5º Festival berlinés de cuentacuentos en español

El domingo 5 de mayo de 2024, de 10 de la mañana a 4 de a tarde, tuvo lugar este festival de cuentacuentos dedicado a todas las familias con hijas e hijos que entienden español y disfrutan con los cuentos. Como en su última edición, se celebró en el Instituto Cervantes de Berlín y fue organizado por las narradoras Lili Prieto, Adriana Barrera y Sonia Garduño de Peters. Participaron más de diez cuentistas. Todos los invitados e invitadas, con niños pequeños, grandes, o muy grandes, disfrutaron de la tradición del cuento oral, y del cátering ofrecido por La Calaca e.V. y por Sabor a mí.

Actividad en español.
Para familias con niños entre 3 y 8 años
Más información: festivalcuentacuentos@gmail.com

Adriana Barrera, una de las organizadoras, nos obsequia con este texto en torno al arte de contar cuentos. Desde su propia experiencia familiar, desgrana los criterios que le sirven de guía en actividad de narradora oral, o cuentera, como en algunos países se lama a este oficio.

Cartel del festival: © Luján Cordaro.



Cuando cuentes cuentos, cuenta cuantos cuentos cuentes…

Por Adriana Barrera

Una lengua tiene mil maneras de ser abordada, transmitida, y dejada en herencia. Al evocar mis recuerdos más remotos, los primeros que se asoman son aquellos en los cuales mi abuela se acostada conmigo en la cama y recitaba la retahíla:

Este era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés.
¿Quieres que te lo cuente otra vez?

Yo respondía de inmediato:

-¡Si!

Y ella recitaba una vez más hasta que el sopor del sueño me invadía y caía rendida. Me encantaba que me hiciera dormir contándome historias, sus vivencias, las leyendas de su pueblo, los cuentos que de pequeña había escuchado e historias que había leído. Me gustaba mucho escuchar las palabras hiladas en una historia como si de sus carpetas de hilo crochet se tratara, me arrullaba el volumen susurrante de su voz y su cadencia, su inmensa capacidad para imitar voces y canturrear melodías que acompañaban a la historia. Recuerdo que cuando aparecían palabras que me eran desconocidas o extrañas, acto seguido a preguntar qué es, ella me explicaba la palabra nueva, y yo con los dedos de mis pequeñas manos desmenuzaba la palabra contando sus sílabas, analizando sus vocales, sus consonantes, contando cuántas incidencias había de una u otra letra. Después buscaba a qué otra palabra me parecía similar y con qué palabra la podía rimar.

Mi imaginación hacía una traducción simultánea en cuestión de segundos. La narración de mi abuela cobraba vida en mi imaginación poniendo imágenes para los acontecimientos, escenarios y caras a los personajes.

Le tocaba la barbilla y las mejillas, y ella, mientras contaba, pasaba sus uñas por mi cuero cabelludo haciéndome piojito y deslizando sus dedos por mi cabellos, eventualmente rozaba con las yemas de sus dedos mi cara, mis párpados, mis orejas. Así, después de un par de cuentos (unos 30 minutos aproximadamente) me rendía yo ante el cansancio y quedaba completamente dormida. Aunque aquello sólo se trataba de pasar al estado onírico con ojos abiertos a través de las historias de mi abuela, al mundo fantástico de los sueños que yo, dormida, me montaba sola con el input maravilloso que me provocaba mi abuela con sus historias.

Durante el día todo era común y corriente: iba a la escuela, hacía las tareas, ayudaba en casa, hacía mandados. Pero a la hora de hacer la comida, y mientras pelábamos papas, zanahorias y chícharos, mi abuela abría el pico y sin pausas me contaba otra vez de todo: cuentos, chistes, el programa de la tele, la película de la noche, el origen de sus recetas de cocina, cómo conoció a mi abuelo y a veces hasta los chismes que le llegaron de alguna u otra casa.

Mi abuela murió cuando yo tenía 13 años. Siempre lamenté mucho su partida y siempre he dicho con gran orgullo que la gran herencia que me dejó fue su talento en la cocina. Pero han tenido que pasar más de treinta años, he tenido que pasar por algunas escuelas, formaciones universitarias, estudiar en el extranjero, tener vivencias como migrante, experiencias como madre y como educadora en contextos bilingües, y como profesora de teatro en español, para darme cuenta de que mi abuela me formó a través de su palabra, y que su gran legado fue el del amor por la narrativa, por la comunicación a través de las historias, y la capacidad de aprender a través de un lenguaje muy generoso y cariñoso, el del arte de contar cuentos.

Mi abuela y mi abuelo eran más del estilo de contar cuentos que alguien más les había contado, resultando la mismísima personificación de la narración oral. Mi madre, por el contrario, nos compraba libros y nos los leía en voz alta. Ir a la cama para que mamá me leyera una historia era una momento memorable, ya que por su trabajo muchas veces no le era posible. Así que el vínculo que nos significaba a mí y a mis hermanos este momento, era poderoso. Se creaba con el pretexto del cuento una momento familiar muy entrañable. Recuerdo que mis libros favoritos eran aquellos de una colección en donde cada tomo tenía historias diferentes: Cuentos clásicos españoles, mitos de culturas prehispánicas, leyendas populares, mitos griegos y relatos de miedo. Y así, a la distancia, veo que de pequeña tuve el privilegio de disfrutar de una gran variedad de historias. Eso sin olvidar las cosas fantásticas que contaban el tío Ángel o mi tatarabuelo Nacho cuando íbamos de visita al pueblo de mi abuela. Un pollito descorazonadito… nos hacía repetir mi tatarabuelo mientras lo acompañábamos a tomar el fresco en los veranos calurosos de Veracruz. 

Y así crecí, un poco escuchando, un poco leyendo y otro poco inventando historias, porque años después era yo la que se ofrecía para llevar a la cama a mi pequeña sobrina Leslie, que con cuatro años ya era una amante de los mitos griegos que le contaba y las historias del Popol Vuh y del Ramayana. Cuando se me acababa el repertorio no había más que ponerse a inventar alguna historia para que la pequeña se quedara dormida.

Adriana Barrera en el Festival de cuentacuentos de 2023. ©Frank Altmann

Estoy escribiendo ahora mismo un texto que pretende hablar sobre las ventajas de contar cuentos y leerle libros a los más pequeños, y caigo en cuenta que con mi anterior relato ya les he “echado el cuento”, y que a la vez he enunciado algunas de sus ventajas de la narración oral, tales como: los aportes en el vocabulario, el fomento a la imaginación y la fantasía, las aportaciones culturales,  la promoción del lenguaje, el apoyo en la fonética, el fomento de la lectura, el refuerzo del vínculo y el invaluable combustible del recuerdo, porque un momento en la intimidad y la magia de un cuento nos embarga la memoria.

Lo que cuenta cuando cuento

Para mí contar un cuento significa arropar con una historia, atrapar a los niños y niñas en el mundo del relato, ser su guía por un mundo de fantasía en el cual se encontrarán aventuras, peripecias y conflictos. Significa ser un hilo conector entre el mundo de la realidad y el de la fantasía.

Muchas veces me dicen los niños que mamá o papá dicen que monstruos, brujas, fantasmas, hadas y otros seres fantásticos no existen. Yo respiro y respondo tranquilamente que para mí existen el mundo de la realidad y el mundo de la fantasía, ambos mundos se tocan constantemente y uno no puede existir sin el otro. Me detengo a pensar y reflexiono sobre la asertividad de mi respuesta. Al final me convence pensar que el cerebro de un niño es muy joven aún para pensar de manera racional como lo hacemos los adultos, ya que su estructura mental carece de abstracción y está poco preparada para desarrollar conceptos abstractos y para relacionarlos entre sí mediante nexos lógicos. Sin embargo, es capaz de elaborar una cadena asociativa de imágenes. Los personajes que el niño puede traducir a imágenes le resultan muy útiles para simbolizar o representar abstracciones tales como valores, emociones, vicios, virtudes, etc. Dichos personajes ayudan a los niños a entender preceptos morales, reconocer riesgos y discernir entre el bien y el mal, ya que cumplen precisamente la función de traducir la complejidad de la abstracción y representarla de una manera amena y de fácil lectura. Con este esquema descodificado el niño puede satisfacer su necesidad de separar y clasificar: la madre buena de la madrastra malvada, el hada de la bruja, el ladrón del héroe.

Fuente: Cómo contar un cuento e inventarse ciento, de Paola Santagostino, ediciones obelisco

Por naturaleza, muchos cuentos resultan aleccionadores y llevan consigo un mensaje muy claro a manera de moraleja. Mientras que en muchos cuentos modernos, dichos mensajes son presentados de manera más sutil, pero no por ello de difícil lectura para el joven público.

Mi primer criterio para escoger una historia es el de preguntarle a mi niña interna si se ve pasándola bien contando tal o cual cuento. Parecerá cómico, pero en verdad muchas veces se me puede ver en la biblioteca manteniendo un diálogo conmigo misma. Y si la pequeña Adriana que en mí habita dice que se puede imaginar tener un momento lúdico y divertido contando esa historia, entonces es la adecuada. Y es que lo que mejor saben hacer los niños es jugar, y jugando se aprende. Aunque las sesiones de cuentacuentos no pretendan ser lecciones, sí se pretende que los niños puedan sacar el mayor provecho.

Cuando lo pienso, lo veo claro.

Mamá y/o papá recogen al niño del jardín de infancia más temprano para llegar a tiempo a la biblioteca, con esto se le genera un sentido de la responsabilidad y el hábito de acudir a eventos culturales. 

Llegan a la biblioteca donde existe un código de comportamiento, ello fomenta que el niño adecue su comportamiento según las necesidades del espacio.

Se sientan a escuchar la historia y atenderla, con esto se fomenta la concentración, la atención y el respeto.

Según las dinámicas del cuentacuentos, el niño puede hacer o responder preguntas, esto fomenta el desarrollo del lenguaje y el raciocinio del niño.

La sesión es grupal, esto apoya en la socialización, genera empatía y apoya al niño a relacionarse.

Durante la sesión de cuentacuentos el niño puede recibir inputs visuales y auditivos. Se fomenta así la imaginación y se apela a la creatividad. 

Y colorín colorado, en un pin pun pan, tortillas de papas, y los pequeños se van a casa con una mochila llena de experiencia vivida.

¿Quién no ha disfrutado de la emoción de un cuento bien contado? Cosmo homenajea a quienes hacen revivir a los niños cada vez esa alegría, da lo mismo si es en la escuela, en la biblioteca, en el jardín de infantes, en un parque o cada noche antes de dormir.
Te cuento un cuento virendo, virendo…

Muchos cuentos nos han acompañado desde pequeños y hemos crecido y aprendido con ellos. En la edad adulta pueden seguir aconpañándonos, porque en ellos nos podemos apoyar para acompañar el desarrollo de nuestros hijos. Los cuentos contemporáneos muchas veces abordan temas y aspectos que muchas veces nos es difícil explicar. Actualmente podemos contar con una amplia variedad de cuentos infantiles que de manera clara y sencilla exponen temas complejos como la muerte, la equidad de género, la diversidad, la separación de los padres, el racismo, la migración, etc.

Por esta y muchas razones más que me sería imposible enumerar en este momento, me gustaría hacer un llamado a nuestra comunidad de padres para exhortarles a regalarse el gusto de contar historias, de leer un libro o contar un cuento a sus hijos. De llevarlos de la mano a las bibliotecas y permitirles mirar y leer todos los libros que quieran. De ir a las librerías y comprarles un libro, o dos, o más.

Nosotras, por nuestra parte, intentaremos que cada año exista en esta ciudad el “Festival Berlinés de Cuentacuentos en Español” para que, con nuestros queridos cómplices en contar cuentos, podamos seguir poniendo nuestro granito de arena en el apoyo del español como lengua herencia y segunda lengua.

Los esperamos Lili Prieto (Colorín Colorado Berlín), Sonia Garduño de Peters (BerliCuentos-Sonia) y Adriana Barrera (Me lo contó un pajarito).

Domingo 05 de mayo a las 10:00 a 16:00 horas en el Salón de actos del Instituto Cervantes.

Agradecemos muy especialmente a nuestros patrocinadores: Instituto Cervantes Berlín y Sinapsis

Agradecemos los donativos de libros para la tómbola: Coro Folclóricos anónimos, Cervantes Kinder, Chilli und Paprika, Lola Tapas Bar, Grizel Delgado, Es para peques, José Cases y Mañoguil, Edna Otzoy Telón, Fabiana Tapia y Carlos Correa.

Un agradecimiento muy especial a Cristina Barón, jefa de la Biblioteca del Instituto Cervantes de Berlín.

Las familias y asistentes en general dispondrán de catering a cargo de:

Aúpa Che (en Facebook)

Käsekugel

Calaca e.V.


Colaboradores de DESBANDADA

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