Bruma y el charlatán que somos

El 27 de septiembre se presentó la novela «Bruma» de Miguel Molina Díaz, novelista ecuatoriano residente en Quito, en la Embajada del Ecuador en Berlín. Esta es la reseña del libro de Alejandro Veiga, amigo personal del autor.
Una reseña de Alejandro Veiga Expósito.

Todos hemos tenido un amigo mitómano. De adolescente, el mío contaba cómo una vez manejó un Ferrari por la autopista Francisco Fajardo, que atraviesa Caracas de este a oeste, o como otra vez voló en helicóptero huyendo de una pandilla. Lo llamábamos el birri por su obsesión célibe con las mujeres, de “birriondo”. Una noche, en un estacionamiento oscuro, dentro del Chevy Nova azul de su padre, el birri sacó un paño blanco debajo del asiento, lo desdobló, y me mostró un revólver. El primer revólver que vi. Después nos fuimos a cumplir la misión con la que nuestros amigos nos habían ungido, que era comprar ron. Tras el episodio del revólver, consideré que quizás el birri sí que había manejado un Ferrari. Yo pensaba que me reía con todos del birri, pero quizás todos se reían de mí con él.

Bruma de Miguel Molina Díaz es una novela sobre esto, sobre la mentira como paradoja social que nos separa y nos une al mismo tiempo. Emilio Cueva Salazar es un joven ecuatoriano aspirante a escritor que utiliza todos sus ahorros para irse a Barcelona a estudiar un máster en literatura comparada. Su ambición es convertirse, en sus propias palabras, en el gran escritor de su generación como lo hicieron en su momento García Márquez y Bolaño. En Barcelona, Emilio se queda rápidamente sin dinero e inicia una serie de artimañas literarias y periodísticas para poder llegar a fin de mes.

Desde las primeras páginas, la novela tiene la estructura de un chiste, cuya introducción es que Emilio es tan espléndido y suntuoso, se identifica tanto con la figura del escritor, que de inmediato esperamos el remate quijotesco de cómo se va a dar de bruces con la realidad de que esa bohemia Barcelona de Bolaño no existe. Bruma es un lacerante y afectuoso chiste que usa a los millenials latinoamericanos como su tema: había una vez un ecuatoriano que se creía tanto escritor, que se fue a vivir a Barcelona porque leyó Los detectives salvajes.

Lo que leemos en la constante narración en primera persona es la lucha interna de Emilio por convencerse a sí mismo de que está destinado a ser el escritor ecuatoriano por antonomasia. En una época en que la autenticidad como clave para el éxito y la necesidad de descubrirte a ti mismo y entender tu identidad son mantras preponderantes, Bruma nos lleva, a través de Emilio, al calvario universal de no saber quién eres, de no saber si hay algo que descubrir, y de fingir hasta lograrlo, como dice el aforismo inglés.

Ante este planteamiento, en un giro hegeliano, Bruma insinúa que no existe un verdadero yo, que nuestra propia identidad es contingente, y que actuar como si no lo fuera es una condición de existir en sociedad. O sea, que toda identidad está compuesta simultáneamente de su propio fallo y del rechazo de esta inseguridad. Esto surge de cómo Emilio actúa como si fuera un escritor y lo logra, y de la ambigüedad que nunca resuelve si Emilio es escritor o charlatán, dejando la responsabilidad de esa respuesta al lector.

Esta ambigüedad trae como consecuencia que Bruma es una novela cínica, típica de nuestros tiempos posmodernos: no existe solución a ciertos problemas estructurales y estamos encajonados en ellos. Somos una banda de mentirosos, una cultura de la desfachatez, condenados a escuchar por siempre a intelectuales desvergonzados y a vivir en la corruptela inherente al ser humano.

En el contraste que surge entre el inseguro diálogo interior de Emilio y su solemne pose como escritor, la novela crea un esperpento en el que claramente nos identificamos con el Emilio inseguro y nos reímos del escritor. Aquí es donde Bruma nos enseña algo de Hegel y la no-identidad de la identidad. No es simplemente que no exista nada auténtico y que todos seamos impostores, sino que todos compartimos, e ignoramos, nuestra impostura para poder existir.

Este es el cortocircuito que Bruma le hace a su propia interpretación cínica evitando el humanismo. No estamos condenados a la corrupción inmanente de nuestra supuesta naturaleza; el problema, propone, es el ofuscamiento de que la impostura, la inseguridad, está en el núcleo de lo que significa ser humano y habitar el lenguaje. Estamos atrapados cuando creemos que existe una identidad libre de esta contradicción. Sin embargo, al mismo tiempo, cuanto menos esta bruma nos deja ver, más dependemos del otro como guía y del otro en nosotros. Claramente Molina Díaz tiene una preocupación por la identidad, la política, y la corrupción, como también muestra su reciente denuncia contra la Feria del Libro de Quito.

En este punto es esencial el uso del humor en la novela. Cervantes y Valle-Inclán están aquí por todos lados. En lugar de un distanciamiento satírico, Bruma opta por una identificación hiperbólica. No tenemos un narrador que hace sangre de Emilio y su ingenuidad de millenial que leyó demasiado a Pizarnik. El humor surge desde la primera persona en la extrema identificación nostálgica que Emilio tiene con la figura idealizada y no-contradictoria del escritor e intelectual. Es tan ingenuo en su creencia de que el escritor es un padre primigenio libre de toda castración, que nos reímos e identificamos con él, porque todos hemos estado en esta posición.

Echando mano de la autoayuda, podríamos decir que Bruma plantea que la única solución al tan popular síndrome del impostor no es superarlo, fingir hasta lograrlo, y encontrarte a ti mismo, sino construir una sociedad cuyo punto de inicio es que todos somos impostores. Esto sería una autenticidad de lo espurio que la novela explora a través de la mentira como parte ineludible de la estructura social.

Emilio es escritor en tanto que teme no serlo, y en los momentos en que está más convencido de serlo es cuando menos lo es. Mi error no fue considerar, al ver el revólver, que quizás los curiosos cuentos del birri eran ciertos y que todo el mundo se reía de mí. No me di cuenta de que el birri y yo hacíamos lo mismo. Él contaba que había manejado un Ferrari por la Francisco Fajardo, y yo, como Emilio, que había leído el Quijote. Todos nos reíamos juntos de nuestra charlatanería, como al leer Bruma y enfrentar su tierna risa ante nuestra propia condición y la ingenua, pero necesaria, creencia en el banal poder de la literatura.


Miguel Molina Díaz. Jurista y escritor ecuatoriano. Abogado por la Universidad San Francisco de Quito. Realizó estudios en Literatura comparada en la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Escritura Creativa en Español por la Universidad de Nueva York y en Derecho Constitucional por la Universidad de Valencia. Periodista de política, derechos humanos y cultura en El Comercio, La República, La Hora y Mundo Diners. Mención de Honor en el Premio de Excelencia Periodística 2017 de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), categoría Opinión. Ha publicado el poemario Postales (Jaguar Editorial, 2017), el libro de no ficción Cuaderno de la lluvia (Dinediciones, 2020) y la novela Bruma (Seix Barral, 2023). Autor de ensayos jurídicos, políticos y literarios en libros colectivos y revistas. Ha sido docente de universidades de pregrado y posgrado. Actualmente, es columnista de diario El Universo y director de la Escuela de Derecho de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE).

Alejandro Veiga Expósito. Es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Barcelona y doctor en Estudios Hispánicos por la Universidad de Warwick. Vivió en Reino Unido donde ejerció como profesor universitario e investigador en literatura contemporánea venezolana y española en las universidades de Leeds, Warwick, y Nottingham. Actualmente vive en Berlín donde es profesor colaborador de español en el Instituto Cervantes. Ha publicado varios artículos explorando la relación entre estética y política, psicoanálisis, y filosofía continental.

Nicole Galindo Sánchez. Abogada ecuatoriana radicada en Berlín. Tiene un máster en Política Pública por la Hertie School of Governance (Berlín, Alemania) y es abogada y licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad San Francisco de Quito. Co-fundadora de la revista de USFQ Law Review y editora general de su Volúmen 2. Actualmente lidera proyectos de cambio organizacional y liderazgo con enfoque inclusivo en LEAD Forward y forma parte de la iniciativa migrante Bloque Latinoamericano Berlín. Ha colaborado como parte del equipo de Monitoreo y Evaluación de Políticas Públicas en Transparencia Internacional con sede Berlín, consultora en participación ciudadana y tecnologías de la información con la Cooperación Alemana – GIZ en Ecuador y como directora zonal de participación ciudadana en el Municipio de Quito. (Perfil en LinkedIn)


El 27 de septiembre en la Embajada del Ecuador en Berlín se presentó la novela «Bruma» de Miguel Molina Díaz. El evento consistió en una conversación a tres bandas entre el autor, Alejandro Veiga Expósito, amigo personal de Miguel y responsable de esta reseña, quien propició en gran medida el evento, y la abogada ecuatoriana residente en Berlín Nicole Galindo. El acto contó con la presencia y el saludo del Sr. Embajador, Dr. Diego Morejón-Pazmiño.

Colaboradores de DESBANDADA

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