Miroslava Rosales es una poeta salvadoreña que vive Alemania. Compartimos con ustedes una reseña de la escritora argentina Esther Andradi sobre su libro República del excremento: «Un libro sobre un país decapitado, secuestrado, encarcelado, de cocodrilos y leones, víboras, ratas, podredumbre y estiércol, mierda. Un país donde la muerte no es un destino biológico, un ciclo de vida y metamorfosis de resurrección, sino una Bestia del odio (..)». También dos poemas de este volumen y dos poemas inéditos leídos por la autora.
«Yo del país decapitado...“ – Una lectura de República del excremento, de la poeta salvadoreña Miroslava Rosales – Por Esther Andradi
Esta reseña se publicó originalmente en alemán en la revista Das Lateinamerika Magazin (ila Nro 471 Dic. 2023)
Miroslava Rosales nació en la república de El Salvador, en América Central, en 1985, y vive en Alemania, en Wuppertal, donde estudia el doctorado en literaturas Románicas con una beca del Servicio Alemán de Intercambio Académico – DAAD. Gracias al apoyo del programa de Becas de Excelencia del Gobierno de México para Extranjeros residió en Guanajato donde obtuvo la maestría en Literatura Hispanoamericana. Es investigadora adjunta del Instituto de Estudios Históricos, Antropológicos y Arqueológicos de la Universidad de El Salvador. Ha participado en festivales internacionales de poesía en México, El Salvador y Nicaragua. Junto con profesores de la University of Cincinatti y la State University of New York editó un libro sobre las representaciones culturales de las migraciones centroamericanas del siglo XXI.
En Berlín acaba de presentar su poemario República del excremento, una edición bilingüe español/italiano publicada en 2022 por la editorial Formarti dirigida por la también poeta y salvadoreña Tania Pleitez Vela. La traducción es de Rocío Bolaños, otra salvadoreña. Este libro se escribió en el camino, a lo largo de nueve años y en tres países, El Salvador, México, Alemania, cuenta Miroslava Rosales. Y la edición, un resultado de las redes de la diáspora.
Lo voy a decir de una vez: No es fácil este poemario. Es un libro con cardos, cuchillos, navajas. Mana sangre, pus. Un libro de heridas abiertas. Nada cicatriza, todo vuelve a sangrar, a llorar, a clamar una y otra vez. Un libro sobre un país decapitado, secuestrado, encarcelado, de cocodrilos y leones, víboras, ratas, podredumbre y estiércol, mierda. Un país donde la muerte no es un destino biológico, un ciclo de vida y metamorfosis de resurrección, sino una Bestia del odio, donde el asesinato es la única voz, el único grito de un lenguaje sin palabras, que desprecia toda definición, todo ejercicio intelectual, espiritual, amoroso.
Abre la Cita de Vladimir Maiakowski,
„en esta vida/ morir es cosa fácil/ hacer vida/ es mucho más difícil“
El poemario confirma esta afirmación de principio a fin. La vida, con su instinto poderosamente creativo, es aquí subversión y necesita ser aniquilada. Como una plaga, como un virus monstruoso, y a la vez torpe y codicioso que devora a su víctima, y a otra y otra, sin percatarse siquiera que así se devora a sí mismo.
No importa.
Nada importa. Solo el imperio y el poder sin límites en esta república mutilada. Solo la muerte arrojada a las calles, cabezas que ruedan en los parques, manos y brazos que emergen acusando desde un promontorio de tierra, cuerpos desmembrados que flotan en los ríos, cuerpos atropellados pudriéndose en la calle.
No: la poeta Miroslava Rosales no nos facilita el ingreso a esta pesadilla. La pesadilla nos atrapa, se prende como lapa a nuestro pensamiento, penetra en el corazón atribulado, se queda en nuestro regazo como un gato eligiendo un espacio de consuelo, desde la primera línea de „República del excremento“:
Yo del país decapitado
clama esta voz colectiva, tan entrelazada por momentos con la constatación reiterativa de Cadáveres de Néstor Perlonguer (Argentina 1949, Brasil 1992). E ineludiblemente remite a las imágenes de otro poeta, Pier Paolo Pasolini. Y la pesadilla se queda a dormir con nosotres, se despierta con nosotres, llora con nosotres, se pregunta con nosotres después de la última línea
la/ paz /una / astilla/ en/ el/ huracán
¿Y qué es una república? ¿La república de Platón, que buscaba legitimar la existencia de una élite sostenida y alimentada por una masa de menesterosos y hambrientos? ¿O la república española, de existencia tan frágil como visionaria? ¿Es la república de Weimar, la que acabó con la monarquía en 1919 y murió en los brazos del nazismo en 1933? ¿Es la República de Saló, en el norte de Italia, durante los años 1944 y 1945, en plena ocupación nazi inmortalizada por Pier Paolo Pasolini en Anteinfierno, Círculo de las manías, Círculo de la mierda y Círculo de la sangre, los cuatro episodios de su película póstuma, tan prohibida como negada? ¿O es esa república «bananera“ que O. Henry, un gringo borracho iluminado ubicó en Anchuria?
„País mío/país nuestro/ Por qué tus hijos te decapitaron con este machete“
Esta pregunta, el porqué, abrasa como la lava de un volcán en erupción las seis partes que constituyen el poemario:
república del excremento
las bailarinas del pus
cementerio de ángeles
madres
el atropellado
la noche
Y sin embargo, hay una esperanza: La esperanza de las caravanas. Por eso, de vez en cuando, aparecen las flores, los girasoles soñados, la tersura emergiendo de los cardos.
Toda luna, todo año, todo día, todo viento
camina y pasa también.
Toda sangre llega al lugar de su quietud
como quiere ese libro sabio Chilam-Balam en EL FIN DE LOS TIEMPOS.
Berlín, 15 de junio 2023
República del excremento
País mío no existes
solo eres una mala silueta mía
una palabra que le creí al enemigo
Roque Dalton
Porque el plomo de la mentira cae, hirviendo,
sobre el cuerpo del pueblo perseguido
Efraín Huerta
Yo del país decapitado
País mío
país nuestro
todo es el cúmulo de tus heridas y el pus
tantos siglos
bajo el signo de la necrosis
que ya no reconoces la sinfonía de la ternura más elaborada
Solo mordazas Solo mordazas en ti
País mío país nuestro
país de madres decapitadas y ninfas sarnosas
de cíclopes tatuados con cuchillo en mano
de ancianas sin la claridad de la luna
de niños niños anhelando los violines del mar y del cielo
los clarinetes de los bosques sin manchas de vinagre
República del excremento
país de cerdos que devoran los corazones de los más pequeños
país país país país país país
de cocodrilos en las esquinas a la espera de un transeúnte descuidado
país mío un cadáver la esperanza leños secos los burócratas
país de clicas que se expanden
como células cancerosas en un cuerpo de edad avanzada
de fosas clandestinas
país de homeboys y palabreros
cárceles atestadas de aguijones moscas y ratones
País sin mausoleo digno de veneración
nadie te ofrenda cantos de gloriosa paz y trompetas de oro y jazmines
País el ataúd de mis palabras
País sangrante fruto sobre mi mano
país
plaga de termitas y leones
País mío
contemplo tus escombros de templo de gusano
en medio solo el llanto se alza como bandera descolorida
Te adentras a mí con las páginas sangrientas de los periódicos
con niñas mutiladas de los arcoíris
País de gases lacrimógenos machetes y fusiles contra la danza del sol
piara de policías y políticos
País mío
las ratas y millones de cucarachas salpican tu morgue (a punto del colapso)
y las cabezas de mujeres te pueblan los ríos como cangrejos
solo lobos custodian tus fronteras de aluminio y electricidad
¿Cuándo
país mío
serás la hierba acariciada por la lluvia más generosa
a darte al sol
como niño a su joven madre
como el cometa al cielo sin lágrimas
a ser abrigo de begonias para los insectos
los que no saben de la partitura
vivaz como un paisaje del trópico?
¿Cuándo serás la música del alba y no de la rabia endurecida?
Yo solo escucho los aullidos de la noche que avanza como una fila de inmigrantes en el desierto
País mío no existes
es la verdad
la terrible verdad de tu epitafio
nadie habla más de ti
para el vuelo de los caballos
solo tu sangre es digna de titular
vos mi enemigo de primera fila
por tu ponzoña
por tus golpes en cada una de las notas de mi delirio
¿Cuándo
país mío
los girasoles se multiplicarán para los niños con pega en sus estómagos? Solo conocen la crueldad en forma de picahielo
solo conocen la crueldad en forma de político
¿Cuándo tendrás la vivacidad de las heliconias de un parque botánico
y las gaviotas de un mar muy limpio
y el sabor del melón
y podrás dar caricias a nosotros los desvalidos como un padre comprensivo?
¿cuándo el sosiego de mi raíz?
¿cuándo el recuerdo sin más llanto como mazo?
¿cuándo la brisa en vez de alacranes para mi cabellera?
¿cuándo serás la casa para mis espinas
el bálsamo la miel el aroma a lavanda para este dolor acumulado?
País mío
¿por qué tantas murallas y cercos eléctricos para tus ojos?
¿por qué tu maquinaria del odio sigue funcionando en este olvido?
¿por qué las alabanzas no te resucitan?
¿por qué te vuelves hueso roído en la mugre?
País mío
te pareces al sauce talado que ha sido dejado a la orilla de la carretera
al sicario sangrando en el hacinamiento de una cárcel del Pacífico
al buey destazado
Te inhalo
como la cocaína más barata
a veces eres una luz que entra a una de las grutas de mi corazón
y te posas allí como corderito
y te miro caer al fango desde siempre
desde siempre
País mío
solo destacas por ser el criminal de la noche más extensa
la noche cúpula de víboras
por el filo de tus cuchillos contra la risa
por los disparos de tus noches sin bondad
colmadas de murciélagos
por tus chupaderos y autohoteles en donde la esperanza siempre se oxida muy temprano
en ti el licor es una hemorragia sin cura
y tus calles
y tus discotecas
y tus prostíbulos y tu psiquiátrico me recuerdan a los intestinos necróticos que he visto en los hospitales del excremento
Hermanos míos
todo el país la línea blanca
la elegía de las ballenas
País el peso de tus lágrimas me hunde en la desolación de los violines
País
amoroso jardín para los bendecidos por el dólar y las joyas
¡Gloria a la bestialidad!
¡Gracias por nuestro hundimiento!
Nada de nuestros sueños quedará en pie
solo sus bancos y sus compañías y sus centros comerciales y sus partidos políticos
Nada de nosotros quedará en pie ante la tempestad de las sierras eléctricas
País mío
país nuestro que estás en el cielo
¿por qué tus hijos te decapitaron con este machete?

Azul ©Miroslava Rosales
Caravanas
Este país cruzado a diario
por caravanas Buscan las gotas de la esperanza
allá en la tierra del águila calva
En la lejana frontera del Norte
allá donde se dice
se piensa
se cree
habitan las serpientes los coyotes las lagartijas
las puntas de flechas y la sequía
las reciben
gas lacrimógeno
milicias al son de los estallidos
golpes como del odio de Dios
puñetazos de bolas de fuego
hogueras de espinas y de sal
balas de goma
gas pimienta
pan podrido
fosas abiertas a la noche de los aullidos
Este país de polvo y de nopaleras
este país de abrazos suculentos
este país de leche agria en forma de navaja en forma de político
este país del ámbar y de la jacaranda en primavera
en búsqueda constante
de un arcoíris para sus hijos
Ni aquí ni allá cabida existe
para su dolor
del tamaño de un desierto
«No hay sitio para nosotros» dicen entre sí
«No hay sitio para ustedes» les gritan
Dicen que soy mojada
que mi crimen es no llevar papeles
La autoridad de la muerte no sabe que yo soy de tierra fértil y que hablo la lengua del magma
que soy del aroma a coco y del sabor del níspero
que bailo pese a las despedidas y a las pocas monedas en mi bolsillo sobre el techo de un verano inagotable de luz amable
que persigo un fin más noble
y que mi dignidad no se doblega ante ninguna bandera ante las oraciones de los hipócritas
Allá en mi tierra de volcanes siempre llueve a cántaros y
los grillos visitan los patios de las casas y
las chicharras de marzo saben mi nombre: María Volcán
Soy María Volcán
y
el luto
un pájaro adentro
El luto una caída de clavos en la boca
El luto la inflamación de un nervio
¿Adónde el consuelo para mis pies bajo la aridez de la indiferencia?
¿Adónde mi hijo?
¿Adónde mi hija?
¿Adónde la matria como manto de lana abrazando mi corazón?
Este país de agave
en búsqueda de una melodía de afecto
en búsqueda permanente de los cuerpos
Su destino:
huir de los tiroteos de las llamas
de los escombros del esplendor
de las calles de sangre acumulada
y adornadas por cabezas colgando de los puentes como farolitos de Navidad
Las caravanas son el éxodo de la esperanza
Necesitan de nuestros corazones de refugio
para en cualquier lugar del mundo florecer
Del libro República del excremento / Repubblica dello sterco,(edición bilingüe español-italiano) Ed. Formarti, Busto Arsizio (2022)

La libertad ©Miroslava Rosales
Tierra natal
El pastel de maíz horneado en tardes de pláticas con la abuela, cumbias, bachata, salsa, ¿cómo está tu cucu?, buses como olas enfurecidas desafiando lo permitido, lago de azufre, lago de sangre, tatuajes de sombras, jolgorio de guacamayas, orín, estiércol, cal, pirotecnia de fin de año, abrazo tropical, lluvia torrencial, llama primigenia, ron, limones, piña, medalla de jade, melocotón de luz, melocotón de aurora, vórtice de pericos. Celebraciones. El vientre primero: la tierra natal.
La tierra de cacao y café donde supe del peso repentino de la muerte;
del adiós, martillo a la paz, martillo de pus;
de los puños como del odio de Dios;
del hambre y de la sed;
de la serpiente a mi columna enrollada.
Yo que pensé que
las canciones de cuna durarían
como monedas de oro en un baúl,
como las perlas de un collar acariciado.
Cuando niña,
el mar me daba vueltas como trompo;
la vida un canto de delfines parecía,
preludio de naranjas,
una mañana interminable,
ofrenda de nísperos,
turbia navaja a la garganta.
El hogar: la comunión de palabras, la chispa devorada.
De esta tierra de saltamontes e iguanas,
afincada en el centro del mundo,
esplendor de verde canto, esplendor de guacamaya,
surgió la primera risa, rebaño de luz enloquecido;
la primera vocal; los balbuceos;
el primer paso, torpe como mi caligrafía;
la primera fotografía,
el fogón del primer beso.
El llanto como piedras en aguas profundas se acumuló, sin embargo. Fui desapareciendo en las tribulaciones de los días.
Hoy,
la tierra natal,
lejano barco,
barco anclado,
el pastel de maíz horneado. El vientre primero.

Puerto La libertad ©Miroslava Rosales
Variaciones de la frontera
Variación I
Yo
no soy de esta lengua
que bajo una capa de cemento
o en una vitrina
como objeto exótico
cazado en una expedición
me coloca.
Variación II
Condición de extranjería:
ser invisible frente a las llamas.
Variación III
Los otros me dicen que regrese a mi desorden,
que soy lenta
porque no sigo la velocidad de las máquinas de guerra
ni la avaricia de los toros de oro
ni disparo a la ternura.
Quieren
borrar mi acento
para encajar en esta tierra del orden y de la perfección.
Mi crimen:
haber cruzado esta raya
con dignidad y
la bandera de la justicia levantado pese a los vientos huracanados.
¿Dónde mi voz si ha sido arrancada como una corteza de arce rojo?
Variación IV
La frontera:
el cuchillo en la garganta.
Variación V
Mi palabra: arbusto que da sombra a los cansados.
Variación VI
Bebo de los cántaros rotos de la noche.
Desaparezco para los otros.
Variación VII
El yo a la deriva como una casa. El yo como las olas contra los riscos. El yo puesto a prueba de fuego.
¿Soy esto
que veo en los escaparates o en las revistas de los consultorios o en los aviones?
¿Qué prospera en esta tierra?
¿Adónde la piel de otro tiempo menos agridulce?

Miroslava Arely Rosales Vásquez
Escritora, editora, periodista y académica salvadoreña radicada en Alemania. Estudia el Doctorado en Romanistik, en la Bergische Universität Wuppertal, gracias a la beca del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD). Con el apoyo del Programa de Becas de Excelencia del Gobierno de México para Extranjeros, obtuvo el grado de maestra en Literatura Hispanoamericana, por la Universidad de Guanajuato, México. Es licenciada en Periodismo por la Universidad de El Salvador. Libro más reciente: República del excremento / Repubblica dello sterco, traducido al italiano por Rocío Bolaños (Italia, Formarti, 2022). Website: https://miroslavarosalesv.wixsite.com/literature

Esther Andradi
Escritora, nació en Ataliva, un pequeño pueblo de la pampa argentina, estudió Ciencias de la Comunicación en Rosario y en 1975 emigró al Perú. Residió en diferentes países, y desde 2003 vive entre Berlín y Buenos Aires. Ha publicado crónicas, cuento, microficción, poesía, novela. La lengua de viaje, una recopilación de sus ensayos sobre migración, géneros y memoria es su publicación más reciente. Ha sido traducida a varios idiomas, últimamente al griego. Coordina Seminarios de Escritura Creativa en el Instituto Latinoamericano de Berlín. www.andradi.de
Imagen de portada: De la serie La ciudad líquida ©Miroslava Arely Rosales Vázquez

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