Cómo sería un abordaje queer de un texto

Mi nombre es Carolina Rossi. Soy socióloga, argentina. Me dedico a la escritura de poesía y narrativa y trabajo en investigación académica. Específicamente estoy investigando, desde hace ya seis años, con grupos que trabajan temáticas de movilidad social desde una perspectiva de clase social. A mí siempre me interesó el tema de la violencia de género y, aún más, poder desarrollar un abordaje interseccional, y así lo fui construyendo. Actualmente es la temática que investigo, la violencia de género que vive la comunidad LGTBNB+ en la Argentina. No solo esa violencia, sino las estrategias de resistencia a esa violencia. Entonces analizo violencia de género, estrategias de resistencia a esa violencia, y qué rol juegan la educación, y las redes transfeministas.

Estás en Berlín por tu perfil académico más que por tu perfil creativo.

Claro. Me salió una beca de la DAAD en la Universidad Humboldt de Berlín y estoy haciendo una estancia de investigación que dura tres meses en un grupo que es parte del departamento de Literatura Alemana e investiga justamente cómo sería realizar un abordaje queer de un texto literario. Evidentemente es un campo nuevo para mí, porque soy socióloga, pero a mí me gusta trabajar en la hibridación de campos distintos, considero que realmente es muy potente la transdisciplinariedad y poder cruzar distintas perspectivas, distintas teorías y distintas metodologías, por eso me pareció una oportunidad increíble porque yo trabajo desde la misma perspectiva, desde la perspectiva queer.

Carolina Rossi durante una lectura en el Salón Berlinés (07.06.2024)

¿Qué es qué es la perspectiva queer? ¿Cómo la puedes definir? 

Me parece interesante pensarla como una teoría crítica, de crítica a los aparatos de poder, interseccional, no se trata de un abordaje de género como una categoría única a la cual prestarle atención. La teoría queer lo que plantea es realizar un análisis interseccional, que tenga en cuenta el cruce de distintas categorías de opresión. Podemos pensar cómo se interrelaciona la clase social con el género, con la condición migratoria, con otras categorías que se van interconectando. Obviamente hay una crítica al heterosistema, va en contra de la violencia heterosexista, está muy posicionada. También está relacionada con una posición activista, pero a mí me parece interesante poder ver el cruce con las distintas categorías, no quedarnos solamente en el género, porque si te quedás en una categoría sola, no tenés potencial de análisis. El cruce de categorías nos da la posibilidad de realmente aportar socialmente de alguna manera y que de ahí salga algo interesante.

Un poco superficialmente me recuerda al análisis marxista de la literatura. Tenía posicionamientos parecidos. Se partía de conflictos de poder, de lucha de clases, evidentemente. Creo que estás hablando de una perspectiva muy parecida cuando hablas de opresión, de violencia, de agresión.

Hay puntos de encuentro, pero son cosas distintas. La crítica que se le hace a la teoría marxista es que se queda con el tema de la clase y no puede relacionar con el tema del género. ¿Qué pasa con el género? ¿Qué pasa con las mujeres? Ni pensar qué pasa con otras categorías identitarias. ¿Qué pasa con las disidencias? En los estudios de movilidad social, que es el campo en el que yo trabajo,  la teoría marxista evidentemente es muy fuerte, tiene un papel muy predominante y se pueden hacer análisis muy interesantes. Ahora, ¿cuál es la contra? Para analizar la movilidad social, ¿por qué las personas ascienden de clase?, se mira solamente la clase y no se piensa la clase en interrelación con otras categorías. Cada vez más se están desarrollando estudios que dicen que para entender la movilidad social no podemos ver solamente la categoría de clase porque no vamos a llegar a poder desarrollar algo disruptivo, importante, necesario a nivel social. Para mí la teoría queer retoma el tema de la clase social, pero no es igual a la teoría marxista. Es mucho más disruptiva, se está planteando otra perspectiva y categorías distintas. 

También me resuena el concepto de lo hegemónico de Gramsci. No sé si es verdad o es solamente una impresión mía.

La teoría queer, digamos, plantea una crítica a lo hegemónico, a la matriz hegemónica. Entonces hay una búsqueda de desnaturalizar. O sea, lo que consideramos natural, normal, no es natural y no es normal. La primera crítica ahí es contra el binario de género. Que las sociedades se estructuren en torno a dos categorías de género, mujer y varón heterosexual, como si no existieran otras identidades, no es natural y no es normal, y ahí sí te lo puedo conectar con la teoría marxista, porque el punto sería: la sociedad necesita reproducirse a sí misma, y para reproducirse a sí misma necesita trabajadores explotables, acríticos y sin poder autónomo de decisión, que es un fragmento justo de un poema del libro. El propio sistema necesita que la gente se reproduzca, y ahí viene la función de naturalizar que la única manera de concebir un vínculo amoroso es la heterosexualidad. Ahora, ¿eso es normal? No. Entonces ahí la teoría de clase me sirve para hacer un análisis, pero siempre está interrelacionado, se queda corta por sí sola.

La teoría de Gramsci que habla del discurso hegemónico de las clases dominantes, porque en el momento en que hablas de opresión de alguna forma, estás hablando también de discursos hegemónicos.

Si pensamos, por ejemplo, en los discursos hegemónicos en las instituciones, ¿no? El sistema también necesita que las instituciones tengan un discurso, porque es la manera en la que el sistema se mantiene a flote. ¿Cuál es el discurso hegemónico en las instituciones socializadoras? Podemos pensar en la familia, las instituciones educativas, los lugares de trabajo. Ese discurso hegemónico en esas instituciones socializadoras es un discurso muy heteronormado donde, por ejemplo, la perspectiva de género no binaria, por lo menos hablo desde Argentina, por más que haya una ley, la Ley de Educación Sexual Integral, o la Ley de Violencia de Género, no es algo obligatorio, queda en la decisión de cada docente. Por más que haya una ley que dice “esto tendría que ser así”, en los hechos no necesariamente es así. ¿Qué pasa en la Universidad? ¿Qué leemos? ¿Aprendemos a leer desde metodologías críticas queer, que critiquen la normativa, que critiquen lo hegemónico? Sí, una partecita, pero cuando nos metemos con lo más disidente, no. ¿Leemos escritores trans*, travestis sudamericanos, o qué leemos? Leemos escritores del norte, norteamericanos… Es posible esta reproducción de discursos hegemónicos porque se reproducen en las distintas instituciones socializadoras que tenemos en las sociedades.

Estás hablando del ámbito educativo, pero tu ámbito es el literario, es decir, has venido para analizar el ámbito literario, no el educativo o el laboral. Entonces, la selección de textos de prestigio tiene que ver mucho con un discurso hegemónico. El grupo hegemónico social establece cuáles son los criterios para establecer cuáles son las mejores obras. Por ejemplo, en la Literatura universal hay un crítico muy famoso, Harold Bloom, que tiene su famoso Canon occidental en el que establece las principales obras y autores de la literatura occidental. ¿Va por ahí el análisis que están haciendo aquí en la Universidad? 

Lo que estamos haciendo en este grupo es una relectura de la teoría queer pero no basándonos en el origen canónico de la teoría queer, que podríamos pensarlo con Judith Butler como gran referente, a principios de la década de 1990, sino poder ir a antecedentes que en su momento no eran consideradas teóricas queer, podemos nombrar a Donna Haraway o Gloria Anzaldúa, que ya antes de que surgiera la teoría queer, estaban haciendo producciones que hablaban de lo queer y que hoy las leemos y son sumamente necesarias con sus análisis. Eso por una parte y después yo lo relaciono todo el tiempo con la sociología porque soy socióloga, creo que me llamaron porque les interesa más mi abordaje metodológico. No tanto la cuestión literaria porque estoy aprendiendo, pero sí el cruce de disciplinas, y poder pensar en cómo sería un abordaje queer de un texto o qué es hacer una lectura queer, o cuáles son las potencialidades de esta lectura crítica, pensando tanto en textos literarios como otros textos.

Del libro de Crolina Rossi, «Emerger erótico y deseo contestatario».

¿Y cómo sería? 

¿Vos querés que yo te diga qué sería un abordaje queer de un texto literario?

Claro: ¿qué criterios, qué metodología, qué tipo de análisis se realiza, si es puramente ideológico, en el sentido de que aparecen esos elementos, digamos, del transgénero, o hay elementos formales.

No diría ideológico. Es un análisis muy cargado de teoría que requiere una lectura y relectura permanente. Es lo primero en lo que se basa. Después vamos a buscar ciertas maneras de aproximarnos al texto. No buscamos ir al fondo del texto a descubrir esa verdad que tiene que ofrecer ese texto, sino otra cosa, lo que en inglés se llama Surface Reading (Stephen Best y Sharon Marcus, 2009). Lo que buscamos es hacer una lectura superficial de ese texto, prestando atención, primero, a la subjetividad, porque lo que le importa a esta lectura, y esta metodología queer es el posicionamiento del lector frente a la obra, cómo el lector puede llegar a sentirse identificado con esa obra, qué sucede ahí entre el lector y la obra y este proceso de identificación, eso es importante. Y después, desde la superficie, vamos a ir a buscar elementos que están ahí, hay miles de cosas que cuando una va leyendo aparecen, pero por ahí no le prestamos atención porque hay tanto para prestar atención que se nos evaden, se nos van. Y lo queer tiene justamente que ver con hacer visible lo que está invisible, poder visibilizar opresiones, como te decía antes, de género, de clase, de etnia, que, por ahí, no están visibles. Lo interesante de esta metodología es que no es que se piensa que con una metodología queer vamos a aproximarnos solo a textos escritos por escritores queer. La idea es justamente aproximarse a lo canónico, o a escrituras que han sido concebidas durante épocas donde había una clara matriz heterosexista, como, por ejemplo, acá, la idea de este grupo es aproximarse a lecturas de lo que fue toda la escritura durante la época del Párrafo 175, que duró 122 años, de 1872 a 1994, y criminalizó la homosexualidad en Alemania. Fue muy fuerte y muy largo. Esos textos fueron producidos bajo una matriz heteronormativa. Ahora, ¿se puede leerlos desde una metodología queer? Sí, se puede, la idea es no focalizarse tanto en el autor. Sí es importante conocer las biografías, pero más que nada por una cuestión contextual, de aproximación a la obra. Me sirve saber la biografía del autor para aproximarme, pero no es que  la metodología queer es queer porque el autor es queer. No, no va por ahí, sino que va por poder entender cómo estas categorías de opresión se ven en la obra, y después prestar atención a ciertos recursos, como, por ejemplo, el uso de la ironía. Eso es muy importante. También la identificación de instituciones, por ejemplo, aparece la institución “matrimonio”: ¿Qué me está diciendo? ¿Quién tiene o no tiene voz en ese relato? ¿Cuáles son las características principales de los protagonistas? ¿Quién es le protagonista, cuál es su identidad de género? `¿Tiene agencia? Esas son algunas preguntas de la metodología queer.

¿Qué es la agencia?

La agencia es un concepto sociológico que utilizo en mi tesis. Es la capacidad que tienen todas las personas de reflexionar, y, en base a esa reflexión, actuar, tomar decisiones para la acción que las posicionen en lugares de mayor libertad. Esa es la capacidad de agencia. Entonces, cómo sería que un personaje tenga o no tenga agencia: ¿decide ese personaje? Vamos a poner una situación: el personaje principal es una mujer cis, ama de casa, que no decide ni dónde van ubicados los muebles en el hogar. ¿Quién tiene agencia ahí? ¿Tiene agencia ese personaje o tiene agencia el personaje marido? Bueno, son preguntas que nos hacemos desde la metodología queer. El fin último es visibilizar cuestiones que están ahí, en la superficie, pero para hacerlas visibles se requiere cierta aproximación, cierta teoría, cierto bagaje, cierta forma crítica de leer esa obra.

La agencia, tal y como la defines, nunca es individual cien por cien. 

Yo pienso que la agencia nunca es individual. El primer análisis viene de los estudios de estructura y agencia. ¿Cómo sería la cuestión? Está la estructura social que nos constriñe a las personas a través de estas categorías de opresión. Todos los constreñimientos estructurales que podemos sufrir las personas en base a nuestras condiciones materiales de existencia, nuestra clase social, nuestro género… ¿Es todo represión de la estructura, o hay un margen de movilidad? La idea es que sí existe este margen de movilidad, es lo que llamamos agencia. A mí lo que siempre me interesó cuestionarme cuando empecé a trabajar este concepto era que todo estaba muy pegado a lo individual. Parecía que a vos un día te tocaban con una varita mágica y vos de golpe reflexionabas y de golpe actuabas y de golpe te liberabas porque la agencia está relacionada con esta capacidad de reflexionar y de actuar, de moverte del espacio donde estás. Ahí me dije que con esto solo no puede ser. Lo interesante fue cruzar con la teoría transfeminista y con los estudios trans, porque justamente fue lo que permitió ver que la agencia es una agencia relacional. O sea, que es una capacidad de reflexión para la acción, pero que está motivada por redes relacionales y no cualquier red. Redes específicas que transmiten un determinado contenido específico, educativo, con perspectiva de género, que permite que, por ejemplo, una persona que está viviendo una situación de opresión, pueda desnaturalizar esa situación de opresión y quebrar con esa situación opresiva, con esa violencia. Ahora, ¿lo logró sola, la persona? Y no.

Cuando dices desnaturalizar me suena a Derrida. No utiliza esta palabra, pero ¿es lo mismo? ¿Es la deconstrucción?

(Carolina se ríe con la pregunta) Claro, desnaturalizar es dejar de concebir un hecho social como algo natural.

No hay nada natural en lo social.

Ahí va, no hay nada natural.  Hay un sociólogo que se llama Vicent Marqués, que me encanta, y en un texto, con el que me encanta empezar las clases en los secundarios, dice “Nada es natural, y todo podría ser de otra manera”. Y es clave. Las prácticas que naturalizamos son miles. Lo que lleva a la naturalización es la repetición. Evidentemente en las instituciones nos llevan a esas prácticas repetitivas todo el tiempo y entonces las cosas se toman como normales, como por ejemplo, es normal, no sé, la maternidad, que en algún momento quiera ser madre. Así podemos pensar un montón de ejemplos. Es normal la heterosexualidad, lo queer es raro. 

Yo también creo que no hay nada natural en lo social, pero no creo que todo sea explícito, racionalizado. Mucho en la sociedad tiene que permanecer en un nivel implícito para que pueda funcionar, para que fluya la sociedad, porque cuanto más explícito, cuanto más racionalizas los procesos, parece que los pones en duda y, por tanto, impides que la sociedad siga trabajando de forma más o menos fluida. Siendo social, muchas cosas tienen que permanecer en ese nivel, digamos, no explícito. Desnaturalizar supone “desengrasar” la sociedad. Hay niveles de percepción. Lo dejamos en no percibido. El esfuerzo cognitivo de mantenerlo en la percepción hace que trabajemos más despacio. Necesitamos tener cosas en las que estamos de acuerdo sin tener que plantearlas El famoso Contrato Social, pero implícito. 

El proceso de desnaturalizar tiene que ver con la posibilidad de formar una perspectiva crítica y de poder entender que la naturalización tiene una función social. Esta posibilidad de entender lo que hay detrás también nos hace personas más libres. O sea, si no, somos sujetos  ¿de qué?, ¿de los medios de comunicación?, ¿de los discursos hegemónicos?, ¿de las instituciones? Lo veo más en ese sentido. 

¿Puedes pedirle a la sociedad que esté continuamente planteándose todas las estructuras que le permite funcionar?

Me parece importante que quede claro que es necesario tener una perspectiva desnaturalizadora, crítica, y, sobre todo, no biologicista, en las instituciones socializadoras. Lo pienso más pegado a los ámbitos educativos y, también, a los ámbitos de difusión, los medios de comunicación. Tiene que existir una perspectiva no binaria, una perspectiva crítica que realmente sea universal y que se aplique de forma contundente y de forma obligatoria, te diría: en la justicia también. ¿Por qué? Porque es la única manera realmente, si queremos luchar contra las desigualdades, de lograrlo. En las escuelas, con las infancias, me parece muy importante poder enseñarles esto. Te hace no ser un esclavo de la sociedad. 

La palabra clave parecía que era opresión. Mi impresión es que en lo queer se concibe la opresión desde un punto de vista muy individual, la presión del individuo más que la opresión del grupo. 

Todo lo contrario, porque la teoría queer no es un conjunto cerrado. Es fluida, está en permanente movimiento, en permanente cambio, no está pensando en categorías cerradas y siempre está pensando a nivel grupalidad social, por eso emerge con fuerza el rol de las redes. ¿De qué manera esta agencia, como decíamos antes, puede llegar a desplegarse? Están ocupando un rol contundente las redes. ¿Qué redes? Yo las llamo transfeministas, pero es lo mismo si queres nombrarlas queer. No veo una teoría individualista. 

He leído en algún sitio una interpretación que, por su insistencia en la opresión, asocia esta lucha contra la opresión con cierta perspectiva victimista en el sentido de que no hay opresión, sino que se trata de colectivos que se sienten victimizados. 

Yo creo que ese es un discurso de la derecha, evidentemente, porque la opresión es estructural. No es que lo dice la teoría queer, lo dicen los datos, lo dicen las estadísticas. Si vos vas, por ejemplo, a Argentina: la expectativa de vida de una persona trans* es de 35 o 40 años. La de una persona heterosexual, 80.

¿Por qué tan poco?     

Por todas las violencias que viven las personas trans* en sus trayectorias.

¿Tantos asesinatos hay de personas trans en Argentina? 

En Argentina hay un asesinato de una mujer o disidencia cada 30 horas. Pero no son solo los transfeminicidios. Es un sistema que expulsa permanentemente. ¿Qué significa esto? ¿Qué puesto de trabajo tienen las personas trans* y disidentes? ¿Ingresan al mercado de trabajo estable? ¿Es fácil ingresar al mercado de trabajo estable? No, por las discriminaciones en los pre-ocupacionales, por las mismas discriminaciones en los puestos de trabajo que hacen que la estabilidad en ese puesto, si lo logran, sea mucho más compleja de mantener, porque no es solo conseguir el trabajo, con todo lo que eso requiere, sino es sobrevivir en el entorno laboral. Esto es porque está generalizado el transodio dentro de la instituciones. Lo mismo dentro de las universidades: las personas trans* tienen no sólo menores índices de ingreso, y eso por una cuestión bien material, por la dificultad que es trabajar si me estoy muriendo de hambre. No es solo eso, porque ingresar a la Universidad es sobrevivir a ese espacio académico que es expulsivo. ¿En qué sentido es expulsivo? Lo mismo que decíamos antes y te retomo ahora: ¿leemos a escritores trans? ¿existen académicos trans? Un montón, yo los cito en mi tesis, son profesores, compañeres. Ahora, ¿qué pasa? No tienen ese espacio legitimado, sus discursos no son legitimados, no son hegemónicos, no son parte del canon. 

Esa es también una crítica, sutil, que he escuchado: en el entorno de Hollywood habría una fuerte tendencia queer, que se está imponiendo incluso en formatos como los dibujos animados de Walt Disney. Pienso, por ejemplo, en todo lo que generó la última versión de la película “La sirenita”, basada en el cuento de Cristian Andersen, que ahora se interpreta como una relación homosexualLa crítica sería que se trata de una perspectiva queer que no corresponde a las expectativas del público general, sino que está impuesto para crear cambio de opinión y la perspectiva queer se vuelve hegemónica. 

Yo creo que no. Hay varias cosas que analizar. Primero, que no es la misma la situación actual, año 2024, que hace una década, que hace 40 años atrás, y todo eso se lo debemos a la lucha del movimiento LGBT, travesti trans. Internacionalmente es muy fuerte. Las conquistas se las debemos al movimiento. Berlín es una ciudad recontra queer. Vos te subís al subte un viernes por la noche… 

En Berlín no hay opresión en este sentido. 

Para mí opresión siempre hay, es como decía Foucault, es el micro poder. No es tan fácil destrabar todos estos mecanismos. Va a llevar tiempo. Ahora, ¿estamos en una mejor posición? Sí. ¿Se la debemos al movimiento? Sí. Ahora, después lo que hace Hollywood es reapropiación. Porque hay que vender, y eso también es el pinkwashing.

¿Qué es eso?

El lavado rosa. Cualquier empresa que se nos ocurra… Ahora se viene la marcha del orgullo y en los países europeos -esto en Argentina no sucede, en Argentina tenemos una tradición de lucha muy fuerte y la marcha del orgullo es una marcha política-… La marcha de Madrid la vi por primera vez el año pasado y quedé impactada. No es solamente que es algo festivo, llega al punto del lavado rosa porque están todos los camiones de preservativos o empresas grandes como McDonald’s con la banderita. ¿Qué es eso? Una reapropiación, pero para la venta, para que siga rodando la acumulación de capital.

A la larga se convierte también en un aparente discurso hegemónico porque está en todas partes.

Son cosas distintas. Para mí que lo queer esté en todos lados es algo que es positivo. Uno puede hacer críticas en este sentido: “esto ya es una reapropiación de una empresa capitalista, esto es lavado…”, lo que quieras. Ahora, necesitamos visibilidad porque hay condiciones reales que están sucediendo, como es esto que te digo, la expectativa de vida, o, por ejemplo, hace nada hubo un lesbicidio en Argentina que fue un triple lesbicidio. ¿Por qué? Con este nuevo Presidente que tenemos aumentaron los discursos de odio un montón, evidentemente, porque cuando hay legitimidad de un discurso odiante en el poder, eso va hacia la sociedad, hay una retroalimentación y un aumento de la violencia. Y el aumento de la violencia lo estamos viendo hoy en las calles con el aumento del transodio y el aumento del odio a la Comunidad en general. Y eso no estaba pasando en Argentina hace un año, es muy fuerte y muy significativo porque había cosas que estaban saldadas. Otro ejemplo es que las banderas LGBT se izan también en los colegios, nadie decía “Che, bajen esta bandera” y se ponía ofensivo, no se podía, el odio no estaba naturalizado. Ahora estamos volviendo a naturalizar el odio y ahí yo veo el peligro, por eso es tan importante enseñar qué es esto de la naturalización, porque si no, aceptamos todo, nos tragamos todo.

Nos vamos a ir muy lejos y seguimos por aquí. Volvamos a la literatura. Vamos a hablar un poco de tu libro. ¿Por qué no presentas tú misma el libro antes?

Emerger erótico y deseo contestatario es mi primer libro. Es un libro de relatos cortos y poesía. ¿Cómo podemos pensar este libro? Podemos pensarlo en dos partes. Fue el resultado de un proceso autogestivo. Yo empecé a ir a un taller de une escritore activista antiabusos, que se llama Ariell Carolina, en Buenos Aires. El taller no solo está dado desde una perspectiva crítica y disidente, sino que la idea es poder escribir desde esa perspectiva y publicar,  en el marco de una situación que estamos viviendo en Argentina desde hace bastante que es complejo publicar por cuestiones económicas. No es un libro que fue resultado de una labor individual. Pienso también lo importante que es retomar lo colectivo, y más allá, la potencia de esa red, porque para mí fue la posibilidad de verbalizar y luego de materializar. 

¿Este origen del libro aparece dentro del libro?

En la contraportada y el prólogo.

Contraportada de «Emerger erótico y deseo contestatario».

¿Las dos partes tienen una división clara, hasta cierta página y después de cierta página, o está todo mezclado?

A mí me gusta pensar como un recorrido no lineal. Sí hay una idea de que al principio son relatos, relatos cortos. Y la temática de estos relatos es la violencia. Luego hay algunos poemas, pero los poemas que están en el inicio también siguen la temática de la violencia. Lo que busqué en un punto es poder hablar de esta temática que es la violencia de género, y no solo de la violencia de género, sino de la violencia institucional. Por eso hay muchos textos, poemas específicamente, que van hacia la violencia más académica. Y después los relatos son más sobre la violencia heterosexista y ahí me pongo a problematizar los vínculos. 

Hay muchos más poemas que narraciones.

Sí, porque la segunda parte son poemas eróticos. Hubo una trayectoria desde la violencia hacia hacia el erotismo, ¿no? O sea, una necesidad, primero, de trabajar la violencia, pero de no quedarse en la violencia. El erotismo fue un canal para ir hacia otros lugares. 

¿Hacia qué lugares? 

La liberación, la liberación en todos sentidos. 

Hay una cierta crítica del ámbito académico del que tú misma procedes.

Ahí lo que hay es, primero, la perspectiva crítica, y segundo, desde dónde yo trabajo, o sea, yo trabajo investigando violencia. Dentro de esas violencias, trabajo investigando violencias institucionales. Dentro de esas violencias institucionales, investigo violencia académica. Entonces, evidentemente es mi tema de trabajo. Y además de eso, hay un ánimo evidente de contestación. Por eso, deseo contestatario, la segunda parte del título. Hay un ánimo de hablar, de visibilizar situaciones que están muy naturalizadas en la Academia y que cualquier compañere te confirma que también la pasó mal. Entonces, un ánimo de poder visibilizar estas experiencias con el fin de colectivizarlas también y de poder pensarlas de esa manera. Y eso también siento que es algo muy lindo que me fue pasando, el intercambio que se dio a partir de este libro con muchas personas del ámbito académico que leyeron esos poemas y sintieron identificación. 

Sí, qué bueno. Hay otro otro tema que también aparece aquí, que surgió hace poco en la presentación que hizo Wendy, que es el de la productividad. El poema se llama Hiperproductividad y desborde.

El lenguaje poético me permite retratar qué sería esto de la estructura “Academia”. ¿Cómo es vivir en la Academia? ¿Cómo es trabajar en la Academia? Me permite entrar en lugares que el lenguaje coloquial o formal o el mismo el lenguaje académico, no. La productividad es parte de esto. 

Pero el poema era sobre una mujer que trabaja 10.000 horas… No es explícito que sea académico. 

Cada poema tiene una libre interpretación de cada persona que lo lea. Ahora, ¿en qué pensé yo? Cuando yo escribí ese poema pensé en la matriz académica, en el academicismo, en esta estructura jerárquica, en la naturalización del éxito, en el prestigio y en la productividad extrema, en el trabajar, trabajar, trabajar, trabajar, trabajar hasta morir y que no importe nada, que no importe la salud, que no importe el cuerpo, esta idea de que lo que hay que hacer es trabajar y fin, y que vos valés por cuanto más producís. 

En este poema, “Si mis piernas me hablaran”, yo no veo la conexión con lo académico, en el texto no hay ninguna referencia. 

Yo discuto lo académico, no me quedo solo con lo académico, pero cuando lo produje, estaba pensando en esta crítica a la ultraproductividad extrema. Si te querés salir de lo académico, lo podemos relacionar con el sistema capitalista. O sea, se supone que las personas venimos a esta vida a encontrar el trabajo “ideal”, ser exitosos y tener dinero. Y esos son los valores. El otro día mi novia me decía que 80 de los 100 libros que se venden, son de autoayuda. ¿Y qué plantea la autoayuda? El éxito económico, y para llegar allí mentalizarse, producir, producir hasta que venga.

De «Emerger erótico y deseo contestatario».

Lo que estoy planteando de alguna forma es la relación entre el discurso y el mensaje. El discurso y  la intención de desnaturalizar todos estos esquemas de opresión. Si estás hablando del ámbito académico, ¿por qué no utilizar el discurso académico para desnaturalizar el ámbito académico? Utilizas el discurso poético, que es propio de un ámbito, para intentar desnaturalizar otro ámbito, lo estás haciendo de forma externa, y no tienes el efecto que podrías tener si lo hicieras usando todos los recursos del propio discurso de ese ámbito.

Lo estoy haciendo en los dos ámbitos al mismo tiempo. En mi tesis, que estoy a punto de enviar en estos días, lo que investigo justamente es la estrategia de resistencia a la violencia de género y a la violencia en instituciones, a la violencia académica también. Lo discuto desde un lenguaje académico y lo hago en mi labor cotidiana, diaria, todos los días. Lo hago en los congresos, es mi tema de investigación. Ahora, lo que yo encontré es que no voy a investigar solo desde un lenguaje ni desde una teoría puramente académica, sino que voy a cruzar con la literatura, con el arte, con las producciones de los propios movimientos disidentes en Argentina, que hay muchas producciones y que no son legitimadas, evidentemente, tampoco por el canon académico, estructurado y cerrado. Eso me va a llevar a mí a tener respuestas sobre la resistencia a la violencia, porque no alcanza con lo meramente académico y porque terminás reproduciendo algo que es estanco. No es que uso otro lenguaje, estoy usando todos los lenguajes porque lo estoy discutiendo en el ámbito académico, en mi lugar de trabajo, y lo estoy haciendo desde la poesía y después estoy buscando el cruce, porque para mí lo importante es eso, es la transdisciplinariedad. Ahí es donde le encuentro potencia. No escribo de una manera académica formal, porque trabajo desde la perspectiva queer y justamente ahí veo la resistencia y ahí veo la potencia de lo que estoy produciendo y de las posibilidades de que eso genere políticas públicas. Si yo trabajara desde un ámbito académico cerrado, así como te decía antes, y solo leyera lo canónico, lo europeo y lo norteamericano, no llegaría a nada.

De «Emerger erótico y deseo contestatario».

Es más fácil ser rupturista en poesía que escribiendo una tesis de maestría. 

Es muy difícil, pero yo siento que lo logré, pero me llevó mucho sufrimiento. 

Hay un filtro que es tu directora de tesis. Tenías que seguir el canon y los procedimientos y los estándares de la Universidad que son opresivos intelectualmente.

Sí, obviamente. Son opresivos y existen miles de experiencias opresivas en la Academia, desde directoras que te dicen “esto no lo vas a hacer”, “no estás capacitada”, o directamente tachado. En el tachar hay un borramiento de la identidad porque no hay una libertad de experimentación y que la persona vaya descubriendo. Mi estructura actual, la verdad que es una estructura en la cual me siento muy cómoda con mi directora. Tenemos un intercambio y una construcción entre ambas. No es un problema, y con mi codirectora también. La amo totalmente y la verdad que sus aportes son increíbles. Acá en Berlín recontra fuerte también, porque el grupo en el que yo estoy ahora creo que nunca me sentí tan bien a nivel académico. 

¿Qué profesoras tienes aquí en Berlín? 

Janin Afken y Liesa Hellmann. Son increíbles supervisoras. Valoro mucho su forma de crear un ambiente de trabajo donde la empatía es permanente.  

¿Qué pasa después de los 3 meses?  

Ahí hay procedimientos formales. Primero voy a entregar la tesis. Después va a venir la defensa de la tesis. Eso va a llevar un par de meses. Va a ser seguramente en Argentina. Todavía no decidí si lo voy a hacer virtual o presencial, pero creo que sería presencial. Me lo imagino así. Después va a haber una calificación y si me califican con recomendación a publicación, yo ahí puedo decidir publicarlo o no. Yo quiero publicar, evidentemente la decisión va a estar anclada hacia un doctorado pegado al tema o no, porque si hago un doctorado pegado al tema lo que conviene es publicar la de doctorado y que sea un libro, no dos, pero son todas decisiones que estoy barajando. Hay un poco de incertidumbre, porque en Argentina las cosas están muy serias. La posibilidad de encontrar un trabajo, si ya no encontrabas hace un año, ahora menos. Estamos en una crisis recesiva muy grande. 

Están recortando en todas las instituciones de forma brutal. 

No hay becas suficientes para nadie, ha habido muchos despidos, ha habido despidos en el Estado, no hay Ministerio de Género y Disidencias en este momento. O sea, todo lo que es temática género y no solo temática, género, temática, social… Para hacerte una idea, se han prohibido palabras en los comunicados oficiales. 

La censura es un avance general, impregna hasta la prensa más independiente. 

Ya, pero no estábamos en esa situación que estamos hoy. Estamos en una crisis enorme del mercado laboral y en una crisis enorme a nivel social. 

Bueno, pues ojalá te salga algo con suficiente aliciente. Mientras, vamos a esperar a ese recitar que están organizando para escuchar los poemas de tu libro. 

La idea es armar con Wendy una presentación en el Salón Berlinés, esa es un poco la idea. 

¿Y estás escribiendo algo más de poesía? 

Siempre estoy escribiendo. Empecé el taller Devenir Escritural, brindado por Wendy Huerta, que tiene una modalidad híbrida, el taller se puede hacer virtual o presencial y me estoy tirando a la narrativa. Me gusta más la poesía, pero estoy incursionando ahí justamente porque el taller está más focalizado en lo narrativo que en lo poético.

Pues, Carolina, muchas gracias por esta interesantísima conversación, y de nuevo, mucha suerte en tu desarrollo.

Gracias a ti.

Iñaki Tarrés

Vivo en Berlín. Escribo en español sobre literatura, arte, educación. Soy editor en Desbandada. Hago muchas de las fotografías que uso en los artículos que edito. Me interesa contribuir a crear comunidad en torno al idioma común en este país, Alemania, y soy consciente de que la revista llega a todo el mundo.

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