupado y atrás físicamente, está siempre adelante con el conocimiento y la ayuda. Muchos dicen que es el verdadero héroe de El Eternauta –aunque también era un deus ex-machina para salir de situaciones imposibles.
En la serie es un hombre que, si bien va mostrando conocimiento técnico de ingeniería y comparte la preocupación de los enfrentamientos con otros sobrevivientes, su empatía está en otro lado. Desde el principio se pone autoritario: la situación lo sobrepasa. Quiere escapar a toda costa y es impermeable a las emociones ajenas, llegando a decir cosas horribles a sus seres queridos. Pero va cambiando: Favalli es claramente el más afectado psicológicamente por la catástrofe pero lucha contra ello. Decide volver atrás con sus decisiones para ayudar a sus amigos y familia. Incluso empieza a renunciar a su escapada personal por la lucha por el bien común –un poco a regañadientes quizás, pero comprende la situación.
Si se me permite un poco de pluma personal, Favalli fue siempre mi preferido, el que siempre quería en mi equipo; y tengo una corazonada–solo una esperanza: que al final de la serie sí veremos al Favalli que conocimos entre viñetas. Y creo entonces que la serie tiene la oportunidad de construir algo más lindo: creer que, incluso en las peores circunstancias, podemos transformarnos en aquel Favalli, sin importar nuestro punto de entrada. ¿Podrán Troncoso y Stagnaro mostrar a Favalli como consecuencia de sacar lo mejor de nosotros durante lo peor; o simplemente será un personaje destinado a contrastar?

© K&S Films /Netflix ©2025
Elena de Buenos Aires
En el cómic, tanto Elena como Martita son simplemente un recurso para mostrar a Juan como padre de familia, dispuesto a darlo todo por ellos. Lo cierto es que Elena no hace nada más que esperar, sufrir, quejarse y estar en peligro. Es un color de la época y no debería criticársele a Oesterheld. Pero, ¿qué hacemos hoy? Los cambios de Elena –con algunas pizcas de Ana y Pecas– muestran una mujer independiente. De arranque está al menos separada de Juan Salvo, pero también en la búsqueda de su hija. Es Juan quien llega al departamento de ella y la ayuda a salir de allí para reunirse con sus amigos, pero ella hace lo suyo. Es médica, lo cual le permite tener un rol directamente importante en la resistencia humana y está trabajando todo el tiempo por encima de lo que se creía capaz. Además, se muestra más empática que Juan desde el primer momento, invitándolo a pensar un poco más de forma plural.
Cae también en un nuevo cliché de película de catástrofe: el matrimonio separado que lucha conjuntamente por sus hijos y… ¿vuelve a reunirse? Pero tampoco está exagerada: en ese sentido –hasta ahora– tampoco se la transformó en la heroína absoluta matando cascarudos con una espada samurai, como muchos paranoicos de la supuesta agenda woke premonizaban.
Elena tiene sus momentos de «estar en apuros» como en el original, pero no más que cualquier otro personaje, haciendo un equilibrio entre su caduco original y una lucha constante sobre cómo se trata históricamente a los personajes femeninos en la ficción. Sobre el final de la temporada, será de los pocos personajes que se quedan en Campo de Mayo, potencialmente haciendo crecer su propia narrativa. Veremos qué pasa.
Un tal Lucas
La gran sorpresa fue sin duda Lucas. En el cómic, el pelado es un persoanje que vive con miedo, inseguro, presa del terror, pero haciendo todo lo que podía. Incluso es el primero en caer –segundo, si contamos a El Ruso-Polsky–, victima de alguien que quería su traje, y testimonio del peligro humano debajo de la nevada mortal. En la serie, no solo es uno de los personajes mejor actuados –gran trabajo de Marcelo Subiotto–, sino que tiene un rol completamente diferente.
Lucas permite diálogos interesantes y su cobardía no se muestra. Además, es víctima del primer gran interrogante de la serie, aquello que los lectores del cómic conocen como «hombres-robot»: los invasores le hicieron algo a Lucas, algún tipo de control semejante al de Clara, que lo transformó en un conspirador para llevar al equipo a la supuesta trampa cerca del estadio de River. Una vez cumplida su misión, enloqueció, empezó a decir cosas aleatorias –probablemente la referencia a «La Fundación» tendrá mil hilos conspirativos en foros de internet– para terminar en un suicidio descorazonador. Muy diferente a la muerte casi burocrática y prevista en el cómic, en la serie tiene un impacto inmediato y doloroso –y hasta puede que de alguna forma sus palabras tengan consecuencias futuras. Su cuerpo aparece una escena más y todavía no sabemos si significa que su historia no ha terminado. ¿Detalle? En el cómic muere acuchillado y, si bien en la serie no lo hace, en forma espejada tiene tiempo de clavarle un cuchillo a Omar, dejándolo en peligro de muerte.
Un cuento chino
En el cómic, Pablo es un personaje importante. También lo encuentran atrapado, pero adentro de una ferretería y, una vez que Juan lo rescata, se une a la resistencia como un experto en reparación de armas, demasiado joven para la batalla que se avecina, pero no menos valiente. Incluso, es él quien comunica al grupo de Juan con el ejército.
En las serie la decisión es… extraña. Juan es alumno en el colegio de Clara, y Juan y Elena lo rescatan en busca de su hija. Pablo no tiene datos importantes e incluso, shockeado por el evento, hace lo que puede y pone a todos en peligro un par de veces. Elena lo menciona como una responsabilidad, como espejo de como querrían que alguien tratara a su hija si la encontraran, pero no ofrece mucho más.
Es cierto que en el cómic Pablo es importante pero tampoco figura mucho y queda relegado al fondo: en la serie tiene su momento de protagonismo y termina separado del grupo, al igual que Elena, quizás en busca de su propia historia. Algunos armarán lío porque, a diferencia del cómic, Pablo es claramente un inmigrante asiático: esto ayuda quizás junto a Inga a representar un poco mejor el crisol popular porteño, pero no mucho más. A lo que sí contribuye es a una situación tragicómica digna del porte de Darín, que ya ha sido transformada en memes, cuando encuentra a su familia. Pero si escuchan que alguien se quejó, es de xenófobo nomás.
…y los demás!
Franco y Mosca apenas aparecieron, pero ya sabemos que existen. Franco no es el joven herrero sino un hombre grande, motorman de locomotora por su padre y que antes de la catástrofe se encontraba en una cárcel junto a su compañero (¿Convicto, policía, cocinero…?). Eso es todo lo que sabemos de él, y al parecer sabremos más en la siguiente temporada, ya que queda junto a Juan en búsqueda de la verdad. ¿Estará a la altura del más valiente de los sobrevivientes en el cómic? Mosca apenas tiene tiempo para decir su nombre y demostrar que, al igual que el personaje del cómic, quiere dejar escrito todo lo que ocurrió para la posteridad. La unica diferencia hasta ahora, es que el mosca de Netflix parece mucho más joven. Queda acompañado por Favalli y Omar y, si en algo se llega a parecer a su versión comiquera, es probable que saque de quicio a sus compañeros.
Seguramente han quedado otras diferencias más sutiles y otras inevitables. Por ejemplo, en la serie la música se encuentra presente en la vida de todos mientras que en el cómic apenas sale un tango rompiendo una ventana: aunque más tarde los Manos tendrán algo para cantar.
Habiendo terminado la etapa más misteriosa de la historia original y entrando a la más simbólica y de acción, queda demostrado que el primer paso, el que parecía imposible, lo dieron con una dignidad e identidad que pone muy alta la vara para el futuro argentino. Pero lo que viene es lo más difícil y quizás lo más importante. ¿Estarán a la altura de una megaproducción de ciencia ficción filosófica en un mundo donde el cine argentino se ha desfinanciado por completo y los tiranos del streaming quieren tener la última palabra? Ese es el verdadero enemigo.
Imagen de portada: El eternauta © Editorial Planeta & ©Netflix ©2025
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