Jonás Trueba – Volveréis: El amor-repetición.

Volveréis, del director español Jonás Trueba, acaso una anti-comedia romántica. «No hay que celebrar las uniones, sino las separaciones», dicen Ale y Alex, «hagamos una fiesta». Un film que pone a prueba certezas. ¿Qué es el amor?, ¿qué es una pareja? ¿Dónde está el cine y dónde la vida? Desde el 1 de mayo en las salas de Alemania.

La búsqueda de la felicidad. El ansia de vivir el amor. En una entrevista decía Liv Ullmann, hablando de la pareja, que «el amor es mucho más que felicidad: El amor es separación. El amor es soledad. Amor significa también que uno puede amar de otra manera, diferente a la de la convivencia.» Y,  si abriéramos el libro del amor, ¿qué libro sería? ¿Un libro de memorias? ¿Un diario?

Es septiembre, casi el final del verano. Como los films de Rohmer, Volveréis es uno de esos films de las estaciones que también son estaciones de la vida y un estado de ánimo.  Y donde, como también en las películas de Woody Allen, los diálogos sobre la vida, sobre el amor, sobre las parejas, van conduciendo las escenas. Según la teoría del filósofo Stanley Cavell –un nombre no ajeno al film– en la conversación, en la discusión, allí donde se ponen a prueba las certezas y se llega a otras, allí, reside una gran chance para el amor.

Pero Volveréis da una vuelta de tuerca a la discusión. Ale (Itsaso Arana) y Alex (Vito Sanz) son una pareja en los cuarenta, directora de cine y actor, y tras 15 años de relación han decidido que se van a separar, pero:  «¿Recuerdas la idea de mi padre de que no hay que celebrar las uniones, sino las separaciones?» «Sí.» «Pues hagamos una fiesta. Para celebrar nuestra separación.» «Sí. Hagamos una fiesta.» «Para terminar con alegría, para compartirlo con los amigos.»  Y entonces el film se irá desgranando en sucesivos encuentros donde los dos, o cada uno de ellos por separado, irán repitiendo y repitiendo, hasta casi con las mismas palabras, un speech-invitación: «Nos vamos a separar. Pero estamos bien, estamos bien. Y vamos a hacer una fiesta». Y las variaciones se irán dando por las distintas reacciones de los amigos, los colegas, el representante, la madre, el hermano, el padre (el famoso director Fernando Trueba en el primer rol como actor de su carrera) ante esta al menos insólita –¿loca idea?, ¿genial idea?– de «un casamiento al revés». ¿Disparadora de una comedia?

Volveréis no es una disección de un matrimonio, como Secretos de un matrimonio de Bergman -aunque haya guiños a escenas del film, como la de los dos leyendo en la cama,  y anécdotas de la vida de pareja de Bergman y Liv Ullman estén presentes, y hasta se tire un «tarot Bergman» para ver cuáles son los auspicios del destino. Volveréis no es el clásico film, como las comedias románticas de remarriage de Hollywood, donde siempre pesa o se especula sobre el motivo de la separación. En Volveréis es algo que jamás se menciona. Y esto le otorga lo que su director, Jonás Trueba, define como «una ligereza». Una brisa ligera que, sumada al juego con la paradoja, con el absurdo, con el mundo al revés que propone la provocadora y por momentos risueña idea que como un gag lo dispara, le quita el drama y lo acerca a la comedia. Pero Volveréis no es tampoco la comedia de la risa. ¿Acaso una anti-comedia romántica? Es que la estación va llegando a su fin. La fiesta será exactamente el 22 de septiembre, el último día del verano.

¿Superados?  ¿Desconectados de sus emociones?  Ale y Alex se manifiestan ante la cámara de una forma que no condice con la situación mientras el encuadre los sitúa en planos llenos de marcos de puertas y ventanas como obstáculos que se han ido acumulando y les han angostado el paso. ¿Pero qué cámara?  ¿La cámara de Jonás Trueba o la cámara del film que está editando Ale? Porque de pronto nos damos cuenta de que son el mismo film. Las escenas, los personajes son los mismos. ¿Se está editando el film o la vida? ¿Es la vida un film mal editado?, como menciona Jonás Trueba en una ocurrencia que no deja de tener su chispa. Volveréis no apela al típico cine dentro del cine, sino a una continuidad entre cine y vida, agrega. Cuando discuten sobre la película que vieron: Ten/La mujer perfecta: «No es una comedia, es una película sobre la crisis de los cuarenta, y un elogio del matrimonio». ¿De qué film hablan?

Autorreferencial, Volveréis es así un film que se va diciendo a sí mismo: «Es largo, repetitivo, funciona por acumulación», comenta un miembro del equipo después del visionado del film que está editando Ale. Y muy probablemente a esa altura estemos pensando como espectadores que Volveréis es largo y repetitivo y su premisa es funcionar por acumulación. Pero Volveréis no solo es un film que se va diciendo a sí mismo, sino un film que se va diciendo y desdiciendo simultáneamente, resquebrajando certezas. En los protagonistas y en el espectador al mismo tiempo.

Mientras Ale y Alex organizan su separación con toda sensatez y hasta disfrute, sus cuerpos dicen otra cosa: es dormirse tomados de la mano en las noches de tormenta o pesadillas, es el cigarrillo que se fuma juntos, es la copa que se bebe juntos en una cercanía, en una continuidad y complicidad –¿que es solo costumbre? Volveréis es también un film de las miradas: la mirada triste, sumida en sus pensamientos mientras va atravesando la ciudad de Madrid –de ella; esa sonrisa a flor de labios y la forma en que la mira a ella  –él. Las emociones que surgen cuando filman una escena que Alex debe grabar para un casting, ¿son actuación o son la vida? ¿Qué los une a esos dos que tienen casi el mismo nombre? Es allí, en los intersticios, donde surge lo más valioso de la película, algo que no se puede encasillar.

Volveréis da hasta bibliografía. Kierkegaard, La repetición,  le recomienda leer el padre de ella –autor de la idea que disparó todo y de la que ya no se acuerda más–. Søren Kierkegaard, el filósofo danés para quien la vida como repetición no significa algo que ya ha sido, sino que la existencia empieza a existir ahora de nuevo. Y que escribió:

«El amor-repetición es en verdad el único dichoso. Porque no entraña, como el del recuerdo, la inquietud de la esperanza, ni la angustiosa fascinación del descubrimiento, ni tampoco la melancolía propia del recuerdo. Lo peculiar del amor-repetición es la deliciosa seguridad del instante.»

«Igual no te fíes tanto de Kierkegaard», le dice no sin un dejo de humor el padre una vez más en ese juego de decirse y desdecirse de Volveréis, «la única vez que se iba a casar dejó plantada a la novia». 

Y entonces de nuevo:  si abriéramos el libro del amor, ¿qué libro sería? ¿Un libro de memorias? ¿Un diario? ¿Un libro de páginas en blanco?


Estrenado en la Quincena de Realizadores de Cannes 2024, llega a los cines de Alemania distribuido por Pifll Medien: Volveréis en salas de toda Alemania.

Trailer ver aquí

Imagen de portada: Volveréis ©Lisbeth Salas /Los ilusos films

claudia baricco

(isa.kar.wai) - Un cine real o virtual es el living de mi casa. Los libros son mi otro hemisferio. En un mundo donde todo es político. Latitud: B y B – Buenos Aires-Berlín, dos ciudades de contrastes.

2 comentarios sobre “Jonás Trueba – Volveréis: El amor-repetición.”

  1. Estoy convencido de que la vida es un film mal editado;)
    Entonces habrá que verlo para saber si separarse puede ser también divertido…?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *